viernes, 12 de septiembre de 2008

HAY DE GRITOS A GRITOS...

En septiembre todos nos “acordamos” que somos mexicanos, y presumimos de serlo, aunque no conozcamos nada de los hombres y mujeres que lucharon por darnos esta patria, que en estos días consideramos muy nuestra. Eso sí, nos pintamos de verde y rojo, compramos banderitas, adornamos con esos colores cuanto se nos viene en gana, aunque no sepamos el significado de ellos.
El 15 de septiembre de 1896, don Porfirio Díaz Mori instituyó la ceremonia del grito de Independencia, repicando la campana de Dolores que se colocó en el fronstipicio de Palacio Nacional, vitoreando a los héroes de esa lid y festejando además su cumpleaños Don Porfirio era algo ególatra además). Aunque la primera vez que se recordó fue el 16 de septiembre de 1812, en Huichapan, cuando Ignacio López Rayón celebró ese acontecimiento ocurrido dos años atrás, hecho que registró en su diario de operaciones.
En Jerez comenzó a celebrarse la ceremonia del grito desde 1897 y se acostumbraba que luego del grito, las autoridades y el pueblo dieran un paseo nocturno por toda la ciudad, con la actuación de la Banda de Música comandada por don Narciso Arriaga, además de que muchos disparaban sus pistolas al aire, porque “era noche de libertad”.
En 1910 como que ya se sentía el descontento del pueblo, porque el 15 de septiembre, luego del grito, el Jefe Político y las altas personalidades se encerraron en el edificio de la presidencia, pensando en que no sería conveniente que tronaran las pistolas, y no salieron a dar el acostumbrado paseo con la banda, enviando esa noche solamente un tamborazo de cinco o seis elementos para que acompañaran al populacho. Este indignado, comenzó a protestar y a hacer escándalo. Entonces los “carnitas” (así les llamaban a los policías tanto de a pie como de a caballo) trataron de dispersar a la multitud, pero los gritos de ¡Viva Madero! se multiplicaban. Los descontentos aventaban piedras contra las ventanas. Quebraron las lozas que había en la acequia en derredor del jardín, y los pedazos los utilizaban como certeros proyectiles. Bajaron a los “carnitas” de los caballos y les pusieron una soberana golpiza. Estos se defendieron con golpes de “Mondragón” (unos rifles chaparritos de calibre muy grueso). Al otro día se realizó el desfile con nutrida protección policíaca. Así se celebro el centenario de la independencia en Jerez.

EL SOL DE DON ALFREDO…

Luego de la revolución, el edificio de la presidencia estuvo abandonado, pues fue quemado el 19 de abril de 1913. Sus puertas estaban tapiadas y el interior completamente derruído. El presidente en turno despachaba en las oficinas que se habilitaron en una casona de la calle del Santuario (donde está actualmente el correo).
Fue hasta 1928 cuando se comenzó a reconstruir el frente de la presidencia. En aquellos años, se acostumbraba que algún personaje connotado diera un discurso antes del grito, para establecer el clima patrio entre los espectadores. Por muchos años tal encargo recaía en el conocido comerciante don Alfredo Reveles, un hombre bonachón, robusto y con una voz muy potente, enérgica y de trueno.
Don Alfredo tenía su comercio en la esquina de la calle Juárez y Portal Humboldt, y ese 15 de septiembre estaba muy entretenido platicando con sus amigos y tomándose sus copitas, sin acordarse de que tenía que ir al grito. Ya era muy noche, y como no llegaba, el presidente municipal mandó llamarlo con un policía, “Dígale a don Alfredo que ya es hora, y que la gente está muy inquieta, que se venga como de rayo”. Mensaje que fue transmitido, causando la molestia de don Alfredo que vio terminada su juerga, y así malhumorado, de mala gana y con unas cuantas copas de más, desde el balcón presidencial comenzó su arenga: “Era la noche de aquel memorable 15 de septiembre de 1810, cuando EL SOL de la libertad nos iluminaba…”. De abajo, se oyó que alguien le gritó interrumpiéndole: “¡Sería LA LUNA, don Alfredo!”. A lo que el comerciante rápido replicó con la voz más enérgica que nunca: “¡Sería tu chingada madre, pero de que nos iluminaba, nos iluminaba!”, causando la risa general y el chiflerío de toda la concurrencia, que ya no dejó terminar el improvisado discurso de don Alfredo Reveles.

DON BENITO NO ERA…

Ya casi para acabar la década de los treinta, le tocó dar el grito a un presidente municipal que ya se había echado sus buenos tequilas desde temprano, por lo que uno de sus ayudantes escribió en una hoja de papel los nombres de los héroes de la independencia que debía vitorear; pero el presidente, aparte de que ya andaba “mas pa’lla que pa’ca” casi no sabía leer, el ayudante tuvo que leerle los nombres a la hora de la verdad. ¡Viva Miguel Hidalgo!, ¡Viva José Maria Morelos!, ¡Viva Ignacio Allende!. Todo iba bien hasta que quien le dictaba al oído se tardó en deletrear el nombre del siguiente (Hermenegildo Galeana). Entonces, el presidente ya encarrerado de su propio peculio siguió gritando: ¡Viva Benito Juárez!, ¡Viva Francisco Villa!. Y el ayudante le jalaba discretamente del brazo y le decía “No, esos no, esos no son”. Hasta que esté se volteó indignado y le reclamó: “¿Cómo de que no, si tamién son héroes?”. Lógico que no era el momento para disertar sobre la independencia, reforma y revolución, siendo muy festejado con la burla del pueblo la ignorancia del mandatario . (El nombre del presidente no lo diré, pero una pista daré: era del Cerro Prieto).

OTRO QUE NO CANTÓ MAL LAS RANCHERAS…

Hace pocos años un presidente (que no lo era) dio un grito muy “sui géneris”, demostrando su completo desconocimiento sobre los valores cívicos y culturales de México: Desde arriba de una camioneta, enarbolando la bandera gabacha y la mexicana, con el sombrero puesto, voz aguardentosa y siendo muy aplaudido por sus seguidores que entonces se contaban por miles, y que iban atraídos solo por las dádivas. Por cierto, a esta persona se le revolvía todo el triperío cuando le mencionaban a Benito Juárez.

LOS GRITOS DE LA CALLE MINA…

Fue en la memorable noche del 15 de septiembre de 1956. Mientras todo mundo se apresuraba a acudir al jardín principal para la fiesta mexicana, doña Pola (que vivía en la esquina de Rosales y Emilio Carranza, junto al Oratorio y que era una de las más afamadas comadronas de Jerez) preparaba todo para el próximo nacimiento de un bebé que ya comenzaba a anunciarse. Y exactamente a las once de la noche de ese 15 de septiembre, daba por primera vez sus gritos ese bebé, llenando con su algaraza la sala de la casa marcada con el número 13 de la céntrica calle Mina, antes de las Higueras. Luego luego comenzaron las opiniones sobre el nombre. “Que se llame Ciriaco”. Y el bebé más chillaba porque no le convencía ese nombre, pero se impuso su mamá, doña Quica Félix: “Se va a llamar Luis Miguel”. Y Luis Miguel me llamo, aunque apodos tengo de sobra.

LOS CALZONES DEL NOVIO

EL TESORO DEL TUNEL

Sí, me dijeron que me equivoqué… fue un error de tecla. La semana anterior escribí que la exposición de las fotos se inauguró en 1977, ¡y luego, luego me hicieron ver mi error!. Fue en 1997. Gracias a los que se fijaron. Creo en pocos días se inaugurará esa muestra de la belleza jerezana, solo les faltan algunas fotos que ojalá pronto consigan. (Yo ya cooperé con más de 20).
Me enviaron un recorte de periódico de Chihuahua, que dice así: “Tesoro Histórico bajo una barra de cantina. *Hallan numerosos objetos en túnel del Restaurante Tony’s: Billetes de 10 y 20 pesos, Vales de Pancho Villa, de la Fábrica de Ropa “La Paz”, documentos de gobierno y de Luis Terrazas… y hay quien dice que también encontraron monedas de oro”.
El periódico es “El Heraldo de Chihuahua” y la nota que firma Jorge Macías Rodríguez dice que cuando los propietarios de un restaurante remodelaban su inmueble encontraron el tesoro que estaba encerrado en dos baúles que contenían documentos de principios de siglo, billetes de 10 y 20 pesos, y se dice sin confirmar que una de las dos petacas contenía monedas de oro (de mensos dicen).
Cuando los albañiles montaban una trabe, el piso de madera cedió al peso y se vino abajo, dejando al descubierto un gran túnel, donde se encontraba el tesoro. Parte del tesoro documental se halla actualmente en exposición en una de las salas del restaurante, lo que llama la atención a los clientes, sobre todo a los extranjeros.
Los trabajadores señalan que el túnel donde se encontró el tesoro, podría ser uno de los míticos pasadizos que se construyeron hace dos siglos en la ciudad y que comunicarían la Catedral de Chihuahua con el Palacio de Gobierno, antiguo seminario de la Iglesia, y con algunas propiedades de gentes pudientes y adineradas.
La existencia de túneles o pasadizos que comunican algunas fincas en ciudades antiguas es parte de la historia no escrita, porque no hay antecedentes históricos, sino tradición oral, pues se supone que eran “pasadizos secretos”, por lo que yo sigo sin descartar que aquí en Jerez pudiera haber más subterráneos de los que conozco y tengo perfectamente documentados, fotografiados y medidos.
Alguien le preguntaba a Javier Torres que cuántos hermanos tengo. Tengo once hermanos, y a la mayoría le gusta transmitirme sus historias, así que tengo para rato… en esta ocasión les ofrezco una historia que es parte del libro de mi hermana Victoria Eujenia (así, con “jota” porque el buey del registro civil así la escribió en el libro).


