viernes, 3 de agosto de 2012

EL TESORO DE LINO RODARTE


Don José de la Cruz Mejía ya no estaba para trotes largos en su burro, por lo que luego de una larga travesía por la sierra, decidió aprovechar la hospitalidad que le dieron en el ranchito de los Suárez del Real, conocido como “Ranchito de Guadalupe”. La dura vida del campo lo había maltratado bastante, pero a pesar de tener ya 60 años, había ido a lo más recóndito de la sierra, a cumplir con un delicado encargo de su anciano padre, don Benito Margarito Mejía.
Muy de madrugada, luego de descansar en el ranchito, tomó el camino para Jerez, camino bordeado por la acequia llena de cantarinas aguas que se daban prisa por mojar las huertas jerezanas. El camino terminaba en un portón grande en la última calle de Jerez, y hasta ahí llegó don Crucito, y cuando traspuso las pesadas puertas para dirigirse a la casa de su padre, por esa misma calle, llamada “De las tres cruces” por unas cruces de cantera asentadas en estratégicos nichos, comenzó su pesadilla.
Agazapados en las sombras de esa madrugada, cuatro rurales de la acordada lo esperaban pacientemente, y en cuanto vieron que salía del portón el  hombre montado en su burro, lo tumbaron del jumento y en el piso lo golpearon con los sables.
El pobre campesino pedía clemencia, suplicaba a gritos que no le hicieran daño, pero los rurales más se enardecían y lo seguían sableando. Pero ya era hora de Misa, y la gente comenzaba a salir de sus casas, cosa que no convenía a los golpeadores.
-“¡Malditos! ¡No se aprovechen con ese pobre anciano! ¡Déjenlo!, ¡cobardes!”. Comenzó a gritar la gente, que desde lejos veía el castigo.  El que parecía ser el jefe de los rurales ordenó a los demás que ya lo dejaran, quitándole un morral que llevaba.  –“Esto es por lo que nos hizo tu cuñado”. Le dijo a don Crucito luego de darle un último sablazo, amenazándolo luego, al tiempo que montaban en sus caballos y sacando chispas del disparejo empedrado de la calle, se perdieron en las brumas de esa madrugada.
Una señora de inmediato se acercó al golpeado para auxiliarlo. –“¡Ay señora!. Por caridá de Dios, háblele a mi apá. Aquí vive enseguidita.
Trabajosamente, don Benito Mejía salió de su casa, luego de los insistentes llamados y acudió donde estaba su hijo. –“¡Mira nomás cómo te han dejado!”. “¡De seguro ha de haber sido ese maldito de Cruz Avalos y su gente, que no nos deja en paz por lo de Lino!”.
Don Crucito, apoyado en algunas gentes y ayudado por su muy anciano padre, se levantó y trabajosamente se dirigieron a su casa. “-Apá, cumplí con su encargo. Ya moví todo como usté me lo indicó. Me quitaron el morral donde estaba la relación dendenantes, pero de nada les va a servir”.
-“¡Hasta cuando nos dejará en paz ese malvado Cruz Avalos!. No conforme con matar a Lino, ahora quiere quedarse con todo lo que me dejó encargado”.
Don Cruz Avalos –jefe de la Acordada-, inspeccionaba una y otra vez el pedazo de cuero de cochino en el que se veían dibujados con tinta de huizache algunos detalles desconocidos para él. Y el texto simplemente no lo entendía. Avalos estaba empecinado en que Lino Rodarte había confiado no solo el caballo cuatralbo a su suegro y compadre, don Benito Mejía. Y es que –pensaba- si don Felipe Rodarte (el padre de Lino) le ofrecía su peso en oro, era que Lino tenía su buen guardadito. Ya en muchas ocasiones habían amenazado a don Benito y a sus muchos hijos sin conseguir nada. Y en esta, en que habían conseguido el mapa quitándoselo a su tocayo, José de la Cruz, nomás no entendían nada.
Ese mapa fue olvidado al no poder descifrar los datos que en él se plasmaron. Muchos años después, alguien lo encontró entre unos papeles y libros viejos y transcribió lo que en él leyó:
“Del puerto de Guadalupe hacia la cruz de las higueras contadas son 54 varas. Del poyo para el norte son 14, pasando por el pozo. A tres codos de hondo está el toro con oro bien cosido. Una parte es de Simona, otra de la Virgen de la Soledad”.
Muchos vieron esa transcripción, e iban a la sierra, a donde decían estaba “la cruz de Lino Rodarte”, pero de ahí no podían encontrar más datos, pues se decía que Crucito Mejía había cambiado el lugar del entierro, en previsión que el jefe de la acordada lo encontrara.
Lo escrito en el mapa, no se refiere en ningún momento a la sierra, sino a la calle de Tres Cruces. “Del puerto de Guadalupe” indica sin duda al portón de acceso al rancho de Guadalupe, que estaba por esa calle; “la cruz de las higueras” precisa el nicho con una cruz de cantera que estaba al término de la calle “de las Higueras” (Mina). Entonces, desde el portón con dirección a la calle Mina, por la banqueta del lado norte se caminan aproximadamente 43 metros. Ahí en el zaguán de una casa, desde el poyo (banca de cemento o piedra) se camina al interior, y como a diez metros, después del pozo del patio, enterrado a poco más de un metro debería estar un cuero de toro (bien cosido) lleno de oro. Una parte sería, como dice, para la Virgen de la Soledad.
La otra para Simona. Si la relación efectivamente fuera de Lino Rodarte, esta Simona sería la hija que Lino tuvo con Urbana Mejía, por lo que don Benito era su compadre y suegro. A la muerte de Lino Rodarte la niña tendría apenas 6 años. ¿Quién sería el afortunado que encontró en su casa ese cuero de res lleno de oro?. Aunque aseguran que era tanta la presión de don Cruz Avalos, que a principios de 1900, Crucito Mejía cargó el oro en dos mulas y se fue para la sierra, escondiéndolo en una de las cuevas que la tradición llama “De Lino Rodarte”.

