martes, 26 de junio de 2012

CARTA PARA RAMON BAÑUELOS


Ya faltan muy poquitos días para que se acabe todo este show político en que se ha hecho derroche de pesos, de promesas, de sacar trapitos y trapotes al sol, de amenazas, de dimes y diretes, de almuerzos con la prensa, de desgastar al máximo las palabras “amigos”, “compañeros”, “soy uno de ustedes”, “porque soy mujer”, etc. Pronto podremos volver a escribir a nuestras anchas de lo que se nos venga en gana, aunque nunca falta por ahí un “prietote” en el arroz que se quiera sentir la mamá de Obama, lo que originó que escribiera esta
CARTA PARA EL SR. RAMON BAÑUELOS GRACIANO
Con un afectuoso saludo:
En la parte inferior derecha de la Página 7 de su Publicación Quincenal “Testimonio 13”  correspondiente al 17 de junio del presente año, aparece una nota de su corresponsal (Diego O. Rivera Alvarado), la que se titula “QUE SUERTE TIENEN LOS “PERIODISTAS” QUE TRABAJAN EN LA PRESIDENCIA”, abajo del título dos fotos, una en que por desgracia me captó a mí.
Este es el sujeto que se cree bien chingón
En seguida el corresponsal hace notar su malestar acerca del evento del 8 de junio pasado porque –según él-  “se supone que este evento lo organiza la Presidencia para los MEDIOS DE COMUNICACIÓN  y no para ellos mismos”. Eso lo dice quizá porque no le haya tocado ningún regalo. Pero a lo que yo sé, en esta ocasión, -como en otras anteriores- se invitó NO SOLO a los medios sino a quienes han ejercido el periodismo en diferentes etapas de la vida jerezana, sin importar dónde o en qué están trabajando. En el evento estaban Lucy Estrada, Samuel Correa, Castaño y otros que en su tiempo escribieron muchas páginas de la vida de Jerez. Su corresponsal no creo sea la persona adecuada para juzgar quienes son o no periodistas.
En mi caso personal, considero como una burla el encabezado de esa nota en que pone “periodistas” (entre comillas) como dudando que lo sean otros, así como mi foto. Y digo que la ironía no cabe ahí, porque mi trabajo en la presidencia (por decir algo, pues estoy en el Instituto Jerezano de Cultura donde laboro como diseñador gráfico) nada tiene qué ver con el periodismo. Sin embargo, fuera de ahí sigo colaborando para diversas publicaciones, como mi columna dominical (La página de Miguel) en “El Alacrán” que es siempre muy buscada, coleccionada y comentada desde hace ya varios años que comencé a escribirla.
El 25 de septiembre próximo, cumpliré 40 años dentro del ámbito periodístico, mismo que inicié con la tutoría del Profr. Fernando Robles Zepeda, quien me guió con sus consejos, con sus opiniones acerca de redacción, ética y estilo. Tuve la oportunidad de acercarme con periodistas de la vieja guardia zacatecana, como Salvador Llamas Borja, Herón Domínguez, José María Pino Méndez, Luis Cervantes y otros, con los que conviví y aprendí como parte del periódico “Actualidades”.
En esos 40 años he colaborado en muchos semanarios (incluyendo el mío propio “El Eco”), en revistas, diarios y medios electrónicos. Incluso en varias ocasiones he leído escritos míos en revistas de circulación nacional, y dos veces se me ha pedido colaboración para el prestigiado diario “El País” editado en Madrid, España.
En esos 40 años he visto muchos jóvenes que se autotitulan “periodistas” y se quieren comer el mundo de un tarascazo, pero que al final ni una mordidita le dan. He visto nacer, crecer y morir de forma temprana ambiciosos proyectos impulsados por grupos de jóvenes que con el optimismo de la edad, creen que el periodismo es una profesión lucrativa, que deja hartas ganancias, pero se desaniman al ver que no es así y sueltan el arpa en busca de mejores prebendas. En fin, pocos somos los que seguimos en la brega, y suplimos el papel que confiere el título de “Licenciado en Ciencias de la Comunicación” por la experiencia que la vida nos va proporcionando. Experiencia que no es gratis, pues llevo en mi haber varias amenazas de muerte, algunas demandas sin sentido, una manifestación del barzón para mí solito y hasta con la participación del líder nacional Juan José Quirino, un juicio popular en mi contra impulsado por las huestes locas de Luna Ureño, etc.
Para mí, el periodismo no es una profesión en sí, es una vocación que se lleva en la sangre o no se lleva, y somos pocos los que así lo sentimos. Ser periodista no es andar atrás de Meño, Toño y Sandra emulando sus actos a todo momento. No, ser periodista es actuar con responsabilidad, con criterio propio, con mucha ética. El periodista no necesariamente tiene qué estar enfrentado con medio mundo. Al contrario, el periodista verdadero es amistoso y una de las bases de su éxito es la serie de “fuentes” que conforma con las amistades que va haciendo con el paso del tiempo.
Un periodista debe saber trabajar con su herramienta básica que son las “5 W y una H” (Who?, What?, Where?, When?, Why?, How?). Debe jugar con esas preguntas, contestarlas con estilo propio, conjugarlas sin caer en retóricas comúnes.
En fin, mencioné todo lo anterior, porque creo que el novato (y muy novato) colaborador suyo no es nadie para burlarse de mí, y menos para calificarme, (y no es que me quede el saco, sino que él puso mi foto abajo del título)  por lo que solicito que en lo sucesivo se abstenga de mencionarme para bien  o para mal. Que me dé por muerto. ¡Ah! Y que se abstenga de usar cualquier material mío para suplir su falta de trabajo de investigación periodística, como ha ocurrido en ediciones anteriores de “Testimonio 13” en que ha publicado SIN MI CONSENTIMIENTO verbal o escrito textos de mi autoría, de mi investigación particular. Si, según él, soy “periodista” (entre comillas) ¿por qué se nutre de mis trabajos?
Reitero mi afectuoso saludo
LUIS MIGUEL BERUMEN FELIX
LIBROS. Y ya que desquité mi coraje, les aviso que hay en existencia los tres tomos de “Leyendas y Relatos de Jerez”, además de “Conozco Jerez” y la enésima edición de “Relatos de Aparecidos y Tesoros”. Los puede encontrar en “Regalos GERSY” (Esquina nororiente del Jardín), en “Nevería EL PARAÍSO” (Portal Inguanzo), en “Video REC” (Mero enfrente de la cantina El Venadito), en Reforma No. 51 (en la Plazuela, frente a donde se pone don Carlos García “El Porky” a vender sus sabrosos duros y tostadas), en el Mercado de Artesanías (por la calle Hidalgo, atrás del Santuario), y en otros lugares.

