viernes, 1 de julio de 2016

LA FOTO DE 1877

La verdad ya me tienen harto los que presumen ser poseedores de la verdad absoluta en cuanto a historia local se refiere. Ese par de güeyes (porque nomás una yunta ajusto) nomás opinan para que digan que todavía resuellan. Más bien, están como los burros viejos que rebuznan y rebuznan pa’ que no les dé un llegue algún manadero.
Hace pocos días, Bernardo del Hoyo me envió una fotografía que encontró de pura casualidad en los archivos de la Fototeca del INAH. Una fotografía vieja y borrosa que aparentemente no decía nada. Al observarla con atención, nos pudimos dar cuenta que era una foto ¡de un Jerez completamente desconocido! ¡Del Jerez de 1870!
Para un historiador, ese hallazgo es muy importante y emocionante, pues permite recrear fielmente la historia. La foto la presenté en redes sociales, y para pronto un par de homofóbicos sujetos soltaron sus críticas venenosas y negativas, dudando hasta que la gráfica fuera de Jerez. Les tengo paciencia a esos pobres e indefensos animalitos del Señor, pero la paciencia también se acaba y me puedo enojar y decirles en su cara cosas feas de sus burriles antecesoras.
Bueno, la fotografía que me envió Bernardo, nos presenta un Jerez completamente desconocido. Deduzco que el fotógrafo subió a la azotea de la casa de la esquina de la calle de Guanajuato y plaza de armas, montó su tripié y sobre él su costosa cámara de cajón. Tomó una placa de norte a sur, en la que se aprecia el santuario con una sola torre. Y luego giró un poco su tripié y cámara, unos veinte grados al sureste y tomó lo que era la plaza de armas, al fondo la finca de los Escobedo y de los Berumen, todos con sus portales de medio punto. Y más al fondo se aprecia la torre de la parroquia, el remate de su frontis y la cúpula.
Ya nos comunicamos con la fototeca del INAH a ver si tienen esa gráfica con mejor  resolución, para estudiarla con cuidado y poder ofrecer más detalles sobre la misma. Pegué tal foto con la que ya conocemos del santuario con una torre, y me atrevo a asegurar que son compañeras, que las dos fueron tomadas por el mismo fotógrafo, a la misma hora y el mismo día.
Por lo pronto, podemos observar lo siguiente:
1. No existía el jardín. En 1887 el jefe político Rafael Páez comenzó a realizar las obras preparatorias para sembrar un jardín en la plaza. A pesar de los obstáculos, a fines de ese año ya estaba terminado un acueducto de “cal y canto” que desde la calle de las Higueras (Mina) y por el ala sur de la calle del Álamo (Hospicio ó Emilio Carranza) llevara el agua para regar el jardín. De igual manera se estaban construyendo faroles para el alumbrado y sofás de hierro y madera. Las dificultades seguían, llegando a tal grado el enojo, que un día Rafael Brilanti mató el caballo del jefe político por disputas sobre el jardín. (Los Brilanti tenían su residencia en el lado oriente de la plaza, por lo que el jardín les afectaba la visibilidad). En los primeros meses de 1888 se emprendieron las obras con tal ímpetu, que Rafael Páez dice: “…en el centro se está construyendo un kiosco, desde marzo se le formó un octágono de 48 columnas de piedra de cantería que formó el zócalo del referido kiosco, en ese mismo mes comenzó a levantarse el pabellón de madera, fierro y zinc”.
2. El santuario tenía solo la torre del lado sur. La del lado norte fue construida por iniciativa del dinámico presbítero Andrés Vicente López y se terminó en 1885. Al lado norte se pueden apreciar solo los arcos para las campanas del reloj.
3. El edificio de la jefatura política tiene en la parte superior de cada puerta “mirillas u ojos de buey” que servían para la ventilación. Esas mirillas fueron tapiadas cuando se reconstruyó por primera vez, en 1928.
4. El portal de los Escobedo (extremo izquierda) se reconstruyó a principios del siglo XX, y se inaugur{o como lo conocemos, el 13 de abril de 1910, imponiéndosele el nombre de “Portal Humboldt”, por iniciativa del franco-alemán Andrés Buhr, quien era el soporte de las variadas industrias de los Escobedo. El franco-alemán se quedó en Jerez y se casó con Aurelia Robles Maldonado. Al menos hay datos de tres de sus hijas: Rosa María, Ma. Aurelia y Aurora. Falleció el 22 de junio de 1912 a la edad de 59 años. De su familia poco se sabe luego de la revolución. Tal vez emigraron a otras tierras, como muchas otras gentes que salieron de Jerez solo con lo que traían puesto. En 1914, el gobierno del municipio le embarga la casa que fue de su propiedad, en la primera cuadra de la calle de la Parroquia, por falta de pago de contribuciones.
5. Las bancas de la plaza eran de cantera. Cuando se construyó el jardín, las acomodaron en la plazuela del mercado (plazuela Reforma). Todavía existen pedazos de ellas en el callejón del lado poniente (atrás de la escuela).
6. Se puede apreciar en lo que es la plaza, algunos “quitasoles” o sombras de vendedores de jarros y ollas principalmente.
7. En ambas fotos se aprecian los faroles del alumbrado, montados sobre columnas de cantera.
En fin, bastanntes son los detalles que encontramos en esas fotografías, que nos ofrecen una imagen del Jerez en que vivieron nuestros abuelos o bisabuelos, allá por 1877.
Hasta el momento, sé de la existencia de más de 10 fotos que tienen qué ver con Jerez, anteriores a 1890 y son:
1. La presente foto de la plaza de armas.
2. La fotografía estereoscópica del Santuario con una torre.
3. Otra fotografía estereoscópica del exterior del Teatro Hinojosa.
4. Otra más, donde se puede ver el lado sur de la parroquia y la calle de la Aurora.
5. Otra tomada desde el barrio del “Rescoldillo”.
6. La de la fábrica de muebles “El Progreso”, por la calle de la parroquia. Fotografía de Weimer.
7. La de la fábrica de carruajes de los Sifuentes.
8. Otra de los Sifuentes simulando la compra-venta de un carruaje.
9. La del interior del teatro Hinojosa, posiblemente de Weimer.
10. La de la imagen de la virgen de la Soledad, del italiano Santini.
11. La del exterior de la capilla del Diezmo, etc.
Y, el grabado aparecido en el hebdomadario francés “Le Monde Illustré” del 21 de mayo de 1864, que ilustra “Una compañía del 1er. Batallón de cazadores a pie dispersa un cuerpo de guerrilleros en Jerez (Estado de Zacatecas).” El pie del grabado reza: “Une compagnie du 1er. Bataillon de chasseur á pied disperse un corps de partisans a Jerez (État de Zacatecas)”.