LA CALLE REAL, DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, DEL SANTUARIO, FRANCISCO I. MADERO, BIZARRA CAPITAL


La historia documentada de Jerez nos dice que fue fundada en Noviembre de 1569 como Villa de Xerez de la Frontera. Las casas de los españoles que la poblaron estuvieron alrededor del pequeño templo parroquial de la Limpia Concepción. Tomando en cuenta nombres de calles actuales, sus límites serían por el sur la calle de la Libertad, por el norte la de San Luis, por el oriente la de Dolores y por el poniente la Bizarra Capital.
Plano de 1772. Con una línea roja marcamos la calle Real.
 A los naturales que cohabitaron con los primeros pobladores españoles se les asignó una especie de huerta al poniente de la traza, que fue conocido como “El Pueblecito” o el “Barrio de San Miguel” donde años después fincarían un pequeño templo dedicado a “San Miguel Arcángel” que quedaba a pocos pasos de la Parroquia, pero separado por una plazuela que los comunicaba solo por un pequeño callejón llamado “De la Aurora”.
Presidencia Municipal en 1928. Foto de J. Rosario González.
La calle que quedaba entre la villa de Xerez y “El Pueblecito” corría hacia el sur y se convertía en el camino real a Guadalajara. (Así se les llamaba a ciertos caminos que se suponía estaban en condiciones de que viajara por ellos el Rey, aunque nunca vino ni viajo por ellos).
Pronto, esa calle se fue convirtiendo en una de las más importantes de la villa, conocida también como “Calle de Nuestra Señora de Guadalupe”. Aunque las fincas más opulentas se levantaron en lo que se conocía como “Barrio del Oro”, en esta calle tuvieron su asiento las residencias de los españoles que tenían propiedades al sur de la región.
Calle del Santuario, desde la rinconada.
A fines del siglo XVIII, el templo de San Miguel Arcángel, que era muy pequeño amenazaba ruina, por lo que se decidió erigir un templo de mayores proporciones, y poner en el adoratorio central a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, que ya para entonces era muy venerada.
Desde que se consagró el Santuario, la calle fue llamada “Del Santuario” o también “Real” como se conocía antes.
Con la edificación de la Escuela de Niñas se abrió la calle que cerraba la plazuela que se conocía como “de la Parroquia”, llamada luego “De Tacuba”. De igual manera se abrieron los espacios que estaban atrás del Santuario conocidos como “Huerta de la Virgen”. Todo esto le dio mucha importancia a la calle del Santuario, y sus fincas compitieron con las de la calle “Cerrada de la Parroquia” o “Del Espejo”.
Luego de la Revolución, por un corto tiempo fue nombrada la calle del Santuario como “Francisco I. Madero”, nombre que no perduró mucho, pues luego se le impuso el del segundo poema más conocido del poeta Ramón López Velarde, “Bizarra Capital”.
Actualmente es conocida indistintamente como calle del Santuario o Bizarra Capital.