lunes, 20 de febrero de 2012

EL TROVADOR DE LAS TRES CANCIONES

Jael Jaramillo, don Manuel Huicochea y Samuel Carrillo en el Bar Tizoc.
El Tizoc lleno de poetas...
ARREPENTIDO. Hace ya muchos años, en que todavía le rendía honores al dios Baco, un domingo de espantable cruda me refugié en el BarTizoc de amenos recuerdos. Mientras leía los periódicos dominicales, disfrutaba de unas cervezas bien frías, con su respectiva sal y limón, que estaban colaborando para que me rehidratara. Poco después de que yo llegara, un solitario trovador guitarra en mano llegó, y comenzó a cantar corridos regionales sin que nadie se los pidiera. Que Rogelio Medrano, que Lino Rodarte, que las del Ahuichote, que el charro Juárez, que de los Bañuelos, que de la Cueva Grande, que Martínez y Talamantes, de los Tulises, etc. Se sabía un chorratal, con letras originales.
Don Joaquín Félix
Desde que comenzó a rasguear la guitarra manifesté mi malestar pues andaba con una resaca de esas en que cada sonido repercutía horriblemente en mi cabeza. Y el malvado cancionero cantaba y cantaba como si hubiera comido una buena ración de alpiste. Hasta que en un receso en que aprovechó para tomarse un tequila que le invitó don Joaquín Félix (dueño del bar), le dije: -Oiga, le disparo un trago si me canta tres veces el corrido de Arnulfo Berumen donde yo quiera. El guitarrista, muy amable me contestó afirmativamente. Entonces le dije que la primera vez me la cantara ahí; la segunda que fuera y la cantara junto al kiosco del jardín y la tercera, en casa de su tiznada madre. Con sorpresa me vio, pero luego, sonriendo me refutó: Po’s las dos primeras si puedo, pero la tercera no, porque ¿sabe? Fue precisamente mi madre la que me mandó que me fuera a cantar a la chingada. Todos festejamos la ocurrencia y seguimos ya medio “curaos” uno cantando y otros oyendo.
Años después, que he querido recuperar la letra de muchos de esos corridos, fui a buscarlo, a la casa donde lo había mandado. Y fue su madre quien me dijo que ya tenía doce años en los Estados Unidos. Así que, por andar crudo perdí una valiosa oportunidad de acrecentar el acervo de la música jerezana.

