viernes, 29 de octubre de 2010

RECUERDOS DEL JEREZ DE ANTAÑO



Algunos lectores me han mencionado que les gustaría muchísimo conocer en su totalidad las memorias de don Margarito Acuña, de las que he ido sacando algunos apuntes en estas últimas semanas, pues nos hablan del Jerez de la última mitad del siglo XIX y primera del siglo XX (1850-1930). Esas memorias son un testimonio escrito de una persona que fue testigo de los acontecimientos que narra, y en ellas encontramos mucha riqueza de narración.
Ahora les ofrezco algo más de esas memorias:
RECUERDOS DEL JEREZ QUE YO VIVI
“Aunque por los años que cargo sobre mis espaldas soy ya un viejo que está por pasar a la eternidad, por mi entusiasmo para estas cosas me considero joven; pero no se me oculta que lo que llevo escrito está en desorden y mi parte quiero evitarlo en cuanto pueda y para ello empezaré por el centro de la población (Jerez), describiendo lo que para mí sea de recordar y que sea a la vez de positivo interés para quienes lean estos apuntes. Seré breve y conciso en lo que diga pues así lo creo necesario.
Por la calle del Santuario que divide la ciudad antigua (al poniente), diré que en la acera del poniente del Jardín está la portada y frente de lo que fue la antigua Jefatura Política y anexa a la misma la Penitenciaría en el siglo pasado y primera decena del actual. Es notable por su estilo colonial; de sólida construcción aunque de mal gusto arquitectónico.
Siguen en la misma acera (hoy casas comerciales) la que fue casa de don José María Carasa, donde vivió y murió. Este señor era español que vino a México en un batallón de la Península, el año de 1814 y le tocó militar en esta región contra los insurgentes. Cuando terminó la guerra, él se vino a radicar a la entonces villa de Xerez, donde se licenció del batallón a que pertenecía. Seguro era persona muy honorable y bien vista en la región por razón de que gobernó la hoy ciudad con el título de Alcalde, en el año de 1833. Todavía en 1895 lo ví y aunque estaba ya muy anciano, se conservaba muy erecto pues el bastón lo usaba más bien como por costumbre pero no que le fuera indispensable. Se conservaba muy tieso, guapo y pulcro en su vestir, como si fuera un joven todavía.
En la rinconada que forma el Portal de los Escobedo y la acera sur del jardín, a regular altura había una hornacina en el muro donde se encontraban dos estatuas de cantera que correspondían a los Santos Patronos de la Villa, San Ildelfonso de Toledo y Santo Domingo de Guzmán. Decía mi padre que éstas fueron quitadas a raíz de la Guerra de Reforma, por los liberales jerezanos, quienes lazaron las imágenes y a cabeza de silla las arrastraron haciéndolas pedazos (unos Llamas y Escobedos). También en ese tiempo perdió su cabeza uno de los Santos fundadores que de piedra estaban sobre unas columnas en las dos esquinas del atrio parroquial. Así duró muchos años, mutilada, hasta que el señor Cura Macías la restauró, como lo ve hasta la fecha.
Como algunos años estuve fuera de Jerez, cuando volví a la ciudad a principios de este siglo, ya no existía el señor don José Ma. Caraza. Parecía un Patriarca con su larga barba blanca que le llegaba hasta el pecho; su extirpe a la fecha parece ya haberse extinguido.
El “Salón Verde” o “Casa del Campesino” ocupa el lugar donde antes existía el Monte de Piedad (Montepío), que se incendió sin saberse el motivo y en cuya catástrofe se perdió mucho dinero en las prendas allí depositadas.
En lo que fue la Calle Nueva (Aquiles Serdán) estuvo el primer templo protestante que era a cargo de un señor de apellido Fernández y a quien en Jerez le decían el “Berrendo” por “Reverendo” (ignorancia o mala fé, no sé decirlo) como le llamaban los suyos. Poco duró este templo que se abrió al culto después de la Guerra de Reforma, pues los muchachos les hacíamos muchas travesuras cuando estaban los fieles en su culto.
Frente al Santuario está el hermoso edificio de la Escuela “De la Torre”, cuya fachada es de cantera y está conceptuado como una verdadera obra de arte. Fue construida por el arquitecto don Dámaso Muñetón. El interior es reducido y antihigiénico por lo que se le considera inapropiado para el uso a que se destina.
El Santuario con sus dos torres gemelas y sus hermosos pórticos simétricamente ubicados, son notables por su construcción artística y de una belleza incomparable si se miran detenidamente. Transversalmente siguen las calles de “Las Flores” y “La Aurora”. En esta última y en la cuadra sur se encuentra el edificio que fue la casa de D. Antonio Sánchez Castellanos, levantada en la antepenúltima década del siglo pasado y que llama la atención por su belleza arquitectónica. El mueble para esta casa fue traído de París por los señores dueños; pero toda ella fue destruída por los revolucionarios que en 1914 encerraban caballada en las piezas, destruyendo el costoso mueble y espejos de tamaño entero, de procedencia francesa, costosos por su valor.
El señor Sánchez Castellanos y su esposa doña Guadalupe, su hermana, fueron benefactores de la ciudad pues a sus expensas construyeron el edificio llamada “Hospital Sánchez Castellanos” ubicado en la Plazuela llamada del Diezmo, llamada así porque allí estuvieron por más de doscientos años las bodegas donde se almacenaba el maíz colectado por concepto de diezmos en la Parroquia de Jerez. Anexo al Hospital estaba el Templo que se dedicó a la Virgen de Guadalupe y del que sus últimos Capellanes (también del Hospital) los señores Pbros. D. Aureliano Escalante y don Mariano Ballesteros, éste último era español. La Capilla estaba acondicionada de tal manera, que los enfermos desde el corredor del patio interior podían oír la santa misa. La revolución carrancista en el primer cuarto del siglo actual profanó el templo y convirtió en Cuartel al Hospital. Los señores Castellanos para la mejor atención del Hospital trajeron religiosas Mínimas de la Ciudad de León, Gto., que le tuvieron a su cargo hasta que el salvajismo carranclán las expulsó y obligó a huir de la ciudad cuyos habitantes tanto las respetaron y amaron…”.
MAS HISTORIAS DE CRISTEROS, REVOLUCIONARIOS Y DE TESOROS. Varios correos he recibido en donde me solicitan que retome temas de este tipo y ofrezca más narraciones. Sí tengo mucho material, y poco a poco lo daré a conocer. Mientras tanto les invito a que lean mis libros que están a la venta en Nevería “El Paraíso”, “Regalos Gersy”, Discos y Cassetes “Ara”, con don Miguel Estrada en los portales del mercado (donde venden los periódicos), en Publicaciones “Sofía” (allá junto al puente del río grande) y en la plazuela (frente al Porky). Y el libro encantado, nomás no puedo terminarlo… pero antes de que termine este año ya estará listo. Lo prometo.