LOS CALZONES DEL NOVIO


Muy atrás se estaban quedando algunas costumbres que persistían entre las mujeres encaminadas al matrimonio como lo eran la confección del ajuar de su casa. Esto es: manteles, sábanas, toallas, visillos, cortinas, tapetes, servilletas y toda clase de ropa blanca primorosamente bordada. Todo esto se guardaba cuidadosamente en una petaquilla de madera especialmente hecha para éste propósito, y allí entre hojas de jaral y flores de jazmín, para que se perfumara y no se picara, la ropa aguardaba el momento de ser usada.
Desde el momento en que una niña podía sostener una aguja con hilo, se le conminaba a hacer este tipo de labores, y donde no existía el auxilio de una máquina de coser, ni siquiera de aquellas de “manezuela”, la costura se realizaba completamente a mano.
Para el año de 1947 tal requisito estaba ya cayendo en desuso sobre todo en las ciudades como Jerez, pero no así para Doña Apolonia; dama de fuertes reminiscencias del porfiriato, misma que una vez pasada la ceremonia de petición de mano por parte de su hijo Emiliano en “favor” de su novia Amelia, se presentó en la casa de su futura nuera con un cargamento de retales de lino y algodón para que durante los cuatro meses de plazo, mínimo en ese entonces, ésta fuese confeccionando el ajuar de su boda.
Entre las exigencias de la confección se incluía la ropa que el novio debería portar en tal ocasión, tales como la camisa y los calzoncillos además de un camisón para dormir y un pantalón de trabajo.
A la muchacha se le vino el mundo encima, ya que ella al igual que sus hermanas, no sabían dar una puntada pues trabajaban como empleadas de comercio y estudiaban contabilidad.
-Esas “carajadas” ya las venden hechas –dijo Doña Chabela, quien no tenía freno en la lengua para defender a sus hijas.
-M’ijita –le contestó Doña Pola- quien quiera el bien, que luche por él.
-Así que si quiere al muchacho, a fuerzas le ha de coser el hilacho –replicó la madre.
- Solo las cosas que tienen un buen principio alcanzan un buen fin –terció la suegra; y ambas madres se miraron retadoramente.
-Entonces “a cada mula su patada”, -admitió a regañadientes la consuegra y se dispuso a auxiliar a su hija, con más buena voluntad que conocimiento, en la confección del pedido ajuar. Para ello se basaron en la ropa del susodicho que la misma Doña Pola les proporcionó, y deshaciendo y rehaciendo puntada por puntada más o menos salieron del paso.
Corridas las amonestaciones, terminados los preparativos e invitados los padrinos, el día de la boda llegó; la novia estaba radiante pero el novio no. Se veía raro; se sofocaba visiblemente y caminaba de ladito.
La razón es que la camisa le quedó apretada del cuello, pero eso era lo de menos.
Ya en el banquete sus amigos entre las bromas acostumbradas, le preguntaron que si quería ir al baño o su extraño comportamiento se debía a la emoción del momento que le aguardaba.
-¡No! –les contestó- no, no es eso; es que Amelita me cosió mal los calzoncillos y me dejó el pedo torcido.


LOS LIBROS ENCANTADOS


Un lector, me sugirió que hiciera la recopilación de todas las columnas publicadas en “El Alacrán” y publicara un libro. Bueno, como decirlo es fácil, pero editar un libro cuesta, y cuesta mucho. Los libros que he editado han sido siempre con recursos propios, y me ha quedado la satisfacción de que se venden muy bien. Así que conforme voy juntando algún dinerillo voy comprando papel, tinta, láminas, y todo lo que se necesita para imprimirlo. Por eso es que tengo pendiente el de “Conozco Jerez”, porque todavía me faltan poco más de tres mil pesillos para comprar el papel que falta.
Me dicen que hay apoyos gubernamentales. Sí, si los hay, pero solo son para los lambiscones que editan libros que no se venden, que no se leen, y que los hacen solo por presumir que son autores de un montonal de obras, que al final acaban siendo regalados, quemados o tirados a la basura cuando estorban en las bodegas de las dependencias oficiales. No presumo de ser un escritor de polendas, ni un docto historiador, pero se agradecer que mis libros tengan muy buena acogida. Del de Leyendas (Tomo I) ya se han impreso alrededor de 12,700 ejemplares, y por el momento está agotado, en espera de mejores tiempos para imprimir otros 500 ejemplares.
SALUDOS. En esta ocasión mi saludo se va para el sur de la ciudad, hasta la casa del estimado y dinámico profesor Benito Juárez García, quien domingo a domingo hace un alto en sus múltiples actividades para leer lo que aquí escribo. Mis mejores deseos para él y toda su familia.