UN TESORO ENCONTRADO
Don Carlos del Hoyo Cabrera, padre de mi amigo Bernardo del Hoyo, fue una gran persona, de amigable y entretenedora charla. Dejó constancia de muchas de sus anécdotas y vivencias en revistas, apuntes y libros. Ahora, les comparto la historia de un tesoro encontrado, narrada por él.
CUANDO UN GATO ES UN TESORO
“Hoy en día hay muchos buscadores de tesoros que emplean aparatos para detectarlos: varas movidas por expertos, péndulos o trompos hechos por personas preparadas. Otros acuden a adivinos, clarividentes o brujos para que les digan dónde se encuentran los tesoros. Muchos fueron encontrados al hacer un trabajo de albañilería o al hacer acequias, otras obras o, simple­mente, con el arado.
“Esta es la historia de un tesoro encontrado por buscar un gato. Mi bis­abuela, doña Teodosia Sandoval Vázquez, vivía en Huejúcar, ahí en el jardín José María Vanegas, al otro lado de la presidencia municipal. Ella tenía hijos e hijas. Una de sus hijas se hizo novia de un español que asistía al pueblo para comerciar en la región. Este señor, en un viaje a Manzanillo, Colima, le com­pró a la tripulación de un barco un gato no sé si de angora o siamés, pero era un gato muy fino. Él se lo trajo para regalárselo a su futura suegra y ésta se entusiasmó mucho con el gato, al que cuidaba y apapachaba. En pocas pala­bras, estaba encantada con su gato.
“Pues ahí tienen que se le perdió el mentado gato. No lo encontraban en la casa, ni con los vecinos, ni en todo el pueblo; nadie informaba, nadie sabía nada. Un día oyeron maullar al tan buscado gato dentro del retrete, de esos de pozo que hacía tiempo estaban fuera de servicio y clausurado con unas tablas clavadas. Por algún hueco entró el gato y no podía salir. Al oírlo maullar doña Teodosia llamó a su hijo mayor, pidiéndole que sacara al animalito. El joven metió a su hermano menor, quien se llenó de suciedad, y aunque estaba seca daba mucho asco; el muchacho, que estaba atado para poderlo sacar con faci­lidad, dijo: «Ya lo vi, se metió por la puerta donde está la campana».
“Creyeron prudente sacar al muchacho y metieron a un mozo de la casa, el que confirmó que sí había una puerta. Ya metido en el asunto, dijo: «Voy a ir a sacar ese gato». Al pasar no sin dificultad la puerta, se quedó de una pieza: vio dinero en monedas de oro y plata y objetos de valor y vio que del cuarto seguía un pasillo. Él iba gritando lo que iba viendo. Las personas de afuera, llenas de curiosidad, le dijeron que siguiera por el pasillo, que explo­rara todo. El mozo siguió por el pasillo hasta llegar a unos escalones que daban a una salida que se hallaba tapada y que daba al zaguán de la casa, por donde sacaron las monedas y demás valores.
“Una campanita resultó ser de oro macizo. Y así fue como el gato les dio ese tesoro a la familia, tesoro que habían dejado unos antiguos dueños de esa casa. Mi bisabuela estaba feliz con su gato, pero más feliz con lo que le había obsequiado el gato y… colorín colorado.
“Las personas de la historia son las siguientes: mi bisabuela doña Teodosia Sandoval Vázquez; mi abuelo, don Eugenio del Hoyo Sandoval, que era el hijo mayor; la novia, hermana de mi abuela Jovita V. Sandoval, y el hermano menor, mi tío, don Julio V. Sandoval. Del español no recuerdo el nombre, pero fue el esposo de mi tía Jovita y se apellidaba Palacios. En esa casa nació mi papá y sus hermanos mayores. En El Cacalote un mediero, don Pancho González, me platicó que mi abuelo había sacado un tesoro de un excusado en Huejúcar, Jalisco; pero después de tiempo mi tío, don Víctor Sandoval Acevedo, hijo de don Julio, me platicó los detalles de la historia que ahora estoy relatando”. [Carlos del Hoyo Cabrera]
SALUDO. Para que vean que no me olvido de mis lectores, en esta ocasión envío un afectuoso saludo a don Miguel Agustín Sotelo y a su distinguida esposa, Chela Correa quienes domingo a domingo me siguen (bueno, cuando aparece mi columna). Además, a don Rodrigo Martínez, persona que se ha expresado muy bien de lo que escribo.
MAS LIBROS. Agradezco a todas las personas que han confiado en mí, y me han proporcionado documentos, fotografías, revistas y libros. Todo ello está sirviendo para enriquecer la historia y tradiciones de Jerez. Pronto podré ofrecer un estudio sobre las leyendas e historia de las calles jerezanas, que sé tendrá la misma acogida que los libros de leyendas y relatos y el de “Conozco Jerez” que todavía están a la venta en NEVERIA EL PARAISO (en el Portal Inguanzo), REGALOS GERSY (en la esquina del jardín y calle de San Luis), VIDEO REC (enfrente de El Venadito, por la calle de San Luis), PUBLICACIONES SOFIA (a dos cuadras del puente, por la calle de San Luis también),      ARTESANIAS VIQUEZ (al lado sur del edificio de la Presidencia), MERCADO DE ARTESANIAS (en la primera cuadra de la calle Hidalgo, junto al Keko’s) y en REFORMA No. 51 (Mero enfrente de con don Carlos García, EL PORKY).