EL PRIMER PANTEÓN


Hace tiempo comentaba acerca del descubrimiento que hizo Leonardo de la Torre Berumen, en los archivos de no sé donde, que ayuda mucho a esclarecer parte de la historia jerezana. Yo siempre he dicho que “la investigación histórica, es una investigación siempre en marcha”. Y me entusiasma mucho el encontrar el eslabón que une a diversos acontecimientos. Me llena de agradecimiento cuando me prestan documentos o fotografías antiguas y me permiten copiarlas. Así, Leonardo encontró documentos con los que la historia del Panteón de Dolores se modifica, pues según esos papeles el primer panteón (luego de los atrios de la Parroquia y del Templo de San Miguel), estuvo situado donde antes se había erigido un templo dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe. Ese templo levantado por la familia De la Torre estaba entre las calles de la Parroquia y del Espejo (la parte trasera del templo es donde están los Baños Lourdes).
Además de ser templo y panteón, también fue cuartel de los franceses, como nos lo explica don Margarito Acuña en sus memorias: “Por la calle de la Parroquia, por muchos años estuvieron las ruinas de un templo que se dedicó por los españoles, los señores de la Torre, a la Virgen de Guadalupe. En la ocupación francesa sirvió de cuartel y de ahí jamás volvió al servicio a que se destinó. Sus bóvedas se cayeron y sirvió de troje y corral. A fines del siglo pasado (se refiere al XIX) haciendo unas excavaciones en su interior, se sacaron muchos restos humanos y pedazos de gamuza, por lo que se creyó que eran de los chinacos que capturaban los franceses y después de fusilarlos, ahí los sepultaban sin que nadie se diera cuenta. También se decía que esos restos estaban ahí porque cuando prohibieron sepultar en los atrios de la parroquia y santuario, se usó el terreno de la capilla como primer panteón”.
Don Margarito también nos da luz acerca de los restos que hace poco tiempo fueron encontrados en la calle de la Aurora, cerca de la sacristía del Santuario, nos cuenta que: “Los pórticos del Santuario, almenas de las esquinas y el balaustrado que los circunda, se terminaron en el año de 1876 pero no me acuerdo cuando se inaugurarían. Lo que sí me acuerdo es, que al arreglar el piso para poner árboles quitaron muchas lápidas sepulcrales y sacaron muchos restos humanos por ser parte ahí del antiguo Camposanto de la Iglesia del Hospital de San Miguel, del barrio de los indios. Estos restos se volvieron a enterrar en zanjas al lado sur junto a un callejón que se abrió para dar paso de la calle de la Aurora a la calle larga”. Con eso confirmo la versión que ofrecí en su tiempo de esos restos, y desmiento por completo las vaguedades que diera el entonces aspirante a cronista.
Entonces, el panteón de Dolores se creó en 1842 más o menos, y no fue Juan Juárez –alias Melcochilla- el que tuviera el nada agradable honor de ser el primero sepultado ahí, sino en el otro panteón, en el primero, del que ignoro cómo se llamó. Y ya que andamos por los panteones, les vuelvo a relatar una historia que gustó mucho:
LAS MONEDAS DE LA MUERTE
“Don Ramoncito, era un arpista ciego que acostumbraba tocar su pesado instrumento en la cantina 30-30, en la esquina del callejón de la Parroquia y calle Dolores. El inventaba corridos, cantaba canciones de época y tocaba valses muy sentidos.
Los domingos a medio día cargaba con su instrumento y se sentaba en los escalones del atrio de la Parroquia, donde interpretaba muchas piezas, esperando la caridad de la gente que salía de misa de once. En una de esas ocasiones, un tipo al que le gustaba el juego y la mala vida, se acercó y le sustrajo las monedas que Ramoncito había recolectado en su sombrero que estaba sobre el piso. Ramoncito, aunque ciego, advirtió que lo estaban robando, y tentaleando tomó su sombrero y notó que no tenía ninguna moneda de las que había oído que caían. “¡No seas tan desgraciado, deja mi limosna, esas monedas representan para mí la vida, y para ti son la muerte! ¡No me robes, no me quites lo que no me das! ¡No seas méndigo ni tan hijo de tu…!”.
Pero el ladrón se fue riéndose de la indefensión del ciego músico. Y así, en muchas ocasiones le robó al arpista sus monedas. Sucedió que el ratero acudió un día a un sepelio, y mientras enterraban al difunto, él se entretuvo con varios tipos de su calaña jugando cartas arriba de una lápida, tan entretenidos estaban que se les hizo noche. Y por el frío y la oscuridad se fueron retirando uno a uno. Hasta que solo quedó el tipo que le robaba las monedas al arpista.
Se dispuso a guardar el dinero que había ganado jugando, cuando una de las monedas se cayó y brincó quedando en un resquicio de un mausoleo. Una moneda es una moneda, por lo que metió la mano al agujero donde oyó que cayó. De pronto su brazo quedó aprisionado fuertemente. Sus ayes de dolor, sus gritos de auxilio nadie los escuchó.
Al otro día, los encargados del panteón, lo encontraron muerto, su cuerpo rígido, con una mueca de terror, y al liberar su brazo notaron que tenía el puño fuertemente cerrado aprisionando una moneda. Nadie se imaginó la noche de terror que habría pasado antes de morir.
Efectivamente, como dijera el ciego: Las monedas serían su muerte. Los vecinos del lugar contaban que en las noches más frías y oscuras, se escucha como si rodara una moneda, y luego se ve una sombra siguiendo la moneda por entre las lápidas del lado norte del panteón de Dolores.

PIONEROS DE LAS COMUNICACIONES EN JEREZ

 La villa de Xerez de la Frontera desde su fundación había transcurrido su vida en una soporífera y muy plácida calma. Las noticias que de fuera llegaban, tardaban mucho tiempo en ser conocidas, dependiendo además de la estación, ya que se transmitían por vía de los carreteros que traían mercancías a la región. En tiempos de lluvia, se tardaban más, porque no podían atravesar las crecidas corrientes de los entonces caudalosos ríos. Ellos de manera oral informaban a la gente de lo que acontecía en otros lares, con lo que la comunicación se recibía tardía y las más de las veces, bastante distorsionada.
Los carreteros jugaron un papel fundamental en el desarrollo de los pueblos, pues fueron ellos con sus conductas o atajos de mulas los que llevaban alimentos, muebles, madera, vestido, etc. Prueba de su importancia, se puede ver en el tercer cuerpo del imafronte de la Parroquia de la Inmaculada Concepción, donde, compartiendo espacio con Santa Bárbara y Santo Domingo de Guzmán se encuentra una imagen estilizada grabada en la cantera, de Santa Catalina de Alejandría, patrona de los carreteros. Santa Catalina fue atada a una rueda para martirizarla, sin que sufriera daño alguno, por tal milagro fue adoptada como patrona. Los carreteros, fueron de gran importancia, pues sin ellos, muchos pueblos podrían desaparecer ante el desabasto de los enseres básicos.
Cuando terminaron las revueltas de la guerra de independencia, la Villa de Xerez sufrió transformaciones radicales, pues hubo gran movimiento de personas, que buscaban el cobijo de un lugar seguro. El comercio se transformó, aprovechando los vecinos de Susticacán la plaza (actual Jardín Rafael Páez) para vender su alfarería y zapatos. Hubo más libertad de pensamiento y de acción, a partir de que en 1824 se instalara la primera imprenta en Zacatecas y en la región comenzaran a conocerse con más prontitud disposiciones emanadas de las autoridades estatales.
Años después, en las diligencias que venían de Zacatecas, traían ejemplares de los periódicos que profusamente se editaban en la capital de la entidad durante el siglo XIX, y que eran buscados y leídos por los jerezanos que sabían leer.
En la casona de la familia Brilanti, era común encontrar ejemplares de El Filograma, una revista dedicada a la literatura, ciencias y artes, en la que escribían don Luis de la Rosa Oteiza, don Vicente Hoyos, el poeta jerezano Fernando Sansalvador, Fernando Calderón Jr., Severo Cosío, Luis G. Ledesma, las poetisas María Guadalupe Calderón y Antonia Vallejo.
Los periódicos de esa época estaban muy limitados en cuanto a su capacidad de comunicación, pues el trabajo tipográfico era muy pesado, ya que letra por letra se tenía que levantar a mano de los cajetines, para luego hacer la forma de la plana. Las ilustraciones se tenían que hacer en grabados o clichés y no había en Zacatecas taller donde se hicieran, salvo el de don Nazario Espinoza.
Por desgracia, no hay información suficiente sobre los periódicos que en Jerez se imprimieran o editaran, solo sabemos que en 1895 se publicaba “El Turista”, un pequeño periódico informativo, y ese mismo año salió el semanario “La Unión Jerezana”, periódico independiente, de variedades, anuncios y edictos, mismo que administraban don Aniceto Fuentes y Darío Dena. Sus oficinas las tenían por la primera calle del Refugio, y en su semanario daban cabida a poesías, leyendas, notas cortas, y edictos. Se imprimió en la imprenta de los Becerra (bajos del Teatro Hinojosa), luego en la imprenta de Inguanzo (en la Plaza Principal) después en el Hospicio de Niños de Guadalupe, desapareciendo ante el problema de llevarlo a imprimir, esperar que lo formaran e imprimieran, y traerlo a Jerez.
LA GATA MOCHA Y EL LICENCIADO NALGAS
El jueves muy temprano, don Aniceto Fuentes salía en la diligencia de los Sánchez Castellanos, para llegar a Zacatecas por la tarde. En la plaza de Villarreal (hoy Jardín Independencia) agarraba el tranvía de mulitas para Guadalupe que lo dejaba cerca del Hospicio de Niños. Dormía en Guadalupe y el viernes por la mañana entregaba los originales de su periódico. Lo formaban y lo imprimían el mismo viernes, y el sábado en la mañana le daban sus ejemplares. Don Aniceto corría para agarrar de nuevo el tranvía de mulitas a Zacatecas, y de ahí, la diligencia que salía a las cuatro de la tarde a Jerez, llegando por la noche. Era mucho gasto y el periódico por sus cortas dimensiones no lo retribuía.
A propósito de Aniceto Fuentes, don Margarito Acuña en sus memorias nos cuenta que: A fines del pasado siglo y aún a principios del actual, eran ampliamente conocidos los señores Aniceto Fuentes, alias “Gata Mocha” y don Nicolás Fernández, el Lic. “Nalgas”, que tenían a su cargo los pleitos judiciales en los que siempre estaban metidos. “La Gata Mocha” tenía su “oficina” instalada por la calle Hidalgo y cerca ya del entroncamiento con la de la Fortuna, y el “Lic. Nalgas” en la del Santuario. Con el primero de los mencionados hizo su aprendizaje el que después fue recto y honrado tinterillo, don J. Encarnación González. “La Gata” salió huyendo de la revolución maderista y fue a morir a México, donde se refugió; pero el “Lic. Nalgas” falleció en Jerez, viejo y pobre. Luis Noyola Vázquez en su libro “Fuentes de Fuensanta”, dice que esta “Gata Mocha” fue quien le hizo la vida de cuadritos a don Guadalupe López Velarde.
En muchos archivos familiares hay recortes de “El Correo de Zacatecas” cuya aparición fue desde principios del siglo XX hasta poco tiempo antes de la revolución. Aunque el periódico era de Zacatecas, en Jerez tenía muchos lectores, pues se consideraba que era un periódico muy bien redactado y que ofrecía reportajes y noticias muy actuales.
En 1909 apareció de forma efímera “El Bastión” de variedades e información y en pequeño formato. En 1923 salió “La Voz”, periódico independiente y apoyado por los comerciantes locales. Por esos años apareció también “El Heraldo Católico” que editaba don Rafael Félix de Arellano. Don Rafael vivía por la calle de la Parroquia (muy cerca de donde está actualmente Radio Jerez). Como era un escritor muy combativo, a veces aparecían en su periódico escritos que no convenían al Jefe de Operaciones Militares que era el General Anacleto López Morales. Un amigo le advirtió al periodista: “Mira Rafail, ya no le eches al General, porque ha jurado que te va a mandar matar”. A lo que don Rafael contestó: “Pos, si no lo dudo, son tan cabrones”. A los pocos días, cuando estaba escribiendo en su vieja máquina de escribir Oliver, fue balaceado por la espalda por Pedro Garnica, uno de los testaferros del General López. El asesinato nunca fue castigado.
Por otra parte, en 1871 cuando la gente deja de confiar en Santa Bárbara (patrona jurada contra los rayos y centellas), pues aunque le rezaban y rezaban, los rayos y centellas caían en cualquier lado, se instala un pararrayos en las ruinas del Templo de Guadalupe. Y al comentar sobre la modernidad de esos aparatos, surge la inquietud de lograr la comunicación telegráfica en la región.
El 22 de junio de ese año, el Jefe Político José María del Hoyo solicita al gobierno estatal la colocación de postería y alambres para lograr la comunicación telegráfica. La solicitud es aceptada y para el 16 de septiembre se inaugura una línea telegráfica a Zacatecas utilizando 61,236 varas de alambre.
Varios años después, el 22 de octubre de 1878 se inaugura la comunicación telefónica entre Jerez y Zacatecas, siendo jefe político don José María Hinojosa y gobernador de la entidad, el general Trinidad García de la Cadena.
En algunas de las haciendas cercanas, se instalaron equipos de telefonía, con los que se conseguía comunicación rápida con la jefatura política. Por desgracia, los revolucionarios destruyeron este sistema de comunicación, mismo que volvió a instalarse hasta casi un siglo después.