Tengo en mi poder muchas otras fotos de Jerez que poco a poco daré a conocer, para que les dé coraje a mis dos eternos y furibundos detractores.

viernes, 17 de junio de 2016

LA LLORONA DE LA CALLE DEL CIPRÉS

Uno de esos historiadores que creen sabérselas de todas me aseguró que en Jerez en los años de la invasión francesa no pasó nada, que los franceses amistaron y hasta emparentaron con los jerezanos. Eso no es cierto, sí pasaron varios acontecimientos bélicos, y de ahí se desprende esta hermosa leyenda:
LA LLORONA DE LA CALLE DEL CIPRÉS
Cuando los franceses al mando del capitán Crainvilles llegaron a Jerez, el 26 de marzo de 1864, hubo tímida resistencia por parte de los campesinos y habitantes de la región, así como de las tropas leales a González Ortega, pues los ricos comerciantes, poseedores de haciendas y acaudalados negociantes vieron con mucho agrado la intervención de los galos. En menos de dos meses, Hilario Llamas (constructor y dueño de la finca conocida como “De las Palomas”) firmaba a nombre de Jerez el acta de adhesión al Imperio de Maximiliano. Claro, a él ya lo habían nombrado antes Prefecto, con lo que podría resolver muchos agravios que tenía con quienes habían sido autoridades antes.
Los franceses en su aventura de guerra, venían acompañados de feroces zuavos que no se tentaban el alma para despachar al otro mundo a cuanto cristiano les pusieran enfrente. Eran estos zuavos soldados mercenarios de Argelia. Y se caracterizaban por usar unos pantalones colorados muy voluminosos, chaqueta corta sin cuello, faja de lana muy ancha, polainas de lona blanca y un gorrito tipo fez con su borla. (Como si fuera un vaso al revés). Los zuavos hicieron muchas tropelías en la región y eran temidos, pues el tener la desgracia de enfrentarse a ellos era condena inequívoca de muerte.
Sucede que los franceses se quejaban de que tiradores anónimos les causaban bajas cuando hacían sus rondas, esto especialmente cuando vigilaban las alturas del Santuario. Por buen tiempo no se supo de donde provenían los disparos que causaban muertes a los invasores. Hasta que una noche, alguien detectó que desde un alto ciprés situado en el callejón de las Campanas era de donde disparaban. Hay que aclarar que este callejón de las Campanas fue llamado así porque en el siglo XVIII ahí se establecieron las fraguas para fundir varias esquilas que luego serían colocadas en los templos de Jerez. Luego se conocería como calle del Ciprés o de las Artes.
Los franceses dispusieron vigilancia especial nocturna y pronto tuvieron éxito. Un  grupo de zuavos logró capturar en una oscura noche a rebeldes jerezanos que se subían al entonces vigoroso ciprés y desde ahí disparaban con sus rifles a las patrullas de invasores que rondaban. Se guiaron por el resplandor de los disparos.  Sin esperar nada, en cuanto los apresaron, ahí mismo les dieron muerte degollándolos con sus filosas cimitarras. Por desgracia, un pacífico jerezano acompañado de su esposa venía entrando por la acequia de esa calle sin darse cuenta de lo que ocurría. Cuando vio a los soldados, apremió a su mujer para desandar sus pasos, interponiéndose para lograr que ella escapara, pues los zuavos creyéndolo un enemigo más lo corretearon hasta alcanzarlo. Eso no les fue muy difícil, porque los argelianos bereberes están acostumbrados a correr en las ardientes arenas del desierto delante de los camellos para que estos caminen a su vez.
La mujer cuando vio que apresaban a su marido, se regresó, suplicándoles de mil maneras a los soldados que no le hicieran nada a su media naranja. De nada valieron sus peticiones, sus lágrimas, sus súplicas. Los zuavos recorrieron todo el callejón de las campanas, dieron vuelta por la pequeña calle “Cerrada del Santuario” (hoy conocida como calle Hidalgo) y al llegar casi a la puerta de la sacristía del Santuario, asesinaron al apresado atravesando su pecho con una de sus afiladas armas. Luego, lo colgaron de un grande y añoso mezquite que antes ahí había. E hicieron saber a los cuatro vientos, que así moriría cualquiera que atentara contra el imperio.
La infeliz jerezana plañía, rogaba a la Virgen de la Soledad para que a ella le diera también la muerte, y a pesar de las amenazas de los zuavos, no se alejó del lugar. Por varios días sus lágrimas, gritos, y peticiones de clemencia llenaron con sus ecos el barrio, sin que nadie intentara consolarla ni bajar los despojos del desafortunado del mezquite donde pendía como siniestro trofeo. ¡¡¡Ayyy de mis hijos!!! ¡¡¿¿Qué será de mis hijos sin su padre??!! ¡¡No me desampares Virgencita de la Soledad!!
Se cuenta que en el anonimato de una noche, valientes manos descolgaron los macabros restos y también se llevaron a la desconsolada viuda que dicen, murió de angustia e inanición a los pies de su marido. Se dice que fueron sepultados dentro de la huerta que perteneciera a don León Cabrera, muy cerca del ciprés, donde con el cobijo de las aguas de la acequia servirían de nutriente abono para el árbol.
Mucho escándalo causaría esas muertes entre los jerezanos pudientes, los que pidieron a los franceses no tomar acciones tan radicales, exigiéndole a don Hilario Llamas renunciara por su ineptitud, cosa que hizo, siendo nombrado como prefecto don Julian Brilanti, un jerezano mesurado y respetado en toda la región. Don Julián organizó guardias nocturnas de la policía a partir del 20 de julio de 1865. Todavía sería año y medio el que se soportaría la presencia de los extranjeros, pero en noviembre de 1866, las fuerzas liberales ya tenían el poderío en la región, mismo que se consolidó el 27 enero de 1867, en que Benito Juárez, huyendo de sus perseguidores se refugiara en Jerez donde se hospedó en la casa de don Marcelino Murguía, quien había sido nombrado recientemente Jefe Político. Al siguiente día, llegaron mil quinientos soldados liberales.
Los vecinos de las calles del Ciprés e Hidalgo, aseguran que en las noches oscuras se escuchan gritos pidiendo auxilio, lamentos y sollozos en las cercanías de la sacristía, luego se percibe como si quien llorara o se lamentara recorre la calle Hidalgo y sigue por la del Ciprés, perdiéndose los ruidos casi al llegar al Ciprés. Hay quien asegura que es el alma de la desafortunada mujer que perdiera a su marido en esa cruenta noche en que se encontraron con los zuavos. ¡¡¡Ayyy de mis hijos!!! ¡¡¿¿Qué será de mis hijos sin su padre??!! ¡¡No me desampares Virgencita de la Soledad!!.


EL BURRO DE LOS CODOS NEGROS. Hace pocos días, en la presentación de un libro a la que acudió el ya famoso y fementido poeta de los codos negros, un cronista le preguntó: “-Y tú, ¿Cuándo haces tu libro?” A lo que el poeta archivista contestó: “En cualquier rato, si este burro puede ¿por qué yo no?”. –Refiriéndose a la persona que estaba presentando su obra, obra que fue el fruto de muchos años de investigación. Este poeta –el de los codos negros- tiene bastantes años de robarse impunemente los archivos para su uso personal y nunca ha podido hacer ni siquiera un mamotreto de poesía. Lo que debe hacer es tener más cuidado con lo que dice y a quien se lo dice. Aunque traiga lentes, le pueden tumbar los dientes. (Salió el verso y eso que yo no soy el poeta de “las callezuelas en que se gastan las suelas, cuando les duelen las muelas y les pican las… espuelas”).

viernes, 1 de abril de 2016

EL PRIMERO DE ABRIL ES LA FECHA SIMBÓLICA EN QUE SE CELEBRÓ EL 444 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEFINITIVA DE JEREZ