jueves, 29 de diciembre de 2011

EL DESPOJO DE JEREZ

Siempre han surgido y surgirán gente que con el afán de allegarse algunos pesos de más, nos ofrezcan a los jerezanos “novedosas” ideas para hacer que Jerez salga del marasmo, para que sea un super atractivo turístico a nivel nacional, y lo único que hacen es robarse lo que es parte del patrimonio tangible de nuestro pueblo.
DON PANTALEON DE LA TORRE
Copia del óleo perdido. Martha Georgina Muro
Hace 41 años, Jerez estaba en boca de todo el mundo, pues sería el núcleo donde se celebrarían con bombo y platillo los 50 años del deceso del poeta Ramón López Velarde. Por instrucciones de Pedro Ruiz González, entonces gobernador de la entidad, el arquitecto Roberto Félix fue enviado a Jerez para darle la apariencia de una típica ciudad provinciana en lugar del aspecto de “rancho grande” que tenía (según ellos). Pues el arquitecto Félix cumplió con su misión y aparte del sueldo que generosamente se le pagó, hizo perdedizos muchos objetos de los que jamás se volvió a saber nada. En la escalinata del Edificio “De la Torre” existía un óleo de gran tamaño, bastante maltratado de la parte inferior. Este antiquísimo lienzo representaba a Pantaleón e Isidro de la Torre adorando al Santísimo. Posiblemente el arquitecto Félix haya pensado que no tenía valor histórico, que solo estorbaba y lo tiró a la basura, al igual que muchas lámparas de artística elaboración que por estar muy viejitas “a lo mejor se verían feas”. No puedo asegurar que se los haya llevado, porque en ese entonces yo apenas era un niño.
EL TEATRO HINOJOSA
Plano completo del Teatro.
El Teatro Hinojosa es también el lugar que ha sufrido bastantes afectaciones y pérdidas, ya que en cada restauración se le pierde o destruye algo. Según la investigación que realizara la compañera periodista Silvia Vanegas, en los años posteriores a la revolución una de sus casas, -donde estaban las caballerizas y cochera-, fue vendida indebidamente, ostentándose luego como dueño Raúl Muñoz González quien vende el 23 de octubre de 1944 la finca a don Isidro de Santiago Sotelo, que instala ahí una planta de luz. El 31 de octubre de 1966 don Isidro vende la ya muy derruída finca, misma que a los pocos días se derrribó casi por completo para construir ahí el edificio conocido como “Casa del Catecismo”. La iglesia adquirió ese espacio a través de tres compradores: J. Jesús de la Torre Alvarez, Pedro Dena García y J. Encarnación de la Torre.
En la foto se puede apreciar la antigua barandilla.
En 1952, durante la administración de Toribio Peralta Gámez, fue cambiada la artística barandilla que tenía, argumentando que ya estaba muy dañada, colocando en su lugar otra de barrotes rectos y simétricos. Nadie recuerda donde quedó la otra barandilla o si fue vendida como fierro viejo.
A fines del siglo XX hubo bastante interés por los presidentes municipales en turno por restaurar y remozar el teatro, que tenía ya grandes y graves problemas estructurales, pero solo se realizaron modestos trabajos de mantenimiento por no contar con los recursos suficientes para hacerlo. En estos últimos años se restauró y remozó nuevamente, siendo reinaugurado el 20 de mayo de 2006. Pero la restauración fue como una “maquillada”, porque a pesar de lo que se pregonó por parte de la gobernadora Amalia García, de que era una restauración “a fondo” y con inversión de muchos millones, el Teatro se sigue desmoronando.
Con las diversas intervenciones el Teatro ha perdido su resonancia. En el arco central de la sala, donde está la fecha de cierre (1878), la acústica se marcaba con resonancia debido a que se formaba en el espacio una media esfera de sonido que abarcaba a la totalidad de la nave. Desgraciadamente esta cualidad se perdió, al sellar también la fosa bajo el frente del foro.