martes, 12 de octubre de 2010

EL DOMINGO QUE LOS INDIOS LLORARON

CASTAÑA DE SOTOL. La semana anterior, en un relato de las memorias de don Margarito Acuña, mencionaba que don Zeferino el de la tienda “El Ciprés” cuando estaba muy tomado sacaba una “castaña” de sotol y otra de mezcal de Pinos que ponía frente a la tienda con un jarro a disposición de todo el que quisiera de esos brebajes. Una persona me decía que no sería “castaña” sino “castellana”. Aclaro, don Margarito se refería a los barrilitos hechos de palo colorado llamados “castañas” no a las botellas alargaditas conocidas como “castellanas”.
EL DOMINGO QUE LOS INDIOS LLORARON. Cuenta don Margarito que en el lugar donde ahora está el teatro Hinojosa había un viejo corral de altas bardas y un solo portón que daba al recién abierto jardín chico (el jardín se abrió el 8 de noviembre de 1855) y tenía ese corral dos o tres corpulentos mezquites. Ahí, por muchos años se encerraban los burros y caballos de los rancheros que los domingos venían a Jerez a oír Misa y a comprar su mandado.
Entre los indios, principalmente de Susticacán y de la boca de San Pedro, existía la costumbre de no cortarse el pelo, y se lo arreglaban con trenzas. El traer el pelo así significaba para ellos el mantenimiento de su identidad. Pues en 1857 a alguien del gobierno jerezano se le ocurrió que deberían cortarles el pelo a todos los indios, para así poder identificarlos y diferenciarlos de los feroces apaches que en años anteriores habían llegado hasta el rancho de Los Juárez y se habían robado a las mujeres de ahí. Así, un domingo a mediodía cerraron las garitas de acceso y salida de la ciudad y en ellas detuvieron a todos los que traían trenza. Luego los concentraron en ese corralón donde llevaron dos peluqueros que con sus tijeras cortaron las trenzas de los desconcertados naturales. La mayoría protestaba, y lloraban de dar lástima cuando los despojaban de su pelo. Ese evento sería recordado por muchos años, y cuando alguien quería burlarse de otra persona que trajera el pelo corto le decía “indio chillón”.
EL JARDIN CHICO, DE LA SOLEDAD, BRILANTI O HIDALGO. Refiere don Margarito que el antiguo Jardín Chico, cambió de nombre en el año de 1910, cuando para celebrar el Primer Aniversario de la Independencia se erigió el monumento al Héroe de Dolores, cuya estatua de medio busto corona su remate. Se inauguró en solemne ceremonia cívica el 16 de septiembre de 1910 por la mañana. Antes estaba en dicho lugar un kiosco destinado para las audiciones musicales. El monumento mencionado fue costeado por el comercio local y sus empleados. La plantación arbórea del jardín es contemporánea a la construcción del Teatro Hinojosa y lleva este nombre por el Jefe Político que le construyó, D. José Ma. Hinojosa. Dice el Sr. Acuña: “Yo no vi hacer la plantación (pero sí supe cuando se estaba haciendo) por razón de que mis padres emigraron a Sauceda de la Borda por el año de 1877 a fines de septiembre y no volvimos a Jerez hasta el mes de febrero de 1879, cuando ya se había inaugurado el Teatro (Coliseo, como le decían nuestros abuelos) y ya me encontré el Jardín Chico plantado de árboles. Ya no había los grandes montones de basura ni el mezquite grande que estaba cerca del fondo del Santuario y a cuya sombra los domingos los rancheros se juntaban con sus encargos y a cargar sus burros”. (El Jefe Político don Julián Brilanti fue quien comenzó a plantar con órden ese jardín al que llamaban “de la Soledad” y luego “Brilanti” en honor de este jerezano).
En la esquina de la misma cuadra (se refiere a la cuadra del Teatro) está el edificio de dos pisos que por muchos años se llamó “La Norma”, que fue antiguamente una de las mejores tiendas (Cajones se les llamaba entonces a las que expendían ropa) de la Villa. La calle transversal que queda al frente y que en su principio se llamó del Reloj, después Calle Nueva y por fin Aquiles Serdán, no existía antes y fue abierta para dar salida a la Plaza que está a espaldas de la antigua Parroquia y de la antes dicha, a la calle Real, que algunos años después se conoció por “Calle del Santuario”. La calle Real era muy transitada por las recuas y viandantes que pasaban para el Real del Fresnillo o de este para Bolaños. Por cierto que el Camino Real pasaba por la primitiva hacienda de La Labor, el ranchito de los Ríos y el Niño Jesús, por haberle cambiado por razones de seguridad pues antes, en la Ermita y Charquillos asaltaban los ladrones a los arrieros. La Hacienda de Santa Fé fue centro de defensa contra los bandoleros y hace pocos años que todavía existían los fortines en forma de conos en las entradas de dicha finca. Durante la Independencia fue frecuentemente teatro de serios combates con los españoles que allí se acantonaban de paso para “abajo” y viceversa.
En lo que fue la Calle Nueva (Aquiles Serdán) estuvo el primer templo protestante que era a cargo de un señor de apellido Fernández y a quien en Jerez le decían el “Berrendo” por “Reverendo” (ignorancia o mala fé, no sé decirlo) como le llamaban los suyos. Poco duró este templo que se abrió al culto después de la Guerra de Reforma, pues los muchachos les hacíamos muchas travesuras cuando estaban los fieles en su culto.
MUY INTERESANTES los apuntes de don Margarito, lo ideal sería publicarlos íntegros, a ver si en el futuro. Y hablando de libros, todavía no acabo mi libro de “Conozco Jerez”, pero los de Leyendas y Relatos siguen a la venta en la Nevería “El Paraíso”, en la a medio remodelar “Gersy”, en Discos y Cassetes “Ara”. Con don Miguel el del periódico en los portales del mercado, en Publicaciones “Sofía” (cerca del puente), en Reforma 51 frente al Porky y no me acuerdo donde más.

