viernes, 4 de marzo de 2011

INVITACION A JEREZ

Calle de San Luis y Jardín "Rafael Páez".

Es Jerez un pequeño punto en el centro de la geografía mexicana, un puntito que podría pasar desapercibido, una minúscula mota en nuestro mapa; sin embargo esa pequeñez se traduce en reconocida grandeza, por la calidez de sus gentes, por la hospitalidad de sus habitantes, que lo han hecho verse grande ante los ojos de quienes pueden estar ahí, de los que lo visitan y quedan con el deseo de volver a estar en este lugar, en esa cuna romántica y provinciana que meciera los primeros y mejores sueños de ilustres personajes que orgullosos siempre han estado de su patria chica.
No por nada ha recibido adjetivos que la enaltecen, tales como “la sonrisa más bella del estado”, “la Atenas de Zacatecas”, “la capital de la provincia”, “la Cuernavaca zacatecana”, “Jerez de las flores y de las mujeres bellas”, “Jerez el del agua que embruja”, etc.
Nacida bajo el cobijo de las minas de los zacatecos, la villa de Xerez de la Frontera desde sus albores siempre se distinguió por tener identidad propia, por ser una población muy diferente a todas.
Esq. Candelario Huízar y Juárez.
Pedro Carrillo Dávila, Martín Moreno, Cristobal Caldera y otros estancieros de origen hispano, siguiendo las instrucciones que desde la Audiencia de la Nueva Galicia les entregaron, buscaron un lugar apropiado para fundar una villa que sirviera como resguardo, protección y a la vez, abasto para las nacientes y florecientes minas de Zacatecas. ¡Qué mejor lugar que un valle largo y casi plano, surcado por las aguas de un río y dos arroyos, protegido por adustas serranías!
Los naturales de la región, primero con temor y luego con agrado, se fueron acercando a esa nueva villa, al ver que los conquistadores en esta ocasión no traían la espada y el arcabuz prestos a asesinarlos, a vejarlos, a humillarlos. No, las armas de estos primeros pobladores fueron el arado, el azadón, la pala y otras herramientas de labranza. La tierra virgen del valle, fértil por no haber sido tocada nunca, pronto rendiría exuberantes frutos que maravillarían a quienes los aprovecharon, los neomineros de Zacatecas.
Portal Humboldt.
En pocos años, la villa de Xerez se convertiría en la despensa de gran parte de la Nueva Galicia, pues en sus tierras “de pan llevar”, las aves, ovinos, porcinos, equinos y vacunos crecían y se reproducían que daba gusto. Haciendas, ranchos y estancias se fincaban en derredor de la pequeña villa que se conformaba por varios asentamientos: el barrio del oro, donde estaba la Parroquia de la Limpia Concepción, bordeada por calles que en su nombre encierran la esencia de esos años: cerrada de la Parroquia, callejón de los suspiros, calle real, de los nardos, de los pajaritos, callejón de Diana, callejón del recuerdo, de las campanas. El barrio de San Miguel o pueblecito que se ubicaba al poniente de la primera traza de la villa, donde vivían los naturales descendientes de indios zacatecos, así como tlaxcaltecas que fueron traídos hasta con engaños a poblar tierras muy lejanas de sus lugares de origen. En la capilla del hospital de ese barrio, se comenzaba a venerar la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, que poco a poco y por milagrosos méritos sería tomada luego como la patrona y protectora de los jerezanos.
Portal Inguanzo y esquina calle del Refugio.
La naturaleza jugaría su papel con maestría y al paso de los años, ya no existirían ni españoles ni indios. Solo jerezanos, siempre animosos de trabajar, de ofrecer siempre lo mejor de sí, hospitalarios, francos, aguerridos, y muy orgullosos de su solar natal.
El famoso "Carta Blanca"
Tan orgullosos hemos estado, que nuestros antecesores pensaron en que su residencia debía ser digna, sus casas espaciosas, de grandes patios, con sus arcados corredores, con el jarro en el zaguán siempre lleno de agua para el visitante cansado. Poco a poco nacieron hermosas construcciones que son características y muy propias de Jerez. Un bello edificio que albergaría las Casas Consistoriales, mismo que ha sufrido modificaciones y se reconstruyó totalmente, donde ahora están las oficinas de la Presidencia Municipal. Y haciéndole compañía, los portales Inguanzo y Humboldt que como vigilantes guardianes, protegen al Jardín “Rafael Páez”, un jardín ideado y sembrado por jerezanos deseosos de tener un pulmón vegetal que fuera grato a la vista y grato a la salud. Hay quien cuenta que a principios del siglo XX, la primera dama del país, la señora Carmen Romero Rubio recibió de parte de los hortelanos y autoridades jerezanas, un rosal con más de mil rosas de las llamadas “manto de oro”.
Plaza Principal y calle del Hospicio.
La arquitectura jerezana es singular, y ha sido motivo de estudio especial de especialistas, quienes desde lejanas tierras acuden para ver cómo fueron realizadas, en qué se inspiraron los jerezanos para hacerlas, qué espíritu les imbuyó para ello. El edificio “De la Torre” es un magnífico ejemplo de lo que digo, realizado por el arquitecto sin título, por el ingeniero autodidácta, por el cantero reconocido, por el artista casi iletrado Dámaso Muñetón, quien dejaría constancia de su saber no solo en Jerez, sino también en otras partes de la entidad y de otros estados, como en la capital zacatecana, donde por encargo de la piadosa jerezana Josefina Brilanti terminó la torre norte de la catedral, teniendo especial cuidado en que quedara igual en forma y tamaño a la otra torre fabricada muchos años atrás.
En arquitectura religiosa, destaca la recia construcción de la Parroquia de la Inmaculada, cuyos antecedentes se remontan hasta principios del siglo XVIII, así como el venerado y muy visitado Santuario de Nuestra Señora de la Soledad, que desde 1805 comenzaran a hacer los fervientes jerezanos para que la patrona de nuestro pueblo tuviera un lugar especial donde recibiera sus plegarias.
El jardín, la presidencia y el Santuario.
Los espacios culturales no fueron olvidados por quienes nos precedieron, y con más inteligencia que conocimiento, construyeron el Teatro que llevaría el nombre de su principal impulsor: el jefe político José María Hinojosa. Un lugar en el que se tuvo especial cuidado para que la acústica envolviera a los asistentes, un teatro de provincia con toda la magnitud de un teatro de ciudad grande.
Este es a grandes rasgos el panorama de Jerez, que hasta el momento, es el único municipio zacatecano que ha sido integrado al Programa “Pueblos Mágicos”. Y es que la magia que ofrece nuestro pueblo es diferente. El visitante pronto se siente inmerso en el paisaje arrobador, en sus tradiciones, en sus leyendas, en sus platillos criollos que son emblemáticos de su gastronomía.
La calle de Guanajuato.
TAPARLES LA BOCA. Esta invitación la hice con el único y exclusivo fin de taparles el hocico a aquellos entes de maléficas fauces y bífida lengua, que aseguran que soy el más corriente de los que escriben en periódicos, que no puedo hacer ni un solo texto sin intercalar el ya desconocido (por la Academia de la Lengua) verbo “chingar”. Pues para conocimiento de esos dignos representantes del Opus Dei, de la Vela Perpetua, de la Liga de la Moral, no solo escribo en prosa, también tengo poesía, pero poesía chingona, de esa que solita se rima, entendible, decible y leible.
EL CIPRÉS CONDENADO A MUERTE. El añejo ciprés que desde épocas remotas guardara la antigua calle conocida como “de las campanas”, “de las artes”, “de los fusteros” o “del Ciprés” está en franca y rápida agonía. Y esto debido a la decisión de un fraccionador, que mañosamente le quitó toda protección, con el fin de que el árbol no pueda soportar los embates de su edad, de los vientos y de las lluvias. Digo, mañosamente, porque le estorba para su fraccionamiento. El fraccionador tengo entendido que es un dentista que no es jerezano, émulo de aquel selenita barbón que alguna ocasión nos hiciera (según él) “juicio político”. En lo que a mí respecta me peló 3 kilos de tunas y 8 pesos de cuaresmeño.
Foto del facebook Jerez de García Salinas
Ese ciprés está lleno de historias, de leyendas, que nos hablan del Jerez decimonónico. Pero júrelo que a alguien se le ocurrirá regarlo con aceite, para irlo debilitando y en cualquier tormenta decir con sorpresa y tono admirativo ¡¡Ahh!! ¡¡Se cayó!!.. Por desgracia, no hay autoridad alguna que lo rescate. Los de Monumentos Coloniales nada dirán, pues para ellos no representa ganancia alguna (A estas gentes les interesan los que les dejen billullos, no árboles viejos). Los de ecología dirán que está bueno para la leña y que representa un peligro para el vecindario. Si acaso, los perros le llorarán y lo recordarán con cariño.
El ciprés ha sido por muchos años símbolo de las huertas jerezanas. Tuvo participación activa en las guerras revolucionarias, y ni una medalla mereció. Descanse en paz, este representante mudo de nuestro Jerez.
Por cierto... Soriana hizo lo que le dio la gana. Y no hubo autoridad alguna que les hiciera frente. Las opiniones o acciones de quienes aquí vivimos no le importan a las autoridades.