TEMPLO DE MARIA AUXILIADORA
Así lucía el altar antes de ser remodelado.
La primera piedra de este templo fue bendecida a las tres y media de la tarde del 12 de diciembre de 1910, templo que se levantaría en “la casa número trece de la Calle de las Flores, y en el terreno que con tal objeto fue cedido por el señor Alonso Orozco de esta ciudad”. Doña Mucia Díaz Vda. de Orozco y luego su hija Conchita estuvieron siempre muy atentas de que nada la faltara al referido templo. Tenía un hermoso altar en cuyo manifestador central estaba la imagen de María Auxiliadora y a sus pies una gran azucena. Además de un púlpito que se encontraba pegado al muro oriente del pequeño templo.
Hace también ya como 40 años que se dijo que necesitaba una “remodelación necesaria ya que el templo estaba casi en ruinas”, se le quitaron su altar y decorado originales y tirados en un montón informe de escombros en la huerta de atrás, para prenderles fuego. Entonces se le despojó de sus casas y terrenos adyacentes que para su cuidado y sostenimiento se habían legado, así como de sus imágenes, retablos y ornamentos. Un monaguillo curioso rescató de entre la basura algunas fotos y reliquias, además de un candil de prismas que luego de una limpieza y feliz reconstrucción fue a parar frente al camarín de la Virgen de la Soledad en el Santuario. Lo que no se pudo rescatar, porque no fue tirado al muladar, fue el contenido de la enrome azucena que le servía de podio a la imagen de María Auxiliadora. Se dice que Conchita y el mudito Alfonsito aprovecharon la oquedad de la misma para –a manera de alcancía- guardar ahí las monedas de oro y plata que los fieles dejaban como limosna o en pago de mandas. A lo mejor sirvieron para la reconstrucción.
Aquí se puede ver la barandilla antigua.
EL SANTUARIO DE LA SOLEDAD
Hace ya varios años, en una de mis últimas vueltas al D.F. pude ver por la segunda calle de Pino Suárez, en el escaparate de un Bazar un “exvoto” de lámina de la Virgen de la Soledad de Jerez, en muy buenas condiciones, pintado primorosamente y que databa de 1850. Al preguntar por él, el encargado me dijo que tenía muchos más que si gustaba me los mostraba. El precio era inalcanzable para mi bolsillo de viajero. Luego supe que también por los años 70s, desaparecieron la mayoría de los exvotos o “retablos” que daban cuenta de los agradecimientos hacia la patrona de los jerezanos. ¿Cómo fueron a parar al Bazar?. Nadie lo sabe, como nadie sabe donde quedó la barandilla de latón que fue sustituída por la que actualmente tiene el interior del Santuario.
Y ya lo mencioné en otra ocasión: ¿qué pasó con la corona de la Virgen? ¿es de oro o de latón? ¿qué se hizo la original?.
Despojos hay  muchos. Hay ocasiones en que autoridades de otros lados solicitan en préstamo objetos de valor cultural para Jerez, y las más de las ocasiones olvidan devolverlos. Por desgracia no hay una instancia cultural que se encargue de la preservación de lo que es el patrimonio jerezano, por lo que los robos, sustracciones o préstamos seguirán existiendo.

AVISO A LOS POQUITOS PAISANOS QUE NOS VISITARON: Si les encargaron Libros de “Relatos y Leyendas de Jerez” o de “Conozco Jerez”, todavía los pueden encontrar en NEVERÍA EL PARAÍSO (en el Portal Inguanzo), REGALOS GERSY (en la esquina del Jardín y calle San Luis), VIDEO REC (por la calle San Luis, frente a El Venadito), PUBLICACIONES SOFIA (por la calle San Luis, una cuadra antes del puente), ARTESANIAS VIQUEZ (Junto a la Presidencia), MERCADO DE ARTESANIAS (Por la calle Hidalgo) y en REFORMA No. 51.