jueves, 28 de agosto de 2008

UNAS HORAS DE NOCHE EN EL PANTEON

EXPOSICION. Una de las personas que lee esta columna, me aclara que fue en tiempos de mi “nino” Arturo Villarreal, cuando se inauguró la exposición fotográfica “Reinas Jerezanas” en la planta alta del Teatro Hinojosa. El 3 de septiembre de 1977, Sonia I, reina de la feria de ese año junto con la señora Silvia Pinedo de Rodríguez (reina en 1955) cortaron el listón inaugural.
A esa memorable velada, me dicen acudieron Lupita Flores, princesa en 1990; Rocío Galván, princesa en 1993, Chayito Piña, princesa en 1995; Eva Espitia, reina en 1987; Araceli Salas, princesa en 1992. Adela González, princesa en 1993; Claudia Ileana Castillo, reina en 1993; Eufrosina García, princesa en 1963; Nena Reveles, reina en 1962; Silvia Pinedo, reina en 1955; Conchita Veyna, princesa en 1962. También estuvieron Guille Miranda Girón, princesa en 1997; Alma Eva Coronel, princesa en 1997; Rosalba Mercado, reina en 1982, y muchas más representantes de la belleza jerezana.
Uno de los aciertos de la administración de mi “nino” fue precisamente el haber nombrado al profe Nicolás Esquivel Muñoz director del Instituto Jerezano de Cultura. Y Nico (una persona modesta, amable, de trato sencillo, pero de gran carisma y mucho conocimiento) demostró que pudo con el nombramiento, ya que realizó actividades bastante importantes, y trabajó tiempo completo en beneficio de la cultura regional, a pesar del muy raquítico presupuesto destinado al Instituto.
Recuerdo que más antes, las fotos de las reinas (las que no se robaban) ornaban las paredes de la oficina que se designaba para que trabajara ahí la “Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material” que era la encargada de organizar todo lo referente al festejo primaveral. Luego, se decidió que debería estar la galería en un lugar donde pudieran ser apreciadas por todo mundo, eligiéndose para ello la planta alta del Teatro Hinojosa. Pero comenzaron los trabajos de restauración, y las fotos se guardaron en cajas y se “arrecholaron”, sin que nadie se preocupara de su destino. Ahora, la exposición luce (aunque incompleta) en una sede que pudiera ser temporal, pero que en un futuro no lejano podría instalarse definitivamente en alguna sala propiedad del municipio.
Hace dos semanas ofrecí dos relatos de don Alberto Márquez Pérez “El Farolito”, y al parecer gustaron, porque me han pedido más. Me preguntan si don Alberto debe tener un vasto archivo, ya que aparte de hacer calaveras, era pintor, hacía retablos, y era, un representante de la “bohemia” del Jerez de los cuarenta. Por supuesto que hay mucho qué contar de él. Ahora, de sus apuntes, les ofrezco:
UNAS HORAS DE NOCHE EN EL PANTEON
“Tenía mi taller de pintura en la esquina de las calles Dolores y San Luis, y un día de agosto de 1942 llegaron Jesús Félix, José Ruiz y Juan Sifuentes a invitarme a saborear un mole de conejo que en ocasiones les preparaba la familia del encargado del ranchito de los Suárez del Real.
“Ya en otras ocasiones los había acompañado, y sabía que como a las 4 de la tarde teníamos que estar presentes en el ranchito de Guadalupe, para no hacer la espera larga, estuvimos tomando cerveza y se le ocurrió a José Ruiz pedir algo fuerte, por lo que compré dos anforitas de mezcal. Como a las 3 y media de la tarde, se fueron un poco alegres, yo no quise ir porque me sentía algo descontrolado.
“Pasadas las 4 de la tarde, salí a la puerta y ví que por la calle Morelos se acercaban varias personas con un muerto, amarrado del pecho y piernas en una tabla; cerré la puerta y me fui siguiendo el cortejo, guardando una anforita que había quedado en la bolsa del pantalón.
“Al llegar al panteón, se dirigieron con el cuerpo al descanso que era un cuarto oscuro pegado a la pared del fondo de la capilla, en cuyo centro había una base cuadrada de piedra donde colocaban los cadáveres, y ahí pusieron al muerto con todo y tabla. Le pregunté a una señora que porqué lo habían llevado ahí, contestándome que esperaban al doctor que lo iba a revisar, que eso les había dicho el comisario del rancho. También me dijo que al occiso lo habían encontrado en el río, entre la arena, con una puñalada en el corazón. El tiempo pasaba y el médico no llegaba, mientras yo había tomado mezcal de la anforita, con lo que me daba valor y me acerqué a ver al muerto, que efectivamente tenía una gran herida con sangre revuelta con arena.
“Al fin, pasadas las 5 de la tarde, llegó la persona que lo revisaría, pero no era médico, era don Manuel Román, propietario de la botica “La Purísima”. En ese tiempo había pocos médicos, tal vez por eso el señor Román era el forense. Don Manuel era mi amigo y se extrañó al verme ahí, le expliqué cómo los acompañé al panteón. Luego ví que tenía repulsión a acercarse al cadáver, pues me preguntó que donde tenía la herida. Le dije que en el corazón, preguntándome de nuevo si estaría muy profunda, entonces metí el dedo índice en la herida y le mostré que se había ido todo, él anotaba en una libretita. Al terminar se quedó platicando con los dolientes, mientras yo salí a lavarme la mano. Creo que con el airecito me alcanzó el licor, recuerdo que el dedo con sangre lo restregaba en un montón de tierra y lo limpiaba con el pañuelo, luego llegó a mi mente el recuerdo de mi padre y mi tío, y para sus tumbas me fui. Ahí seguí tomando perdiendo la noción del tiempo y como me quedé dormido al lado de la lápida, los camposanteros no me vieron cuando se fueron y cerraron el panteón.
“Cuando desperté, estaba bien oscuro, y de pronto no analicé en donde estaba, pero cuando me levanté comprendí que me había quedado encerrado en el panteón sintiendo un miedo horrible, pero de cualquier manera caminé entre las lápidas siguiendo una luz que se veía en el descanso. Sentí alivio en mi ánimo, pensando que estarían velando al fidunto y que ahí estarían las personas que lo llevaron. Pero al llegar a la puertita me quise caer, pues me dio más miedo al ver al cadáver con una vela en la cabecera y otra en los pies. Como pude me encaminé al cancel del panteón, aferrándome a él con desesperación, y no sabía ni qué horas serían porque no se veían los números del elojito que traía. Cuando volteaba al fondo del panteón, me daba pánico pues me imaginaba que el muerto del descanso se levantaría, veía las sombras de los árboles y de las lápidas y me horrorizaba, pero no escuchaba nada.
“Don Germán Salazar tenía su negocio de abarrotes en la esquina de las calles de el Sol y Moctezuma y en ese tiempo era regidor de panteones y tenía llave de ellos, yo lo sabía porque le pinté el rótulo de su tienda. En aquel tiempo, el frente del panteón en la noche era muy solo y oscuro, el “llanito” del camposanto (así era conocido el terreno que lo circundaba) al frente no había casas, llegaba el terreno hasta el río chiquito hasta una cerca de piedras sobrepuestas antes del río y carrizales crecidos, al otro lado de la cerca seguía el puente y por el lado norte empezaban las casas para el centro en la calle del Reposo (antes más conocida como calle de las Fraguas). En el lado sur sí había casas hasta el frente de la capilla, calle de por medio.
“Desesperado seguía agarrado a la reja de la puerta, cuando escuché que alguien iba caminando por la calle de las Fraguas y silbaba una canción. Cuando llegó al “llanito”, yo con voz trémula le grité: “¡Señor, por favor, acérquese, me dejaron encerrado!”. Se quedó parado un momento, yo le volví a gritar, pero entonces emprendió veloz carrera, y con voz llorosa oí que gritaba “¡Ay Diosito de mi vida!” mientras corría por la calle Dolores que estaba sola y oscura.
“Yo estaba casi llorando y con un miedo atroz, cuando al poco advertí que otra persona iba pasando por la calle del Alamo, frente al panteón. Me tranquilicé y con la voz más serena que pude le pedí que se acercara por favor, que me habían encerrado. El sujeto corrió dando vuelta al panteón con dirección al río grande. Ya para entonces yo estaba con mucho miedo y desesperación, cuando volví a escuchar que del mismo rumbo –calle del Alamo- dos personas caminaban platicando, los dejé que se acercaran y cuando pasaban frente al panteón, les dije que era El Farolito, que me habían dejado dentro del panteón. Estos se acercaron a la reja, les expliqué lo que me había pasado, uno de ellos era mi amigo y me dijo que había conocido mi voz, por eso se acercaron. Me dijeron que era temprano, que serían como las 9 de la noche, suplicándoles que fueran con don Germán para que les prestara la llave, pero les pedí que fuera solo uno y el otro se quedara conmigo. El que era mi amigo se fue, regresando muy pronto. Luego fuimos con don Germán a regresarle la llave, festejando este mucho el incidente. Me dijo que habían dejado ahí al muerto porque no tenían dinero para la caja, y que al siguiente día lo sepultarían.
“Yo pasé varios días muy nervioso. El amigo que me ayudó a salir de esa horrible pesadilla vivía por la calle 5 de Mayo esquina con calle del Sol, se llamaba Luis, no recuerdo el apelativo, pero le decían “La Galuza”. Después de muchos años, me llegó ese recuerdo”.
EMMA LISSET LOPEZ MURILLO es el nombre de quien seguramente dará mucho de qué hablar en el futuro. A su juventud se aúna su perseverancia, las ganas que tiene de que las cosas se hagan bien, y hasta su audacia. Por lo pronto ya regañó a sus compañeros diputados por flojos y de pilón recuperó solita el carro que le robaron. Gracias por su visita y sus buenos deseos.
www.miguelberumen.blogspot.com es donde encontrarán las columnas anteriormente escritas, y si alguien quiere enviarme un saludo o alguna historia, mi e-mail es miguel.berumen@gmail.com y mi teléfono 945 88 74. Hasta la próxima.