Descripción breve de la calle del Santuario en 1910, (del historiador Margarito Acuña)

Al centro. "La Norma" junto al Santuario.
Por la calle del Santuario que divide la ciudad antigua diré que en la acera del poniente del Jardín está la portada y frente de lo que fue la antigua Jefatura Política y anexa a la misma la Penitenciaría en el siglo pasado y primera decena del actual. Es notable por su estilo colonial; de sólida construcción aunque de mal gusto arquitectónico.
Siguen en la misma acera (hoy casas comerciales) la que fue casa de don José María Carasa, donde vivió y murió. Este señor era español que vino a México en un batallón de la Península, el año de 1814 y le tocó militar en esta región contra los insurgentes. Cuando terminó la guerra, él se vino a radicar a la entonces villa de Xerez, Zacatecas, donde se licenció del batallón a que pertenecía.
Como algunos años estuve fuera de Jerez, cuando volví a la ciudad a principios de este siglo, ya no existía el señor don José Ma. Caraza. Parecía un Patriarca con su larga barba blanca que le llegaba hasta el pecho; su extirpe a la fecha parece ya haberse extinguido.
El “Salón Verde” o “Casa del Campesino” ocupa el lugar donde antes existía el Monte de Piedad (Montepío), que se incendió sin saberse el motivo y en cuya catástrofe se perdió mucho dinero en las prendas allí depositadas.
Edificio "De la Torre" que albergó la antigua escuela de niñas.
En la esquina de la misma cuadra está el edificio de dos pisos que por muchos años se llamó “La Norma”, que fue antiguamente una de las mejores tiendas (Cajones se les llamaba entonces a las que expendían ropa) de la Villa. La calle transversal que queda al frente  y que en su principio se llamó del Reloj, después Calle Nueva y por fin Aquiles Serdán, no existía antes y fue abierta para dar salida a la Plaza que está a espaldas de la antigua Parroquia y de la antes dicha, a la calle Real, que algunos años después se conoció por “Calle del Santuario”. La calle Real era muy transitada por las recuas y viandantes que pasaban para el Real del Fresnillo o de este para Bolaños. Por cierto que el Camino Real pasaba por la primitiva hacienda de La Labor, el ranchito de los Ríos y el Niño Jesús, por haberle cambiado por razones  de seguridad pues antes, en la Ermita y Charquillos asaltaban los ladrones a los arrieros.
Frente al Santuario está el hermoso edificio de la Escuela “De la Torre”, cuya fachada es de cantera y está conceptuado como una verdadera obra de arte. Fue construida por el arquitecto don Dámaso Muñetón, nacido en Tepetongo. El interior es reducido y antihigiénico por lo que se le considera inapropiado para el uso a que se destina.
El Santuario con sus dos torres gemelas y sus hermosos pórticos simétricamente ubicados, son notables por su construcción artística y de una belleza incomparable si se miran detenidamente.
Esta y las otras fotos son de 1928, de J. Rosario González.
De la calle del Santuario (Camino Real) solo diré que en ella estaba, en la esquina, frente al costado sur de dicho templo, la Tienda llamada “La Aurora”, que desde el siglo pasado era propiedad de don José Cabrera.
Por la misma calle Real o del Santuario, y frente a donde antes estuvo la Presidencia Municipal (ahora el Correo), se encontraba la casa de don Petronilo Colmenero, un señor alto, delgado, y eterno litigante con los indios del Pueblo (Susticacán).
En la esquina de la calle del Sol y del Santuario estaba la Tienda llamada “El Chin Chun Chan”, donde se vendía el mejor pan de la ciudad.