viernes, 18 de noviembre de 2011

EL PLEITO DE LAS GALLINAS


En el Jerez porfiriano de fines del siglo XIX y principios del XX, la aristocracia tenía sus residencias en el “Barrio del Oro”,  preferentemente en la calle “Cerrada de la Parroquia” o “Del Espejo”, como se le llamaba por un espejo francés que había en una de sus casas, motivo de una hermosa leyenda que ya en otras ocasiones he publicado.
Por la acera del lado oriente, y muy cercana a la parroquia, estaba el hogar de las señoritas Mier, Concepción y Virginia, quienes eran altamente caritativas y todos los jerezanos las tenían en alto aprecio por sus bondades.  De ellas se dice que en 1916, cuando el famoso “año del hambre”, se formaban a las afueras de su casa grandes filas de pedigüeños, que aplaudían cuando salía Dimas (un cocinero joto que tenían) y les repartía una generosa ración de comida. También eran dueñas de la Huerta de la Virgen (que luego venderían a don Carlos Acevedo) y en tiempo de frutas, la regalaban toda a las personas necesitadas.
Bueno, las hermanas Mier eran bendecidas y saludadas por todo mundo, menos por los Berumen, dueños del Marecito, San Felipe, el rancho de los Muertos y otros lugares. Ellos vivían indistintamente en sus ranchos o en las casas que tenían en Jerez, una de ellas en la misma calle del Espejo, pero en la acera del lado poniente y ya casi esquina con el Callejón de los recuerdos o calle del Sol.
Don Pastor Berumen
Desde los tiempos del legendario Sinecio Berumen, casado con Ana María de Valdez, habían alcanzado mucho poderío económico y político. Don Pastor Berumen, hijo de los mencionados, se casó con Ambrocia Ynguanzo con quien tuvo ocho hijos: Francisca, Juana, Anita, Cosme, Sacramento, José Julio y Marcelo. Cuando muere doña Ambrocia, don Pastor se casa con Eugenia de Avila y así tienen más propiedades, pues doña Eugenia era heredera de gran fortuna y fincas.
Hijo de don Sacramento Berumen Valdés fue don Ygnacio Berumen, nacido allá por 1868. Cuentan que don Ygnacio tenía un carácter muy fuerte, mal hablado, mal encarado y era precisamente él quien odiaba a las señoritas Mier por dadivosas.
¡Son hipócritas! Aseguraba, y cada vez que las veía trataba de burlarse de ellas. Don Eugenio del Hoyo en su libro “Jerez el de López Velarde” habla de “Las gentes de Jerez, miel y veneno a la vez” y refiere algunas anécdotas como la de que “cuando alguna persona de alta posición estaba enferma, los vecinos cerraban con morillos la calle, para que no lo molestara el ruido de los carros que con sus ruedas de hierro provocaban un estruendo infernal al ir rodando por el empedrado”.
Realmente no fue así. Un día don Ygnacio estaba en la casa de la calle del Espejo, como a las diez de la mañana, recargado sobre el dintel de la puerta, cuando vio a las señoritas Mier, que por la acera de enfrente caminaban muy orondas con sus ampones y finos vestidos, protegiéndose del sol con unas coquetas sombrillas.
No se supo que pasó. Unos afirman que del corral de la casa de los Berumen Escobedo se salieron unas gallinas que en alharaquiento tropel corrían y volaban rumbo al zaguán con intenciones de comerse lo verde que colgaba de las recién regadas macetas.
Lo que muy claro escucharon las hermanas Mier, es que casi al paso de ellas se escuchó el potente vozarrón de don Ygnacio. “¡¡Las gallinas!! ¡¡Ahí vienen las gallinas!!, ¡¡Malditas gallinas, no dejen que se pasen porque van a ensuciar todo!!”.
Conchita y Virginita, muy ofuscadas, ofendidas y aterradas, dieron la media vuelta y a toda carrera se devolvieron a su casa, llorosas y avergonzadas. Y así llorando le refirieron al Cura de la Parroquia el agravio del que luego don Ygnacio negaría, pero ante la insistencia del Cura, solo dijo entre dientes: “Pos si ellas se creen gallinas, no es mi culpa”.
A los pocos días, Don Ygnacio fue despertado muy temprano por el estrepitoso rodar de la volanta en la que las Mier se dirigían a la Hacienda de Santa Fe. Entonces colocó un morillo de lado a lado de la calle. “¡Malditas gallinas! Ellas no tienen qué pasar por aquí, si solo salen a la Parroquia, no tienen pasada por aquí”. Para afianzar el morillo y que nadie lo moviera escarbó en la calle y colocó pequeños postes, ayudado con un zapapico que pidió fiado a Juan Sifuentes Casillas y que todavía para 1918 no pagaba.
Y nadie pasó por la calle del Espejo. De nada valieron las reconvenciones de la autoridad municipal, ni el reclamo de los vecinos. Don Ygnacio se montó en su macho y no quitó el morillo que obstruía el paso casi al final de la primera cuadra de esa calle.
“Mira Ygnacio” –le dijo su padre don Sacramento- “quita esas vigas de la calle y mejor ponlas en el potrero de San Felipe, allá hacen más falta porque se están perdiendo los animales” –“Pos acá lo que quiero es que no se salgan las gallinas”. –“¡Qué gallinas ni que ocho cuartos!. Quita esas vigas o te borro del testamento y te quedas sin nada”. Y así, don Ygnacio tuvo que hacerle caso a su padre y soportar de cuando en cuando el estruendo del carro de las Mier. Aunque luego se fue a vivir a la casa de la calle del Santuario donde murió  apaciblemente  en una tarde de otoño de 1947.
En la calle del Espejo quedaron por muchos años los hoyancos de los postes y del morillo.
Calle de El Espejo en 1928.