sábado, 26 de febrero de 2011

LOS TUNELES DE MALPASO

El Templo de Malpaso.
Hace varios días fui a Malpaso, a la ceremonia en que se develó su escudo de armas, con motivo de celebrar los 450 años de su fundación. Ahí me encontré con el prestigiado doctor J. A. Humberto Vargas Alonso quien es reconocido como un eminente microhistoriador de esa población. Platiqué también con don Miguel Trueba Padilla, una enciclopedia andante, poseedor de una extensa colección fotográfica heredada de su padre y enriquecida por él.
El Dr. Humberto Vargas y yo, presumiendo su libro.
El Doctor Humberto Vargas presentó en esa ocasión su tercer libro sobre Malpaso “Una Hacienda de abolengo”, de ahí y de la plática con don Miguelito entresaqué lo que hoy ofrezco:
La Hacienda de Santa Rosa de Malpaso vivió sus mejores años de esplendor durante los más de cien años que la poseyeron los Gordoa (desde 1815 hasta 1913). Cuentan que sus trojes nunca se vaciaban y eso que cada tres días una caravana de carros partía a Zacatecas a depositar en una bodega el producto de la Hacienda.
Su construcción fue de recia manufactura, como aún se puede ver en los muros del Fuerte (conocido como El Caracol) que se hizo allá por los lejanos años últimos del siglo XVI, y como se puede ver en las muy gruesas paredes de las trojes y casa grande.
La gente del lugar afirma que una extensa red de galerías subterráneas que atravesaba todo el casco de la hacienda se fue construyendo ¿con qué fin? Resguardo, protección y escape.
Entrada de la troje de la Sma. Trinidad.
Las primeras referencias que hay sobre los túneles se escriben durante la invasión francesa. El martes 5 de abril de 1864, mientras los galos fusilaban gachamente al héroe liberal hidrocálido José María Chávez y a sus compañeros a un lado de la troje de “La Divina Providencia”, don Antonio María y don Francisco Gordoa escapaban por el túnel. Se metieron por la puerta secreta que se dice existe en la casa grande y fueron a salir por la troje de “La Santísima Trinidad” y para no perderse fueron guiados por el abuelo de don Luis Rodríguez “Caraveo”.
Hay una historia confusa acerca del famoso “Paco Pelón” o “Pichichea”, Francisco de Paula Gordoa de Ruiz Esparza, quien estuvo secuestrado en Zacatecas por seis años en una casa de la familia Gordoa, y pasó otros seis años en una pequeña habitación que tenía poco más de 2 metros de ancho por 6 y medio de largo, y diez metros de altura. Platican que con Francisco se enamoró de una hermosa mujer zacatecana. Y como era feo, más feo que yo, la dama no lo pelaba; le mandaba costosísimos regalos, y nada. Convenció a los papás de la dama y ellos dieron su anuencia para la boda, misma que fue anunciada, pero la ingrata, pérfida, perjura y demás, prefirió irse de monja. Y eso hizo que don Paco se volviera loco. Otros cuentan que se volvió loco porque sus mismos familiares lo despojaron de sus bienes, obligándole a firmar la cesión de la hacienda.
Don Francisco murió sin atención médica, y fue velado en los pasillos de la casa grande. Solo estuvieron presentes la servidumbre y algunos jornaleros. Fue sepultado en el panteón de Malpaso, pero más tardaron en enterrarlo que la gente en exhumarlo, buscando su fortuna. Platican que muchos buscaron su oro y encontraron la muerte como doña Julianita, don Pancho, don Esteban y Manuel Valenzuela. Esteban Almaraz mencionó que existen cinco cajones llenos de monedas de oro que él vio, cada vez que fue llevado por un espantoso fantasma al lugar, este se las mostraba, pero era tanto su pavor que ya no quería riqueza sino librarse de aquel espíritu que lo atormentaba día y noche. Dicen que aún lo ven en el fortín del caracol.
El fortín de el caracol.
Don Miguelito Trueba Padilla, me platicó que cuando venían a las tientas de los bravos toros de la ganadería de Malpaso los ricos hacendados de la región, entre ellos don Antonio Llaguno, los Ibargüengoytia y Belaunzarán se encerraban a brindar hasta una semana en el túnel que tenía una cava infinita, todo un pasillo saturado del mejor vino del mundo para festejar los envíos (los vaqueros tardaban varios días en el traslado).
Cuando ya se rumoraba que la División del Norte venía con toda su gente, don Benjamín Gordoa reunió al personal en la casa grande para indicarles que debían guardar todos los objetos de valor de la mansión. Desde cuadros de pintores famosos, ornamentos, baúles con finas ropas, cubiertos de plata, cerámica, jarrones de porcelana, hasta armamento que fue guardado por don Juan Padilla, escribiente de la hacienda. Fue abierta una puerta  secreta, por donde bajaron los sirvientes. Abajo encontraron otra puerta “con trampa” cuyo mecanismo blindado puede matar a una persona  si no sabe cómo destrabarlo. Tras esa puerta estaban otros cuartos donde fueron depositando los objetos y bienes. Duraron varios días en bajar todo y al término se les arrancó el juramento que por su vida no dirían nada a nadie de aquella pequeña puerta y lo oculto en el subsuelo. Luego se procedió a llenar con piedras y tierra el acceso.
La antigua Caseta. Foto de don Miguelito Trueba.
Al escribano de la hacienda (abuelo de don Miguelito) se le encargaron otros dos trabajos: guardar la gran fortuna en monedas de oro y plata, y en una alacena los copones, cálices y candelabros de oro del templo de la Hacienda. (En la parte superior de la alacena se marcó un cáliz o una cruz y “quedó rasita de puro oro”). Cuando don Benjamín se fue a México, se selló el acceso a ese recinto y nadie volvió a entrar. Se cuenta que en una ocasión el capellán del templo consiguió la información y se aventuró a la búsqueda  encontrando la pequeña puerta y llegó hasta el escalón diez y seis, pero a partir de ese momento, por las noches escuchaba pasos, y cadenas arrastrando cerca de su dormitorio lo que le orilló a volver a aterrar el lugar para no tener ya más tan macabros encuentros.
Interior de lo que fue la Casa Grande.
El Dr. Humberto Vargas en su libro precisa que “otro magnífico tesoro se localiza en el callejón del Porvenir”. Un tal Sebastián de los Ríos guardó 2,500 rubíes, 2,000 monedas de oro e infinidad de barras de ese metal. La seña es una piedra grande y plana que está en la entrada de la casa cuyo último dueño fue don Pascual Espino. Se encuentra el pequeño túnel cobijado por una losa y protegido en pequeñas cajas de tesoro, los lingotes fueron repartidos en dos casas de una de las cuales ya se extrajeron cerca de diez lingotes depositados en un Banco de Guadalajara”.
Luego de la partida de don Benjamín Gordoa a la ciudad de México, la Hacienda comenzó a desmoronarse, ante los embates constantes de los revolucionarios primero, luego ante la desmedida ambición de los agraristas que no le dejaron al propietario ni siquiera el terreno necesario para que un burro pastara. Cuando llegó el general Anacleto López, se dedicó a excavar por doquier en busca de las riquezas que se suponía estaban (o están ocultas) en algún lugar de la Hacienda. Después, la casa grande fue vendida en pequeñas fracciones, y ahora es poco, muy poco, lo que se puede ver del esplendor que tuviera hasta principios del siglo XX esa sólida unidad productiva. La riqueza en testimonios históricos, fotográficos y orales es muy grande y estudiosos historiadores la están aprovechando, cosa que no ocurre con Jerez, donde no hay apoyo para este tipo de cosas.
Conviviendo en Malpaso con grandes personalidades.