LA GALERIA DE LA BELLEZA JEREZANA


Me causó muy grata sorpresa el saber que en las oficinas de Turismo, casi en la esquina de la calle del Espejo y del Sol (Luis Moya y Libertad) en una sala con vista a la calle, se montó la galería fotográfica de las Reinas de la Feria de Primavera. Gracias a la iniciativa de Rafael Sánchez Zendejas y Héctor Manuel Nava Rodríguez se rescató esta muy importante serie de gráficas que permanecía completamente abandonada. Ahora, lo importante es que las autoridades no les nieguen el apoyo necesario para que esta “fototeca” perdure. Ahí encontramos a representantes de la belleza jerezana desde 1935, aunque faltan algunas fotos, que se dañaron, se “extraviaron”, o de plano se las robaron. Sería interesante que el Departamento de Turismo, -que al parecer es quien ha tomado la batuta de este rescate- habilite a una persona que sirva como guía a quienes visiten la galería, y les pueda ofrecer alguna explicación sobre el reinado de cada una de las jerezanas que ahí están, en imagen. ¿Y si se elaborara también una pequeña guía con la reseña de cada reinado?.
Hace varios domingos en mi página solicitaba que alguien con autoridad rescatara estas fotos, que son parte muy importante de la historia galana de Jerez. Y ahora veo que se están dando pasos positivos. Ojalá y esta exposición se enriquezca. Héctor me dio una lista de las fotos faltantes a ver qué me encuentro en mi saqueado archivo para compartir.
Me cuentan que una regidora tiene la inquietud de que se plasmara en óleo y lienzo la imagen de cada una de las reinas, como la galería de los presidentes jerezanos que realizara la gran pintora Martha Georgina Muro González (un afectuoso saludo para ella). No es mala la idea, aunque no creo se realice por el momento, pues cada lienzo costaría un dineral que no lo hay. Solo que en fechas posteriores se destinara parte de las ganancias de la feria a este fin. (Por lo regular casi nunca hay ganancias tampoco). Entonces lo mejor, es tratar de completar la galería fotográfica. Las aportaciones creo son bienvenidas.
Así como se están rescatando estas páginas de la historia de nuestro terruño, hay la inquietud de formar una galería con las fotografías de las reinas y princesas del Carnaval jerezano en sus distintas etapas. Qué bueno que haya deseos de recuperar mucho de lo que se está perdiendo. Hay tantas cosas por hacer en pro del rescate histórico y cultural de Jerez, pero no hay quien le ponga el cascabel al gato…
Mi hermano Anacleto tiene muchos años de radicar en Juchipila, lugar en el que tiene su carpintería y su empresa de artículos de “última necesidad”, de esos que se compran porque se compran (ataúdes de madera, pues). Y en sus ratos libres se dedica a buscar tesoros (como yo), a andar por la sierra recopilando historias (como yo), a curar gente (eso si no lo hago yo). Pues, me ha enviado varias de sus historias, que iré compartiendo con quienes me leen:
EL ARROYO DEL FRIO Y EL JINETE DE NEGRO Y EL CATRIN
Yendo hacia el oriente de Juchipila, después de pasar Amoxochitl, toma el camino real antiguo hacia San Miguel de la escondida y antes de llegar al arroyo de Antigüe, pasando el cerro grande de Amoxóchitl y antes de llegar al bajo del trigo, hay un arroyo pequeño, sin ningun chiste, sólamente que aunque sea tiempo de calor, ahí siempre hace frío, aunque sea medio día.
Anteriormente ahí se cruzaba el camino real que iba para el Fresno, y se cuenta que seguido se miraba un jinete vestido de negro, aparecía de pronto ante la vista de los caminantes, pero sin hacer caso de nada, sólamente siguiendo el camino; al poco rato se aparecía un catrín, también vestido de negro, y montado en caballo negro, de muy buena estampa, apurando el paso se le encuataba al jinete anterior y se miraban juntos un buen trecho del camino y luego desaparecían.
Las gentes aseguraban que ni siquiera había marcas de huellas o de herraduras en el polvo del camino, lo que sí es que el frío se volvía más intenso, de modo que se les erizaban los cabellos, motivo por el cual, evitaban estar mucho tiempo en ese camino, lo cruzaban rápido. Al principio, los relacionaban con los bandidos que habitaban en el corral cuadrado o en el cerro de la campana, ya que ahí tenían sus guaridas y se habla también de relaciones que dejaron por ahí, pero la explicación que daban los más ancianos, decía que ya eso era de mucho antes, que ese arroyo era así porque por ahí pasaba el diablo cuando se llevaba el alma de algún desgraciado.
Pero ahora pocos saben de esto, esta es una de las muchas historias que se están perdiendo, luego le cuento otras, ya que hay bastante que contar, lástima que a los de aquí no les interese, includo al cronista de Juchi, le he preguntado algunos datos pero no sabe, ellos se basan en lo tradicional y ahí siguen macheteándole a lo mismo de siempre…
NOVENARIO DE LA VIRGEN DE LA SOLEDAD
Esta festividad que diera vida a la Feria de Primavera, está muriendo. Ya no es el Novenario de antes, en que prácticamente todos los jerezanos se volcaban con mucha fe para venerar a la Patrona de Jerez. Todavía recuerdo las interminables procesiones de los campesinos del sur que venían a ofrendar la mejor caña de su cosecha. Ahora los pocos que peregrinan tienen qué comprar las cañas o flores que traen para presentar a la imagen de la Virgen.
Recuerdo el entusiasmo por asistir a las Mañanitas y la algarabía en la quema de pólvora. Ya todo eso se acabó. Me dicen que podría haber una exposición de los vestidos y accesorios que la imagen de la Virgen jerezana ha llevado durante los más de doscientos años que ha compartido su presencia con nosotros. Podría ser un evento de relevancia, siempre y cuando se realizara al estilo Bernardo del Hoyo, que nunca escatimó esfuerzo alguno por hacer presentaciones que realmente valieran la pena… mis mejores saludos a los familiares de don Pedro Dena García, uno de los últimos precursores de la veneración a la Virgen de la Soledad.

DOS HISTORIAS DE FANTASMAS



EL QUESO GRUYERE. En la calle de la Acordada se encontró un hoyo profundo, y se especuló que podría ser parte de un túnel, pero un perito del INAH, Elías Corrales García, comentó que solo se trataba de “una oquedad que se pudo haber abierto por derrame de agua, o que pudo haber sido un tiro de un pozo de agua. Hasta el momento se descarta que sea un túnel, pues se tienen que hacer las investigaciones necesarias para determinarlo”. Y luego, en una nota aparecida en El Sol de Zacatecas en días pasados, se dice que “Esta situación es la primera que se presenta en Jerez, aunque se sabe de un túnel en un edificio que ocupa una institución educativa, pero esto no quiere decir que el hallazgo pertenezca a ese túnel, hasta que no se hagan las investigaciones correspondientes, en lo que se refiere a arqueología urbana, pues primero se tiene que elaborar un proyecto para darle el seguimiento, pues en su defecto, lo correcto es sellar el lugar, sellando con una plancha de concreto, para evitar cualquier accidente”.

Bueno, yo muchas veces he dicho, que en las fincas antiguas se practicaban varios tipos de galerías subterráneas: la del venero del pozo, la del común, la de la despensa, y en algunos casos galerías que intercomunicaban algunas casas con otras. Pero ya el experto dio su opinión con lo que entendemos que Jerez está asentado en un terreno parecido a un queso gruyere (de esos con muchos agujeros). Y luego refieren que “esta situación es la primera que se presenta en Jerez” se nota claramente que desconocen lo que es la historia y la arqueología urbana de nuestra ciudad”. Hablan de “elaborar un proyecto para darle el seguimiento”. Y conociendo la burocracia del INAH, sé que no habrá nada de nada. Se sella el bujero y se concluye la historia. Testimonios de la existencia de túneles en Jerez, solo existirán en las fotos y videos oportunamente tomadas, ya que los dueños de las fincas han preferido sellarlos a permitir que cualquier chango ande luego excavando por debajo de su propiedad.

Don Alberto Márquez Pérez, gran amigo mío, me ha confiado todo su archivo, todos sus recuerdos, y ahora estoy bien entretenido revisando sus escritos, con la intención de hacer una remembranza de su fructífera vida. En esta ocasión comparto con ustedes dos relatos de él que aparecieron en la revista “PRIMAVERA” de hace 12 años. Que disfruten su lectura.

HECHOS MISTERIOSOS E INEXPLICABLES

Tenía yo 6 años, cuando vivía con mis padres y tres hermanitas, a mitad de la segunda cua­dra de la Calle Moctezuma; mi tío Cirilo y fa­milia ocupaban una casa, calle de por medio, frente a la nuestra, él era hermano de mi pa­dre; mi tío Jesús Pérez, tenía su hogar, al comenzar la última cuadra, pasando la calle del sol. Otro tío vivía, en el Callejón Angosto. Todos eran músicos.

Corría el año de 1924, cuando alguien contrató la Or­questa Típica, a la que pertenecían mis tíos y mi padre, Luis Márquez, para que fueran a trabajar "tocar", a las fiestas regionales de Juchipila, Zac. Dicha orquesta típi­ca la dirigía el Sr. Rosario Rodríguez, el popular "Chayo" de aquellos años. En esa época no había automóviles, ni carreteras y el viaje lo hicieron por travesía muy tranqui­lo, decidieron que sus familias vivieran unidas en su au­sencia, habitando una sola casa, que fue la de mi tío Jesús

La casa tenía zaguán y la sala, una puerta para la calle, todos dormíamos en la recámara que era muy am­plia. En la noche, para ir al corral pasábamos por un pa­sillo oscuro, había caballerizas, al fondo estaba el servi­cio, subiendo gradas de madera y atrás un corral de puercos.

En ese tiempo el alumbrado público era deficiente, había una plantita eléctrica por la calle Hidalgo que deja­ba de trabajar a las diez de la noche y en las calles había pocos focos. La mayoría de los habitantes de Jerez, nos aluzábamos en las noches con aparatos de bombilla, con mechas, que consumían petróleo. También con velas de parafina. Una noche fui al corral pasadas las once de la noche, me llevé una vela estaba un poco claro, había luna, al entrar se apagó la vela y distinguí un poco retira­da una sombra, como de mujer, yo creí que era una de mis tías por eso me tranquilicé, me salí, llegué a la recámara y me acosté a dor­mir.

Pasaron días y en varias noches íbamos dos o tres primos y yo, después de las once de la nocne pero nada veíamos. Una noche fui yo solo, llevaba la vela en la mano y cuando ya regresaba se apagó y distinguí la sombra o figura de mujer y le pregunté, que cual de mis tías era, pero su contestación fue que lanzó un alarido. Me salí del corral despavorido sin cerrar la puerta la vela la tiré y llegué llorando a los brazos de mi madre y le dije lo que me sucedió, mis tías estaban despiertas y después supe que todas escucharon el alarido. A partir del siguiente día, al oscurecer se cerraban con llave y tranca las puer­tas de la sala y recámara que se comunicaban con el patio y no se abrían hasta el siguiente día y en la noche todo el movimiento para afuera se hacía por la puerta de la sala, comunicada para la calle.

Lo terrible fue que desde esa vez se siguieron es­cuchando los lamentos pasada la media noche, por eso con más razón se cerraban las puertas para el patio.

Al volver los músicos a sus hogares la vida para to­dos tornó a la normalidad, lo raro del caso fue que la aparición y el llanto de la mujer ocurrió únicamente cuan­do las familias estaban reunidas, porque ya después no se volvieron a escuchar los lamentos, nadie vio más, nada anormal.