ZEFERINO EL LEPROSO Y SU TIENDA “EL CIPRES”

LA CAPSULA DEL TIEMPO. Yo esperaba con ansia que abrieran esa caja que enterraron en Zacatecas hace cien años. Me interesaba saber qué es lo que nuestros antecesores querían que la gente del futuro conociera de ellos. Pero con tristeza ví que la urna se humedeció, se pudrieron los documentos, los libros, y muy poco es lo que se pudo rescatar. Eso me recordó la ocasión en que aquí llovió mucho y muchos de mis archivos en papel, negativos y fotográficos quedaron hechos una informe capa de desperdicios mojados y remojados. Bueno, parece que entre las cosas guardadas en la caja de lámina había un informe del General Jesús Aréchiga. Yo tengo una copia de ese voluminoso documento, por si lo necesitaran.
Don Juan N. Carlos, a quien tanto he mencionado en esta página, es considerado como el decano y pionero de la microhistoria jerezana. El dejó muchos de sus escritos (la mayor parte) sin editar. Para escribir su historia de Jerez, allá por 1945, se basó en parte de las memorias escritas a lápiz que le facilitara don Margarito Acuña. Don Margarito nació en 1868 y murió en julio de 1957. Cabeza de una familia jerezana de mucho arraigo, cuyos miembros han influido grandemente en la vida de Jerez del siglo XX y estos años del XXI. Los escritos de don Margarito no han sido publicados nunca, solo los breves apuntes que don Juan N. Carlos sacara de ellos. Les comparto en esta ocasión un relato de dichas memorias.
ZEFERINO EL LEPROSO Y SU TIENDA “EL CIPRES”
En la esquina suroeste de las calles Rosales y El Ciprés, estaba una tienda cuyo dueño se llamaba Zeferino, y estaba leproso, pues ya le faltaban partes de los labios y se le veía casi toda la mandíbula superior del lado derecho. Era muy bebedor y aún cuando se cubría con un pañuelo blanco, casi siempre, se veía repugnante en grado sumo; pero él, estando ebrio, hacía tomar de su botella a cuanto ser humano llegaba a su tienda. Esta, desde mediados del siglo pasado ya era llamada “El Ciprés”, según decía mi padre. El tal Zeferino era un charro consumado que siempre vestía de negro y traía al hombro (según la costumbre de la época), costosos sarapes de vistosos colores que en ese tiempo eran traídos de León, Gto.
Zeferino fue en su tiempo un hombre rumboso y era de fama el “Judas” que ponía a su costa los Sábados de Gloria frente a su tienda “El Ciprés” pues desde muy en la madrugada comenzaba el “mitote” que se amenizaba con la música de viento que hacía traer de Susticacán y que dirigía el famoso “Pancho María” que se distinguía por ser el mejor ejecutante del difícil instrumento llamado el Requinto (diminuto clarinete). Don Francisco María Carlos era íntimo amigo mío y conocido desde la infancia cuando yo vivía en el rancho de Lo de Salas y él en Susticacán (este señor era padre del tenedor de estos apuntes: Juan N. Carlos R.), y era de mucha fama en la región del Valle de Jerez donde jamás tuvo quien le imitara en la ejecución. En el “judas” de don Zeferino se reunía la flor y nata de los rancheros y bajo pueblo de Jerez al son de la tambora y de su cantante, “El Zalate”, don Andrés Nava. El sotol corría en abundancia y a grado tal, que don Zeferino acababa ese día con el que tenía en existencia y casi todo regalado pues ya al último ni lo vendía. Era público y notorio que cuando ese señor estaba ya muy tomado sacaba una castaña de sotol y otra de pinos que ponía frente a la tienda y con un jarro a disposición de todo el que quisiera de tales brebajes. El traía una botella en la mano y montado a caballo hacía piruetas admirables mientras le ofrecía a todo mundo que por cierto bebían ya sin temor al contagio tan temido. La música del pueblo instalada sobre un alto tapanco deleitaba a la multitud con el “Caballo Mojino”, “María Reducinda” y otras piezas de trueno por el estilo; pero a las diez de la mañana y en cuanto daban el repique de Gloria en la Parroquia, se oían por toda la ciudad los truenos que daban por “ejecutado” al Judas, de don Zeferino que toda la mañana había bailoteado sobre la punta de un morillo adornado de papeles de colores y con ramajos de pirúl. ¡Qué hermosos tiempos aquellos!.
MARIA REDUCINDA. He buscado y ni idea de cómo sería la pieza musical con ese nombre, si alguien sabe, le agradeceré mucho me diera su letra o música. Tampoco he encontrado en los archivos más referencias sobre don Zeferino, pero seguiré buscando para enriquecer estos relatos. Los apuntes de Don Margarito son de la segunda mitad del Jerez del siglo XIX y mucho enriquecerán el acervo histórico de la región, ya que nos dan una descripción muy amplia sobre las calles, casas, jardínes, monumentos, templos y personajes que existían entonces.
NOCHE BOHEMIA. Con todo el pie derecho comenzó su labor Jael Jaramillo al frente del Instituto Jerezano de Cultura. El evento en honor y recuerdo de Joel Esquivel estuvo muy concurrido; personas que en estos últimos años fueron relegados por los responsables de cultura, volvieron, y por la puerta grande. Fue una noche de recuerdos, de risas, de canciones, de poesías y hasta de floridos discursos (prometí no hablar mal del impuesto). Se acabó a eso de las dos de la mañana. Parece que la cultura jerezana dejará de ser elitista y volverá al pueblo. Ya nos olvidamos de las “tertulias” tan cacaraqueadas por la gobernadora, en las que nomás iban dos o tres emperifolladas a remolinear el trasero en las sillas mientras ponían aire de entendidas cuando escuchaban algún poema. Las Noches Bohemias tienen más tradición, aunque en mi juventud eran “noches bohemias y madrugadas pedemias”. La participación espontánea de poetas, de improvisados artistas, de hogareñas cantantes, decidores y decidoras de versos, jocosos declamadores hacían que no se necesitara ni orden de la noche ni moderador… y la noche se hacía día, y los bohemios a los que aún no los vencía el sueño o el tequila, guitarra en mano seguían cantando y miando por las calles jerezanas…

