viernes, 15 de abril de 2016

LA MUERTE DE DON CUCO PEÑA ARÉCHIGA Y EL TESORO DE GARCÍA DE LA CADENA

-Doctor Villalobos, a lo mejor pronto me voy con mi familia a Jalpa o a Aguascalientes. La inestabilidad política nos afecta grandemente y siempre vivimos con miedo. Es cierto que durante muchos años viví muy bien de lo que dejaba “La Norma” que se convirtió en el principal surtidor de abarrotes de los jerezanos. Pero ahora, ya no puedo resurtir mi negocio, porque en Zacatecas, desde el mes pasado que la destruyeron los villistas, no hay gobierno, no hay suministros de nada. Y menos aquí en Jerez, donde a cada rato llegan los de un bando o del otro y a cual más de exigentes.
-Don Cuco, en estos días lo mejor es tratar de pasar inadvertidos, si tiene oportunidad váyase con su familia lejos. No importa que pierda los bienes materiales, pues téngalo por seguro que en cuánto los revolucionarios sepan que están sus fincas y negocios abandonados, se apropiarán de ellos y buscarán dinero hasta debajo de las macetas. Mire, en mi caso particular, no tengo miedo a que me hagan daño alguno, pues les soy útil, pero cuando esté viejo y enfermo y no pueda sanarlos de sus heridas o enfermedades, seré un candidato más de sus desmanes y asesinatos.
El doctor Jesús Villalobos Escobedo y don J. Refugio Peña Aréchiga, propietario de “La Norma”, reconocido negocio ubicado en la esquina de la calle del Reloj y del Santuario, conversaban sobre la álgida situación que se vivía. Se habían hecho amigos casi desde que la familia de don Cuco Peña llegó a Jerez.

La esposa del comerciante era la Sra. Paz García de la Cadena, hermana del General Trinidad García de la Cadena, que fue un dinámico caudillo en el último tercio del siglo XIX, hasta que Porfirio Díaz mandara asesinarlo porque le estorbaba. El ser cuñado de este general, atrajo sobre don Cuco Peña las atenciones de los villistas, pues suponían que era poseedor del fabuloso tesoro que -aseguraban- el militar había dejado escondido en la región de Jerez. Además, era primo del general Jesús Aréchiga fuerte figura del porfiriato en la entidad y muy odiado por los revolucionarios.
Desde el 30 de octubre de 1913 los villistas tomaron la ciudad, y ya no hubo intento de las fuerzas federales huertistas de retomar la plaza, así que los generalazos de la división del centro se instalaron en las mejores casas de Jerez. Justo e Isidoro Ávila, Santos Bañuelos, Inés Vargas y otros se peleaban por conseguir la mejor finca. En sus ratos libres ponían a los soldados a que excavaran, buscaran en los pozos y destruyeran las macetas, buscando las riquezas que suponían habían dejado los dueños de las fincas. Los demás jefes villistas se conformaron con posesionarse de haciendas y ranchos y cobrar supuestas “afrentas”, como Daniel Vanegas que había sido peón en “El ojo de agua”, floreciente hacienda de don Teodosio Salinas, que para pronto le echó el “ojo” y se posesionó de ella y en ese lugar se realizaban todo tipo de maldades y tropelías.
-Mire doctor, ese Vanegas ya me ha enviado a varios de sus mensajeros, pidiéndome que le entregue el dinero que supone enterró mi cuñado, pero de eso no sé nada. Y como nada sé, nade le puedo dar. Me ha pedido préstamos que le he negado, pues mucho de mi capital se perdió durante la toma de Zacatecas. Y sí, tengo mucho miedo de lo que me pueda pasar a mí y a mi familia. Por eso voy a hacer la lucha de salir discretamente de la ciudad, aunque no sé si pueda, ya ve que tienen todos los caminos bien controlados.
-Váyanse usted primero, que es el que más peligro corre, don Cuco, luego mande por su esposa y toda su familia.
-Es que le quiero confiar algunos de mis bienes doctor Villalobos, ya vé que a usted lo respetan.
-No, don Cuco, no me confíe nada, porque si me respetan es sólo porque les soy útil, y si me ven con bienes, me los quitan y me quitan la vida por andar cuidando lo que ellos ambicionan.
-Mi cuñado dejó entre otros papeles éste documento que le voy a dejar. No sé qué tan real sea. Guárdelo entre sus libros, y cuando pase toda esta situación, si no regreso, le regalo lo que encuentre.
Gral. Trinidad García de la Cadena.
Fuertes golpes en la casa del doctor Villalobos se oyeron cuando los amigos se estaban despidiendo. Esa calurosa tarde del jueves 28 de julio de 1914 sería la última para don Refugio Peña. Varios secuaces de Daniel Vanegas se metieron hasta la sala de la casa del galeno y a empellones sacaron a su víctima. De nada valieron las protestas del médico, pues fue acallado con un fuerte golpe dado con la cacha de un máuser.
Con las manos atadas en la espalda, una soga al cuello fue llevado a cabeza de silla por la calle del Espejo y la de la Fortuna, para seguir luego por los arquitos y el camino al Huejote. Sabedores de cómo se las gastaban los villistas, nadie se atrevió a decir nada ni a cruzarse por el camino de esos desdichados seres (los captores y el capturado). Casi anocheciendo llegaron al Ojo de Agua. Don Cuco fue martirizado de muchas formas para que les dijera dónde tenía escondido lo que García de la Cadena le dejó. Se lo llevaron luego al cercano rancho de San Antonio y ahí de manera cobarde lo acuchillaron. Todavía moribundo le cortaron un dedo para sacarle un anillo que parecía de oro. Don Cuco tenía dos dientes de oro, mismos que con una piedra el propio Vanegas se los desprendió y se guardó en el bolsillo del chaquetín.
Gente piadosa que encontró luego el informe cuerpo, lo sepultó al pie de un barranco. Cuando pasó la era del terror villista exhumaron sus restos y los llevaron al panteón de Dolores, donde todavía está su lápida, esto fue hasta mayo de 1919.
El doctor Jesús Villalobos, originario de Guadalajara y viudo de Rafaela Sánchez Castellanos murió en 1919, y sus restos reposan solitarios en una cripta subterránea del panteón de Dolores.
Entre los papeles que sus parientes encontraron, se encuentra un escrito viejo, que entre otras cosas dice:
“La Gavia, Jerez. Marzo de 1878. En el cerro de El Tajo, del lado de arriba se ve un reliz de 3 varas de alto más o menos, al pie está una cueva tapada con piedras y sangre de mula, ahí pusimos dos cargas de riales. Desde arriba del reliz se ve el abra del tajo. Y parados en el respaldo del lado para Atitanac, hay una peña en que en los meses de abril a junio da el sol primero. Al pie de esa peña hay un reliz, hay que bajar dos estados, y se encuentra una sala tapiada con adobes. Adentro hay cinco cargas de oro y en el fondo doce de plata y cosas de valor. Si se saca ese tesoro, que se separen cuatro cargas de plata para misas para las almas que cuidan el lugar”.
Tal vez sea parte del mítico tesoro que guardara para tiempos mejores el general Trinidad García de la Cadena.

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