viernes, 11 de febrero de 2011

DOÑA URSULA Y EL LOBO

Platicando con gente del “valle” (Valparaíso) noté que usaban algunos “modismos” que al principio resultaban incomprensibles para mí. Como por ejemplo, hablando de política me decían que una presidenta que tuvieron, durante su mandato había sido bien “úrsula”, pero que al final resultó todo lo contrario. ¿Ursula? ¿Qué significaría eso?. Y ya luego me aclararon que en esa tierra, es muy común usar tal término cuando se refieren a una persona muy ahorrativa, tacaña, avara, pacata. ¿Pero, por qué decirles úrsulos o úrsulas?
Me contaron sobre eso una historia muy bonita que a continuación transcribo:
El rancho de Siana de abajo, es una pequeña localidad situada al oriente de Valparaíso, que antiguamente fue parte de la hacienda de San Agustín de El Vergel, y llamado así porque una de las propietarias se llamaba “Siana”. En ese ranchito vivía doña Ursula Ruiz Reyes con su hermana Juana y más familiares. Juana tenía una criada llamada Rosa Rosales, muy hacendosa y trabajadora.
Doña Ursula contaba con sus huertas, sus vaquitas, sus tierras. Cuando su huerta daba frutos, ella y su hermana Juana caminaban los pocos kilómetros que había hasta el valle, llevando cada una sendas tinas colmadas de fruta, mismas que vendían y el producto de su venta lo guardaban celosamente.
En aquellos tiempos era muy común que los lobos bajaran al valle y se nutrieran comiéndose cuanto animal desvalagado o apetitoso se encontraran en el camino.
En la pequeña casa de doña Ursula, habían notado que por las noches un lobo se paseaba por los corrales y que rascaba la puerta de las rústicas habitaciones. Aunque salían a ahuyentarlo, no lo encontraban.
Una mañana, muy temprano, en que los hombres se fueron a sembrar, solo quedaron en la casita doña Ursula y Rosa Rosales. Rosa estaba ordeñando una vaca, cuando de pronto un lobo grandote que llegó sigilosamente se le vino encima. Rosa gritaba pidiendo auxilio, y atinó a agarrar un leño y darle de leñazos al inoportuno comedor de gallinas. El lobo como que no esperaba esa resistencia ni la leñiza y huyó, pero para meterse a la salita de la casa. Ahí estaba doña Ursula, la que la ver al animal se asustó muchísimo y más cuando este de un brinco la atacó pensando que la mujer sería presa más fácil que la ordeñadora Rosa. Mujer y bestia se trenzaron en una feroz pelea, donde al principio llevaba las de ganar el lobo. Ante los rasguños, doña Ursula respondía con golpes que de alguna manera le causaban daño a la fiera. Algunos dicen que atinó a meterle todo el brazo al animal, hasta el cogote, sofocándolo feamente y con el otro brazo lo seguía golpeando. El salvaje animal como pudo se zafó, y así sofocado, reculó (digo, emprendió la retirada). Para entonces, ya la alarma había cundido y la gente comenzaba a llegar a la casa. El comegallinas iba corriendo medio atarantado, cuando Pascual Avila, hijo de doña Ursula, lo alcanzó y de un certero hachazo lo mató.
En ese entonces, el gobierno premiaba por los lobos que se mataran, siempre y cuando presentaran la piel a las autoridades correspondientes. Y así fue, colgaron al lobo en un mezquite del camino real. Rosa estaba vomitando bilis amarillas y sangraba de los brazos, por lo que de inmediato se la llevaron a Zacatecas, porque en Valparaíso no había doctor. Dicen que les dieron harta plata, misma que se repartieron doña Ursula y su hijo Pascual sin darle nada a Rosa, aunque los tres habían intervenido en la muerte de ese lobote.
Las malas lenguas cuentan que la fortuna de doña Ursula comenzó con ese dinero que le dio el gobierno, pero se afirma que su dinero lo obtuvo porque era muy ahorrativa. Dicen que ella y su hermana Juana tenían cada una su olla para guardar su dinero, y diariamente la sacaban al patio, donde la extendían sobre un cuero de vaca, para que se oreara y no se hicieran mohosas las monedas de plata y oro que día con día se multiplicaban, gracias a las dotes ahorrativas de las mujeres.
Hubo un momento en que las hermanas (Juana y Ursula) se fueron al valle, pues el negocio de la venta de fruta era muy bueno, dejando encargada su casa a un familiar llamado Genarito, con la instrucción que de vez en cuando sacara los cueros y sobre ellos tendiera las monedas, pero muy a escondidas de todos. La cosa es que Genarito se ha de haber ido de la lengua, y alguien se llevó lo que había en las ollas.
Mucho afectó a doña Ursula este hecho, pero cuentan que no eran las únicas ollitas que tenían, pues en la casa del valle, también tenían sus recipientes de barro donde guardaban sus ahorros, y también acostumbraban sacarlos a orear. En la casa donde vivieron, después muchos escarbaron en busca de tales ollitas aunque no se sabe si tuvieron fortuna. Valparaíso es un lugar con magia, con muchísima historia, con arraigo familiar y aún hay familiares de esta persona que hubiera matado valientemente a un lobo de buen tamaño y cuyo nombre se usa como sinónimo de “ahorrativa”.
SORIANA. El miércoles pasado a Pablo Torres Corpus le pegó de esa enfermedad de la que tiene que ir uno en chinga a establecer su oficina sentado en la taza del baño. Y es que todos sus esfuerzos por lograr recrear una imagen urbana digna para Jerez parecía que se iban a la basura. Los empresarios de Soriana le dieron madruguete inaugurando su tienda sin respetar los lineamientos sobre imagen urbana que hay para un “pueblo mágico”. Supongo que hicieron las cosas a su arbitrio, sin hacer estudios de impacto ambiental, uso de suelo y sin hacerle caso a las directrices de Monumentos Coloniales. Ya hubo la promesa que este lunes comenzarán la construcción del frente de Soriana. Yo como Santo Tomás: hasta no ver, y es que esas grandes empresas están acostumbradas a hacer lo que les da la gana. En lo personal vi mal que el titular de desarrollo económico inaugurara la tienda, es como si avalara esa gran irregularidad. Aparte que Soriana no aporta nada benéfico para Jerez. ¿Qué 70 empleos directos además de los indirectos? En tres meses ya no serán 70, sino unos 20, con salarios mínimos y jornadas extenuantes. ¿Que precios muy bajos? Realmente los precios no son bajos, son los mismos que cualquier tienda de autoservicio, y si lo duda, compare. Por el momento los que están resintiendo la apertura de esa tienda, son los abarroteros, panaderos, tortilleros y demás comerciantes del área de influencia ¿Cuántos pequeños negocios desaparecerán?. Soriana no dejará nada a Jerez, ni siquiera impuestos. Nada. Solo la basura, que esa sí tendrá que ser recogida por el Departamento de Limpia y llevada a acrecentar los basureros del municipio. Ojalá y Pablo tenga suerte en sus empeños y logre que estas gentes (las de Soriana) hagan la fachada de su negocio como corresponde. Porque si no, el nombramiento de “Pueblo Mágico” corre peligro, aparte que los demás comerciantes y habitantes del centro histórico se harán remolones y dirán ¿Por qué Soriana sí y nosotros no?. “Poderoso caballero es don dinero…”.
MIS LIBROS. Como de costumbre, sigo anunciando que el libro “Conozco Jerez” se vende en la Nevería “El Paraíso”, en Regalos “Gersy”, en los portales del mercado, en Discos y Casettes “Ara”, en Video REC, en Publicaciones “Sofía” y en Reforma 51, frente de los afamados y sabrosos duros y tostadas de don Carlos “El Porky”. ¡Ah! Y también hay ahora en existencia los dos libros de leyendas y relatos de Jerez.