LA PRESA DE DIOS

Me dicen que vivimos en un lugar privilegiado, porque aquí en Jerez ni tiembla, ni hay inundaciones, ni pasa nada. En parte tienen razón, pues solo nos tocan las “colitas” de los huracanes y los temblores solo cuando el volcán de fuego de Colima se enardece y echa para fuera todo su coraje. Aunque, por falta de lluvias ha habido sequías muy duras.
En varios documentos encontré sobre estos fenómenos, mismos que presento en forma cronológica: el 10 de enero de 1584 los pocos vecinos de la villa de Xerez de la frontera le rezaron a cuanto santo conocían, pues la región fue sacudida por constantes temblores. San Ildelfonso y Santo Domingo recibieron cuanta jaculatoria sabían e inventaban los neo-xerezanos pero estos pensaban que una maldición pesaba sobre ellos, porque aparte de los temblores, los campos se cubrieron con una capa de fina ceniza. Fue hasta fines de ese mes que por medio de unos arrieros, los vecinos supieron que todo eso era consecuencia de la erupción del volcán de Tzapotlán (Volcán de fuego de Colima).
Y las crónicas señalan que el 6 de mayo de 1612 volvieron los temblores, acompañados de ciclones, los que terminaron hasta el 28 de agosto. Diez años después, el 13 de julio por la madrugada comienza a caer una tormenta muy extraña, con granizos “que más parecían pelotas de arcabuz”. Al siguiente año (en 1623), el 9 de junio el pleno día hubo una gran oscuridad y ceniza muy espesa. No supieron de qué volcán provino, pero lógico era suponer que del mismo volcán de fuego.
El 23 de agosto los jerezanos sacaron cuanto trapo rojo encontraron, pues un eclipse de sol causó consternación, creían que el mundo se acabaría, pero luego que el sol volviera a salir, todo fue alegría y exclamaciones milagrosas.
Los reacomodos de las placas tectónicas seguían, pero no hay mucha información al respecto, solo sabemos que en 1771 la Virgen de la Soledad es nombrada como Patrona Jurada contra los temblores de tierra. El 14 de Noviembre de 1789 causó muchísima extrañeza a los jerezanos el contemplar lo que creían fuegos de San Telmo, que era una “Aurora Boreal”.
En 1806 se registran nuevos temblores en la región, aunque no sabemos los días. En los siguientes años no encontramos referencias sobre fenómenos de este tipo, hasta el 11 de febrero de 1875, en que como a las 6 y siete de la tarde se sintió un fuerte temblor que dañó varias casas e hizo que las campanas de los templos se tocaran entre sí. El 6 de Noviembre de 1882, al pasar Venus frente al sol origina un eclipse, cosa que es vista con muchísimo temor por los cándidos jerezanos de esa época. El 13 de enero de 1913, a altas horas de la madrugada comenzó a caer una finísima ceniza. Ya por la tarde, se sabía que procedía de una erupción del volcán de Colima. Los agoreros anunciaron que se venía una época de hambre y muerte, como efectivamente comenzó a ocurrir tres meses después.
El 20 de noviembre comienza a llover. Esta lluvia termina hasta el 2 de enero de 1925, conocida como “el diluvio” acabó con muchas derruídas casas de Jerez. A las 5 y media de la mañana del día 2 de junio de 1932 un temblor hizo oscilar la tierra, cayéndose varias bardas y agrietándose viejas casas. Las campanas del reloj del santuario se tocaron ligeramente. Y –cosa irónica- en 1953 vuelve a temblar en Jerez el 2 de junio.
El 20 de mayo de 1957 se vuelve a sentir un temblor en la región, no se supo si era a causa del volcán de Colima. En los siguientes años se sentirían levemente varios temblores, incluso cuando ocurrió el destructor y fatídico terremoto del 19 de septiembre de 1985, en Jerez se sintió como un vaivén suave y mareador.
En 1972, cuando visité en Huanusco al nunca bien reconocido historiador regional, don Juan Nepomuceno Carlos, le pregunté sobre este tema, y me dijo que el estado de Zacatecas no estaba exento de temblores, y que incluso hay una presa en los límites de Jalpa con Nochistlán que tuvo su origen en movimientos sísmicos y el desgaje de un alto cerro, en la barranca del Jocoque. En una carta me envió la narración que me dijo publicaría luego en una “Historia de Jalpa”, misma que comparto:
PRESA DE DIOS
En los primeros días del mes de noviembre de 1893, se sintieron en la parte sureste del municipio de Jalpa intensos movimientos telúricos que se acompañaban de fuertes detonaciones subterráneas que mucho preocuparon a los habitantes de la región. El día 11 de noviembre a temprana hora salió del rancho “Las Pilas”, perteneciente a Jalpa, don J. Guadalupe Ortiz con rumbo a la Barranca “El Jocoque” donde tenía un pequeño “cuamil” sembrado en una de las laderas y que era propiedad de don Luís Sandoval Valenzuela. Llevaba el señor Ortiz, a un jovencito de su familia y ambos conducían ocho borricos a los que seguía un perrillo compañero inseparable del primero. Cuando ya se encontraban en el predio cultivado, comenzaron a sentir fuertes ruidos subterráneos que se acompañaban de intensas oscilaciones de la superficie que les espantó sobremanera pero cuando menos lo esperaban, de improvisto el terreno se comenzó a agrietar horriblemente hasta que una gran parte de la ladera se deslizó intempestivamente llevándose consigo el sembrado “cuamil” y con él, al infortunado Ortiz que fue sepultado vivo por el aluvión de tierra y piedras que al caer taponó la boquilla de la barranca formando de esta manera un enorme bordo natural que dio origen a lo que hoy se le llama “LA PRESA DE DIOS” de cuyas aguas represadas se aprovechan los campesinos de la región.
Milagrosamente pudo salvarse el joven compañero del desaparecido que presuroso fue al rancho de “Las Pilas” para dar el aviso de lo que ocurría y el que fue luego comunicado al entonces presidente municipal don José Llamas, de Jalpa, pronto el funcionario en cuestión se trasladó acompañado de su secretario, don Arturo Aréchiga al lugar de los sucesos donde ya se había congregado un numero regular de gente que asombrada comentaba los hechos a su manera. Al practicarse el reconocimiento por la Autoridad, se encontraron seis burros que pacían tranquilamente cerca del lugar de los sucesos mientras uno, estaba caído en una profunda grieta de la que ya no pudo ser sacado y tanto más, cuando le habían sido destrozadas las cuatro extremidades; pero por lo que al perrillo se refiere, este con sus lloros indicó el lugar donde se encontraba pero del que no podía bajar; era una peña que se detuvo en una parte de las agrietadas. Ocho días duraron aun los derrumbes de la ladera y aun se dice que por las grietas se escapaban emanaciones sulfurosas.
Tal es el origen de la llamada “PRESA DE DIOS” pero desgraciadamente, esta belleza natural es del todo desconocida y en parte se debe, a lo accidentado de la topografía del terreno en que se encuentra y al que no es tan fácil llegar por no existir un camino apropiado que facilite el pase de vehículos motorizados.

CAPSULA DEL TIEMPO

DESFILE DEL 16 DE SEPTIEMBRE. Alguien dijo que el desfile que tuvo lugar el pasado jueves, fue el “primero” que se realizaba en Jerez para conmemorar la independencia. Y lo repitió varias veces. Es lo malo de soltarle los micrófonos a cualquier güey que por sentir que tiene bonita voz ya se las sabe de todas todas y no tiene ni un poquito de cultura general.
Tal vez estuviera en lo correcto el locutorcillo de marras si dijera que “era el primero del siglo XXI”. Porque si nos remontamos en el tiempo, encontramos que antes, las Fiestas Patrias que se realizaban en nuestra ciudad eran de gran calidad y hasta competían con las fiestas de abril. A mí me tocó todavía participar en los desfiles conmemorativos del 16 de septiembre, en mis años de párvulo.
Por cierto, en este desfile se apreciaron varias cosas que hablan bien de los que participaron en él: La voluntad ante todo, el deseo de colaborar bien con la naciente administración. No hubo tiempo de organizarlo con interminables juntas a las que nadie asistía (como las de los anteriores desfiles). No hubo tiempo de hacer costosos carteles ni gastar lo que no se tiene para darle más realce. No hubo nadita de voluntad de la anterior administración para ayudar a que saliera bien este evento. Sin embargo, la participación de instituciones educativas y sociales fue magnífica.
Volviendo a los errores, muy repetitiva ha sonado en estos días la palambra “embestidura”, que por desgracia conductores de televisión usaron así para referirse al acto en que Miguel Alonso y también Lalo López tomaron posesión de sus cargos. Embestir se refiere a acometer, a atacar y su usa comunmente cuando un toro ataca. Lo correcto es “Investidura” que es el carácter que se adquiere con la toma de posesión de ciertos cargos. El Presidente Municipal está “Investido”, no “embestido”, porque eso sugeriría a que el toro se lo cogiese y le causase daños…
En la noche del grito, el profesor Guillermo Rodríguez Pérez ofrecía semblanzas de la independencia, y mencionó por dos ocasiones el apelativo de “Callejas” (con S al último). Quiero creer que al profe Memo se le colaran esas S por la emoción, ya que se refería a Félix María Calleja del Rey Bruder Losada Campaño y Montero de Espinosa. Las callejas son las de mi rancho…
CAPSULAS DEL TIEMPO. Una cápsula o caja del tiempo, es un recipiente hermético en el que se depositan documentos, fotos, objetos que se desean sean abiertos en determinada época futura. Rememoro esto, porque leí hoy que Miguel Alonso abrió la cápsula del tiempo que fue colocada hace 100 años cuando se erigió la efigie de la Victoria Alada en la Plaza de Villarreal, allá en Zacatecas.
Cuenta la reseña que esa caja contenía informes de gobierno del siglo XIX, un retrato del gobernador Francisco de P. Zárate, otro de Miguel Velázquez de León constructor del monumento, copias de los periódicos de circulación local como “La Unión”, “El Jococón”, un plano de la ciudad de Zacatecas en 1910, timbres postales y otras cosas. Apelo a la buena disposición del cronista de Zacatecas, Manuelito González Ramírez, así como de Bernardo del Hoyo, que posiblemente puedan copiar ese material y me faciliten algo del mismo.
El mandatario estatal, en presencia de los titulares de los poderes Legislativo y Judicial, acompañado también de personal militar, depositó una caja de acero inoxidable, destinada a los zacatecanos de 2110. Esa urna contiene cuatro ejemplares de los diarios Imagen, Sol, NTR y Página 24; varios discos de la Banda de Música del Estado, una familia de billetes, una agenda cultural, un programa del Festival Internacional de Teatro de Calle, un mensaje del gobernador, una carta del Obispo y más objetos.
También en Chalchihuites, el alcalde Alfonso Estrada Hernández enterró una caja del tiempo al lado del monumento del jardín Independencia. Esta caja contiene la fotografía oficial del Ayuntamiento 2010-2013, un disco compacto con fotografías de los monumentos importantes del municipio, monedas conmemorativas del Bicentenario y un ejemplar del periódico Imagen.
En Jerez, nunca se le dio la importancia a los festejos del Bicentenario, como oportunamente predije, ya que la administración encauzó toda su atención y recursos del municipio en la continuidad política, que afortunadamente no se dió. Se hubiera podido gestionar para bajar programas de las instancias federales encargadas de eso. Había dinero, solo era cosa de estructurar un buen proyecto, con objetivos bien definidos y tocar las puertas de las dependencias federales.
Sé de la existencia de al menos dos cajas del tiempo, llamadas también “piedra del tesoro”, que están en edificios de Jerez, pero como hemos ido perdiendo nuestra identidad histórica nadie se acordó de ellas. Sería bastante emotivo el abrirlas y poder enriquecer la historia jerezana con los documentos, fotos u objetos que en ellas hubiera. Y sería emotivo también el preparar una caja del tiempo, enterrarla junto a algún edificio emblemático para dejar constancia de nuestro paso. Recuerdo que hace poco los alumnos del Tecnológico de Jerez estaban organizándose para enterrar una cápsula del tiempo. No supe si al final realizaron su empeño. ¡Ah! No me pregunten donde están esas “piedras del tesoro”. Están perfectamente datadas en la historia, y es el cronista quien debe dar la información adecuada.