sábado, 1 de octubre de 2011

LAS ANIMAS DEL PUENTE DEL RIO CHIQUITO

NO ESTOY PARA DARLE GUSTO A NADIE. Aclaro que yo escribo aquí, porque me gusta, no por obligación, ni porque le quiera echar competencia a nadie. Así que a quien no le guste lo que aquí plasmo, lo invito a que lea otra cosa, aunque sea la envoltura del papel del baño o cualquiera de esos hebdomadarios medio fantasmones que aparecen cuando hay año político y desaparecen cuando se acaban las elecciones. No escribo de política ni de cosas de esas, para eso están los que por años han mamado de la ubre gubernamental y cuando se les acaba la lechita patean gachamente la vaca. Así que mejor disfruten de esta leyenda jerezana:
LAS ANIMAS DEL PUENTE DEL RIO CHIQUITO
Todavía los historiadores no se explican el porqué la Villa de Xerez no se fundó obedeciendo las ordenazas reales, que indicaban que toda población debía hacerse al lado oriente de los ríos con el propósito de tener mayor sanidad en el uso de las aguas. Y la villa se comenzó a fincar precisamente al poniente del río Chiquito y muy retirada del río Grande. Tal vez sería porque los veneros de agua provenientes de la sierra de Los Cardos estaban casi a flor de tierra.
El río Chiquito nacía en un ojo de agua que manaba constante en terrenos al norte de la villa, posiblemente originado por un afluente subterráneo emanado del siempre caudaloso río grande de Jerez. Esa vía de agua era el límite oriente de la Villa, después, estaban varios caseríos informes, como el barrio de “El rescoldillo” y el ranchito de San Pedro habitados principalmente por mestizos e indios tarascos. En tiempos de lluvias era imposible pasar el arroyo de aguas casi quietas que se convertía en caudaloso y bronco río por lo que a principios del siglo XIX las autoridades decidieron hacer un puente “de cal y canto”. También se necesitaba un puente en el río grande, pero esa era una obra impensable por la anchura y bravura de su caudal.
En la parte inferior derecha se puede ver el nacimiento del Río Chiquito.

