martes, 12 de octubre de 2010

EL DOMINGO QUE LOS INDIOS LLORARON

CASTAÑA DE SOTOL. La semana anterior, en un relato de las memorias de don Margarito Acuña, mencionaba que don Zeferino el de la tienda “El Ciprés” cuando estaba muy tomado sacaba una “castaña” de sotol y otra de mezcal de Pinos que ponía frente a la tienda con un jarro a disposición de todo el que quisiera de esos brebajes. Una persona me decía que no sería “castaña” sino “castellana”. Aclaro, don Margarito se refería a los barrilitos hechos de palo colorado llamados “castañas” no a las botellas alargaditas conocidas como “castellanas”.
EL DOMINGO QUE LOS INDIOS LLORARON. Cuenta don Margarito que en el lugar donde ahora está el teatro Hinojosa había un viejo corral de altas bardas y un solo portón que daba al recién abierto jardín chico (el jardín se abrió el 8 de noviembre de 1855) y tenía ese corral dos o tres corpulentos mezquites. Ahí, por muchos años se encerraban los burros y caballos de los rancheros que los domingos venían a Jerez a oír Misa y a comprar su mandado.
Entre los indios, principalmente de Susticacán y de la boca de San Pedro, existía la costumbre de no cortarse el pelo, y se lo arreglaban con trenzas. El traer el pelo así significaba para ellos el mantenimiento de su identidad. Pues en 1857 a alguien del gobierno jerezano se le ocurrió que deberían cortarles el pelo a todos los indios, para así poder identificarlos y diferenciarlos de los feroces apaches que en años anteriores habían llegado hasta el rancho de Los Juárez y se habían robado a las mujeres de ahí. Así, un domingo a mediodía cerraron las garitas de acceso y salida de la ciudad y en ellas detuvieron a todos los que traían trenza. Luego los concentraron en ese corralón donde llevaron dos peluqueros que con sus tijeras cortaron las trenzas de los desconcertados naturales. La mayoría protestaba, y lloraban de dar lástima cuando los despojaban de su pelo. Ese evento sería recordado por muchos años, y cuando alguien quería burlarse de otra persona que trajera el pelo corto le decía “indio chillón”.
EL JARDIN CHICO, DE LA SOLEDAD, BRILANTI O HIDALGO. Refiere don Margarito que el antiguo Jardín Chico, cambió de nombre en el año de 1910, cuando para celebrar el Primer Aniversario de la Independencia se erigió el monumento al Héroe de Dolores, cuya estatua de medio busto corona su remate. Se inauguró en solemne ceremonia cívica el 16 de septiembre de 1910 por la mañana. Antes estaba en dicho lugar un kiosco destinado para las audiciones musicales. El monumento mencionado fue costeado por el comercio local y sus empleados. La plantación arbórea del jardín es contemporánea a la construcción del Teatro Hinojosa y lleva este nombre por el Jefe Político que le construyó, D. José Ma. Hinojosa. Dice el Sr. Acuña: “Yo no vi hacer la plantación (pero sí supe cuando se estaba haciendo) por razón de que mis padres emigraron a Sauceda de la Borda por el año de 1877 a fines de septiembre y no volvimos a Jerez hasta el mes de febrero de 1879, cuando ya se había inaugurado el Teatro (Coliseo, como le decían nuestros abuelos) y ya me encontré el Jardín Chico plantado de árboles. Ya no había los grandes montones de basura ni el mezquite grande que estaba cerca del fondo del Santuario y a cuya sombra los domingos los rancheros se juntaban con sus encargos y a cargar sus burros”. (El Jefe Político don Julián Brilanti fue quien comenzó a plantar con órden ese jardín al que llamaban “de la Soledad” y luego “Brilanti” en honor de este jerezano).
En la esquina de la misma cuadra (se refiere a la cuadra del Teatro) está el edificio de dos pisos que por muchos años se llamó “La Norma”, que fue antiguamente una de las mejores tiendas (Cajones se les llamaba entonces a las que expendían ropa) de la Villa. La calle transversal que queda al frente y que en su principio se llamó del Reloj, después Calle Nueva y por fin Aquiles Serdán, no existía antes y fue abierta para dar salida a la Plaza que está a espaldas de la antigua Parroquia y de la antes dicha, a la calle Real, que algunos años después se conoció por “Calle del Santuario”. La calle Real era muy transitada por las recuas y viandantes que pasaban para el Real del Fresnillo o de este para Bolaños. Por cierto que el Camino Real pasaba por la primitiva hacienda de La Labor, el ranchito de los Ríos y el Niño Jesús, por haberle cambiado por razones de seguridad pues antes, en la Ermita y Charquillos asaltaban los ladrones a los arrieros. La Hacienda de Santa Fé fue centro de defensa contra los bandoleros y hace pocos años que todavía existían los fortines en forma de conos en las entradas de dicha finca. Durante la Independencia fue frecuentemente teatro de serios combates con los españoles que allí se acantonaban de paso para “abajo” y viceversa.
En lo que fue la Calle Nueva (Aquiles Serdán) estuvo el primer templo protestante que era a cargo de un señor de apellido Fernández y a quien en Jerez le decían el “Berrendo” por “Reverendo” (ignorancia o mala fé, no sé decirlo) como le llamaban los suyos. Poco duró este templo que se abrió al culto después de la Guerra de Reforma, pues los muchachos les hacíamos muchas travesuras cuando estaban los fieles en su culto.
MUY INTERESANTES los apuntes de don Margarito, lo ideal sería publicarlos íntegros, a ver si en el futuro. Y hablando de libros, todavía no acabo mi libro de “Conozco Jerez”, pero los de Leyendas y Relatos siguen a la venta en la Nevería “El Paraíso”, en la a medio remodelar “Gersy”, en Discos y Cassetes “Ara”. Con don Miguel el del periódico en los portales del mercado, en Publicaciones “Sofía” (cerca del puente), en Reforma 51 frente al Porky y no me acuerdo donde más.