jueves, 26 de julio de 2012

LA CASTAÑA DE BERUMEN


Hace tiempo, cuando escribí sobre la pachanga que “Zeferino el leproso” hacía los sábados de gloria en su tienda de abarrotes “El Ciprés”, en que ponía en las afueras de su establecimiento una “castaña” de sotol y otra de mezcal, para que quien quisiera se sirviera en un jarro colocado ahí ex profeso, pa’ pronto me salió un sabihondo cronista afirmando que estaba mal, que no sería “castaña” sino “castellana” Admirándome de su sapiencia y de su manifestación espontánea de cultura general, le hice ver que una “castaña” es un barril hecho de palo colorado, castaño, roble, acacia, mora, cereza, etc. El se refería a las botellas alargaditas de tequila conocidas como “castellanas”, que muchas se ha de haber tomado…
Pues bien, hurgando en los archivos familiares me encuentro una historia en la que un antecesor mío es el protagonista, así como una castaña, que no es un barril…
LA VILLA MEDIEVAL DE BERUM
El apellido Berumen es muy antiguo, y viene desde las muy lejanas tierras de los países bajos: en un punto del pasaje Reiderlan existió un asentamiento medieval llamado “Berum”, que sucumbió por las olas del río Eems, que formaba la frontera entre Frisia oriental (Alemania) y la provincia de Groningen (Países Bajos). Historiadores holandeses (Stratingh y Venema) dicen que Berum era un pueblo grande y rico con una iglesia con torre muy alta. Los tratados de 1391 y 1420 lo mencionan como cabecera de campo. Todavía en manuscritos de fines del siglo XV se sigue mencionando en una lista de parroquias de Münster. Esta villa fue abandonada definitivamente cuando el agua les llegó a la cintura con las inundaciones del Eems en 1542.
Burg Berumen en la Baja Sajonia, habitado por reyes.
Entonces, quienes habitaban en este lugar, fueron emigrando, unos hacia la provincia de Groningen, en Holanda, donde en una colina artificial fundaron la villa de “Bierum” Estas colinas artificiales conocidas como “terp” se crearon para proporcionar terrenos seguros durante las mareas altas y son muy características de las zonas costeras de los países bajos. Bierum pertenece al municipio de Delfzjil, en el norte de Holanda, cercano al mar de Wadden. El pueblo aún existe y tendrá unos 800 habitantes.
Otros, se fueron hacia la Baja Sajonia, donde fundaron un pueblo y reconstruyeron un antiguo castillo, el que se conoce actualmente como “Burg Berum” (Castillo Berumen). A su alrededor existe la villa de Berum.
Los “Van Berum” (de Berumen) holandeses, también hicieron su castillo (Luinga Berum) donde habitaron míticos personajes como Remmert van Berum, enterrado en la iglesia principal de Bierum en 1554.
Castillo Luinga de Berum en Holanda
Encontramos entre los múltiples antecesores holandeses a Onno Kleitt Van Berum (Anacleto de Berumen), casado con Teteke Jarges, que tuvieron como hijo a Bernhard van Berumen (Bernardo de Berumen). Está Reemert van Berum  (Lamberto de Berumen) casado con Jeije Tedema. Encontramos luego a Francisco de Berumen, ya nacido en Sevilla en 1583, quien dice ser hijo de Lamberto Berumen y Margarita de los Abregos.
Francisco Berum, Beruben o Berumen pide permiso en la casa de contratación de Sevilla para venirse a la Nueva España en junio de 1603. Hay un vacío en la historia de este personaje, de quienes algunos afirman que desembarcado en Veracruz, de inmediato se estableció en Toluca en donde tuvo una gran familia (no tengo datos fidedignos de esto). En 1658 se casa con Juana de Vera en Tlaltenango, Zac. (ya tenía 75 años) y muere el 7 de mayo de 1670. Viejito, viejito pero todavía alcanzó a bautizar a varios de sus hijos con Juana de Vera: Josefa, Bernardo, Lamberto y Manuel.
Bernardo Berumen contrae matrimonio con Ana Carrillo y en 1711 su hogar se alegra con la llegada de uno de sus hijos, al que bautizaron como “Antonio”. Antonio se casó con la jerezana Francisca del Castillo y entre sus hijos tuvieron a Miguel Berumen y Castillo, nacido alrededor de 1750. Desde su llegada a México, los Berumen se distinguieron en el ramo del comercio y de la agricultura. Pero eso no se le dio a este Miguel Berumen, quien se convirtió en un auténtico perdulario.
LA BANDA DE MIGUEL BERUMEN