domingo, 30 de enero de 2011

LA CAPIROTADA


Una exquisita capirotada muy a la jerezana.
Como ya faltan pocos días para la cuaresma, muchos me han preguntado que si no sé cómo se prepara una buena capirotada. No soy experto en cosas de cocina, pero buscando en el álbum de mis recuerdos trataré de escribir algo sobre ello.
LA CAZUELA
Lo primero es contar con una buena cazuela, de buen tamaño, que no tenga el fondo resquebrajado o quemado. En aquellos tiempos, cuando mi mamá me mandaba a comprar cazuelas y ollas (las compraba en el puesto que estaba en la rinconada del lado sur de la parroquia) me enseñó toda la técnica para hacerlo. Primero había que ver la cazuela, que estuviera bien esmaltada por dentro, debía medir cuarta y media (de mis manos de aquellos lejanos años), la parte de afuera no debía presentar irregularidades en color lo que sería señal de que no estaba bien cocida. Luego se apoyaba la cazuela en la palma de la mano izquierda, y con el dedo índice de la derecha se le daban ligeros gaznuchazos alrededor. Debía tener un sonido cantarino, argentino, metálico, un limpio “clinc”. Si sonaba de otra manera, podría estar mal quemada, o tener defectos ocultos a la vista. Yo creo a Ramón López Velarde su mamá también lo mandaba a comprar cazuelas, por aquello de “…tu barro suena a plata, y en tu puño / su sonora miseria es alcancía; / y por las madrugadas del terruño, / en calles como espejos se vacía / el santo olor de la panadería…”.
Después de la inspección ocular y auditiva se procedía al regateo: -¿Cuánto cuesta esta?. –A tres cincuenta. –Mmm, pos’ ni que fuera de peltre, mi mamá dijo que costaban tres. –No, pos’ no, valen tres cincuenta.  Tengo unas mas chicas de a tres. –No gracias, yo quería esa. Bueno, pos’ deje voy aquí al puesto de junto a ver si me la venden más barata. –Pérate muchacho, como no he hecho la cruz, te la dejo a tres. Y ya con la cazuela bajo el brazo me dirigía a “La Bola” de don Carlitos Acevedo (a media cuadra) a comprar un tostón de nopalitos curtidos. Cada nopalito valía un quinto, pero por el tostón me daban dos de pilón, mismo tostón que me había ahorrado en la compra de la cazuela.
Luego que la cazuela recibía el visto bueno de mi mamá, la ponía a “curar”. La llenaba de agua fría toda una noche y al siguiente se secaba muy bien, frotándola después toda con un diente de ajo y manteca, y ya con eso se aseguraba que duraría más, que no se tronaría luego luego y aguantaría el calor.
LA CAPIROTADA
Desde la víspera del miércoles de ceniza había que apartar el bolillo con don Chano Acevedo, en la panadería “La Central”. Y es que en esos entonces mucha gente acostumbraba hacer capirotada. El bolillo costaba a veinte centavos, seis por un peso. Comprábamos cuatro pesos. Y había qué recogerlo bien tempranito, a las cinco o seis de la mañana.
Y ya con el bolillo, y todos los ingredientes, se procedía a la hechura del platillo. Por lo regular lo preparaban mi mamá y mi hermana Vicky, a todos los demás no nos dejaban entrar a la cocina, solo que fuéramos con bozal para que no nos comiéramos los dulces, cacahuates, plátanos o el bolillo.
Todo el interior de la cazuela se cubría con tortillas enmantecadas. Esto con el propósito de que no se quemara la capirotada, pues como se deja en la lumbre hasta que hierve la canela, y no se le puede menear, hay muchas probabilidades de que se queme o se humee.
Luego, se ponía una capa de rebanadas de bolillo, muy bien acomodadas. Sobre esta, se colocaba el queso añejo y el dulce de chilacayote (previamente cortados en cuadritos), así como rodajas de plátano, trocitos de guayaba, cacahuates y pasas. Se rociaba generosamente con canela caliente. Y así, se iban colocando capas y capas, hasta que la cazuela estuviera tope.
Luego se ponía la cazuela a fuego lento, bien tapada, hasta que la canela se evaporara. Si se dejaba hervir de más se ahumaba, así que había que estar muy pendientes para que quedara en su punto. Y ya cuando estaba lista, se espolvoreaba generosamente con coco rallado y grajeas de colores.
La capirotada era el último y más esperado platillo del miércoles de ceniza, el postre pues.
Antes, nos rellenaban con huachales, nopalitos en chile colorado, tortitas de camarón seco, chiles rellenos y otros alimentos propios de la cuaresma.
Sorprendido probando el platillo
En esos entonces, se acostumbraba repartir los “bocaditos” en todo el vecindario y con la parentela. Y luego de haber comido ahí andábamos repartiendo platitos por todos lados. Y recibiendo también, además de hacer comparaciones en las que siempre resultaba triunfadora la capirotada que se hacía en casa. En otros hogares acostumbraban dorar el pan con mantequilla, o en vez de canela utilizar leche endulzada, o ponerle colaciones, o nueces y almendras.



viernes, 21 de enero de 2011

EL ESCUDO DE JEREZ

Don J. Jesús Félix Valdés fue un popular personaje jerezano que vivió importantes momentos de la historia jerezana y los dejó consignados en sus dibujos  y narraciones que aparecieron en muchos periódicos y revistas de la época. Hacía mancuerna con don Alberto Márquez “El Farolito”, y entre los dos publicaban cada año una edición de calaveras que eran muy discutidas, buscadas, criticadas y satanizadas.
Don Jesús Félix no se dedicaba al dibujo de manera profesional, era sastre, conocí su taller por la calle del Santuario, una lámina pequeña en color azul con letras blancas pregonaba “Sastrería Félix”, después se cambió al callejón de la Parroquia.
Su esposa, María Luisa Ortiz, recientemente fallecida, fue muy conocida por todo el barrio (vivía en la esquina de Esmeralda y Hospicio) amablemente me facilitó para que los copiara muchos de los dibujos de don Jesús. (También sus hijas e hijos me facilitaron material). Por cierto agradezco al Sr. Javier Félix el obsequio. Un gran detalle.
El Sr. Félix dibujaba por diversión, por gusto. No usaba papel ni lápices adecuados. En pedazos de cartulina, hojas de cuaderno, envolturas de cigarro, etc., plasmaba lo que se le ocurría. En el Semanario Jerez y en la revista del mismo nombre que hacía el Profr. Fernando Robles, hay testimonios de su creatividad.
En 1959, los directivos de la Cámara de Comercio acudieron con don Jesús, solicitándoles que les hiciera un escudo para el uso de la Cámara, para papel membretado, sobres, credenciales, etc. Y don Jesús les entregó una cartulina dibujada con tinta china. No vio libros de heráldica ni de genealogía para hacerlo. Lo hizo a su buen ver. En la parte superior dibujó el “triángulo sombrío” de Nuestra Señora de la Soledad coronada con una cruz, ambos elementos descansando sobre un pergamino con el título de “Villa de Xerez”. Mas abajo, encerrados en un perímetro peculiar de un escudo de combate, divididos de izquierda a derecha por una línea transversal representando una “muralla”, se encuentra un arco aborigen sujeto por dos manos en actitud de disparar, y en el inferior se ve el brazo castellano en posición de ataque, indicando con ello la simbiosis de dos culturas, la villa de Xerez de la frontera de antaño.
Autocaricatura de don J. Jesús Félix dibujando 
Por varios años este escudo se usaba regularmente en la papelería de la Cámara. En 1968 cuando llegó a la Presidencia el Profr. Fernando Robles, le indicó al Síndico que entonces era don Juan de Santiago, la necesidad de que el municipio contara con un escudo que lo identificara. Don Juanito recordó que la Cámara tenía el dibujado por don Jesús Félix, y habló con el presidente de los comerciantes para que les cediera ese escudo.
Lo consultaron con el autor, y dijo que para él “sería un orgullo que Jerez se identificara con el escudo diseñado y dibujado por él”. Desde entonces se comenzó a usar como emblema jerezano, agregándole un listón con la leyenda “Tempus Fugit Laboremus”.
Este escudo, con el paso del tiempo ha sufrido modificaciones, consistentes en color y afinado de detalles, pero es el mismo que don Jesús dibujara allá por Noviembre de 1959.
Caricatura de don Alberto Márquez "El Farolito"
Hace días me encontré con la novedad de que alguien se adjudicaba la autoría de este escudo. Y eso no es raro, pues si hasta la imagen de la Virgen de Guadalupe está registrada como marca desde el 28 de febrero de 2002, por un chino llamado Wu You Lin. También se dice que el Himno Nacional es de los estadounidenses Harry Henneman y Phil Hill. Al rato alguien listo se apropiará de la Virgen de la Soledad de Jerez como marca.
MOLESTIA. Respecto a lo escrito en la semana anterior, varios trabajadores del volante me mencionaron que cuando el evento de Los Morales, quienes llegaban de fuera preguntaban en la Presidencia cómo llegar al lugar de la pachangona. A veces los taxistas se acercaban y les decían que ellos los podían llevar, que para eso estaban, pero les respondían que no era necesario, que una patrulla los llevaría. Consideran que los taxis son para transportar personas, que ese es un trabajo. Y las patrullas y policías tienen otras ocupaciones. Coincido con los taxistas… de por sí no hay jale…
LIBROS. Me da mucha satisfacción el saber que ya casi se vendieron los primeros 100 ejemplares de “Conozco Jerez”. A algunas personas les parece caro ($ 180), pero es que a mí no me patrocina ninguna institución cultural o educativa, así es que lo que saco de la venta es para pagar el papel, impresión, y seguir con el que sigue: “Leyendas e historias de las calles de Jerez”.