El viernes primero de abril de este año (2016), el H. Ayuntamiento de Jerez realizó una sesión solemne de cabildo con el único fin de determinar la fecha en que se celebraría la fundación de nuestra ciudad, con los resultados del Congreso al cual se convocó oportunamente a historiadores, cronistas, estudiantes y público en general para que aportaran todas las pruebas conducentes para dar luz al respecto.
Nueve trabajos fueron leídos durante el Congreso, y la comisión dictaminadora estuvo integrada por profesionistas representando a la Facultad de Historia de la UAZ, así como al Archivo Histórico de Zacatecas y a la Asociación Nacional de Cronistas. Ellos, luego de leer y examinar a conciencia los trabajos académicos determinaron por unanimidad que BERNARDO DEL HOYO CALZADA y LUIS MIGUEL BERUMEN FÉLIX merecieron ser los triunfadores, pues sus trabajos reunían las características de investigación adecuadas y aportaban pruebas necesarias para el conocimiento de los primeros años de nuestra ciudad.
Bernardo del Hoyo y Luis Miguel Berumen presentaron bien documentados trabajos que merecieron ganar.
A sus espaldas la placa conmemorativa, que "alguien" intentó quitar y desaparecer.
Además deliberaron entre ellos y propusieron al Cabildo que se eligiera el año de 1572 COMO EL AÑO DEFINITIVO DEL POBLAMIENTO Y FUNDACIÓN DE LA VILLA DE XEREZ, así como que se recordara a los fundadores españoles Pedro Carrillo Dávila, Martín Moreno y Pedro Caldera en el domingo anterior al sábado de gloria, pero como la fecha es movible, las autoridades propusieron que fuera el primero de abril.
Después de escuchar el informe sobre el citado Congreso “La fragua de una ciudad”, y de apreciar la lectura del dictamen de los jurados, el cabildo por unanimidad declaró como fecha conmemorable el 1º. de abril.
Pero, como en todo, hay gentes que le abonan siempre a lo negativo, y creen ser poseedores de la verdad absoluta, para pronto un individuo de esos hizo un comentario en las redes sociales que decía: “Lo peor de éste mundo es engañar, y peor cuando se usa la mentira, Jerez no se fundó en 1572, quizás nunca ocurrió, no hay nada para demostrar lo que el Ayuntamiento pretende dejar como inútil legado a la posteridad…”.
Portada del trabajo que yo presenté.
Mucho me hubiera gustado que el autor de esos comentarios se tomara la molestia de asistir al multicitado Congreso, o participara esgrimiendo sus argumentos con un escrito entendible y con documentos probatorios en mano y en el que mostrara el porqué de sus aseveraciones, como lo que asegura que él tuvo en sus manos la cédula en el que el rey ordena la fundación de Jerez, pero que no se distinguía el año porque estaba borrado. Eso, es mentira porque Jerez no fue fundado por instrucciones del monarca español, sino que su fundación y poblamiento fue ordenada por la Audiencia de la Nueva Galicia.
Respecto a lo que dice que “no hay nada para demostrar lo que el Ayuntamiento pretende dejar como inútil legado a la posteridad”, ocurre que por su enfermedad no puede comprender muchas cosas y no ha podido consultar fuentes o archivos de primer órden, donde se encuentran papeles originales que hablan de los primeros años de vida de la villa de Xerez así como de su poblamiento y fundación. En el archivo de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid, está el manuscrito original de las “Relaciones Geográficas de la Villa de Jerez, bajo la signatura 9.25-4/4662-VIII, que sido uno de los vehículos más importantes para el conocimiento de los primeros años de vida de Jerez. Francisco del Paso y Troncoso y René Acuña hicieron transcripciones de ella. Comentada por el Profr. Valentín García Juárez en “Historia de la Fundación de Jerez” y extractada por don Eugenio Del Hoyo en “Jerez corona a su reina”. (Revista realizada en 1961). En Jerez existe una copia facsimilar extraída directamente de los originales que están en Madrid y que posee Luis Miguel Berumen Félix.
Foja de las Relaciones...
Dichas relaciones fueron escritas por gente que vivió en Jerez, y que recordaban los acontecimientos de su fundación, acaecida pocos años antes. Además en el archivo de Guadalajara de la “Primigenia Audiencia de la Nueva Galicia” están los “testimonios de los negocios que provee la Real Audiencia de Galicia” donde se habla de la fundación de la villa y del sueldo que se le ha de pagar a su alcalde mayor, que son documentos fehacientes escritos a pocos días de la primera fundación de Jerez, ocurrida a fines de 1569. (Luego se despoblaría por la guerra chichimeca y se poblaría definitivamente en 1572).
Muchos prestigiados cronistas e historiadores, como Philip Wayne Powell, Joaquín García Icazbalceta, Fray Alonso de la Mota y Escobar, Juan López de Velasco, Peter Gerhard, Rafael Diego Fernández Sotelo, Fray Antonio Tello, Primo Feliciano Velázquez, etc., han escrito sobre la fundación de Jerez apoyados en fuentes de primer orden, documentos existentes y que el agorafóbico sujeto dice que no existen.
La decisión del ayuntamiento de Jerez la considero muy acertada, histórica y además nos devuelve una identidad perdida por caprichos y mentiras de algunos que siempre están criticando lo que se hace para el bienestar común.
El trabajo que yo entregué para este Congreso es una larga investigación, de muchos años, y que consta de 34 fojas (resumidas), en las que se incluyen los antecedentes, los hechos, propuestas, conclusiones, acompañado de sus correspondientes citas a pie de página, la extensa bibliografía que se consultó (documentos originales y copias facsimilares), los archivos en que se buscaron y encontraron referencias, así como revistas, impresos y papeles sueltos en que se habla de la fundación y poblamiento de Jerez. Estoy muy contento por haber contribuido en algo a la búsqueda de nuestra identidad histórica, por lo que me parece de muy mal gusto en que alguien asegure lo que él cree es su verdad.
Por parte de la Crónica Jerezana y con el apoyo del departamento editorial del Instituto Jerezano de Cultura, se están buscando los apoyos necesarios para la publicación de la memoria del Congreso, en la que tendrán cabida los trabajos que participaron, los dictámenes y conclusiones, todo con su respectivo respaldo documental.
Hay gente que está como los burros viejos, que nomás rebuznan para que no les den un llegue… es a este tipo de gente a quien se le atribuye el tratar de quitar la placa alusiva a este evento (solo le quitaron las tuercas y la voltearon).

miércoles, 9 de marzo de 2016

HISTORIADORES DETERMINAN FECHA DE FUNDACIÓN DE JEREZ


Dentro del Congreso “La Fragua de una Ciudad”, convocado por el Ayuntamiento jerezano 2013-2016, mediante los trabajos triunfadores se propuso como fecha de fundación del municipio, el año de 1572.
El secretario de gobierno Samuel Berumen de la Torre, el cronista adjunto del municipio Héctor Manuel Rodríguez Nava,  Jesús Espinoza Serafín Regidor  y la comisión dictaminadora, integrada por el cronista del Estado Manuel González Ramírez, el docente investigador de la Unidad Académica de Historia Roberto Carrillo Acosta y el representante del Archivo Histórico de Zacatecas Oscar Edilberto Santana Gamboa, estuvieron presentes durante la revisión de los proyectos.
De manera unánime se otorgó el primer lugar al trabajo titulado “La Fundación de Jerez, Zac.” cuyo autor es Bernardo del Hoyo Calzada, y también de forma unánime se otorgó el segundo lugar al trabajo titulado “Poblamiento y Fundación de Jerez” de Luis Miguel Berumen Félix.
Para este ejercicio se atendieron todas las aportaciones, pruebas y testimonios presentados por los participantes, y dicha Comisión propuso al Ayuntamiento jerezano que el año de fundación de la Villa de Jerez de la Frontera sea 1572, considerando este año como la consolidación del asentamiento español en este territorio, que si bien los primeros intentos se llevaron a cabo entre 1569 y 1570, el año de 1572 es histórico porque representa el inicio del desarrollo ininterrumpido de este asentamiento, que desde entonces se ha mantenido con el valor, tenacidad y trabajo que caracteriza a su población hasta hoy en día.