En los albores del siglo XIX, la familia Berumen, tenía muchas propiedades en la pequeña Villa de Xerez de la Frontera. Entre las fincas que ostentaba como suyas, estaba la mitad de la cuadra de la “primera calle de los de Guanajuato”. (O sea, donde ahora está el Carta Blanca hasta la esquina de las llaves de Villarreal). En la esquina que daba con la plaza de armas, erigieron un gran mesón, que por su ubicación era lugar obligado de descanso de todos los arrieros que llegaban a la villa. La finca se conocería después como “Mesón de la Soledad”.
En el centro de la calle, (más o menos donde ahora está el restaurant “Juana Gallo”) vivía Miguel Berumen. Era una casa antigua, de muchas y sombrías habitaciones que comunicaba por medio de un largo callejón con los corrales del mesón. Mi antepasado tenía a su servicio a 5 gañanes que supuestamente eran mozos de servicio del mesón y lo tenían siempre bien informado sobre todo lo que transportaban los arrieros, así que con esa información de primera mano, había formado una banda de asaltantes de caminos cuyas guaridas principales estaban en las inmediaciones del rancho de Lo de Luna, en las estribaciones de los llanos de La Ordeña y en unas frondosas mezquiteras al sur de la Ermita de Guadalupe. Golpe que daban, golpe que les resultaba fructífero por el conocimiento que tenían sobre las conductas que iban o venían de la Villa de Xerez. No despreciaban nada. En ocasiones llegaron a adueñarse de mulas, caballos y burros, mismos que llevaban a la costa de Nayarit y los vendían por allá. Géneros y ropa los vendían audazmente a Fresnillo y Sombrerete. Sabían de las acciones que la autoridad hacía para tratar de capturarlos y entonces ocultaban sus actividades por un tiempo. El escaparate perfecto era el rubro de comercio en que se ocultaba este antecesor mío. Nadie podía dudar de la procedencia de la mercancía ofrecida, ni de la honorabilidad de Miguel Berumen y Castillo
En una de las habitaciones de la casa de Miguel se reunían para hacer el conteo de sus hurtos. En un rincón, estaba una castaña, revuelta con otras que sí tenían vino,  en la que se depositaban todo lo que fuera oro, plata y joyas que tuvieran algún valor. Cuando los bandidos insistían sobre el reparto de ese botín, invariablemente el jefe les decía “Será cuando la castaña esté lista”.
Los asaltos se sucedían, y la dichosa castaña “nunca estaba lista”. Los bandidos se desesperaban, pero de alguna manera el jefe los convencía que deberían esperar.
Por la calle cerrada de la Parroquia vivía en ese entonces, una hermosa dama, ya treintañera, que por causa de sus celosos y bravucones hermanos no se había casado. De grandes ojos verdes y largo pelo que brillaba con tintes cobrizos. Integrante de una de las familias de más abolengo en la villa, era más conocida por su apodo que por su nombre, el cual seguramente se lo impuso su padre en un momento de embriaguez: María Emerenciana.
Emerenciana de la Torre levantaba los suspiros de los habitantes de la villa, y también de otras villas, pero refrenaban sabiamente sus suspiros al conocer el carácter belicoso de los hermanos. La llamaban “la castaña” refiriéndose al color de su pelo.
En la primera misa de ese domingo de abril de 1803,  se escuchó un cuchicheo, a “sottovoce”, que hizo que el sacerdote amonestara por varias veces a los madrugadores asistentes,  luego, en el atrio-camposanto se convirtió en rumor; después por toda la villa en un chisme generalizado: Se habían robado a “la castaña”. Nadie sabía cómo o a qué hora ocurrió. Lo que sí vieron era a los hermanos de la Torre, que con machete en mano afirmaban a grandes voces que pagaría con la muerte el que se hubiera atrevido a llevarse a su hermana.
“Se robaron a la castaña” –fue lo que escucharon los cómplices de Miguel- y pensando en su castaña se metieron a la casa de éste, se metieron al cuarto de las castañas… y no encontraron a la castaña ni a su patrón.
Quedó la duda… nunca se supo si Miguel Berumen se robó a la castaña del largo pelo, ojos verdes y feo nombre, o se robó la castaña del dinero… o se llevó a las dos…
En las crónicas familiares no aparece más su nombre... aunque en Nayarit, dicen que por 1803 llegó un Miguel Berumen acompañado de una bella mujer y fueron el tronco de la gran familia Berumen que vive por todo ese estado.