miércoles, 19 de enero de 2011

¡EL TURISMO SI EXISTE!... dicen

Hace Poco escribí algo sobre los guías de turistas mentirosos y lo que afirmaba uno de ellos acerca de que en Jerez no hay alternativas de turismo. Para pronto se deja venir un disgustado lector y muy enojado dijo que yo escribía puras pendejadas. Que si no me daba cuenta de los ambiciosos programas que al respecto se realizan, que si no sabía del éxito que tuvo el encuentro ese de Los Morales. Que preguntara con los prestadores de servicios, hoteleros, restauranteros y agencias de viajes. Total, hasta me dijo que parecía que ni era jerezano por las expresiones tan negativas que tenía para la ciudad que tanto digo querer.
Yo muy atento, le pedí al sujeto muchas disculpas, tal vez por mi falta de información, pero no lo convencí y amenazó con no volver a comprar el periódico “El Alacrán” y que en lo sucesivo compraría otro que hasta en el nombre reafirma la vocación jerezana. ¡Chin! Ya perdí uno de mis ocho lectores. Eso me deprime, no vaya a ser que Javier Torres me cobre los seis pesos de ese periódico.
Y como no soy de los que dejan las cosas a medias, me dediqué a investigar a ver cuáles son los “ambiciosos programas”, y la verdad no encontré todavía nada. A lo mejor cuando el gobierno dé a conocer el Plan de Desarrollo, por ahí estarán muy escondidillos, pero no los conocemos.
El encuentro ese de “Raíces de nuestra tierra” no tuvo impacto económico notorio en los bolsillos jerezanos, solo para los organizadores. Es como los circos. La entrada es gratis, pero ya dentro te cobran al precio que quieren las palomitas, los globos, la foto, las papitas, etc. Así, las ganancias gordas se las llevaron los organizadores. Decían que eligieron “Los Morales”, porque es un punto medio entre la ciudad y la sierra de los Cardos y “genera una energía positiva para estos actos ceremoniales”. Los que conocen de esto, saben que en Jerez hay tres puntos que forman un triángulo equilátero y es donde confluyen todas esas energías que se asegura el cosmos nos da. Y ninguno de esos puntos está en Los Morales. Ni siquiera ha sido centro ceremonial de los “wixarikas” o huicholes en su anual peregrinación peyotera a Real de Catorce, como también aseguraban. Los “chamanes” de la región, no estuvieron presentes porque no eran parte del “show”. Entonces, este evento, como llegó, se fue, sin pena ni gloria.
Muy atentos a multar a los "extranjeros"
Anduve de méndigo preguntando a los “prestadores de servicio”, y todos, todos me aseguraron que esta temporada decembrina ha sido la peor en muchos años. Los parientes ricos no vinieron a visitar a los parientes pobres, por razones harto conocidas. Los comerciantes vendieron puro chile. Y los pocos turistas que se aventuraron a llegar a Jerez fueron gachamente jodidos por los tránsitos que con cualquier pretexto los paraban (vehículos decentes con placas extranjeras o de otros estados eran sus víctimas). Como no les podían poner multas, los amenazaban con la grúa hasta que soltaran jugosa mordida. Así le pasó a mi hermano que por primera vez en muchos años se animó a venir a su terruño, y ¡papas! Se lo vacunaron los mordelones solo por traer placas de Coahuila.
Bueno… otra oportunidad de recibir turismo es el sábado de gloria, donde Jerez se convierte en una cantinota y sí hay ganancias. Ya los demás días de la Feria, ni para qué les cuento, no hay nada.
Pero ellos sí se pueden estacionar donde quiera...
Reconozco que sí hay grupos de visitantes que continuamente están en Jerez, pero no dejan nada (¿o sí? Porque van al excusado). Son de los que traen las agencias de viajes. Ahí andan los pobres viejitos en chinga corriendo para alcanzar al guía que megáfono en mano les explica de la manera más rápida posible lo que se le ocurre sobre Jerez. No comen aquí, no compran nada, creo no pagan ni la entrada al museo y de pilón solo vienen a engrosar el volumen de nuestras aguas negras, porque con la carrerreada que les pone el guía se les afloja el mastique.
También hay los visitantes tipo “Fidel Castro”: ¡Comes y te vas!. Esos son enviados por el gobierno del estado. Ya nomás hablan las autoridades estatales: “Ahí les mandamos al grupo más chingón de intelectuales de Chiconcuac y la Patagonia, les dan de comer, los pasean, les ponen el tamborazo, les invitan unos tequilas y les dan unos regalitos”. Y todo eso se paga con nuestros impuestos, con los recursos que el municipio podría utilizar para otro tipo de actividades que resultaran productivas e importantes para Jerez. ¿Qué nos queda el orgullo que nos visitó Juan de las cuerdas? Mejor sin orgullo, pero sin gastar billullos (como decía Lalo el pollos, que también puso sus granitos de arena en sus fallidos proyectos para activar la cacaraqueada “industria sin chimeneas” en Jerez).
