lunes, 30 de mayo de 2016

LA ROCA DEL PÚLPITO O PIEDRA AGUILERA

Cuentan que en tiempos de la revolución, muchos campesinos aprovecharon la revoltura para hacerse de riquezas, y formaron bandas de forajidos, más que de revolucionarios, como las de Daniel Vanegas, las de Sabino Salas y otros, que se dedicaban a la rapiña, al asesinato, se robaban a las muchachas más bonitas de los pueblos, y las dejaban abandonadas luego en casitas de agua perdidas en la sierra; para ello usaban la violencia más extrema.
Sabino Salas sobrevivió a la revolución, y todavía en la cristiada le dio mucha lata a la federación y refieren que en sus escondrijos por las sierras de Los Cardos y de El Venado, guardó muchas riquezas en espera de tiempos mejores.
Un carbonero de La Lechuguilla, platicaba que una ocasión estaba cortando leña para quemarla y sacar de ahí el carbón vegetal luego, cuando vio venir a cuatro personas a caballo y otras a pie jalando unas mulas que se veía venían bien cargadas. Le preguntaron que si sabía dónde estaba la roca que le llamaban “el púlpito” (que pocos saben de su existencia). Y al contestarles afirmativamente, le pidieron que los guiara. El carbonero –presintiendo que se trataba de bandidos- dijo que no podía, porque tenía que preparar el carbón que ya hasta pagado lo tenía. Pero con voz enérgica y violenta le dijeron que con lo que le pagarían tendría para no trabajar en mucho tiempo. No habiendo más remedio, los fue llevando por los vericuetos de la sierra hasta la mentada piedra… Ahí le dijeron: “Arrima pa’ca tu sombrero”, y de uno de los costales que llevaban las mulas, sacaron un puñado de monedas y se las echaron en la mugrosa copa del sombrero. “Tome amigo, por el favor recibido, pero usté no nos vio, no escuchó nada de lo que hablamos, porque si algo dice que nos perjudique, hasta ese día vive, ya váyase, que nosotros vamos a seguir solos”.
El humilde carbonero se regresó hasta donde estaba cortando leña, como ya era muy noche se quedó a dormir ahí en el cerro, para comenzar al otro día tempranito y quemar la leña durante el día. Con los primeros rayos del sol, vio de regreso a los cuatro jinetes, con las mulas ya descargadas… pero los otros acompañantes no. Pasaron de largo sin verlo, ya que se había ocultado, y jamás los volvió a ver.
Años después contó a sus familiares ese episodio, porque la gente que subía a la sierra por ese lugar sentía algo raro, a veces ni los burros o caballos querían pasar. Dicen que de noche se oían quejidos. Los cazadores que por ahí pernoctaban juraban ver una lumbre azulada y sentían mucho miedo, por lo que en lugar de acercarse a ver qué originaba ese fenómeno que consideraban cosa del demonio, mejor huían.
Así, comenzó a correr el rumor que ahí había dinero, y que ese dinero era de una gavilla de asaltantes que tenía su cubil en el cerro grande, allá por la Ermita de los Correa, pero que decidieron cambiar su escondrijo hasta las inaccesibles laderas de la sierra de Susticacán, donde está la roca púlpito.
Fue por los años 70, unos buscadores de tesoros originarios de Zacatecas y de Durango, cargados de aerofotografías de esas que acababa de sacar el DETENAL (Departamento de Estudios del Territorio Nacional), consiguieron una persona que los guiara hasta donde se suponía debería estar ese tesoro enterrado y ahí durmieron. Sería como a las 4 de la mañana cuando despertaron y luego luego sacaron sus aparatos –cuenta el guía- y chillaban y gruñían, por lo que se pusieron a rascar el suelo, que estaba bien blandito, hasta que encontraron a un metro de profundidad más o menos, una piedra laja, grande, con muchas piedritas alrededor. Y cuando estaban haciendo la lucha por sacarla, oyeron que desde el plan se escuchó un galope de caballo y vieron que venía al galope un jinete en un caballo negro, pero que se quedó como a unos 20 metros de distancia, sin decirles nada… solo viendo.
“Buenos días señor, -le saludaron- ¿le podemos servir en algo?”. Y no les contestaba nada... solo los miraba en la oscuridad de la madrugada. De pronto oyen de nuevo el galope del caballo y al buscar al jinete, lo ven subiendo el cerro, pero como si volara, y al llegar arriba nomás se les quedó mirando. Y de repente se comenzaron a formar unos nubarrones negros, dejando caer un aguacero muy fuerte, con granizo. Los buscadores se asustaron y recogieron todo su equipo para refugiarse en un lugar mejor. Ya era entrada la mañana cuando la tormenta terminó, y fueron a donde estaban excavando. No encontraron el hoyo que habían hecho, ni señas de él. “Aquí hay algo sobrenatural, algo extraño y maligno”, dijeron y se regresaron a Jerez, quedando de volver después, cuando no fuera temporada de tormentas.
Dicen que ese gran púlpito ya no existe. Esta piedra era un peñasco grande sentado sobre una diminuta base, de la que hay fotografías todavía. Hay rocas similares que se han ido cayendo, conocidas también como “los púlpitos”.
Buscadores de ese tesoro han acudido con equipo moderno, pero como no saben la ubicación exacta, se pasan rastrillando toda la sierra… sin encontrar nada… o…¿Quién sabe?

En la  porfirista revista “EL TIEMPO ILUSTRADO” del 23 de septiembre de 1909, en las página 562 y 563, aparece un reportaje sobre esta piedra:
LA ROCA DE LOS CARDOS: Entre las no pocas curiosidades que la naturaleza ostenta en nuestro país, figura la roca representada por uno de nuestros grabados.
Esta curiosidad geológica fue descubierta hace poco por el Sr. Ing. D. Ambrosio Romo, quien le puso el nombre de “Roca Aguilera” como un honor que quiso tributar al actual director del instituto geológico.
La “Roca Aguilera” se encuentra en una cañada de la sierra de “Los Cardos”, en el Partido de Jerez, Estado de Zacatecas. Es un bloc de granito de 8 metros por 6 y por 4, y pesa, aproximadamente 400,000 kilos.
Como se ve en nuestra ilustración es esta roca una verdadera curiosidad geológica, pues la gran masa está sostenida solamente por una no muy gruesa columna de 4.60 m. de altura, enteramente aislada.
La fotografía que reproduce nuestro grabado, fue tomada por dos inteligentes “amateurs” el Sr. Enrique Espinosa y el Sr. Luis M. Flores y Cía, de Zacatecas, y a quien debemos el poder dar a conocer a nuestros lectores la curiosa “Roca Aguilera”. Esta, según se nos informa, es conocida entre los naturales con el nombre de “Piedra Púlpito”.
La ilustración aparece en la página 566.

NO PIERDO LA ESPERANZA DE SEGUIR VENDIENDO LIBROS. Dirán que cómo chingo y jodo ofreciendo mis libros, pero si no los anuncio yo, nadie lo hace. A fines del 2015 apareció el Tomo V de Leyendas y Relatos de Jerez “De bandidos, tesoros y otras cosas”. Lo puede comprar donde venden nuestras publicaciones: en los portales del mercado donde expenden periódicos y revistas, en Video REC (por la calle de San Luis), en la Casa Museo de Ramón López Velarde, donde ofertan artesanías frente al portal Humboldt y en Reforma No. 51 centro (frente al Porky). Solo en Reforma 51 tenemos una interesante promoción en la compra de los cinco tomos de leyendas les obsequiamos una copia de una revista aparecida en 1969 sobre Ramón López Velarde y los libros se los damos a precio muy especial.