A través de estos proyectos, fue  también como se propuso que en el domingo previo al Sábado de Gloria, se rinda anualmente homenaje a quienes pusieron los cimientos de la ciudad, entre ellos Pedro Carrillo Dávila, Pedro Caldera y Martín Moreno, todo esto dentro del preámbulo de las fiestas máximas de Primavera de Jerez.

viernes, 19 de febrero de 2016

LA CULTURA NO VA CON LOS GASES


Sulfido de hidrógeno, metanetiol y sulfido dimetil son gases apestosísimos que contienen sulfuro, y de por sí, solos son olorosos juntos lo son más. En días pasados, aprovechando mis vacaciones, asistí a un evento cultural que prometía estar agradable. De esos eventos en los que es de muy mal gusto llegar tarde, interrumpir o irse a media función. El Teatro Hinojosa –porque fue en el teatro- estaba más o menos lleno, gente culta pensé yo. Cuando de pronto, el ambiente frente a mí se comenzó a llenar de un aroma indescifrable y muuuuy desagradable. Emanaciones contínuas de los gases mencionados al principio. Si prendiera un cerillo en el trasero de la persona que estaba sentada adelante de mí, seguro que se verían ráfagas verdes o azuladas. Algunos manifestamos nuestro desconcierto y descontento tapándonos con la mano boca y nariz, pero eso en nada detenía la constante afluencia del sulfido de hidrógeno. 
Yo no traía ni un méndigo papel para hacerme aire y en esos momentos en lugar de ver la actuación de los artistas en el foro, pensaba en dos madres, en la de la persona que a placer se echaba sus flatulencias tipo cochina dormida. Esa madre que seguramente no le enseñó reglas de convivencia social, y que le ha de haber rellenado también la panza de cebollas, ajos, frijoles y demás alimentos creadores de gases. Y pensaba también en mi mamá, que cuando íbamos a salir, nos mandaba a todos primero al baño aunque no tuviéramos ganas. “Van y se me exprimen bien, para que no anden con su circo en la calle”. Dice un refrán “que vale más perder un amigo que una tripa”, pero en esa ocasión creo que ninguno de los que estábamos soportando la feroz acometida gaseosa éramos amigos de la interfecta (porque era interfecta) y además tampoco la gaseadora estaba en peligro de perder una tripa, pues se notaba que hasta disfrutaba cada que soltaba uno de sus efluvios, ya que hasta levantaba un poco la nalguita de la silla y se fruncía un poco. Hubo un momento en que de plano ya no soporté, y me levanté de la silla, diciéndole a mis vecinos de asiento: “Ahí se las dejo, toda para ustedes, no dejen de darle el golpe”. Salí encarrerado por el pasillo y de milagro llegué al baño donde vomité pues mi organismo no pudo soportar tanto martirio. La próxima vez, creo que tendré que ir preparado con una buena máscara antigases.
EL PANTEÓN DE DOLORES Hace ya mucho tiempo comentaba acerca del estado en que se encontraban las criptas, mausoleos, monumentos, templetes y demás del Panteón de Dolores. Y es que estaban dañadas gravemente. La falta de mantenimiento adecuado, además de la fuerte lluvia debilitaron la cantera. La humedad se la comía. Hay monumentos que se resquebrajaban, y que existen completos gracias a fotografías oportunamente tomadas. Algunas leyendas de las lápidas ya no se pueden leer. . A mí en lo particular hace años me llamaba mucho la atención la dedicatoria que Sofía de la Torre dejó a su marido en el catafalco que hizo en su memoria, donde en la parte superior se ve un ancla, luego dos manos, separados ambos elementos por una leyenda en latín “In te domine speravi, non confundar in aeternum”. Y más abajo reza: “Restes cheris de celuí que jái tant aimé, jamais mon coeur ne palpitera que pour toi” (Restos queridos del ser que tanto amé, jamás mi corazón no palpitará por nadie más que tú). Y en la parte de abajo se podía leer: “Mi querido esposo, do quiera que alienta, ven con tu recuerdo mi vida a animar, no dejes ¡oh no! Que el pecho del que había amado, algún día te llegue a olvidar. Su esposa Berta Sofía de la Torre. D.E.P.”. Esa dedicatoria se fue descascarando y ya no existe, solo la podemos ver en fotografías.
Fue durante la administración del profesor Benito Juárez cuando se creó un patronato pro conservación del panteón, pero era un patronato solo de membrete pues no se les dieron atribuciones para gestionar fondos para la restauración de este lugar. Entonces se enlozó todo el corredor de acceso a la primera sección, se le dio su manita de gato, y hasta se le dotó de iluminación ambiental con miras a que fuera incluído en futuros recorridos turísticos.
Entonces hubo la intención de tratar de incluir el Panteón de Dolores en algún programa como el Fondo de Apoyo a Comunidades para la Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos (de CONACULTA). Los primeros pasos para hacer la solicitud se dieron, y se me encargó hacer el expediente (más de 300 páginas que nunca me pagaron). Pero todo ahí quedó con el cambio de gobierno.
Cuatro años después, el regidor encargado de panteones, solo se preocupó porque hicieran unos sanitarios, porque de otro modo “se tenía que andar miando entre las tumbas”. Creo que ni siquiera los sanitarios existen.
Es curioso que sean personas nacidas en otras latitudes quienes aprecian el valor de nuestra arquitectura civil y religiosa, como es el caso de mi buen amigo el Dr. en arquitectura Carlos Lira Vásquez, quien en su libro “Una ciudad ilustrada y liberal, Jerez en el Porfiriato” hace un muy extenso estudio sobre nuestra ciudad, y dedica más de 40 páginas al panteón. “Sin bridas por el desfiladero de la muerte”. Un estudio que bien vale la pena leer y entender.
El cronista adjunto enseñándome los trabajos que se realizaban en el panteón.
EL RESCATE. Afortunadamente el año pasado se realizaron trabajos de restauración en el panteón, mismos que presentaron grandes dificultades, pero afortunadamente quienes intervinieron salieron avantes de la encomienda. El cronista adjunto de Jerez Héctor Manuel Rodríguez Nava, tuvo importante labor en esta restauración. (El otro cronista puede ser que ni enterado esté de los trabajos realizados). Ahora, podemos presumir que el Panteón de Dolores está convertido en un excelente museo, se han recuperado lápidas, se han descubierto tumbas perdidas, se reconstruyeron catafalcos y mausoleos, y la historia de Jerez se puede reescribir con toda la investigación realizada sobre los hallazgos en el panteón.
La galería abajo del edificio de La Torre.
LA SALA DE LEYENDAS. Abajo del piso del edificio de la Torre, hay dos extensas galerías, perfectamente ademadas de piedra. Si esas galerías se adecuaran, se les dotara de una entrada con escalones, se me ocurre que podría servir como una “galería de lectura de leyendas”, con la iluminación adecuada y un buen narrador, sería otra alternativa cultural para Jerez. Pero… hay muchos peros, el primero, Monumentos Coloniales, que siempre y por todo se pone sus moños. Otro pero sería la falta de visión a futuro, y otro pero más, que no hay presupuesto.
En la galería que está en la casa donde se pretendía hacer el Museo de la Charrería también sería agradable hacer un “café subterráneo” aprovechando el amplio espacio de ese tramo de túnel que dicen los cronistas no existe.
Monumentos Coloniales siempre ha sido una traba, pues sus disposiciones son de tipo inquisitorial, sus lineamientos son absurdos y obtusos. Además, que en Jerez lo único colonial es la Parroquia de la Inmaculada y dos que tres fincas cercanas, pues la mayoría de las construcciones jerezanas que aún existen son del siglo XIX, cuando ya no existía la colonia…