Diez meses más tarde, mis padres y nosotros, sus hijos, nos mudamos a la casa ubicada en la esquina de las calles San Luis y Dolores. En 1925 es recordado por los jerezanos de aquella época, como el año que llovió torrencialmente día y noche (el año del diluvio); durante muchos días la mayoría de las casas de adobe se vinieron abajo y las que no, se gotearon como si lloviera por dentro. En la que vivíamos no fue la excepción. Muchas familias encontraron refugio en el Teatro Hinojosa, les permitieron instalarse en los corredores y pórticos. En los tres portales de Jerez: Humboldt, Inguanzo y de las Palomas, varias personas dormían ahí, permaneciendo también de día. En nuestra casa, zaguán, sala, recámara y otras habitaciones pare­cían coladeras sólo una pieza recién construida se salvó de gotearse y ahí dormíamos y cocinaba mi madre en un bracero con carbón que ponía en la puerta; el piso de la sala estaba bajo del nivel de la banqueta, de la calle San Luis, 5 pulgadas o más y se llenaba de agua la sala.

Una noche que estaba hasta el borde, mi padre me dijo que fuéramos a echar el agua para la calle con cubetas, eso lo hacíamos seguido, en la tarde lo había­mos realizado; eran pasadas las 12 de la noche, a las diez habían apagado la luz eléctrica, mi padre colocó una vela en una mesita que estaba entre el agua, y abrió la puerta de la calle y empezamos a tirar agua para afuera con cubetas, como a los 20 minutos me dijo que continuara yo, que él iba a ver si no se goteaba la pieza don­de estaba mi madre y hermanas, se fue y yo seguí con mi tarea pero a pesar de que llovía, escuché un rumor y me quedé viendo para la calle Morelos y por la banqueta de la casa donde hoy es "El Grano de Oro" observé una mujer que caminaba con dirección a la esquina de la ca­lle de San Luis, tenía yo 7 años y creía que era una seño­ra que iba para algún lugar. La sombra o lo que fuera llegó a la esquina y lanzó un lastimero llanto yo me que­dé viendo para fuera la lluvia y a la mujer sin comprender que sería, creo que mi padre escuchó el llanto porque llegó corriendo y cerró la puerta, diciéndome que al día siguiente seguiríamos sacando el agua, yo le decía que en la esquina estaba una mujer pero no me contestó y nos fuimos para adentro. No comentó nada con mi ma­dre, ni después, nunco lo escuché mencionar algo.

El tiempo pasó, mi padre murió, yo me hice joven y a veces llegaba a media noche a la casa. Muchas veces volvía a ver esa silueta o sombra de mujer, que camina­ba para la esquina pero nunca se escuchó más el llanto. Mi madre y mis hermanas ya grandes también la llega­ron a ver cuando me tardaba y me esperaban a media noche tras un barandal que había, donde ahora está una cortina metálica. Esa silueta de mujer se desprendía siem­pre de la puerta de entrada de la casa de la Calle Morelos que es hoy propiedad del Sr. Gustavo Murillo.

SE ACABARON LAS VACACIONES. Ya el lunes comienzo a trabajar y ni modo… a darle… www.miguelberumen.blogspot.com es la página donde pueden releer todas las columnas que cada ocho días aparecen en “EL ALACRAN” .

viernes, 8 de agosto de 2008

UN RELATO DE MI MAMÁ

Mi hermano Hugo, el menor de la familia vive en Tlaltenango, y ahora anda de damnificado, comiendo calientito y gratis. Dice que lo que ocasionó todo el desastre fue una repetina crecida del arroyo del Jaloco, originada en una “culebra” que tronó en la sierra de Morones, lo que me trajo a la memoria la historia de una culebra de agua que mi bisabuelo, Rodolfo Félix de Arellano, “cortó” con su machete allá por 1885, por el rumbo del cerro del Despeñadero, al poniente de la tierra natal de mis antecesores, La Estancia de los Berumen.
Pero para que disfruten mejor el relato, se los ofrezco tal y como nos lo contó mi mamá, Francisca Félix González, narraciones con que nos deleitaba, mientras pasaba y repasaba nuestra ropa con sus planchas de carbón en su diaria sesión de planchado y tertulia familiar, en la que se congregaba gran parte de las vecinas y sus respectivos hijos de la entonces muy bulliciosa calle Mina.
“LA CULEBRA”
Estaba yo muy chiquilla, porque me acuerdo que todavía vivía mi mamá, cuando mi papá –don Rodolfo Félix Berumen-, que era un señor muy serio y respetado, me agarró de la mano y me dijo: “Venga mija, que le voy a enseñar el lugar donde el diablo “jincó” el pie”. Y nos fuimos caminando para el lado de la sierra donde decían las gentes que “picó una culebra”.
El lugar, no lejos de nuestro rancho, pero muy cerca de los agostaderos, presentaba las características propias de terrenos que han sido azotados por una tromba; aunque el tiempo transcurrido ya había hecho brotar la vegetación agreste y silvestre que poblaban los cerros aledaños, ya había mezquites y huizaches, manzanillas y “ojos de gato” entre las piedras cortadas.
Me platicó mi papá en ese entonces (1930), que cuando él tenía la misma edad que yo que nací en el año del diluvio (1925), me contaba que por allá en el año del ochenta y cinco se pasó el tiempo de aguas; la tierra reseca, pues el año anterior también había llovido muy poco, se levantaba en tolvaneras y que cuando ya desesperaban y ni esperaban que fuera a llover a pesar de las mandas, procesiones y rogativas que se hacían, fue hasta el mes de agosto, -ya se había perdido el año-, que devisaron un negro nubarrón que se asomó por la sierra.
El grito no se hizo esperar: ¡Es una culebra, no es nube de agua, es una culebra!
Y todos corrieron despavoridos a guarecerse donde mejor pudieran y atrancar lo que pudieran porque tornados como el que se les venía encima levantaban las piedras como si fueran plumitas en el aire; por donde pasaban dejaban un surco muy grande en el monte, como si una sierra los hubiera cortado con la misma facilidad que un tronco.
Entre ensordecedores truenos y cegadores relámpagos, los asustados vecinos veían avanzar aquella terrible y negra mole que pegaba el cielo con el infierno y que les hacía sentir la definitiva llegaba del último de sus días y el del fin del mundo. “Fue entonces que mi abuelo, don Rafael Félix, (le cuenta don Rodolfo a su hija), inspirado en nuestra santa Fe, agarró su machete en la mano y saliendo a la puerta del refugio gritó a voz en cuello retando a aquella tromba infernal:
¡En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo que siendo tres personas distintas forman un solo Dios verdadero, te conmino a que desaparezcas, maldita!
Lo gritó al tiempo que con todas sus fuerzas lanzó el arma al centro del remolino de cellisca, agua y piedras que ya nos alcanzaba.
En ese momento uno de los muchos rayos tocó el machete que se volvió brillante y transparente al contacto de la corriente y después de un horrible retumbido que pareció quebrar la tierra, aquella tromba cesó al instante quedando tan solo las gotas de una consoladora lluvia que mojaba por fin la tan aporreada tierra, mezclando su agua con las lágrimas que todos los circunstantes derramaban en señal de alivio y agradecimiento por el milagro realizado”.
¡La cortó! ¡La cortó! ¡Alabado sea Dios que la cortó! Gritaba la gente a la vista del prodigio.
En el lugar donde tan abruptamente cesó el tornado, quedó como si una enorme pezuña hubiese hundido el terreno. Luego con las lluvias se convirtió en un claro de agua.
“Si no lo hubiera visto con mis propios ojos mija, por Dios que no lo habría creído”.
“El machete que cortó la culebra se ha de haber deshecho, porque a pesar de que lo buscamos, nunca más se encontró”.