En cada administración surgen “Proyectos o Programas de Desarrollo Turístico”, que hacen chilangos de FONATUR, FONDEN, por medio de empresas como “Rema, Estudios y Proyectos, S. A. de C. V.” y que son vendidos (a la de a fuerzas) por las autoridades de turismo al municipio. Como son proyectos copiados de otros que nada tienen que ver con Jerez, pues no son aplicables.
En los tiempos de Lalo el pollos, quería hacer recorridos turísticos en carretas tiradas por chivos. Quizá el sueño estuviera bien, pero se le olvidó la infraestructura para tales recorridos, además que los chivos los jerezanos solo los conocemos en birria. Cuando estuvo Andrés Bermúdez al frente de la administración municipal, aparte de tomatizar toda la región, pretendía hacer un balneario y hotel en “Puerta de Chula”. Tanta era la seguridad de eso, que ya los ejidatarios se sentían ejecutivos hoteleros.
Hace tres años, le presentaron el programa a la autoridad en turno. Y se les ocurrió a los burócratas que lo hicieron, que iban a hacer un “jardín del arte” entre el portal de las palomas y el edificio De la Torre. Solo que se les olvidó un “pequeñito” detalle: el espacio que pertenece a las familias Mercado y Briseño no está en venta, y si se vendiera el municipio no tiene con qué comprarlo. También se les ocurrió que en la comunidad de Los Félix harían un gran balneario. A ver con qué jalada salen esta vez, aunque no esperemos gran cosa, porque en Turismo Estatal solo saben patrocinar libros plagiados, y su titular es ese que quería ser gobernador y desde temprano estaba a chingue y chingue (bueno, sus achichincles) llamándonos por teléfono para recordarnos sus pretensiones. Como no quedó de gobernador, lo pusieron ahí, como premio de consolación.
En esos mismos proyectos, que desde el nombre están mal, porque son para el municipio de “Jerez de García Salinas” (nuestro municipio se llama “Jerez” a secas) se dice que el turismo no funciona aquí por: Falta de coordinación entre autoridades y empresarios para desarrollar programas enfocados al turismo. Falta de recorridos turísticos y de productos dirigidos al segmento infantil. Falta de promoción en segmentos de mercado específicos. Existencia de horarios inapropiados en el museo y los comercios para el turismo. Falta de capacitación de los empleados que atienden al turismo. Inexistentes procesos de calidad en los servicios turísticos. Falta de cultura y coordinación empresarial. Pérdida de patrimonio edificado. Falta de competitividad. Apatía para ofrecer calidad en los servicios. Herencia de costumbres migratorias. Falta de infraestructura turística. Desaprovechamiento de áreas de oportunidad turística.
Falta de desarrollo de productos productivos. Desconocimiento de productos. Falta de difusión  y promoción de los productos turísticos. Falta de calidad en los servicios turísticos. Falta de accesibilidad a productos turísticos de bajo costo.  Falta de proyectos turísticos sociales. Desconocimiento de apoyos financieros para el turismo. Falta de empresas generadoras de productos complementarios al turismo.
Falta de un programa de educación en cuanto a limpieza de calles. Falta de programas de educación ambiental, forestal, educación vial, etcétera. Falta de un programa agresivo de vialidad. Falta de estacionamientos. Pocas oportunidades de empleo. Falta carretera directa al aeropuerto. Exceso de reductores de velocidad. Deficiente nomenclatura urbana Inadecuada ubicación del sitio de taxis “Jerez”. Falta del idioma Inglés. Falta de difusión de tradiciones. Que el migrante no regresa. Pérdida de identidad de los migrantes. Falta de un adecuado manejo de las remesas en proyectos sociales y productivos. Falta de orientación para la inversión de las remesas. No contar con slogan publicitario. Incremento del ambulantaje. No mejorar calidad de vida de jerezanos. Apatía y egoísmo. La falta de cultura en las personas. El no organizarse y mejorar la actitud de las personas hacia el turista en los servicios que ofrece. Falta de organización. Pérdida de calidez en la gente.
Concluyo, que según estos expertos, nos faltan hasta calzones turísticos… leí que ya se va a “reinaugurar” el museo que se inauguró mucho muy al vapor en la “noche triste” de Avila Cortés. A ver si ahora lo reinauguran de día y no en lo oscurito. Y a ver si ahora sí me invitan, al cabo ya no le echaré porras al cronista.
YA HAY LIBROS. Y como dijo “la negra” a sus pupilas: “A ver muchachas, enseñen sus armas”. El que no enseña no vende, les presumo mi libro “Conozco Jerez”. Ya está a la venta en la recién remodelada Regalos GERSY, en Cassetes ARA en el mercado, en VIDEO REC, en Nevería EL PARAISO, en Publicaciones SOFIA, en Librería SANTIAGO DE GALICIA y en mi casa, Reforma No. 51.
Aclaro: "La Negra" era una madrota que tenía una casa de citas... para los que no saben...