viernes, 12 de febrero de 2016

EL TESORO DEL CALLEJÓN DE LOS ÓRGANOS

-“No creo que se acuerde de la cruz que estaba ajuera del panteón de Dolores, pegada a la barda del lado norte. Esa cruz la puso don Cuco Vanegas para ir a pedir a Dios por  su hijo Dañel, que fue muy maldito, pos’ fue quien quemó a un sacerdote y a su mamacita (la del sacerdote) en una caldera de un molino; cuando lo mataron en tiempos de la revolución echaron su cuerpo a una fosa común y no le permitieron a su padre pusiera una cruz dentro pa’ recordarlo. Así que la puso ajuera.
“Ese Dañel era muy mala alma, se metió de revolucionario cuando vinieron las tropas de Pánfilo Natera, y a los pocos días andaba presumiendo que era general. Los que andaban con él eran puros de su calaña, acostumbrados a la malditura, se robaban a las muchachas de los ranchos y nomás les hacían la maldá y las dejaban a su suerte. Aparte, le traiban munchas ganas a la hacienda del Ojo de Agua, acá por el Huejote.
“Tantas maldades hizo ese Dañel, que sus mismas gentes lo mataron y en un carretón de basura lo trajeron a enterrar en una fosa común que había pegada a la pader. La cruz que puso don Cuco quedaba esaitamente frente al callejón de Los Órganos, pero antes no había casas, solo unos tecoruchos abandonados y unas bardas de adobe con nopales bien enrraizados, ya muy añejas. Ya más o menos se dio una idea de dónde estaba la cruz que le digo, ora sí le voy a contar la historia:

“Don Filomeno andaba con su compadre Ponciano de rancho en rancho, de pueblo en pueblo, de feria en feria. Vendían baratijas, espejos, collares, y cosillas de esas que usan las mujeres quesque pa’ verse más bellas. Barilleros eran.
“Pos’ don Filomeno estaba añejón y ya cansado de andar de pata de perro le dijo a su compadre que él se iba a quedar a vivir en Jerez, que a lo mejor se dedicaría a la hojalatería y a criar marranos. Y es que ya tenía familia, y la ñora era la que más resentía que anduvieran como judíos errantes. Así que pa’ pronto consiguió una casa que ni siquiera le rentaron, se la emprestaron pa’ que la cuidara.
“Pos’ la casa esa es la que quedaba en el callejón de Los Órganos y daba esquina con el llanito al lado del panteón. La casa estaba abandonada, nomás eran dos cuartitos, un gallinero y un corral con bardas de adobe medio caídas, unos macheros y sobre las bardas habían crecido unos nopalones que de noche daba miedo verlos.
“En un cuartito dormían don Filomeno, su mujer y sus tres hijos. El otro lo usaban pa’ cocina y pa’ guardar triques y el compadre se quedaba en el gallinerito, al cabo acostumbrado a andar en el trote, ponía un petate en el suelo y ahí se dormía. En el corral metieron cochinos, eran marranos criollos, de esos corrientes y trompudos. En el patio don Filomeno arregló sus cosas pa’ chambiar en la hojalateada.
“Pos’ a los pocos días Ponciano le dijo a su compadre que él mejor se iba a seguir con lo de la barilleada, porque se sentía incómodo ahí, y no por quedarse en el gallinero, sino que porque por las noches se oían murmullos y se veían sombras del lado donde estaban los nopales. Don Filomeno le decía que no juera coyón, que los murmullos los causaba el viento que pasaba entre los nopales, y que las sombras era porque el mismo viento los movía. Ponciano le retobaba y juraba que eran los muertos del pantión que se querían salir.
“Don Filomeno notó después que los cochinos escarbaban en las raíces de un nopal, y se lastimaban sus trompas, así que junto con su compadre decidieron tumbar los nopales, de ese modo ya no se verían sombras ni se oirían murmullos ni voces extrañas por la noche, y de pasada, los cochinos ya no trompearían ahí. Pos’ estaban en chinga con los talaches y los picos sacando de raíz los nopales, cuando Ponciano se rajó, dijo que lo dejaran para después, porque estaba muy cansado. Filomeno le decía que le siguieran nomás un rato, que casi acababan.
“Ponciano se fue a la tienda de don Goyo Ramírez, ahí cerquita, en la esquina de la calle Dolores, a echarse unas cheves y dejó a su compadre solo. Empezaba a anochecer cuando de talachazo en talachazo don Filomeno ya casi sacaba todos los nopales. Y que da un talachazo y ¡zas! Se le fue hasta dentro de un hoyo que estaba debajo de la raíz del nopal. Y en el agujero, se encontró tres ollas de barro, bien llenitas de monedas de oro. Yo crioque como les daba el aigre no se engasó don Filomeno.
“No se portó gacho, porque luego luego jue a buscar a su compadre pa’ que le ayudara, pero el compadre ya estaba briago con las cheves que se había tomado y lo tiró a loco. De todos modos don Filomeno le convidó de las monedas que se encontró.
“Pos’ la suerte de esa familia cambió con ese hallazgo, porque después compraron esa casita y la tumbaron toda pa’ hacerla nueva. Y don Filomeno se dedicó a comprar casas por todo Jerez para tumbarlas y hacerlas nuevas. Del dinero que se jalló pue’que ya no queda nada, porque los hijos le salieron muy jijos y a escondidas de su papá se lo sacaban pa’ gastarlo en cuanta borrachera se les ocurrió.