Una grata sorpresa es el haber recibido la visita de don Abel Dávila Berumen, que desde Chicago vino a Jerez a revivir sus recuerdos. Sus padres fueron los poseedores de la casa del portal Humboldt, misma que vendieron al Dr. Acevedo que pensaba poner ahí una clínica. Transcribo parte de un e-mail que me envió hace tiempo:
“Tengo vagos recuerdos de Jerez, recuerdo el funeral de mi tia Lucita y tambien tengo recuerdos de la casa de la cual tengo varias fotos interiores que pronto le enviaré (gracias), recuerdo el Jardin, el santuario, la parroquia y como mi madre nos hacía guardar viernes primeros, y la paz de los viernes santos donde solo se escuchaba la matraca de la iglesia pues todo el pueblo estaba silencio y ni las campanas repicaban, ese era el Jerez de Lopez Velarde Berumen, cuando ir a la alameda y asomarnos por la barda que era el límite de la ciudad, nos imaginabamos estar en el límite de lo desconocido; recuerdo la inauguración del Cine Rex con una película espanola, “Con Las Manos Vacías” y me permitieron ir en el camión que lo anunciaba en un altavoz, la planta de luz se paraba a las diez marcando la hora de dormir despues de estar escuchando en la radio programas como la hora Nacional, Carlos Lacroax, El pansón Panseco y la banda de Huipanguillo.
Son gratos recuerdos cuando mi padre estaba en Al Ferrocarril de Don Antonio Borrego, y después en el negocio de Don Jose de Lara por la calle San Luis, también recuerdo las reuniones de los Rotarios en la casa donde iban personas como Don Salvador Sabag, pero quien recuerda mejor todo es mi hermano mayor, La familia Félix, Los Escobedo, los Inguanzo y muchos que yo no recuerdo claramente, como el dueño de La bola y La aurora que era padrino de mi hermana, al Doctor Acevedo lo recuerdo porque ya estando en Monterrey fuimos mi padre y yo a Jerez a a finiquitar la venta de la casa, si aun vive tiene que estar muy grande de edad, pues eso fue hace como 55 años o mas.
La persona que tenía la fotografia en los portales era un señor llamado Paulino, y recuerdo también que estaba un billar,un expendio de licores y en la esquina la tienda de don Salvador Sabag y a la vuelta vivía su hermano Ali que tenía una fábrica de pantalones de mezclilla, también recuerdo las fiestas de Jerez y los juegos mecánicos que ponían frente a la casa y mi madre contaba que en las fiestas, le pedian permiso para poner puestos en el portal, yo solo recuerdo una señora que vendía tortas con el famoso chorizo de Jerez de bolita que era mi preferido,
Voy a platicar con mi hermano para que refresque mi memoria y tambien para ver si aun tiene fotos de Jerez, que con gusto compartiré con usted.
En verdad es un placer platicar con usted y por su apellido tal vez vengamos de un mismo origen genealógico aunque sea en un pasado lejano.
Una vez mas muchas gracias por su ayuda y espero que estemos en contacto. Quedo de usted S.S. Abel Davila Berumen.

LA MULATA SIMONA

EL DILUVIO. Este jueves nos cayó una tormenta, de esas de tipo inmemorial y que causó inundaciones en muchos de los hogares jerezanos. Las calles del centro iban de banqueta a banqueta, el drenaje –como no es pluvial- fue completamente insuficiente, y en casas de las colonias del suroriente de la ciudad (principalmente), las coladeras brotaban con fuerza… en vez de salir, entraba a raudales. Y andando en las inundaciones me quedé sin zapatos, a ver si ahorro para comprar otros, porque quedaron como chicharrones viejos. Pero bueno, los daños que sufrí en mi hogar fueron muy pocos comparados con los de otras gentes que sufrieron la pérdida de gran parte de su patrimonio.
Ahora ofrezco un relato del libro “Medallones”, aún inédito pero que pronto publicaremos. Dice Raúl Rodríguez “deja que agarre agua la nube, Miguel, pa’ mojarnos todos” en referencia a que si llueve hay dinero… pero que ya no agarren agua las nubes como este jueves…
LA MULATA SIMONA
La mulata Simona, hija de Nicolás “el esclavito”, tenía fama de ser la bruja más poderosa de la región; tenía su ranchito en la sierra, más para arriba del Salitrillo, en tierras que heredó de su padre, mismas que le fueron dadas a éste cuando fue manumitido en pago de generaciones de servidumbre.
De esta mujer se decía que era tan terrible para hacer conjuros y lograr la salud, como temible para causar el mal. Conocedora de las propiedades de las plantas y sus efectos en la naturaleza humana, se valía muy bien de tales circunstancias aunadas a la superstición e ignorancia de la gente sencilla para simular su poder.
Su clientela se componía de gente de la sierra o que venían de muy lejos, porque a la gente de La Estancia, instruidos en la Religión Católica les tenía muy sin cuidado sus peculiares actividades.
La Estancia en si, por su posición privilegiada de fácil acceso y al pié de la Sierra Madre permitía cómodamente la afluencia de personas de los ranchos circundantes, por lo que tenia una vida social y comercial bastante activa y concurrida, por tales circunstancias se convirtió en Centro Misional en diversas ocasiones, por la gran cantidad de fieles que se lograba reunir.
La primera constancia de dichas Misiones es una tablilla (hoy en poder de particulares) que tiene la siguiente inscripción:
SANTA MISION POR LOS R.R. P.P.
DE LA COMPAÑÍA DE JESUS
Estancia, Mayo 18 de 1923.
En la iglesia aún existe la cruz que como testimonio de su paso de Santa Misión dejaron los Padres Redentoristas, con una pequeña imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro al pie. Firmada por el R.P. Valentín Rta. Fecha: 4 de Julio de 1938.
Posteriormente, para ahorrarse la tablilla y la cruz se le agregó a la misma otra fecha: la correspondiente a la Misión de los R.R. P.P. JOSEFINOS. 24 de Febrero de 1946.
El novenario de sermones de los Reverendos Padres Redentoristas, sacados sin duda del “Año Pastoral” (Pláticas catequísticas sobre las cuatro partes de la vida cristiana y también discursos sobre los misterios de nuestra santa fé) fechada en Barcelona, calle de Archs. No. 8, Año del Señor 1864, (ejemplar en biblioteca particular) levantó la fé religiosa de nuestra gente.
La fama de tales sermones llegó a oídos de la mulata, la cual, primero por curiosidad y después por convencimiento, no dejó de asistir a la Misión; pensativa veíanla las gentes, envuelta en un primoroso rebozo de seda bermejo que hacía resaltar la coloración de su piel.
La víspera de la fiesta del día 4 en honor de la patrona bajo la advocación de Nuestra Señora del Refugio, fue de confesión general; grandes y chicos, viejos y viejas, hombres y mujeres se dispusieron a lavar de culpas sus conciencias.
Le tocó en suerte al sacerdote español, aquel de la difícil pronunciación (el mismo que al ver una rana que los chiquillos por maldad le habían dejado en el confesionario exclamó: “Fur Dios, un dzapo feo”), oír a la mulata en confesión. Se tardaron, se tardaron… dice la gente, y lo que ahí se dijeron solo Dios y ellos lo supieron, el caso es que cuando la mulata salió del templo, lo hizo llorando; y llorando, llorando emprendió el regreso para su rancho con rumbo del Salitrillo, y juran quienes la vieron que el camino quedó mojado con las lágrimas de esta mujer.
Sudoroso y agotado en las puertas del templo, el sacerdote solo dijo: “Loz caminos del Dzeñor son infinitos”.
Tiempo después, pacífica y amable, murió Simona en santa paz, cuidada hasta el fin por su ejército de perros que aullaron durante tres días la ausencia de la Mulata.
ROSTROS JEREZANOS. Una muy grata sorpresa me llevé cuando visité la Nevería “El Paraíso”, y ver sus muros engalanados con fotografías de jerezanas que llenan de nostalgia el lugar. Fotografías que atraen la contemplación de las que han sido y son nuestras coterráneas. La cultura no la hacen solo las instancias gubernamentales y su absurdo papeleo, la cultura se vive y se siente en cualquier rincón donde la busquemos. A las hermanas Cuca y Bertha Torres, les doy las gracias por conservar y darnos esos floridos pétalos de nuestra historia jerezana. La próxima semana escribiré sobre esa bonita galería.

LA CASA DE LA RINCONADA

En el transcurso de la semana recibí varias reclamaciones de personas que manifestaron su descontento por mi escrito “La cultura no va con los gases”, y es que me decían que tampoco mi forma de escribir va con la cultura. Al respecto debo decir que nunca he presumido que sea una persona culta, yo siempre he escrito de lo que veo, de lo que me cuentan, de lo que siento, de lo que pienso, de lo que leo y no me jacto de pertenecer a esa élite de vacas y vacos sagrados que se creen dueños de la cultura jerezana… También me dijeron que me había descubierto solito, que yo era “el pitirijas”. Pues no, porque hasta presumido soy, y me gusta ponerle mi firma a todos mis escritos. Al Pitirijas y su compa el chisperrón, los conozco y reconozco su ingenio y su aguda picardía, pero no hay ninguna relación con lo que yo plasmo en esta página. Y por cierto, envío un saludo al Pitirijas que pronto celebra su cumpleaños.
LA CALLE DE DOS BURROS. Me gustó la plática de antaño que ofreciera Javier el domingo pasado, acerca del ensanchamiento de la calle Suave Patria y Emilio Carranza, porque me ayudó a llenar un vacío de la historia jerezana. Hace tiempo yo había solicitado que quien tuviera fotografías de esas calles antes de que se hicieran de cuatro burros (antes eran de dos burros, uno de ida y otro de venida). Pues sí he tenido respuesta y ya tengo varias gráficas donde se puede ver lo angosto de las calles. Incluso hay otras cuando se están derrumbando algunos frentes, pero por desgracia no he encontrado ninguna fotografía de lo que fuera el Oratorio que estaba por la Emilio Carranza casi esquina con Rosales y solo vagos (muy vagos) recuerdos guardo de él. Si alguien tiene alguna fotografía le agradecería me la prestara tan solo cinco minutos (mientras la copio).
Y… también recibí más documentos de la Casa de la Rinconada, donde en el ala norte se pretendía hacer el Museo de la Charrería y en el ala sur se encontró una galería subterránea que originalmente tuvo otros fines y después fue adaptada como fosa séptica. Por cierto, me reclamaron por la alusión que hice de Lisseth Murillo, que la andaba destapando antes de tiempo. Tal vez, pero de cualquier forma a esta muchacha yo le auguró un gran futuro, pues es muy inteligente, es joven, no está maleada, y con apoyo podrá hacer grandes cosas. Les ofrezco parte de la historia de esa casona:

En 1805, el Gobierno de Zacatecas emitió unas ordenanzas para que los habitantes de la Villa de Xerez blanquearan sus casas. Esto unido a la petición que hiciera don Martín Díaz de Inguanzo para construir portalería en su casa al costado norte de la plaza de la villa, hizo pensar a los habitantes en la necesidad de hacer sus fincas más sólidas y utilizando materiales no tan deleznables como el adobe.
De principios del siglo XIX procede pues, la finca “de la rinconada de la calle del Santuario”, cuyos dueños fueron familiares de los poseedores de la Hacienda de “La Santa Fe”.
Esta casona, es la única que en aquellos años contaba con “oratorio, escritorio y bodega”, y pertenecía a la señora Refugio Rubalcaba de Llamas, esposa de Francisco de P. Llamas Río. Se localiza en la segunda calle del Santuario No. 28, manzana 1ª. Del Cuartel IV (Archivo Histórico de Zacatecas. Notarías. Jerez. Pedro C. López. 1895. Caja 9. No. 21, foja 25v.).
Don Francisco de P. Llamas siempre estuvo ligado con la clase política jerezana, fungiendo en varias ocasiones como juez de paz, síndico y regidor.
Una característica de esta casa, es el enorme portón que da paso al zaguán, y que servía para que atravesando todo el primer patio, los carros y carruajes entraran hasta el tercer patio para ser guardados, ya que no tiene “puerta falsa” como la mayoría de las residencias del Jerez antiguo.
Se cuenta que en los años de la intervención francesa, las tropas intervencionistas hicieron cuartel en el derruído y abandonado Templo de Guadalupe, cuyo frente estaba sobre el oriente de la calle del Espejo, y cuando fueron copados por los republicanos, al no tener salida, ingresaron a uno de los túneles que comunicaban a varias fincas céntricas, y vagando por los subterráneos jerezanos fueron a salir a la parte trasera de esta casa, logrando escapar luego hacia el sur de la calle del Santuario. Años después, la entrada de esta galería era conocida como “la puerta por donde escaparon los soldados de Miramón”. Anteriormente, entre el enlozado de piedra negra del patio, se podían ver los respiraderos de la galería subterránea que servía como comunicación secreta entre varias mansiones de pudientes e iglesias.
Hay que aclarar que en las construcciones jerezanas antiguas se pueden encontrar tres tipos de construcciones subterráneas: la despensa, que era un cuarto subterráneo, por lo regular su acceso era por la cocina. Este cuarto se llenaba de arena, y ahí se guardaban frutas, verduras, carnes a medio cocer, vinos y conservas, en un ambiente de frescura y con ausencia de luz solar.
La otra fosa, era de “del común”, pero se encuentra generalmente al lado sur de las edificaciones, al lado contrario del pozo, pues los veneros del agua vienen del norponiente, así se evita su contaminación.
Y lo conocido como el túnel, son galerías perfectamente ademadas, de piedra, cantera y ladrillo.
En esta casa, una de las entradas se encuentra en el patio trasero, de ahí la galería originalmente seguía hacia el poniente, cortando luego hacia el norte, para comunicar con otras casas del centro de Jerez.
Cuando las tropas revolucionarias tomaron Jerez, el 19 de Abril de 1913, muchos jerezanos huyeron abandonando sus regias mansiones o dejándolas en manos de administradores o gente de confianza que luego se convertiría en su propietario.
La casa de la rinconada fue dejada al Sr. Cura Francisco Javier Reveles, quien mucha influencia tuvo en la región durante el primer cuarto del siglo XX.
Cuentan de este sacerdote que tenía “el don de la ubicuidad”, ya que podía estar en el Templo Parroquial o el Santuario sin que nadie lo viera entrar o salir, y muchos aseguraban que era porque utilizaba los túneles para trasladarse sin problemas.
En el oratorio de la casona, el Sr. Cura Reveles muchas veces llegó a hacer oficios religiosos en los años álgidos de la revolución y la guerra cristera.
En el Manifestador central se encontraba una pintura de Nuestra Señora del Refugio, quizá puesta ahí por su antigua propietaria doña Refugio Rubalcaba, y una imagen de bulto de San Francisco en el nicho lateral.
Tales imágenes fueron sacadas del oratorio por el Pbro. Reveles cuando se fue a vivir a la ciudad de México.
Por los años 30, don Alí Sabag Huraibe se instaló en esa casona, donde puso también una fábrica de pantalón de pechera, no durando mucho tiempo ahí.
Años después, la finca fue ocupada por el Colegio de Niñas, y en el oratorio, las niñas de tercer año recibían su instrucción, además de que servía de salón de costura.
SE CAYÓ DON DANNY. Me comentaron que en las excavaciones locas que están haciendo por la calle de la Acordada, mi gran amigo Daniel de la Cruz desafortunadamente se cayó, al parecer se lastimó una rodilla. Espero que no le haya pasado nada grave y ojalá haya descargado su rabia mentándoles la madre bien y bonito a los topos que tienen Jerez hecho un desastre.

LA CULTURA NO VA CON LOS GASES




LA CULTURA NO VA CON LOS GASES. Sulfido de hidrógeno, metanetiol y sulfido dimetil son gases apestosísimos que contienen sulfuro, y de por sí, solos son olorosos juntos lo son más. En días pasados, aprovechando mis vacaciones, asistí a un evento cultural que prometía estar agradable. De esos eventos en los que es de muy mal gusto llegar tarde, interrumpir o irse a media función. El Teatro Hinojosa –porque fue en el teatro- estaba más o menos lleno, gente culta pensé yo. Cuando de pronto, el ambiente frente a mí se comenzó a llenar de un aroma indescifrable y muuuuy desagradable. Emanaciones contínuas de los gases mencionados al principio. Si prendiera un cerillo en el trasero de la persona que estaba sentada adelante de mí, seguro que se verían ráfagas verdes o azuladas. Algunos manifestamos nuestro desconcierto y descontento tapándonos con la mano boca y nariz, pero eso en nada detenía la constante afluencia del sulfido de hidrógeno. Yo no traía ni un méndigo papel para hacerme aire y en esos momentos en lugar de ver la actuación de los artistas en el foro, pensaba en dos madres, en la de la persona que a placer se echaba sus flatulencias tipo cochina dormida. Esa madre que seguramente no le enseñó reglas de convivencia social, y que le ha de haber rellenado también la panza de cebollas, ajos, frijoles y demás alimentos creadores de gases. Y pensaba también en mi mamá, que cuando íbamos a salir, nos mandaba a todos primero al baño aunque no tuviéramos ganas. “Van y se me exprimen bien, para que no anden con su circo en la calle”. Dice un refrán “que vale más perder un amigo que una tripa”, pero en esa ocasión creo que ninguno de los que estábamos soportando la feroz acometida gaseosa éramos amigos de la interfecta (porque era interfecta) y además tampoco la gaseadora estaba en peligro de perder una tripa, pues se notaba que hasta disfrutaba cada que soltaba uno de sus efluvios, ya que hasta levantaba un poco la nalguita de la silla y se fruncía un poco. Hubo un momento en que de plano ya no soporté, y me levanté de la silla, diciéndole a mis vecinos de asiento: “Ahí se las dejo, toda para ustedes, no dejen de darle el golpe”. Salí encarrerado por el pasillo y de milagro llegué al baño donde vomité pues mi organismo no pudo soportar tanto martirio. La próxima vez, creo que tendré que ir preparado con una buena máscara antigases.
EL ABANDONO DEL PANTEÓN. Hace días comentaba con Sandra de la Torre acerca del estado en que se encuentran las criptas, mausoleos, monumentos, templetes y demás del Panteón de Dolores. Y es que últimamente se han dañado gravemente. La falta de mantenimiento adecuado, además de la fuerte lluvia ha debilitado la cantera. La humedad se la está comiendo. Hay monumentos que se están resquebrajando, y que pronto solo conoceremos por fotografías oportunamente tomadas. Algunas leyendas de las lápidas ya no se pueden leer. Un ejemplo son los catafalcos que están adosados al ala poniente del panteón, el del Pbro. D. Ignacio Báez por ejemplo, que son obras de arte del tallado de cantera y que están semidestruídos o destruídos casi completamente. Es común ver la pedacera de cantera de lo que otrora fueran bonitos monumentos erigidos en recuerdo de alguna persona querida. Copones, obeliscos y templetes por el suelo. A mí en lo particular hace años me llamaba mucho la atención la dedicatoria que Sofía de la Torre dejó a su marido en el catafalco que hizo en su memoria, donde en la parte superior se ve un ancla, luego dos manos, separados ambos elementos por una leyenda en latín “In te domine speravi, non confundar in aeternum”. Y más abajo reza: “Restes cheris de celuí que jái tant aimé, jamais mon coeur ne palpitera que pour toi” (Restos queridos del ser que tanto amé, jamás mi corazón no palpitará por nadie más que tú). Y en la parte de abajo se podía leer: “Mi querido esposo, do quiera que alienta, ven con tu recuerdo mi vida a animar, no dejes ¡oh no! Que el pecho del que había amado, algún día te llegue a olvidar. Su esposa Berta Sofía de la Torre. D.E.P.”. Esa dedicatoria se fue descascarando y ya no existe, solo la podemos ver en fotografías.
Fue durante la administración del profesor Benito Juárez cuando se creó un patronato pro conservación del panteón, pero era un patronato solo de membrete pues no se les dieron atribuciones para gestionar fondos para la restauración de este lugar. Entonces se enlozó todo el corredor de acceso a la primera sección, se le dio su manita de gato, y hasta se le dotó de iluminación ambiental con miras a que fuera incluído en futuros recorridos turísticos.
Entonces hubo la intención de tratar de incluir el Panteón de Dolores en algún programa como el Fondo de Apoyo a Comunidades para la Restauración de Monumentos y Bienes Artísticos (de CONACULTA). Los primeros pasos para hacer la solicitud se dieron, y se me encargó hacer el expediente (más de 300 páginas que nunca me pagaron). Pero todo ahí quedó con el cambio de gobierno.
Cuatro años después, el regidor encargado de panteones, solo se preocupó porque hicieran unos sanitarios, porque de otro modo “se tenía que andar miando entre las tumbas”. Creo que ni siquiera los sanitarios existen.
Ahora, con la inclusión de Jerez en el programa de “Pueblos Mágicos” no entiendo cual sería la mecánica a seguir para lograr la restauración y conservación del Panteón de Dolores, pero lo que sí sé, es que es urgente que las autoridades correspondientes deben realizar las acciones necesarias para que no se pierda este patrimonio nuestro y lugar que ha servido para que por dos centenas de años descansen los que se nos han adelantado en el camino. Es curioso que sean personas nacidas en otras latitudes quienes aprecian el valor de nuestra arquitectura civil y religiosa, como es el caso de mi buen amigo el Dr. en arquitectura Carlos Lira Vásquez, quien en su libro “Una ciudad ilustrada y liberal, Jerez en el Porfiriato” hace un muy extenso estudio sobre nuestra ciudad, y dedica más de 40 páginas al panteón. “Sin bridas por el desfiladero de la muerte”. Un estudio que bien vale la pena leer y entender.
LA SALA DE LEYENDAS. Abajo del piso del edificio de la Torre, hay dos extensas galerías, perfectamente ademadas de piedra. Si esas galerías se adecuaran, se les dotara de una entrada con escalones, se me ocurre que podría servir como una “galería de lectura de leyendas”, con la iluminación adecuada y un buen narrador, sería otra alternativa cultural para Jerez. Pero… hay muchos peros, el primero, Monumentos Coloniales, que siempre y por todo se pone sus moños. Otro pero sería la falta de visión a futuro, y otro pero más, que no hay presupuesto.
En la galería que está en la casa donde se pretendía hacer el Museo de la Charrería también sería agradable hacer un “café subterráneo” aprovechando el amplio espacio de ese tramo de túnel que dicen los cronistas no existe. Pero, creo que tanto el museo de Charrería como el total aprovechamiento del lugar se harán realidad hasta que Lisset sea presidenta.
Monumentos Coloniales siempre ha sido una traba, pues sus disposiciones son de tipo inquisitorial, sus lineamientos son absurdos y obtusos. Además, que en Jerez lo único colonial es la Parroquia de la Inmaculada y dos que tres fincas cercanas, pues la mayoría de las construcciones jerezanas que aún existen son del siglo XIX, cuando ya no existía la colonia…

