viernes, 25 de marzo de 2016

FELIPILLO MATÓ AL JEFE POLÍTICO DE JEREZ…

Desde muy temprano corrió como un rumor, -y luego como un hecho comprobado-, por toda la pequeña ciudad de Jerez. Las malas noticias tienen alas, y alas le sobraban a esa noticia que volaba por los aires caniculares llenando los oídos de los madrugadores jerezanos.
Ese lunes 8 de agosto de 1859 fue muy diferente en Jerez, e inolvidable y trágico para la familia Llamas Carrillo. Doña Epigmenia Carrillo estaba en un sollozo contínuo, en un alarido desgarrador. Y es que le asesinaron a su marido, a don Juan Francisco Llamas y Valdés, con quien se había casado apenas 11 años antes. Sus dos pequeños hijos Paquito y Cuquita, de tan solo nueve y siete años de edad, aunque no comprendían cabalmente la tragedia, se unieron al concierto de sollozos de su madre.
La casa de la familia, en la céntirca calle de “Los Pajaritos” se llenó prontamente de vecinos y familiares, pues los Llamas eran ampliamente conocidos en Jerez, familia de abolengo y de respeto, de mucho respeto… respeto que no le tuvo Felipillo de Jesús Sánchez Damiana a Juan Francisco cuando le clavó repetidamente su puñal, atravesándole el corazón.
Felipe tenía muchos agravios con el asesinado, y de tiempo atrás, pues ambos habían nacido en 1823, con pocos meses de diferencia y desde su niñez y juventud tuvieron repetidos altercados. En sus borracheras, el agresor había jurado que cualquier día mataría a Juan Francisco, por engreído y por tener lo que él nunca tuvo y deseaba tener, por eso lo apodaban “el curro”.
El gobernador de la entidad, que era Jesús González Ortega mandó que se hiciera una investigación amplia sobre el suceso y se castigara con todo el rigor necesario a los culpables.
Sucede que en esos tiempos estaba una pugna enorme entre conservadores y liberales desde las famosa Constitución de 1857. González Ortega se aferró al gobierno zacatecano y mandó a los conservadores allá lejos, donde no molestaran. Pero éstos, no se consideraban derrotados y formaron grupos grandes de guerrillas que se dedicaron al bandidaje mientras confiaban volver al poder.
Felipe Sánchez, el famoso curro, se acogió al bando “de los mochos” o conservadores y encabezaba una numerosa partida de bandoleros que en no pocas ocasiones entraron a Jerez despojando de sus propiedades a los pacíficos vecinos que en su camino encontraban. También eran muy afectos a atracar las haciendas cercanas a la ciudad, llevándose todo lo que había en las tiendas de raya. Y completaban su dieta asaltando las conductas y diligencias que tenían la desdicha de cruzarse con ellos por los caminos de la región.
El jefe político de Jerez, -que lo era Juan Francisco Llamas-, fue avisado que la banda del curro se encontraba en las goteras de la ciudad, por el rumbo de El Compartidor, que habían asaltado la hacienda de El Tesorero y se vinieron bordeando el arroyo de Godina para pasar por Jomulquillo y adentrarse en la sierra.
El sábado 6 de agosto por la tarde, las autoridades jerezanas encabezadas por su jefe político, armados con lanzas, mosquetones viejos y pistolas antiguas se dirigieron al lugar donde les habían dicho que estaba “El Curro” y su gente. La idea era sorprenderlos cuando oscureciera, coparlos y llevarlos presos a Jerez. No resultó, porque así como las autoridades tenían informantes, también los contrarios contaban con un excelente servicio de espionaje.
Toda la noche se la pasaron “zorreándose” unos a otros, quizá los bandos se encontraron en la oscuridad pero no se reconocieron y fue hasta la madrugada del domingo en que los soldados y autoridades alcanzaron a ver a la gente de “El Curro” que se iban por el rumbo de Jomulquillo. Espoleando sus caballos, lograron darles alcance ya cuando habían alcanzado “El Portillo”. Ahí comenzó el combate, muy desigual pues los bandidos aventajaban en número a sus perseguidores. En persecuciones, luchas cuerpo a cuerpo y escaramuzas se les fue buena parte del día. Ya tenían asegurada la victoria los asaltantes y despojaron a los otros de sus pertenencias, pero en eso, Felipe, el mero curro, tumbó de su caballo a Francisco, y en el suelo lo apuñaló varias veces, hasta ver que luego de convulsionarse, quedaba yerto.
Un corrido de la época que por desgracia casi se ha perdido, relata este hecho:
“…Felipillo, sacó un puñal, / y de un solo golpe certero / le enterró el cortante acero / a Francisco, su rival…”
El regreso a la ciudad fue triste, como a todos los despojaron de sus armas y cabalgaduras, a pie bajaron de la sierra, cabizbajos, tristes, algunos heridos, llevando en una parigüela los restos del joven jefe político Francisco Llamas.

A expensas de los bandidos quedó Jerez, pues la autoridad estaba acéfala, pero un correo fue enviado de inmediato al gobernador González Ortega, y éste mandó también de inmediato un cuerpo de lanceros para que se hiciera cargo de la seguridad de la región, además de investigar dónde se habían escondido los agresores. Apenas nueve días antes había estado en la pequeña ciudad, González Ortega, para dar a conocer el decreto por el cual se denominaría en lo sucesivo a Jerez como “Ciudad García” como homenaje al ilustre jerezano Francisco García Salinas, por lo que consideró el gobernador que ese crimen no quedaría impune.
A los pocos días, el alférez, que lo era Manuel Dena, reconoció a un sujeto que traía un jorongo que era propiedad del secretario de la jefatura política, el joven José María Hinojosa, del que había sido despojado cuando intentaron combatir y capturar a los bandidos de “El Curro”. Mónico Carrillo Olague fue apresado y obligado a confesar sobre la procedencia del jorongo. Como los métodos de la época eran bastante coercitivos, Mónico cantó bien y bonito. Dio santo y seña de dónde se encontraba El Curro Felipe y su banda. Pronto fueron atrapados. En una lluviosa mañana de octubre, Germán Sánchez y María del Refugio Damiana  veían con pesar cuando en la plaza de Jerez era fusilado su hijo Felipe de Jesús, junto con varios de sus seguidores.
Como recordatorio para los conservadores, González Ortega ordenó que la campana mayor del Santuario fuera bajada, y transportada en un carro tirado por bueyes para Zacatecas, con intención de convertirla en balas para combatir a los conservadores.
Doña Epigmenia se resignó y crió sola a sus hijos, falleciendo el 6 de abril de 1882. Francisco Llamas Carrillo se casó en 1876 con Francisca Muñoz Llamas- Él murió el 14 de agosto de 1921. Fue creador de muchas industrias jerezanas. María del Refugio Llamas Carrillo se casó con Atenógenes Llamas Sandoval el 16 de enero de 1868.
            José María Hinojosa emparentó con la familia al casarse con Juana de Dios Llamas y Valdés, el 18 de octubre de 1871. Siempre estuvo ligado a la política. Falleció el 11 de julio de 1889, y ya el teatro se conocía como “Teatro Hinojosa”.

Francisco Llamas Carillo tenía su despacho por la calle de la Parroquia, donde estaban los talleres de los Carroceros y Carpinteros "Juan Sifuentes y Hermanos"