“Y así como se lo cuento, es como me lo contaron, lo del tesoro de la casa de enfrente de la cruz de Dañel Vanegas. Que sea cierta, quen sabe, a mí así me lo contaron”.

martes, 9 de febrero de 2016

LA FUNDACIÓN DE JEREZ

En los círculos culturales jerezanos, se habla de que en este mes de febrero se reunirán estudiantes de historia, cronistas, “compadres de los cronistas” e historiadores en un congreso para “establecer definitivamente” la fecha de fundación de nuestra ciudad. La fecha no necesita establecerse, pues de que hubo fundación, la hubo. La cosa es encontrar los documentos que aún existen desperdigados por ahí, en los cuales los primeros habitantes de estas tierras hayan dejado su testimonio. Hace ya varios años ya había escrito en este mismo espacio algo al respecto, y como no voy a participar en esos foros, porque no estoy a la altura de esas gentes que juran ser los poseedores de la verdad histórica (eso dijo el fementido poeta de los codos negros), a petición de muchos de mis lectores se los ofrezco de nuevo:
EL CUESTIONARIO DEL REY

Ese sábado 13 de octubre de 1584, luego de oír la misa matutina en el pequeño templo de la “Limpia Concepción”, cuyo atrio y frente estaban entonces orientado hacia el norte, se reunieron bajo una enramada cercana los principales vecinos de la naciente Villa de Xerez de la Frontera. Ahí había dispuestas algunas sillas rústicas y una mesa, con papel, tinta, arenilla y varias plumas de ganso convenientemente afiladas para que el escribano Pedro Ramírez pudiera dar fe de lo que se realizaría.
El Juez de Comisión y Justicia Mayor de la Villa, Diego Nieto Maldonado, les mostró a todos los presentes un cuestionario de 6 hojas, en las que relucía una “P” capitular en tinta roja.  Les explicó lo que ya todos sabían: Felipe II necesitaba conocer todo su reino, ya desde 1577 Juan López de Velasco, cosmógrafo y cronista mayor de las Indias había hecho un cuestionario que por órdenes del monarca se distribuyó en todas las posesiones españolas. Por disposiciones de la Audiencia de la Nueva Galicia, lo debían responder “los gobernadores, corregidores o alcaldes mayores”. Eran tan solo 50 preguntas, pero a los vecinos, la mayoría españoles iletrados y que se vinieron en pos de la aventura y la fortuna, se les hacía muy difícil contestarlas, motivo por el cual se reunieron ese otoñal día para ver si entre todos podían hacer una contestación coherente a la “Memoria de las cofas, a que fe ha de refponder: y de que fe han de hazer las relaciones”.
El escribano comenzó con su mejor caligrafía a redactar el documento: “En la Villa de Xerez de la Frontera a trece dias del mes de Otubre de mil y quinientos y ochenta y quatro años, El Ilustre Señor Diego Nieto Maldonado juez de comicion y justicia mayor de la dicha villa y valle de Taltenango por su majestad en cumplimiento de lo que es mandado por la real audiencia de este reyno sobre la relacion que su majestad mande que se le envie de la descricion de las yndias, estando presentes los señores juan bicente y hernan garcia alcaldes ordinarios de la dicha villa y esteban garcia regidor, les dio a entender lo contenido de la dicha instruyción y aviendoles sido leida dixeron y respondieron lo siguite”
La primera pregunta estaba sencilla, y respondieron: “Que desde la fundacion de esta dicha Villa se le puso nombre de la VILLA DE XEREZ, y ansi lo confirmo el avdiencia real de este reyno de la nueba galizia en cuyo destrito cae y que no a tenido mas nombre que este”. La segunda pregunta era sobre quien fue “el defcubridor y conquiftador de la dicha provincia y el año de fu defcubrimiento…”.  Contestaron que “puede aver quinze años poco mas o menos que esta dicha villa se pobló de españoles que algunos de ellos oy en dia residen en ella la qual estava conquistada por los conquistadores antiguos de este reyno y descubridores de las minas de los cacatecas”.
Y así, se consultaban y seguían entre todos dando las respuestas a las preguntas, sobre el temperamento del clima, si es tierra llana, poblaciones de indios, distancias a otras villas, etc.
La pregunta 9 pedía se dijese “El nombre y fobrenombre que tiene, o vuiere tenido… y porque fe vniere llamado affi… y quien le pufo el nombre, y fue el fundador della, y por cuya orden y mandado la poblo y el año de fu fundación, y con quantos vezinos fe comencó a poblar, y los que al prefente tiene”…
La respuesta fue “la cavssa porque a esta villa se le puso el nombre de Xerez de la frontera fue porque es tierra a donde de ordinario andan indios de guerra robadores y matadores el qual nombre se acordó por los pobladores que de presente se hallaron en la poblacion de ellas y por la real avdiencia de este reyno le fue dado y señalado el dho nombre; y fue el primer fundador y poblador de ellas PEDRO CARRILLO DAVILA y PEDRO CALDERA y MARTIN MORENO, y ansi fueron viniendo de dia en dia, y llegaron a aver en la dcha villa treynta y seys vezinos españoles, cazados y solteros, y de presente hay doze y no más. La qual poblazón se hizo, con orden de la dcha real avdiencia, en el año de MIL Y QUINIENTOS Y SESENTA Y NUEBE”.
En 8 folios contestaron esos jerezanos pioneros todo lo que supieron sobre el valle que comenzaban a habitar. Lo interesante es que consignan que en 1569 se fundó la Villa de Xerez. Entonces no había posibilidad de que se equivocaran porque fue pocos años antes, muy pocos.
El documento lo signan Diego Nieto Maldonado, Hernan García, Juan Vicente, Esteban Garcia (que dibujó unos garabatos) y Cristobal Caldera, además de el escribano.
Sería interesante poder paleografiar y dar a conocer a los jerezanos el documento completo, pues nos habla de los primeros días de nuestra tierra. Ya varios investigadores lo han mencionado como Francisco del Paso y Troncoso (que vio el original), don Eugenio del Hoyo y don Valentín García Juárez.
El original se encuentra en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, en el edificio marcado con el número 21 de la calle León de Madrid. Dicen que hay copias en el Archivo General de Indias, en la Benson Latin American Collection de la Universidad de Texas, y en la Glasgow University Library. Una copia facsimilar llegada directamente desde el otro lado del charco, adorna mi archivo particular. (Me imagino que es la única que hay en Jerez). El documento no se ha digitalizado por lo que en los archivos de internet no está. Sería interesante que algún día se pudiera publicar íntegro, perfectamente paleografiado y con sus conclusiones.

Hay otros papeles que nos hablan de los primeros días de nuestro pueblo, quizá los eruditos participantes de este Congreso los saquen a relucir y se enriquezca bastante la historia de Jerez. Yo –reitero- no participaré, pues bien aplicado está el refrán ese que dicen que unos ordeñan la vaca y otros se toman la leche…

miércoles, 3 de febrero de 2016

EL CAMIÓN DEL AHUICHOTE

La calle Hidalgo de Jerez era en aquellos años muy bulliciosa, pues ahí estaba la terminal donde llegaban los camiones de los ranchos del sur de la región. Se distinguía entre todos los armatostes viejos el camión amarillo canario con franjas negras de El Ahuichote. Los domingos llegaba después de las diez, aunque podía llegar a las once, doce o una de la tarde, y eso que comenzaba su travesía a las cuatro de la mañana, cuando Antonio “Trácalas” Valdés lo echaba a andar y comenzaba a subir gente. Rancho por rancho, potrero por potrero, puerta por puerta el vehículo se detenía para ir subiendo al pasaje. Sin contar las frecuentes descomposturas que sufría el viejo y sufrido camión.
Trácalas Valdés era una persona muy simpática y se decía que en cada rancho tenía una mujer “y a todas las sube al camión y les trae su mandado” –decían las viejas argüenderas y chismosas-. Afectado por el “mal del pinto” o vitiligo se justificaba diciendo que lo había contraído “porque ordeñaba muchas vacas pintas”. Estaba acostumbrado a reparar su camión “a la mexicana”, con alambres, trozos de madera o lo que se encontrara a la mano, ya sea de día o de noche, aluzado con la muy débil luz de cerillos o cigarros que algunos acomedidos y sabios consejeros arrimaban siempre.
A las cuatro de la tarde el camión salía de la calle Hidalgo. Alegremente pedorreaba cuando daba vuelta a la calle del Santuario para agarrar camino y rodar por las brechas, veredas y vericuetos, entre nopaleras, barrancos, arboledas y corrales. La hora de salida era muy puntual, más siempre existía la incertidumbre de cuándo se llegaría a su destino, pues el vehículo amarillo se podía descomponer en cualquier parte porque de regreso llevaba el doble o triple de carga.
En su interior, la gente iba apretujada en los asientos, llevando en su regazo la “rede” del mandado, varias gallinas amarradas para reponer las que se comiera el coyote o se robaran los vecinos, bolsas llenas de cacahuates o cañas cortadas. Los que iban parados en el pasillo lo hacían muy agarrados de donde podían, pues del piso del camión solo quedaban retazos. En la canastilla del techo iban los que no consiguieron lugar abajo, revueltos entre cajas, rejas, muebles y todo tipo de mercadería que las gentes de los ranchos compraban en Jerez. Eso sí: con su sombrero de ala ancha listo para capotear y hacer frente a las ramas de mezquites y huizaches que a cada paso del camión amenazaban a su pasaje.