viernes, 4 de julio de 2008

LA YEGUA DE LAS NOVIAS

LOS TIEMPOS DE LLUVIA


Luego de todas las pachangas de fin de curso han terminado, los estudiantes andan buscando la manera de pasarse estos días “echando la güeva”, y ya comenzada la temporada de lluvias, como que nos entra la melancolía, luego de tapar las goteras nos dan ganas de estar metiditos en casa viendo la lluvia. Ojalá el temporal de este año sea bueno, ni tan tan ni muy muy. Y ya que hablamos de agua, les ofrezco una narración de las que mi hermana Victoria incluye en su libro:

LA YEGUA DE LAS NOVIAS


Mi abuelo era propietario de la yegua de las novias, así que apenas se concertaba la boda, la cual se celebraba por lo general en la Vicaría de Juanchorrey, o en el Curato de Tepetongo, la comitiva y los novios debían trasladarse a lomos de caballo desde las rancherías. También eran válidos los burros y aún hasta a pie, las señoras grandes en guayín o carretela cuando la había, pero la novia por su naturaleza, sus velos y su vestuario debía de ser conducida con el mayor esmero, y nada más propio que este noble animal, de trote suave, anchos y acojinados lomos, mansa para el albardón y dócil a la rienda, acostumbrada sobre todo al nerviosismo e incierta guía de la dama transportada.
Cuando un acontecimiento así se aproximaba, se redoblaban los cuidados para el solicitado ejemplar: cepillado de pelo a conciencia y trenzado de las crines para que se le marcara un ondulado que se adornaría luego con lazos, listones y flores blancas. Se le pulían las pezuñas hasta dejarlas brillantes y estrenaba herraduras. La “noble bruta” se dejaba acicalar, sintiendo quizá que su papel revestía más importancia que el de la novia, ya que ésta era conducida sólo una vez, mientras que ella, la yegua, ya no tenía la cuenta de las veces que hizo el mismo número.
También las niñas estrenábamos, por eso nos gustaban tanto las bodas; además de los vestidos de organza y las coronitas de azahares de cera blanca fabricados en casa, nos hacían zapatos de manta blanqueada, con suelas de cuero curtido y bordados en la punta o adornados con las mismas flores de la corona. Montadas en la grupa de los caballos, atadas con las correas de la silla para que en un descuido no nos fuésemos a caer, y así íbamos tomados de la cintura de los jinetes.
La última vez que monté para una boda, fue también la última para la yegua. Ya de regreso del Templo para la ranchería, el grueso de la comitiva se había adelantado para preparar la llegada de los novios; acomodar a los músicos, calentar el mole, las respectivas sopas y el dulce de leche cocida. La novia y el novio en compañía de dos de los padrinos, sin ninguna prisa, platicando, se quedaron rezagados; con el calor del sol y la fatiga del camino, me quedé adormecida abrazando al padrino por la cintura; ya no escuchábamos a la demás gente, apenas un ronco zumbido muy a lo lejos cuando el trote de un caballo desbocado y los gritos de un muchacho nos pusieron alerta:
-¡Cayó una tromba en la Sierra…! ¡Más pa’rriba del Ahuichote…! ¡Píquenle pa’ pasar antes que llegue la punta…!!!
Tendieron al galope los caballos y la yegua respondió como ninguna, lo que tenía de mansa lo tenía de ligera y lograron pasar el río justo antes de que le muro de agua se les viniera encima. Con la violencia del agua se desgajan las riberas y la infeliz yegua pierde terreno bajo sus cuartos traseros y, dando una voltereta se zambulle en las revueltas aguas con todo y su preciosa carga.
El alarido del novio se sobrepuso al ensordecedor del embravecido río al lanzarse a la turbulenta corriente para tratar de salvar a su amada.
Espoleando los caballos y cortando por los recodos, espumeantes y sudorosos, pencos y amos a fuerza y destreza de lazos y manganas, lograron salvarlo a él y a su caballo, pero de la novia ni rastro.
Cuando me repuse de la fiebre y del terrible colapso que me produjo el que nadie se acordara de mi situación en la montura, clavada con las uñas a la espalda del padrino, ni de las correas que me baldaron las piernas para siempre, me contaron que en ocasiones y a lo lejos se veía a la yegua coceando, piafando y relinchando a la orilla del río con un sucio pedazo de velo en el hocico, buscando con desesperación a la dueña.
Desde entonces en mis pesadillas aparece la yegua corriendo en medio del agua con un muy largo, largo velo de novia.
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¿RESTOS DE MAMUT?


Acerca de los huesos encontrados al costado sur del santuario, alguien dijo que son “hechos conocidos y que a estas alturas resultan irrelevantes”. Entonces, con esa lógica resulta irrelevante el tratar de escudriñar en nuestro pasado para conocer lo más fielmente posible los acontecimientos ocurridos en nuestro entorno. La investigación histórica es una actividad que nos envuelve, que nos lleva a un entorno muy diferente al que vivimos. Es emocionante el encontrarnos con nuestro pasado. Tratar de escuchar los ecos de las voces de quienes nos antecedieron. Pero bueno, para algunos resulta irrelevante.
Y para que vean: encontré restos de mamut, y como constancia está la foto que adjunto… para que luego digan que no es cierto….
BLOG. Estoy subiendo a Internet todas las columnas publicadas, así que quien quiera volver a leerlas y no encuentra su “Alacrán” porque ya lo usó para ponérsela a la jaula de los pericos o de plano para limpiarse la coliflor, vea http://miguelberumen.blogspot.com/ Y ahí están mis escritos.