LOS INSURGENTES APODADOS


LOS INSURGENTES APODADOS
La historia oficial, la que nos dicen los cronistas, siempre se olvida de rememorar a los humildes hijos del pueblo que participaron en eventos históricos. Hoy, que todo mundo anda muy patriótico mencionaré algunos de los que anduvieron en las guerras de independencia (digo “las guerras” porque fue una serie de luchas que a veces no se enlazaban entre sí, pero que culminaron con la muerte del virreinato de la Nueva España).
Hoy, entresaco algunos apodos y datos que me parecieron curiosos y desconocidos y que en los libros de texto no aparecen:
El Patitas, La Perla y El Perrito
Por la provincia zacatecana se escapó el cabecilla Juan García, “El Patitas”, a quien seguía tenazmente José María Hornelas que lo derrotara el 4 de julio de 1814. Dicen que el Patitas vivó tranquilamente en la villa de Xerez donde nunca fue molestado, su apodo era porque usaba huaraches grandes.
Gertrudis Vargas residía en una ranchería conocida como “Puerta de Andarácua”, a orillas del hermoso lago de Yuririapúndaro, allá por el estado donde hay momias, fresas, zapatos y donde meten a bote a las chavas que abortan sin saber. Pues a los pocos días de haberse manifestado el cura Hidalgo, doña Gertrudis fue acompañada de su hijo José María Magaña, ofreciéndoselo al cura para que lo hiciera un soldado más de la causa. José María Magaña militó en el ejército insurgente con el grado de capitán. Doña Gertrudis cambió luego su residencia a Michoacán y cuentan las leyendas que todavía para 1825 vivía, orgullosa de haber ofrendado a su hijo a la patria naciente. A ella le decían “La perla del lago”.
“Lázaro el Perrito”, nació en la hacienda de Bañón y militaba en las fuerzas de don Víctor Rosales. Con el grado de capitán mandaba una guerrilla como de 30 gentes muy valientes, la que dependía del coronel Sebastián González (dicen que era jerezano). Se cuenta que El perrito tenía hombres muy atrevidos y que el 8 de febrero de 1816 con sus pocos hombres se enfrentó a las fuerzas realistas del comandante Eugenio de Oviedo cerca de la hacienda de Punteros, allá por San Luis Potosí. Les puso una buena friega, pero al final murieron doce de sus soldados y tres más quedaron prisioneros, los que fueron fusilados al siguiente día.
Las once mil Vírgenes.
Así se les nombraba a las hermanas Felipa, Antonia, Feliciana, María Martina y María Gertrudis Castillo, quienes vivían en el rancho del Tepozán en los pulqueros llanos de Apam. Su gracia consistía en seducir gente para que se incorporaran a las filas rebeldes. En enero de 1815 el comandante realista José Barradas les puso una trampa enviando soldados previamente instruidos para descubrir en flagrante delito a las hermanas Castillo. Los soldados se apersonaron con las Once mil Vírgenes a quienes les echaron el rollo de que ellos estaban disgustados en su regimiento, porque se les trataba mal y les habían apaleado. Las mujeres les ofrecieron una carta para que el cabecilla Nabor los aceptara en sus filas. Las once mil Virgenes fueron encarceladas, pero liberadas luego. Solo Felipa estuvo cuatro años en la cárcel de Las Recogidas.
Con orines salvó la patria la Guanajuateña.
Regresaba de Saltillo el jefe insurgente Ignacio López Rayón y fue atacado en el Puerto de Piñones (entre los límites de Coahuila y Zacatecas) por el teniente coronel realista José Manuel Ochoa. Un rudo y sangriento encuentro tuvo lugar. En lo más comprometido de la pelea faltó el agua a los artilleros insurgentes para el servicio de los cañones. Muchas mujeres acompañaban a los soldados, y entre ellas había una a quien apodaban “La Guanajuateña”. Ella, notando que a los cañoneros les faltaba el agua para enfriar los cañones, se le ocurrió una idea magnífica: Se apresuró a tomar las cubetas de los artilleros, haciendo que en ellas se orinaran las mujeres que seguían a la tropa, y hasta uno que otro soldado que andaba con la vejiga llena. Así se suplió la falta de agua para refrescar los cañones, y poco tiempo después la victoria se decidía a favor de los defensores de la patria.
Secreto de Confesión
A Bárbara Rosas, “La Griega” le salió muy caro el chismear con la vecina. Bárbara trabajaba en la casa del capitán José Ximeno Varela allá por Oaxaca, y una vez platicó con la vecina Francisca Enríquez, asegurándole que el cura Hidalgo no causaba mal a nadie, solo a los gachupines. La Pancha Enríquez pa’ pronto se fue a confesar con el Deán de la Catedral Antonio Ibáñez de Corvera. Como era “secreto de confesión” el Deán “rajó leña” con el Intendente Corregidor de Oaxaca, poniendo a la acusada en la cárcel de Las Recogidas todo un año sentenciada a trabajos forzosos.
La Gabina que no era
Juana Bautista Márquez, conocida como La Gabina, junto con su hijo José María, fueron acusados de haber tomado parte en los asesinatos de la alhóndiga de Granaditas cuando el ejército del cura Hidalgo atacó Guanajuato. En septiembre de 1811 se les senteció a morir ahorcados. Pero las autoridades se habían confundido, era otra Gabina la que había andado en Granaditas. Calleja dispuso que de todos modos se le hiciera morir en la horca. La infeliz mujer, próxima a subir al cadalso, protestó ante el sacerdote que la auxiliaba, asegurando que moría inocente del crimen que se le imputaba. El referido sacerdote quedó tan aterrorizado de aquella sangrienta y terrible escena, que poco tiempo después sucumbió a causa de la fuerte emoción que recibiera al presenciar esta injusta sentencia, la cual conmovió también a mucha gente de Guanajuato.
El Castrador que chaqueteó
Vicente Gómez era uno de los subalternos más importantes del brigadier Francisco Osorno, aunque también acompañó a la tropa de don Manuel de Mier y Terán tomando parte en combates allá por Tehuacán, Coatzacoalcos y Playa Vicente. Gómez se distinguía por ser hombre osado y valiente; pero como muchos de los de su clase, estaba poseído de un carácter inmoral y apetitos sanguinarios, que lo hacían temible y repulsivo, pues durante el tiempo que estuvo en las filas de la insurrección, cometía actos verdaderamente atroces, pues les cortaba el “moñoñongo” a sus víctimas para que los españoles no siguieran propagando su raza.
Por ese motivo lo apodaban “el castrador” y los realistas lo perseguían tenazmente ya que era causa de que hubiera muchos hogares españoles infelices. Vicente Gómez solicitó indultarse por conducto del obispo de Puebla, cuya gracia fue otorgada. Luego de esto se dirigió a dicha ciudad, entrando en ella con sesenta de sus soldados. Causó alarma su presencia ahí, ya que muchas mujeres lo querían linchar y sus maridos se escondían en lo más oscuro de las cocinas. La guarnición hizo salir de la ciudad a El Castrador y su gente, enviándolo a Santiago Culzingo donde quedó como jefe de una compañía realista.
Y luego de haber chaqueteado, aplicó a los insurgentes la misma conducta sanguinaria que había observado contra los realistas. Cuando se proclamó el Plan de Iguala, Vicente Gómez volvió con los insurgentes de Vicente Guerrero y capando ahora a los realistas.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