martes, 26 de junio de 2012

CARTA PARA RAMON BAÑUELOS


Ya faltan muy poquitos días para que se acabe todo este show político en que se ha hecho derroche de pesos, de promesas, de sacar trapitos y trapotes al sol, de amenazas, de dimes y diretes, de almuerzos con la prensa, de desgastar al máximo las palabras “amigos”, “compañeros”, “soy uno de ustedes”, “porque soy mujer”, etc. Pronto podremos volver a escribir a nuestras anchas de lo que se nos venga en gana, aunque nunca falta por ahí un “prietote” en el arroz que se quiera sentir la mamá de Obama, lo que originó que escribiera esta
CARTA PARA EL SR. RAMON BAÑUELOS GRACIANO
Con un afectuoso saludo:
En la parte inferior derecha de la Página 7 de su Publicación Quincenal “Testimonio 13”  correspondiente al 17 de junio del presente año, aparece una nota de su corresponsal (Diego O. Rivera Alvarado), la que se titula “QUE SUERTE TIENEN LOS “PERIODISTAS” QUE TRABAJAN EN LA PRESIDENCIA”, abajo del título dos fotos, una en que por desgracia me captó a mí.
Este es el sujeto que se cree bien chingón
En seguida el corresponsal hace notar su malestar acerca del evento del 8 de junio pasado porque –según él-  “se supone que este evento lo organiza la Presidencia para los MEDIOS DE COMUNICACIÓN  y no para ellos mismos”. Eso lo dice quizá porque no le haya tocado ningún regalo. Pero a lo que yo sé, en esta ocasión, -como en otras anteriores- se invitó NO SOLO a los medios sino a quienes han ejercido el periodismo en diferentes etapas de la vida jerezana, sin importar dónde o en qué están trabajando. En el evento estaban Lucy Estrada, Samuel Correa, Castaño y otros que en su tiempo escribieron muchas páginas de la vida de Jerez. Su corresponsal no creo sea la persona adecuada para juzgar quienes son o no periodistas.
En mi caso personal, considero como una burla el encabezado de esa nota en que pone “periodistas” (entre comillas) como dudando que lo sean otros, así como mi foto. Y digo que la ironía no cabe ahí, porque mi trabajo en la presidencia (por decir algo, pues estoy en el Instituto Jerezano de Cultura donde laboro como diseñador gráfico) nada tiene qué ver con el periodismo. Sin embargo, fuera de ahí sigo colaborando para diversas publicaciones, como mi columna dominical (La página de Miguel) en “El Alacrán” que es siempre muy buscada, coleccionada y comentada desde hace ya varios años que comencé a escribirla.
El 25 de septiembre próximo, cumpliré 40 años dentro del ámbito periodístico, mismo que inicié con la tutoría del Profr. Fernando Robles Zepeda, quien me guió con sus consejos, con sus opiniones acerca de redacción, ética y estilo. Tuve la oportunidad de acercarme con periodistas de la vieja guardia zacatecana, como Salvador Llamas Borja, Herón Domínguez, José María Pino Méndez, Luis Cervantes y otros, con los que conviví y aprendí como parte del periódico “Actualidades”.
En esos 40 años he colaborado en muchos semanarios (incluyendo el mío propio “El Eco”), en revistas, diarios y medios electrónicos. Incluso en varias ocasiones he leído escritos míos en revistas de circulación nacional, y dos veces se me ha pedido colaboración para el prestigiado diario “El País” editado en Madrid, España.
En esos 40 años he visto muchos jóvenes que se autotitulan “periodistas” y se quieren comer el mundo de un tarascazo, pero que al final ni una mordidita le dan. He visto nacer, crecer y morir de forma temprana ambiciosos proyectos impulsados por grupos de jóvenes que con el optimismo de la edad, creen que el periodismo es una profesión lucrativa, que deja hartas ganancias, pero se desaniman al ver que no es así y sueltan el arpa en busca de mejores prebendas. En fin, pocos somos los que seguimos en la brega, y suplimos el papel que confiere el título de “Licenciado en Ciencias de la Comunicación” por la experiencia que la vida nos va proporcionando. Experiencia que no es gratis, pues llevo en mi haber varias amenazas de muerte, algunas demandas sin sentido, una manifestación del barzón para mí solito y hasta con la participación del líder nacional Juan José Quirino, un juicio popular en mi contra impulsado por las huestes locas de Luna Ureño, etc.
Para mí, el periodismo no es una profesión en sí, es una vocación que se lleva en la sangre o no se lleva, y somos pocos los que así lo sentimos. Ser periodista no es andar atrás de Meño, Toño y Sandra emulando sus actos a todo momento. No, ser periodista es actuar con responsabilidad, con criterio propio, con mucha ética. El periodista no necesariamente tiene qué estar enfrentado con medio mundo. Al contrario, el periodista verdadero es amistoso y una de las bases de su éxito es la serie de “fuentes” que conforma con las amistades que va haciendo con el paso del tiempo.
Un periodista debe saber trabajar con su herramienta básica que son las “5 W y una H” (Who?, What?, Where?, When?, Why?, How?). Debe jugar con esas preguntas, contestarlas con estilo propio, conjugarlas sin caer en retóricas comúnes.
En fin, mencioné todo lo anterior, porque creo que el novato (y muy novato) colaborador suyo no es nadie para burlarse de mí, y menos para calificarme, (y no es que me quede el saco, sino que él puso mi foto abajo del título)  por lo que solicito que en lo sucesivo se abstenga de mencionarme para bien  o para mal. Que me dé por muerto. ¡Ah! Y que se abstenga de usar cualquier material mío para suplir su falta de trabajo de investigación periodística, como ha ocurrido en ediciones anteriores de “Testimonio 13” en que ha publicado SIN MI CONSENTIMIENTO verbal o escrito textos de mi autoría, de mi investigación particular. Si, según él, soy “periodista” (entre comillas) ¿por qué se nutre de mis trabajos?
Reitero mi afectuoso saludo
LUIS MIGUEL BERUMEN FELIX
LIBROS. Y ya que desquité mi coraje, les aviso que hay en existencia los tres tomos de “Leyendas y Relatos de Jerez”, además de “Conozco Jerez” y la enésima edición de “Relatos de Aparecidos y Tesoros”. Los puede encontrar en “Regalos GERSY” (Esquina nororiente del Jardín), en “Nevería EL PARAÍSO” (Portal Inguanzo), en “Video REC” (Mero enfrente de la cantina El Venadito), en Reforma No. 51 (en la Plazuela, frente a donde se pone don Carlos García “El Porky” a vender sus sabrosos duros y tostadas), en el Mercado de Artesanías (por la calle Hidalgo, atrás del Santuario), y en otros lugares.

