viernes, 29 de julio de 2016

LAS DILIGENCIAS MAREADORAS

Muchos relatos que he publicado se refieren al siglo XIX, así como a sus medios de transporte. Por desgracia las generaciones actuales desconocen bastante de lo que antes había, a veces pienso que el oficio de historiar es como predicar lejos, allá por el cerro del Picacho, en la sierra de Los Cardos.
Pues bien, para ir de Jerez a Zacatecas, el medio de transporte más cómodo era “la diligencia” que era un carruaje de cuatro ruedas, las delanteras de la mitad del tamaño que las traseras. Las diligencias de los Sánchez Castellanos eran tiradas por cinco mulas. Por lo general tenían 3 “varas” lo que facilitaba atar ahí dos animales de tiro. Si la carga era pesada, de la vara de en medio (que siempre remataba en un gancho) se pegaban las “guías”, que consistían en una “bolea”, o una viga ligera que se enganchaba en el gancho mencionado, de donde salían las cadenas para sujetar a los tres animales de enfrente, hasta “el collar y los palotes” que se colocaban en el pecho de los animales, y que servían de soporte para que las mulas jalaran el carro.
Refieren las crónicas que conducir este tipo de carretas con “guía” era un refinado arte, ya que cuando la diligencia llegaba a una bajada, uno de los conductores, el “palafrenero” aplicaba el freno, que consistía en una palanca al lado derecho del conductor, frenando así las ruedas para evitar que la diligencia agarrara velocidad y se fuera sobre los animales, pero no era cosa nomás de apretar la palanca, había qué combinar el frenado con el avance de los animales, que en su carrera podían estirar el vehículo y se podría causar un accidente, al volcarse la caja de la carreta o la “carlinga” de la diligencia, o quebrarse los ejes, o desprenderse las ruedas, o romperse los rayos de madera.
Diligencia jerezana por el rumbo de Ciénega
Para ayudar en la conducción del vehículo, adelante iba un mozo a veces corriendo y a veces montado en una caballería de las delanteras del tiro del carruaje, éstos se llamaban “postillones” porque antecedían a la diligencia a la llegada de las “postas”. A las mulas desde su nacimiento las acostumbraban a obedecer al ritmo de las más obscenas palabras que se les ocurrían a los cocheros, postillones, aurigas, palafreneros y ayudantes. Los múltiples “chingaos” eran las más decentes voces que recibían los orejudos animales.
López Velarde dice que los postillones van “cantando bienandanza o desamor”… pudiera ser, pero a las mulas no les cantaban, les recordaban a sus antecesoras yeguas, ellos cantarían en sus ratos de descanso.
Estos personajes llegaban corriendo en chinga hasta el ranchito llamado “Las cocinas”, punto de reposo o “posta” de las diligencias de Jerez a Zacatecas y viceversa. Ahí les gritaban a las mujeres: “¡Órale viejas argüenderas y argüenudas! ¡Ya dejen el chisme y calienten la comida! ¡Ahí viene la diligencia y trae catrines y curras muy hambriados! ¡Chínguenle al fogón que ya no tarda!”
Las mujeres que viajaban en la diligencia, llegaban bien mareadas, y había que ayudarles a bajar, pues “la carlinga”, como iba montada en muelles resortes, se meneaba de adelante para atrás y de un lado para el otro, y aunque trataran de demostrar dignidad y entereza, bajaban vomitando y haciéndose del cuerpo. Para aliviar sus penalidades, había un corralito medio escondido por unos frondosos pirules en el ya mencionado lugar de posta, no muy alejado del lugar donde se comía. En ese corralito lleno de gallinas, podían devolver el cuerpo o armadas de una vara que un oportuno niño siempre les ofrecía a cambio de unos centavos, hacer en cuclillas y bien ocultas de la vista ajena lo que en soledad siempre se hace cuando la panza lo pide. Claro está que el niño también les ofrecía algunos olotes para la limpieza íntima.
Ya en la cocina, las matronas les ofrecían jarros de té de manzanilla y menta para que se les asentara el estómago y pudieran consumir luego el caldo de gallina, que hervía en los peroles, o comerse unos huevos, de esos recién puestos por las gallinas que picoteaban lo que había en el suelo allá en el corralito de los pirules.
Si en la “carlinga” se mareaban los pasajeros y en especial las pasajeras, el meneo era mucho más intenso en el pescante, por lo que era de admirar la valentía de algún temerario que se animaba a treparse arriba. Algunos tramos del camino real de Jerez a Zacatecas estaban empedrados, por lo cual las mulas debían ir herradas, pues si no, se lastimaban y desgastaban los cascos de las pezuñas mucho más pronto que cuando se viajaban en caminos de tierra o tepetate.
En el hermoso poema “Retorno al terruño” el jerezano poeta hace referencia a que las damas tenían vestuario especial para viajar en diligencia:
“De tu magnífico traje / recogeré la basquiña / cuando te llegues, oh niña ,/ al estribo del carruaje…” La “basquiña” era una falda o enagua amplia y larga hasta los pies confeccionada en tela burda, generalmente en lienzo de color negro, para proteger las piernas de las mujeres de cualquier imprevisto.
VIAJE A JEREZ
Severo Amador también relata en verso un viaje a Jerez en diligencia:

“Ya nos vamos pa Jerez, / ya llegó la diligencia, / con su risonante tiro. / Nuestros tambachis arregla. / En un cotense muy limpio / o en una manta trigueña /pon el itacate, madre, / con condochis y con nejas”.
Risonante tiro: resonante tiro, se refiere a las mulas, que además del estruendo que hacían, llevaban collares con cascabeles. Tambachis: por tambache, bulto, equipaje. Cotense: tela burda de cáñamo, paliacate. Itacate: provisión de comida que se lleva para un viaje o un paseo, o que ha sobrado de una fiesta y se da a algunos invitados.
“Que no falte en él un pollo / ni aguacates, ni rellena; / pon unos huevos cocidos, / queso e tuna y la botella / de mezcalito de Pinos / con la que el alma si alegra”.
Bueno, esto no necesita explicación alguna, se refiere a lo que aconseja traer en el “itacate” para consumo en el camino.
“Que no se te olvide el bable / con nuestras ropitas viejas. / Yo acá llevo en otro bulto / mi talachi y mis anchetas / pa darle duro en las fincas / de las señoritas Breñas”.
Bable: un baúl. Talachi o talache: herramienta para labrar la tierra. Anchetas: objetos diversos. Señoritas Breñas: Se refiere a Margarita Breña Gordoa e Ignacia, que están sepultadas en el interior de la capilla de Ciénega, por lo que se deduce que va a trabajar el viajante a la hacienda de Ciénega.
“Que no se te olvide nada / cuanto a tragar se rifiera / porque allá por “Las Cocinas”, / las comadres argüenderas / cobran ojos de la cara, / de alechuza por chuletas”.
Una recomendación a la madre, para que no tengan que comer en Las Cocinas por lo caro que cobran “las comadres argüenderas”.
“Si miras que va crecido / el río, mi probe vieja, / no ti asustes: por lo menos / al pasar la diligencia, / iremos a dar abajo, / como a tres leguas y media… Mas no li hace: dando brincos / por entre milpas y peñas, / a los seis días estamos / en Jerez, con esa güelta. / Llegaremos rimojados / hasta los tútanos!... Fiesta!”.
En tiempo en que el río grande (el de Jerez) crecía mucho, la diligencia como era un vehículo ligero, fue  arrastrada, más de una vez y los pasajeros eran rescatados por los nadadores casi a trescientos metros al sur, pero de manera jocosa, el autor dice que tres leguas y media (más de quince kilómetros).
“Todo entra en la divirsión / cuando uno va en diligencia! / Ora si nomás arriban / el cochero y las dos ruedas / di adelante, que nenguno / tenga derecho a su queja. / Nos daremos aplastón / con las puras posaderas / en mitá d’ese camino / que ni el Infierno quijiera. / También ti alvierto, siñora, / que lleves árnica y vendas / porque de cada reparo / la maldita diligencia / que si llega uno con vida… será que con vida llega”.
Eran muy comunes las descomposturas, las quebradas de rayos o que las ruedas se soltaran.
“Ya después verás nomás / qué Villa tan más risueña, / qué callecitas tan chulas / retecuantísimas güertas! Cuánto perón! Cuántas uvas! / Un guacal por tu peseta! / De membrillos ni se diga: / Dan a plomo la docena! / Nomás te vas por la tapia de Ciénega Chica, y de peras / bergamotas te darán / por un tlaco cuatrocientas: / te digo qu’es una gloria / esa güerta de las Breñas!”.
La esperanza de conseguir trabajo con las señoritas Breña en Ciénega, hace que hable bien del pequeño pueblo de Jerez, de sus huertas, llenas de perones, de uvas… bergamotas: Son frutas cítricas similares a las peras, al igual que su tallo. Son agrias y la aromática piel se usa para obtener aceites. Tlaco: moneda pequeña.
Ya vamos para Jerez, no se desesperen...
“Aquí en el Rial no hay trabajo, / las minas están el güelga, / y a querer o no, pos uno / ve la vida ranchera… /Zas! Tus babuchas di orillo / mete en tus pieses, mi vieja / Ponte tu vestido negro, / tu mantilla carlanguienta….  / Onde está la damajuana y la cotorra charlera?”
No hay trabajo en Zacatecas, a buscarle en otro lado. Las babuchas de orillo son zapatillas de estar en casa que llevan un reborde hecho con hilo basto y de colores.  Mantilla carlanguienta: Mantilla harapienta. Damajuana: Vasija grande de vidrio o loza, de boca estrecha y muy barriguda para almacenar principalmente vino. 
“Al mesón de la avenida, / ¡oh gran González Ortega!, / trenquiando a tomar iremos / l’incarnada deligencia, / aforrada toda de manta / que se cai de puro vieja! / Al santo Niño de Atocha / incomienda tu alma entera / pa que nos saque con bien / d’esta viajata a las juerzas, / pos dicen que si se atasca / un carretón cualesquiera, si aparece el Santo Niño / y aplana l’atolladera!”
Las diligencias se pintaban de vivos colores, y se forraban de manta, pero la manta se percudía por el sol el polvo y la lluvia, y se pudría pronto. Hasta la fecha el Santo Niño de Atocha es muy invocado para  no tener dificultades en viajes. Hay exvotos o retablos donde está el Niño desatascando carretones.
Y por fin, el viaje:

“Cuando en Catedral las cinco / de la alborada resuenan, / y la Campana Mayor / a la capital despierta, / por las calles empinadas, / dando tumbos y revueltas, / con ruido infernal galopan / las mulas roñosas, secas, / que heróicas van arrastrando / a la antigua Diligencia: / es el pasado que huye / con su encanto de leyenda!”.
Con el siglo XX desaparecieron las diligencias y se usaron estos camioncitos, pero los viajes eran iguales...