LEYENDAS URBANAS

LEYENDAS URBANAS. La historia oficial, elude lo más que puede las hipótesis, las teorías y todo lo que pueda enriquecer diversos eventos o biografías. La mayoría de las veces, estos historiadores escriben “a conveniencia”, lo demás, lo consideran “leyendas urbanas”, disertaciones de locos o inventos de gente sin quehacer. Es el caso de nuestros hombres ilustres, cuyas biografías son inamovibles, y se escribieron en su tiempo con la finalidad de enaltecerlos, de hacer sentir al común de la población que eran seres superiores, que se las comían ardiendo.
De López Velarde se han escrito muchas cosas… que si nació en una casa, que si nació en otra, que a lo mejor en la casa grande de El Marecito. Se le han atribuído palabras que nunca dijo, se le han achacado hechos que a lo mejor nunca realizó. Su figura fue enaltecida en el cincuentenario de su fallecimiento. Entonces todo sonaba a López Velarde, todos eran parientes del poeta, todos tenían recuerdos de él. Donde quiera surgían versos olvidados. La paciencia que nos caracteriza a los microhistoriadores, nos ha permitido bajarlo de su pedestal y verlo como uno más de nosotros, estudiar su vida sin quitarle ni ponerle.
Hay muchos documentos, bastantes archivos, donde se puede ir desglosando la verdadera historia del bardo jerezano. Hay libros familiares que no han sido aprovechados. De igual forma tenemos a Candelario Huízar, de quien se le hizo una biografía a la medida. Todavía hay personas de Los Morales, que afirman que el preclaro músico tuvo su nacimiento en aquellos lares, donde aún se advierten las ruinas de lo que era la casa paterna. Huízar pasó inadvertido muchísimo tiempo, incluso el historiador Eugenio del Hoyo lo daba por muerto a la mitad del siglo XX, como indica en su libro “Jerez el de López Velarde”. Años después vino el verdadero interés por conocer su obra, y en tiempos del Profesor Fernando Robles hasta se detectó una casa por la calle Independencia y Suave Patria donde se afirmó había nacido el músico jerezano. Y es que un hombre ilustre no puede nacer en un jacal, no puede tener su origen en una paupérrima choza o rústica casa ranchera.
Hace poco, encontré en uno de mis archivos digitalizados que el 9 de junio de 1906 a las ocho de la noche, comparecieron ante el Juez del Estado Civil Eugenio del Hoyo, (antecesor del que escribiera el libro), Candelario Huízar y Altagracia Ordoñez con el deseo de contraer matrimonio. Entonces, Huízar manifestó que tenía 23 años y que era platero, hijo del herrero José Huízar y de Lucía García. (Aunque el apellido compuesto es “García de la Cadena”, no lo dice así). Su novia, dijo que tenía 19 años, hija de José María Ordoñez y de Narciza Torres, quien acompañó a su hija en este acto para darle su consentimiento. Los testigos del platero fueron el peluquero Ricardo Fernández y el curtidor Arcadio Carlos, y por parte de la señorita Ordoñez, los sastres Julio Cabral y Agapito Vázquez. Cosa curiosa: Todos firmaron, y es que en ese entonces casi nadie lo hacía porque no sabían escribir.
Documentos como este, nos permiten tener una visión más humana del músico, que en ese entonces no manifestaba que la música fuera su actividad principal.
En Febrero de 1908 encuentro que comparecen ante el Juez, que ya era José Amozurrutia, Ventura García y Mercedes Colmenero, con la intención de contraer matrimonio. Expuso don Ventura que tenía 24 años, platero, hijo de don Justo García, también platero, y de doña Martina Lozano. Mercedes Colmenero precisó que tenía 22 años y era hija del peluquero don Atanacio Colmenero y doña Hilaria Nava. Los testigos fueron el talabartero José Aguirre Salcedo y el curtidor Arcadio Carlos (que también había testimoniado la pretensión de matrimonio de Candelario Huízar), además del sastre Juan Félix Carlos y del dulcero Román Avila.
Con estos documentos nos podemos dar cuenta que ambos ilustres jerezanos pertenecían a la clase media jerezana, a la que le daba vida entonces a la ciudad “ilustrada y liberal” que fue el Jerez del porfiriato.
LE ESTAN DANDO EN LA MADRE A LA CASA DE LA RINCONADA. La casa de la calle del Santuario, donde se instalará el museo de no sé qué, está sufriendo por la remodelación que se le hace. Y es que en una foto advertimos que las lozas de piedra negra que tenía como pavimento en todo su primer patio fueron sacadas y llevadas al parque vehicular, en donde lo más seguro desaparecerán pronto. Si se pretende que esa mitad de la finca sea destinada a museo, deberían haber dejado ese piso, que es parte de la historia de Jerez. Muchas jerezanas pisaron y repisaron esas lozas negras, en sus juegos, en sus estudios. Esa piedra negra de metate con que fue protegido el patio se extrajo de la sierra del Venado, hábilmente cortada y comprada a razón de un peso setenta y cinco centavos la vara cuadrada. Es una aberración el quitar ese piso. Pero, me dicen que los expertos son los que saben…
HABEMUS CRONISTA. Tal como habíamos pronosticado, el miércoles tuvo lugar la última sesión de cabildo, donde los regidores se acordaron que tenían muchísimos asuntos pendientes y querían desahogarlos todos. Entre ellos, el de la elección de cronista. El profe de los lentes estaba a sude que sude y seguro estoy que no le cabía un alfiler a martillazos, no por la nominación, pues todos los regidores siguieron fielmente las instrucciones que se les había dado de antemano y votaron, sin pensarlo siquiera, por él, como culminación de un proceso ridículo cuya finalidad fue solo darle legalidad a un capricho de la autoridad. Le sudaba por otro motivo, pero luego respiró tranquilo cuando le autorizaron 25 mil pesos para hacer un libro. Lo “curioso” es que el libro recién autorizado ¡ya está impreso, encuadernado y terminado! Y luego dicen que miento cuando aseguro que todo ha sido un circo, que todo estaba arreglado desde mucho tiempo antes. Lo malo es que el libro lo va a tener que pagar Lalo López. Si yo fuera Lalo, lo menos que pediría para pagar la factura es que tal obra llevara siquiera los logos de su administración, pues en esta “solo se autorizó” y a él le va a tocar bailar con la más fea. Y de pilón, vetaría tres años a la imprenta que lo hizo sin la autorización debida.
Una petición al “cronista impuesto”: no vaya a salir con la jalada esa de que “el pueblo culto de Jerez me eligió a mí”, como ya escribió la otra vez. En su elección no intervino para nada el pueblo culto jerezano. Es más, hasta tuvieron que traer jurados de fuera contraviniendo el acuerdo de cabildo en el que se dijo que la calificación de la convocatoria fuera con jurados LOCALES. Y tampoco fue electo, fue IMPUESTO. Y si no lo recuerda al escribir sus crónicas, yo se lo recordaré siempre, como recuerdo la forma en que se ha hecho de los archivos que tiene… pidiéndolos prestados y fingiendo amnesia luego…
LOS PEDERNALES. Un arriero llevaba sus mulas bien cargadas, con sus cacaixtles acondicionados para llevar ollas, y en el camino iba recogiendo pedernales que echaba a las ollas. Su compadre le decía “Mira, Jumencio, ya no cargues más las mulas, porque se van a resentir. Jumencio contestaba: “Al cabo nomás es una piedrita, ¿qué tanto puede pesar?”. Y de rato, que se le derrienga una mula… Y ahí está Jumencio llore que llore. “¡Ya ni modo compadre, ya se chingó la carga de ollas!”. –“Pos si no lloro por eso, lloro porque se me desperdigaron mis pedernales”. Así, Lalo López, trae mucho lastre de gente inútil, nefasta, ratera, fraudulenta, y cuando menos acuerde… a la chingada la carga de ollas!!!, todo por unos “pedernales”.