En los documentos existentes en el Archivo General de la Nación encontramos que tuvieron que ademar con piedra labrada más de 50 metros de cada lado de donde se construiría el puente, además de hacer cimientos mucho muy profundos porque la tierra era arenisca y blanda. El presupuesto fue rebasado y con mucho, porque fue necesario poner barandillas a los lados del puente que se estrenó en abril de 1809 con el consiguiente júbilo de los habitantes de la villa que le llamaron “De San Luis” y que con esa vía de comunicación crecería poco a poco hasta juntarse con el río Grande.
Este puente se encontraba por el lado norte de la calle de San Luis, frente al mercado, casi donde estaban “El Caballito” y “La Bodega Roja”. 
Cuentan las crónicas (de cronistas de antes) que en una casucha muy cercana al puente vivía una joven mestiza conocida como María Rosa y un soldado llamado Pedro Menchaca. La pareja tenía una existencia feliz, pues con lo que sembraban en su pequeño huerto y la paga del soldado satisfacían plenamente sus necesidades. Pero ocurrió que los soldados fueron llamados a sofocar la rebelión que iniciara el cura Hidalgo, allá por la muy lejana villa de Dolores. El soldado partió pues para Huejúcar y Colotlán, con su compañía, no sin jurarle a su mujer que estaría de regreso antes de que naciera el hijo que ella esperaba.
Al despedirse en el puente, ella con gran tristeza y muchas lágrimas  le expresó que todos los días estaría esperando su regreso en ese lugar.  De noche o de día, con sol o lluvia María Rosa cumplió su palabra y a pesar de su avanzado estado de gravidez siempre acudía al puente en espera de su amado soldado.
Pedro Menchaca, constantemente le enviaba dinero y comestibles, por medio de otros soldados a los que indicaba le dijera que aunque la guerra parecía no tener fin, pronto estaría con ella. Luego de algunos meses, ella por fin tuvo una niña. Y su nacimiento coincidió con la llegada de un soldado que llevaba los acostumbrados recados, además de pan y dinero.
Pero, ya unos hombres ambiciosos se habían dado cuenta que María Rosa recibía dinero, que aunque era bien poco, serviría para aplacar su codicia.  En cuanto se alejó el militar, los torvos sujetos entraron a la casucha y descargaron las hojas afiladas de sus cuchillos sobre los cuerpos de la mestiza y de su hija. Las víctimas no exhalaron ningún grito ante el sorpresivo y cruel ataque.
Fue hasta el tercer día que las vecinas se dieron cuenta del alevoso crimen, cuando advirtieron que María Rosa no acudía al puente como acostumbraba hacerlo. Las autoridades de la villa nada hicieron por investigar el crimen, y manos piadosas dieron sepultura en una misma fosa a las dos asesinadas.
La casucha abandonada pronto quedó en ruinas, pues el soldado y su compañía nunca volvieron. Poco a poco el crimen se fue olvidando, aunque los vecinos del río chiquito, del lado oriente del puente, aseguraban escuchar gritos crispantes, desgarradores y hasta el llanto lastimero de un recién nacido. Luego de ser testigos de espantables apariciones, acudieron ante el alcalde mayor, quien no les hizo caso alguno, ni siquiera el cura de la parroquia de la villa se dignó tomar en cuenta sus miedos. Los vecinos juraban que en el puente, donde María Rosa esperaba a su marido, se aparecía un ánima cargando a un bulto pequeño. Insistían en que los espectros se situaban en el sitio en que ella en vida juró aguardaría el regreso del amado.
Cuentan que las apariciones fueron frecuentes y que la gente temerosa comenzó a evitar pasar apenas pardeaba la tarde. Entonces a alguien se le ocurrió quemar la casucha, sugiriendo que así terminarían las apariciones. Cosa inútil, pues aquellas figuras dolientes continuaban vagando hasta llegar al puente. Dicen que hubo quien se atreviera a preguntar a los espectros el motivo de su penar esperando, quizá, les dijeran de algún tesoro o algo. Pero el ánima solo sollozaba y pedía justicia, mientras que el bebé lloriqueaba. Muchas veces fueron las ocasiones en que los religiosos rociaran con agua bendita el lugar donde había estado la casucha y todo el camino hacia el puente, y el puente mismo. Pero las ánimas seguían manifestándose.
La ya pequeña ciudad fue creciendo, y el puente quedó incorporado a la calle, pues a ambos lados del río Chiquito se levantaron fincas. Ahí estaba el mesón de San Antonio, con puerta para la calle de San Luis, y pegado a él, el de Santa Rosa que daba para el callejón de las Tunas. El río chiquito poco a poco fue perdiendo su caudal, convirtiéndose luego en drenaje, siendo entubado allá por los años setenta del siglo XX.
Hay quienes aseguran que en las noches tranquilas en que se cruza por el lado norte de la calle de San Luis, precisamente donde estaban El Caballito y La Bodega Roja, se puede ver la silueta de una madre con su bebé en brazos que solloza y se lamenta profundamente porque su soldado no ha regresado.
En las cercanías de "La Violeta" y la Fábrica de Sodas de don José de Lara dicen que ocurrió esto.
MUCHAS GRACIAS. El pasado 15 de septiembre fueron bastantes las personas que se acordaron de mí (pero bien). Les agradezco sus deseos y felicitaciones. Hoy terminé el Tercer tomo de “Leyendas y Relatos de Jerez”, mismo que muy pronto estará a la venta, en los mismos lugares donde se venden los demás: en NEVERIA EL PARAISO, en REGALOS GERSY, en Discos y Cassetes ARA, con don Miguel Estrada (en los portales del mercado), en VIDEO REC, en PUBLICACIONES SOFIA, en Artesanías VIQUEZ (Junto a la Presidencia),  en Reforma No. 51 y en otros lugares más.