FRANCISCO GONZALEZ OROZCO


Siempre fue un buen amigo. Lo conocí desde que yo era joven y comenzaba a andar de la mano de José Castaño en la experiencia y en el mundo fantástico que ofrecía el teatro, participando en los “skechs” del “Mundo Globero”, en obras pequeñas y otras no tan pequeñas. Panchillo era la voz mesurada, el respeto que por la confianza no le teníamos a Castaño. El gusto que tenía Panchillo por el teatro le venía de mucho tiempo atrás, hay fotografías de los sesenta donde aparece personificando diferentes artistas.
En las largas veladas que sosteníamos en el jardín chico, nos contaba que su padre –Sebastián González Carmona- había participado en varias luchas revolucionarias cuando contaba apenas con 16 años. Luego de la toma de Jerez en 1913, los villistas establecieron su cuartel en Ciénega, y ahí fue don Sebastián a darse de alta con el capitán primero de caballería Victoriano Anguiano. El 2 de marzo de 1914 tuvo su bautizo de fuego cuando se enfrentaron en la Hacienda de Trujillo contra las tropas huertistas del general Gallardo. Al siguiente día siguieron dándose de balazos pero ahora en la hacienda de Santa Cruz contra las mismas fuerzas de Gallardo. A principios de junio le volvieron a sonar a los soldados de ese mismo general (ya lo traían entre ojos) cuando evacuaba la plaza de Fresnillo.
Y  del 13 al 17 de junio, estuvieron “ablandando” al enemigo en las cercanías de Zacatecas, previo a la llegada del general Pancho Villa, que con todo el poder de sus dorados derrotó una semana después a las tropas del jerezano Luis Medina Barrón en un hecho contundente y sangriento que pondría fin al dominio huertista. Esto contaba muy orgulloso de las andanzas de su padre, a quien también conocí como un sencillo cargador.
A veces, yo acompañaba a Panchillo en su recorrido por diversos lugares para entregar los “cachitos” de lotería que previamente le encargaban las personalidades y comerciantes de los años setenta. En ese recorrido, invariablemente íbamos a dar a la Parroquia, donde se quedaba extasiado admirando y revisando el decorado. Y no por nada, es que él tuvo qué ver en ese trabajo, porque allá por 1952 fue elegido para ayudarle al maestro Pedro Domínguez. A pesar de estar en plena adolescencia, tuvo la responsabilidad para que se le asignaran esos trabajos tan delicados, pues se utilizaba oro de hoja de 23.5 kilates para decorar las rosetas y rosetones en los arcos y muros de la Parroquia de la Inmaculada. Luego acompañaría a su maestro ayudándole a realizar trabajos de ese mismo tipo en otros templos de la región. De ahí le nacería la inquietud de hacer decoraciones en yeso y en madera blanda como caoba, cedro, álamo, sauce, pino.
Cuando lo visitaba en su casa, allá por la calle Morelos, siempre me presumía los marcos y repisas que pacientemente realizaba. Algunos ya terminados y en los que se podía apreciar la mano del artista, otros a medio grabar esperando el momento de inspiración para ser acabados. Hay que decirlo: su mamá y su hermana no me dejaban retirarme sin antes probar de las sencillas viandas que preparaban para el diario.
Panchillo –como buen bohemio-, tenía además una facilidad para la música. Agarraba la guitarra y nos acompañaba de buen talante a las innumerables serenatas que se nos ocurría en esos entonces llevar. Cuando el maestro “Lencho” formó la “Sociedad Coral Amigos de la Buena Música”, ahí estaba Panchillo, yendo todos los días a estudiar, a vocalizar, a participar…
A veces, en las noches lunadas nos compartía algunas de sus composiciones, mismas que con la ayuda de familiares y amigos logra producir en un CD en enero de 2008, llamado “Canto a México”. En esta grabación, muy bien lograda, destacan varios temas, como “Dora Elisa” que ya conocíamos de años atrás: “… Dora Elisa, mi amor que te espera, mujer limpia y bella… mi tristeza, que estando contigo, se borran las penas y todo es placer…”. Nunca supimos si fue manifestación alegórica de algún amor secreto o platónico de Panchillo. También cantaba “Rocío”: “… Rocío de las noches de luna, el nombre de hermosa creatura; rocío que bañas las flores, tú bañas también mis amores…”.
En los últimos años, debido a su enfermedad, Panchillo se encerró en su casa, solo salía para ir trabajosamente y apoyado con muletas a Misa de once en el Santuario, a postrarse ante la imagen de la Virgen de la Soledad, de quien siempre fue muy devoto. A veces iba con su amigo Joel Flores Chávez o nos llamaba por teléfono a los que todavía nos consideraba sus amigos. Hace pocos días, Panchillo ya no pudo ir físicamente a postrarse ante su Virgen de la Soledad. Abandonó este mundo terrenal y su espíritu se fue con sus recuerdos, con sus querencias, a ofrecer su plegaria ante el supremo creador.
Hay que aclarar que todo mundo le decía “Panchillo” no porque fuera alguien insignificante, sino por cariño, por familiaridad, sin que por ello se perdiera el respeto a la persona. A mí me dicen “Miguelito”, cuando bien me va…