ARQUEOLOGIA URBANA EN JEREZ

Tratando de entender los cambios que ha sufrido nuestra ciudad, pregunté al eminente Doctor en Arquitectura Carlos Lira Vázquez, cómo podría hacer para remontarme en el tiempo y poder saber cómo se han transformado las calles de Jerez durante sus 440 años de existencia. Carlos Lira –amable como siempre- me aconsejó que entre otras cosas, me asesorara por un buen arqueólogo que manejara a la perfección lo que es la “arqueología urbana”.
Yo entendía la arqueología de otra manera, además que no conozco aquí en Jerez a ningún arqueólogo de valía que quiera compartir sus conocimientos conmigo de a gratis.
Ahondando en el tema, leí que esa modalidad de arqueología estudia todo lo que impulsa y provoca cambios en el territorio, tanto en lo geomórfico, urbanístico, organizativo y social. Se parte de la idea que la ciudad es un ente vivo, en constante cambio y evolución. El patrimonio arqueológico es algo más que los restos recuperados del estudio del subsuelo. La aplicación de registro de los arqueólogos al estudio de edificios o de retículas urbanas ha comportado un progreso fundamental en el conocimiento de la ciudad histórica.
La primera descripción que he encontrado de las casas de Jerez, está en “Las Relaciones Geográficas de la Villa de Xerez” de 1584, cuyo manuscrito original está en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid, bajo la signatura "9.25-4/4662-VIII”. La transcripción ha sido realizada por Francisco del Paso y Troncoso. Citada por Valentín García Juárez en "Historia de la Fundación de Jerez" y por Eugenio del Hoyo en "Jerez corona a su Reina" (Revista realizada en 1961). En mi archivo particular existe una copia facsimilar extraída directamente de los originales que están en Madrid. (Aclaro: no está en Internet). Y ahí dice en la contestación a la trigésima primera pregunta: “… que los edificios de las casas en que viven en esta dicha Villa son casas bajas, sin sobrados, de tapias de tierra muerta y, las cubiertas, con vigas y terrados de tierra, la cual madera se trae de los montes de Tlaltenango, a dieciocho leguas de aquí, que es donde se labra la dicha madera, porque por causas de la guerra no la osan sacar de las sierras comarcanas a ellas…”.
Luego, en diversos documentos tenemos descripciones pero solo de los edificios representativos de la arquitectura religiosa (Templo de la Limpia Concepción y Capilla del Hospital de San Miguel).
A fines del siglo XVIII y principios del XIX encontramos censos donde se especifican barrios de la villa de Xerez, incluso hasta una solicitud que hace el ayuntamiento de la villa ante el intendente de la provincia de Zacatecas, que lo era Francisco Rendón, para obligar “por medios suaves” a los vecinos para que blanqueen sus casas.
Para 1800, la villa de Xerez de la Frontera no era lo que creemos, solo un caserío informe, casas de adobe, chozas y ranchitos o puestos. Ni siquiera por la calle del Espejo donde vivían los descendientes de los fundadores los edificios presentaban características que los hicieran duraderos. Fue hasta el siglo XIX en que se construyeron formalmente los edificios que hoy caracterizan a nuestra ciudad. Mismos edificios que sufrieron el abandono, el saqueo, la destrucción, siendo reconstruídos parcialmente en la década de los treinta del siglo XX. Bastante ha cambiado el nombre de las calles de Jerez desde el siglo XIX hasta la actualidad. Desde principios del 1800, cuando se determinó por mandato el urbanizar la Villa de Xerez, algunos barrios y calles comenzaron a ser conocidos, como el ya legendario Barrio de San Miguel en la parte poniente de la villa, el barrio “Del Oro”(que era originalmente donde se fincó la villa de Xerez); el barrio de “los de Guanajuato” (toda la salida norte), el rancho de San Pedro, el barrio del rescoldillo, llamado así, porque ahí vivía “el rescoldo” de la sociedad, gente pobre que no tenía ni para comprar ropa. Hay nombres que no nos imaginamos siquiera a qué calle actual corresponden.
Después, la documentación es más rica y así podemos reescribir la historia jerezana, aunque a veces hay confusión, por los nombres antiguos de las calles. Y ahí les van algunos: Callejón de la Cerbatana, del Recuerdo, de Diana, del Nardo, de los Pajaritos, de la Palma, del Jardín, de las Campanas, de Nuestra Señora de Guadalupe. Calles como: Del Relox, de la Purísima, de los Gallos, Tacuba, del Alamo, cerrada de la Parroquia, Molinos de San José, de las Higueras, etc. Plazuelas como de la Loza y del Mercado.
Con el invento de la fotografía se enriquecen los testimonios gráficos de lo que era Jerez. Hay varias colecciones de gráficas que nos van presentando diversas etapas de nuestra ciudad. Por ejemplo, la colección del Pbro. J. Rosario González, de 1928, que es la más rica de todas. La colección “Garfias” que está por desgracia en el abandono y que nos presenta los frentes de las casas jerezanas en la década de los 70, y muchas otras colecciones particulares.
Con la reconstrucción de los frentes de las fincas del primer cuadro de la ciudad, al tumbarles por completo el enjarre, pude apreciar las diversas reconstrucciones, cómo eran los vanos de puertas y ventanas, las diversas modificaciones, y apoyado con muchas fotos que estuve tomando, aunque se enojaran los encargados de obra, enriquecí mucho los conocimientos sobre las fincas jerezanas. Pronto podré ofrecer un trabajo bien documentado, bien explícito sobre historia, leyendas y narraciones de las calles de Jerez.
Por cierto, nunca vi al cronista adjunto por ahí, tratando de recuperar el pasado histórico, no se le ha visto nunca interés en el trabajo de campo.
DE PLACEMES
Ese cronista (el profe de lentes que hace discursos) ya va a poder comer con manteca a sus horas, pues este miércoles en la sesión ordinaria de cabildo le tomarían protesta, y hasta puede ser que le dieran su nombramiento de una vez. El pronóstico es el mismo: diez votos a su favor (8 de los regidores maiceados, el del síndico y el de la alcaldesa).
Mi enojo ha sido porque aquí pudo más la imposición que el sentido común. Su elección fue por capricho y en pago de favores políticos. Incluso la convocatoria que lanzaran tenía vicios, no estaba bien redactada y el último párrafo se mostraba a confusión. Además que en la sesión ordinaria 96 realizada el 7 de julio, la misma alcaldesa dijo que el certamen sería “con jurados jerezanos”, desde lo local. Y en el show en el que había hasta un payaso, los jurados no eran jerezanos. Veremundo es tepetonguense, tiene mucha relación con Jerez, y su área es más bien la literatura. Celia Montes es tlaltenanguense, y aunque pasó parte de su infancia en la plazuela, en la casa donde vivo yo, se fue joven a Guadalupe y Zacatecas, donde es su área de trabajo. Aparte, si se aplicara el sentido común, ese certamen se debió declarar desierto, pues solo eran tres participantes. ¿Elegir una terna de tres donde uno de los participantes llevaba toda la ventaja del mundo?.
POLO ACUÑA
Muchos recordamos a Polo Acuña, desde nuestros felices tiempos de infancia, cuando íbamos a curiosear los “cuentos” que semana a semana llegaban a su tabarete que estaba en el jardín de “Publicaciones El León”, luego a las “Publicaciones Acuña”, donde además de tener siempre los cuentos de “Novaro”, había libros y revistas que daba gusto ir ahí a hojear. Era el lugar preferido de la gente joven de Jerez que iba a echar chisme.
Polo también escribió las secciones de sociales en algunos semanarios y revistas, pues conocía a todos los jerezanos y jerezanas de ese entonces. Además fue miembro prominente del Club Rotario.
Este domingo pasado solo algunos de sus familiares le dieron el último adiós. Sus amigos lo olvidamos. Mi más sincera condolencia a la familia Acuña.