lunes, 20 de febrero de 2012

EL TROVADOR DE LAS TRES CANCIONES

Jael Jaramillo, don Manuel Huicochea y Samuel Carrillo en el Bar Tizoc.
El Tizoc lleno de poetas...
ARREPENTIDO. Hace ya muchos años, en que todavía le rendía honores al dios Baco, un domingo de espantable cruda me refugié en el BarTizoc de amenos recuerdos. Mientras leía los periódicos dominicales, disfrutaba de unas cervezas bien frías, con su respectiva sal y limón, que estaban colaborando para que me rehidratara. Poco después de que yo llegara, un solitario trovador guitarra en mano llegó, y comenzó a cantar corridos regionales sin que nadie se los pidiera. Que Rogelio Medrano, que Lino Rodarte, que las del Ahuichote, que el charro Juárez, que de los Bañuelos, que de la Cueva Grande, que Martínez y Talamantes, de los Tulises, etc. Se sabía un chorratal, con letras originales.
Don Joaquín Félix
Desde que comenzó a rasguear la guitarra manifesté mi malestar pues andaba con una resaca de esas en que cada sonido repercutía horriblemente en mi cabeza. Y el malvado cancionero cantaba y cantaba como si hubiera comido una buena ración de alpiste. Hasta que en un receso en que aprovechó para tomarse un tequila que le invitó don Joaquín Félix (dueño del bar), le dije: -Oiga, le disparo un trago si me canta tres veces el corrido de Arnulfo Berumen donde yo quiera. El guitarrista, muy amable me contestó afirmativamente. Entonces le dije que la primera vez me la cantara ahí; la segunda que fuera y la cantara junto al kiosco del jardín y la tercera, en casa de su tiznada madre. Con sorpresa me vio, pero luego, sonriendo me refutó: Po’s las dos primeras si puedo, pero la tercera no, porque ¿sabe? Fue precisamente mi madre la que me mandó que me fuera a cantar a la chingada. Todos festejamos la ocurrencia y seguimos ya medio “curaos” uno cantando y otros oyendo.
Años después, que he querido recuperar la letra de muchos de esos corridos, fui a buscarlo, a la casa donde lo había mandado. Y fue su madre quien me dijo que ya tenía doce años en los Estados Unidos. Así que, por andar crudo perdí una valiosa oportunidad de acrecentar el acervo de la música jerezana.