EL MEZQUITE SABROSO
En un potrero cercano a La Estancia de los Berumen, ya cuando comenzaba a oscurecer, el vehículo amarillo canario se negó a seguir ronroneando. “Trácalas” Valdés rápido se bajó a abrirle la trompa a su camión, armado con una pavorosa llave inglesa que desde siempre había sido su compañera en esas comunes faenas.
-“Los que van a La Estancia, váyanse caminando, yo les llevo después su mandado”-, gritó a su pasaje, pero no le creyeron –“Eh, ¿a poco? y ¿qué tal si se los lleva para sus hijitos? Nooo, mejor nos esperamos, al cabo qué tanto se ha de tardar en arreglar el camión”.
Pero la descompostura duró más tiempo. Trácalas se quitó la cachucha y se rascaba la cabeza, como si con ello motivara a que su cerebro le diera una pronta solución. Luego de golpear el motor de muchos modos, de aflojar y apretar tuercas, informó: “-Orita vengo, voy al Ahuichote por unas piezas que necesito”. Y acompañado por un amigo se fue brincando cercas para llegar más pronto a donde seguramente tendría algún fierro que le sirviera para volver a echar a andar el camioncito.
Dos compadres –cuyos nombres me reservo porque así me lo pidieron- decidieron ir a “hacer del cuerpo”, aprovechando la oscuridad y que el chofer se tardaría buen rato, pero por decoro se fueron donde había un grupo de mezquites y ahí, cada quien oculto en diferente y alejado árbol, en cuclillas hicieron lo que el hombre hace solo. Uno de ellos, al terminar, buscó una piedra para asearse convenientemente, y al tomarla vio a su lado un mezquite frondoso, lleno de vainas que brillaban con la lánguida luz que ofrecía la luna.
-“Estos mezquites han de estar bien jugositos. Orita me corto unos”- pensó poniendo manos a la acción. Pero el árbol, aunque frondoso estaba alto. Para su buena suerte, al tantear sintió como una caja de madera y se trepó en ella. Cortó todos los frutos que pudo de las ramas más accesibles y se los guardó en la chamarra y bolsas del pantalón, devolviéndose alegremente y con un chiflido se reunió con el compadre.
-“Oiga compadre, ¿qué? ¿ya masca chicles o qué?, convídeme ¿no?”
-“No compadre, no es chicle, mire ahí donde fuimos me encontré un mezquite con muchos mezquites. Están bien jugositos. Si quiere vamos pa’ que corte tantitos”.
-“Pos’ vamos, alcabo Trácalas apenas ha de ir llegando al Ahuichote”.
Llegados ante el árbol, el compadre vio que efectivamente se veía muy cargado de mezquites, pero las ramas estaban altas, por lo que preguntó al otro: -“¿Y cómo le hizo pa’ cortarlos? ¿cómo se trepó al mezquite?”. –“Pos’ ahí hay como un cajón de madera, búsquelo y súbase en él pa’ que alcance las ramas”. –“No compadre, ya le di vuelta al mezquite y no hay ningún cajón”. –“Pos’ si yo me acabo de trepar, ni modo que alguien lo haiga quitado tan pronto”.
Los compadres le dieron vuelta al mezquite y no encontraron rastros del cajón. Iluminándose con cerillos y pateando la tierra, encontraron dos moneditas de oro. –“Mire compadre, mejor vámonos, esto me da miedo”. “Sí compadre, mejor vámonos y mañana temprano, con la luz del día venimos a ver qué hay. Pero no se le olvide dónde está y cuál es el mezquite”.
Sin decir nada, se reunieron con todos los pasajeros, que molestos por la tardanza de Trácalas se dedicaban a hacer trizas su vida personal. Pasada la medianoche el chofer regresó y con unos fierros viejos que llevaba hizo funcionar el camión, repartiendo luego a pasajeros y mercancías en sus respectivos hogares.
Armados con pico y pala los dos compadres desde muy temprano regresaron y se pusieron a excavar donde encontraran por la noche las dos monedas. –“Si yo me subí a la caja de madera a cortar los mezquites, ¿cómo es que luego ya no estaba?”.

-“Pos’ a lo mejor la caja estaba llena de dinero y cómo usté la despreció, se desapareció. Eso ha de haber sido. O a lo mejor nos equivocamos de mezquite”. –“No compadre, éste era el árbol, y si lo duda mire, ahí está en ese otro mezquite mi caca de ayer y la piedra con que me limpié”. Los compadres escarbaron y escarbaron, hasta topar con tepetate y no encontraron nada, solo las dos monedas que en la noche hallaron.

viernes, 29 de enero de 2016

LOS LIBROS SON COSAS INÚTILES (dicen)