miércoles, 29 de diciembre de 2010

DON FRANCISCO MATA DELGADO “EL PERICO”

 Con un afectuoso saludo para Elena Acuña

Por bastantes años, en la Feria de Jerez fue muy grata y esperada la presencia de alguien que supo ser más jerezano que muchos aquí nacidos.
Nacido casi con el siglo XX, don Francisco Mata Delgado vio la luz primera allá por Tepetongo, y a los pocos años, su familia se traslada a Jerez. Aquí, nuestro biografiado comienza a trabajar ante la creciente necesidad de su familia. Colocándose como policía, gritón, rotulista, etc., y dando sus primeros pasos en las artes gráficas al ingresar como aprendiz en el taller de los Becerra, convirtiéndose años después en inseparable amigo de don Daniel Alvarado, quien fuera maestro de las actuales generaciones de tipógrafos jerezanos.
En los primeros años de la década de los veinte, funda un periodiquito semanal al que le llama “El Perico”, y de ahí el pueblo le endilgaría el apodo con que sería conocido toda su vida. Como dato curioso, en esos años se le ocurre a don Pancho hacer un reglamento de tránsito para Jerez, pero entonces solo había un auto, por lo que el reglamento –muy bien redactado y que sirvió como modelo para años subsecuentes- se aplicó a burros y carretones que circulaban por las empedradas y no tanto calles de la pequeña ciudad.
Años despúes, don Pancho se trasladaría a la ciudad de México a emprender su negocio de artes gráficas, que hasta la fecha se encuentra en pleno corazón de la capital: la reconocida “Imprenta Ilusión”, en las céntricas calles de Allende, y la que por muchas décadas ha sido la más calificada para imprimir los volantes, carteles, trípticos, boletaje y todo lo necesario para las ferias de todo el país, presentaciones artísticas, así como de los torneos de gallos.
Nunca se olvidó de sus raíces, siempre estuvo colaborando de diversas formas para lograr que Jerez fuera reconocido a diferentes niveles, editando e imprimiendo por cuenta propia miles de folletos y revistas que luego se distribuían de manera gratuita para promover la Feria de Primavera y la arquitectura jerezana y de Zacatecas incluso.
Mientras vida tuvo nunca faltó a la Feria de Primavera, y siempre fue elemento activo para tales festividades.
Personaje popular, que se pudo jactar de haber sido dibujado en caricatura por Eduardo del Rio “Rius”, culto y emprendedor, fue muy conocido en el ambiente de los gallos. Pues la fiesta de los palenques era su pasión. En los principales torneos de la República fungió como juez de arena y asiento. En su juventud, comentan quienes lo conocieron, “daba partido” como amarrador con los ojos vendados.
Por 1950, algunos entusiastas paisanos, junto con don Pancho Mata instauran el “Día del Zacatecano” a celebrarse el segundo día del mes de junio en el bosque de Chapultepec. Durante toda su vida, “el perico” da auge a esta festividad, siendo parte importante de su organización, y año con año llevaba grupos representativos, folklóricos y culturales, así como invitaba a las autoridades jerezanas en turno.
Todos los años, en navidad, venía cargado de costales de juguetes que eran repartidos entre los niños pobres de Jerez y de Tepetongo, lo cual ya era tradicional, y siempre era esperada la presencia de ese tipo bonachón y regordete, que sin ser Santa Claus, daba un poco de alegría a los que menos tenían.
Don Pancho Mata, cuando acudía a las fiestas de primavera, venía a divertirse, a disfrutar al máximo de los eventos que se organizaban, y de los que él era parte esencial. Y así, en los bailes, corridas de toros, torneos de gallos, convites, tapancos, etc., su presencia era símbolo de un Jerez en feria.
A todos los jerezanos que acudían a su empresa en el Distrito Federal, nunca les negó la ayuda, y aunque no lo hubiera, siempre les proporcionaba trabajo.
Su luz se extinguió el 8 de octubre de 1976, heredando a su hijo y a sus nietos una amplia trayectoria como empresario y benefactor. Sus restos descansan en Tepetongo, municipio al que nunca olvidó a pesar de que no le hubiera podido dar lo necesario para el sustento suyo y de su familia, que tuvieron que buscar en Jerez y más tarde en la capital del país.