Dicen mis detractores que padezco “el síndrome de Diógenes” porque poseo libros, documentos, fotografías y que supuestamente son artículos sin ninguna utilidad. En una ocasión, una persona visitó la casa de mis hermanas, y al ver el “archivo grande” que llena las cuatro paredes de una habitación exclamó con gran sorpresa: “¡Miren nomás cuánto espacio desperdiciado! ¿Para qué quieren tantos libros? ¡Quémenlos o tírenlos a la basura! ¿Ya los leyeron siquiera?”. Y al contestarles que sí, que además servían como libros de consulta para sobrinos, nietos y demás visitantes, dijo: “¿Y qué no pueden ir a la biblioteca? “Si sacan todo ese trochilero, aquí se puede poner un sillón, allá una cama, acá la televisión y hasta un estéreo”. Afortunadamente mis hermanas no le hicieron ningún caso y los libros y revistas siguen ahí. Y en mi archivo también siguen, aunque Tato ya dijo que cuando me muera él va a vender todo.
Don Anacleto Berumen González (mi abuelo) nació el 12 de julio de 1858, además de dedicarse a tener hijos con su mujer, doña Juana de la Torre, y dedicarse a la agricultura y el comercio, le daba por escribir poesía y cuentos, por leer revistas y libros, y esa afición le era muy criticada por sus amigos y compadres porque le decían no tenía utilidad alguna en el rancho (La Estancia de los Berumen). “Suerte te dé Dios, que el saber poco te importe” fue un refrán muy conocido en la familia.
Mi abuelo, hacía frecuentes viajes a Zacatecas, para llevar chorizo, carne seca, huevos, quesos y con la venta de esos artículos compraba la mercancía que vendería luego en el tendajón que tenía en el rancho. A veces compraba libros y periódicos y se regresaba trepado en uno de sus burros leyendo, recitando en voz alta los poemas que leía, al cabo los animales nomás orejeaban y no decían nada, aparte que no necesitaban rienda porque se sabían muy bien el camino. Cuando llegaba a La Estancia, doña Juana pegaba el grito en el cielo por lo que consideraba era un despilfarro: gastar parte de las ganancias en papel que no servía de nada, ni para envolver mandado.
Don Anacleto murió joven, el 6 de noviembre de 1912, de una neumonía que no pudo ser curada con los cocimientos y emplastos habituales en ese tiempo. De nada sirvió la enjundia de gallina hirviendo, de nada la manteca de coyote untada en el pecho, de nada los cogollos de maguey con alcohol. Luego que los hombres del rancho y familiares de mi abuelo (casi todos) dejaron su cadáver en el campo mortuorio de “La Providencia”, mi abuela y tíos mayores sacaron todos los papeles y libros y los quemaron en el corral de la casa grande de La Estancia. Mi papá, que entonces solo tenía cuatro años, contaba luego que él supo de eso por pláticas de mi abuela.
LA QUEMA DE LA CALLE DEL ESPEJO
Don Margarito Acuña
Desde 1913 la pequeña ciudad de Jerez agonizaba gracias a los enfrentamientos de villistas, huertistas y carrancistas. En 1915 llega el joven general federal Agustín Albarrán Torres al frente de un regimiento de caballería y se dedica a reorganizar los servicios de la ciudad. Pero los villistas no reconocían a los carrancistas por lo que el viernes de Dolores, 14 de abril de 1916 llegaron hordas de estos sujetos encabezados por el nefasto Dionicio García y con lujo de violencia tomaron la ciudad. Albarrán se rindió ante la superioridad del enemigo y salió con lo que quedó de su tropa rumbo a Zacatecas. Los villistas se dieron la gran vida: por 22 días hubo un saqueo generalizado, quema de casonas, mercados y comercios. A principios de junio regresa el general Albarrán y hace huir a los saqueadores.
Cuenta don Margarito Acuña en sus memorias, (quien para entonces tenía 48 años, pues nació el 22 de febrero de 1868), que por toda la calle del Espejo estaban las puertas rotas, los revolucionarios buscaban afanosamente casa por casa, destruyendo muebles que aventaban a la calle, rompiendo las macetas, buscando en el fondo de ellas “el guardadito”. “Fueron 4 pianos verticales los que conté en la primera y segunda cuadra de esa calle, los estaban quemando junto con lujosas mesas, sillas y camas. No entendía: si lo que querían eran dinero, sacaban más vendiéndolos que quemándolos”.
Refiere nuestro cronista (don Margarito) que a la mitad de la primera cuadra estaban amontonando los libros que sacaban los soldados de las casas vecinas, y que él temeroso se acercó ante el que parecía tener más rango y le preguntó que si le vendía los libros. “El sujeto se rió a carcajadas y les habló a los demás para decirles entre risas que el catrincito barbón compraba los libros”.
Se le acercaron agresivamente otros villistas y no le quedó de otra a don Margarito que repetir la oferta. “-¿Y de dónde va a sacar el dinero pa’ pagarlos?” –Le preguntaron. El señor Acuña expresó que tenía algunos ahorritos y que si no los compraba todos, al menos algunos. “Po’s sí se los vendemos, pero nos los paga con dinero de oro o plata, no con billetes de los de Pancho Villa, ni con cartoncitos de don Justo Avila que esos no valen”. (Ni los mismos villistas querían sus billetes). El oficial puso a unos de sus soldados a que apartaran los libros: “A dos centavos los que tengan letras, a tres los que tengan monitos y los delgaditos se los regalamos”. Don Margarito consiguió luego un carretón donde luego de contar los libros se los aventaron por montones. “Según mis cuentas eran como 43 pesos, pero ellos hicieron sus propias cuentas y me cobraron 18 pesos con 74 centavos, que pagué con moneditas de plata, de las de 1900”.
“Mi esposa, María Martínez, se quedó sorprendida al verme llegar a la casa de la plazuela con un carretón lleno de libros, pero me ayudó a bajarlos y acomodarlos en pilas en una habitación al fondo de la casa. Muchos de ellos los devolvería luego a sus originales dueños”.
LOS LIBROS ROBADOS DEL ARCHIVO PARROQUIAL
Don José María Hinojosa Escobedo
El 5 de julio de 1867 don José María Hinojosa, que era el juez civil de Jerez, se presentó en la notaría parroquial reclamando a nombre del gobierno del estado se le entregaran todos los libros de bautismos, matrimonios y defunciones. Y como ya iba preparado para llevárselos, se posesionó de 96 libros: 56 de bautismos, 22 de matrimonios y 18 de defunciones. Ayudado por los agentes se los llevó al juzgado. ¿Dónde quedaron esos libros? Los historiadores suponen que fueron quemados cuando se tomó Jerez en abril de 1913. En los archivos hay un gran vacío, gracias a que don José María Hinojosa se llevó todos esos documentos. Después, dicen que ha habido otras sustracciones de libros.
Cabe decir que don José María era una persona ilustrada, y fue gracias a su empeño que el Teatro que lleva su apellido se hiciera realidad. Quizá el celo liberal le llevara a llevarse los libros parroquiales para integrarlos al archivo del municipio.
LOS ARCHIVOS ACTUALES
En Jerez solo hay cuatro repositorios o archivos de valía: El archivo parroquial que fue rescatado y ordenado en épocas pasadas, al cual muy pocas, poquísimas personas tienen acceso. El archivo histórico del municipio del que se ha adueñado el encargado y solo permite la entrada y consulta a sus íntimos amigos. El archivo del registro civil. Y por supuesto, el mío. (Hay que aclarar que el archivo de Bernardo del Hoyo no lo cuento porque está en Guadalupe).
No es por presumirles, pero mi archivo lo considero el más floreciente, creciente y desordenado. Ahí hay documentos originales (y muchos) que hablan de Jerez en los siglos pasados. Hay fotocopias de expedientes completos. Hay fotografías (originales también). Copias digitalizadas de fotos, documentos, ilustraciones, etc. Y se ha nutrido de generosas aportaciones que gente de Jerez hace. “Tenga, le regalo estas fotos porque sé que usted sí las va a usar y dar a conocer”. “Venga por unos papeles, si no, los tiramos a la basura”. También de copias de archivos que se encuentran por diversas partes del mundo y que me son enviadas por correo (de ese que muerden los perros) y por e-mail. Hay libros familiares (de esos que escribían las abuelas o abuelos para dejar constancia de diversos hechos ocurridos en su familia). Recetas antiguas, impresos viejos, etc. Mención aparte, los documentos que en archivos del otro lado del charco me han sido enviados. Y por si fuera poco, registros de los archivos que no puedo ver pero que están microfilmados gracias a los mormones.
Antes, acostumbraba atender con amabilidad a quienes acudían a solicitarme algún dato, foto o les contara sucesos antiguos. Ya no, con la misma amabilidad que me caracteriza (¿cuál?) los mando donde oficialmente los deben atender, con el cronista de Jerez, aunque nunca está.
Mis detractores apedreando mi archivo