UN TESORO ENCONTRADO
Don Carlos del Hoyo Cabrera, padre de mi amigo Bernardo del Hoyo, fue una gran persona, de amigable y entretenedora charla. Dejó constancia de muchas de sus anécdotas y vivencias en revistas, apuntes y libros. Ahora, les comparto la historia de un tesoro encontrado, narrada por él.
CUANDO UN GATO ES UN TESORO
“Hoy en día hay muchos buscadores de tesoros que emplean aparatos para detectarlos: varas movidas por expertos, péndulos o trompos hechos por personas preparadas. Otros acuden a adivinos, clarividentes o brujos para que les digan dónde se encuentran los tesoros. Muchos fueron encontrados al hacer un trabajo de albañilería o al hacer acequias, otras obras o, simple­mente, con el arado.
“Esta es la historia de un tesoro encontrado por buscar un gato. Mi bis­abuela, doña Teodosia Sandoval Vázquez, vivía en Huejúcar, ahí en el jardín José María Vanegas, al otro lado de la presidencia municipal. Ella tenía hijos e hijas. Una de sus hijas se hizo novia de un español que asistía al pueblo para comerciar en la región. Este señor, en un viaje a Manzanillo, Colima, le com­pró a la tripulación de un barco un gato no sé si de angora o siamés, pero era un gato muy fino. Él se lo trajo para regalárselo a su futura suegra y ésta se entusiasmó mucho con el gato, al que cuidaba y apapachaba. En pocas pala­bras, estaba encantada con su gato.
“Pues ahí tienen que se le perdió el mentado gato. No lo encontraban en la casa, ni con los vecinos, ni en todo el pueblo; nadie informaba, nadie sabía nada. Un día oyeron maullar al tan buscado gato dentro del retrete, de esos de pozo que hacía tiempo estaban fuera de servicio y clausurado con unas tablas clavadas. Por algún hueco entró el gato y no podía salir. Al oírlo maullar doña Teodosia llamó a su hijo mayor, pidiéndole que sacara al animalito. El joven metió a su hermano menor, quien se llenó de suciedad, y aunque estaba seca daba mucho asco; el muchacho, que estaba atado para poderlo sacar con faci­lidad, dijo: «Ya lo vi, se metió por la puerta donde está la campana».
“Creyeron prudente sacar al muchacho y metieron a un mozo de la casa, el que confirmó que sí había una puerta. Ya metido en el asunto, dijo: «Voy a ir a sacar ese gato». Al pasar no sin dificultad la puerta, se quedó de una pieza: vio dinero en monedas de oro y plata y objetos de valor y vio que del cuarto seguía un pasillo. Él iba gritando lo que iba viendo. Las personas de afuera, llenas de curiosidad, le dijeron que siguiera por el pasillo, que explo­rara todo. El mozo siguió por el pasillo hasta llegar a unos escalones que daban a una salida que se hallaba tapada y que daba al zaguán de la casa, por donde sacaron las monedas y demás valores.
“Una campanita resultó ser de oro macizo. Y así fue como el gato les dio ese tesoro a la familia, tesoro que habían dejado unos antiguos dueños de esa casa. Mi bisabuela estaba feliz con su gato, pero más feliz con lo que le había obsequiado el gato y… colorín colorado.
“Las personas de la historia son las siguientes: mi bisabuela doña Teodosia Sandoval Vázquez; mi abuelo, don Eugenio del Hoyo Sandoval, que era el hijo mayor; la novia, hermana de mi abuela Jovita V. Sandoval, y el hermano menor, mi tío, don Julio V. Sandoval. Del español no recuerdo el nombre, pero fue el esposo de mi tía Jovita y se apellidaba Palacios. En esa casa nació mi papá y sus hermanos mayores. En El Cacalote un mediero, don Pancho González, me platicó que mi abuelo había sacado un tesoro de un excusado en Huejúcar, Jalisco; pero después de tiempo mi tío, don Víctor Sandoval Acevedo, hijo de don Julio, me platicó los detalles de la historia que ahora estoy relatando”. [Carlos del Hoyo Cabrera]
SALUDO. Para que vean que no me olvido de mis lectores, en esta ocasión envío un afectuoso saludo a don Miguel Agustín Sotelo y a su distinguida esposa, Chela Correa quienes domingo a domingo me siguen (bueno, cuando aparece mi columna). Además, a don Rodrigo Martínez, persona que se ha expresado muy bien de lo que escribo.
MAS LIBROS. Agradezco a todas las personas que han confiado en mí, y me han proporcionado documentos, fotografías, revistas y libros. Todo ello está sirviendo para enriquecer la historia y tradiciones de Jerez. Pronto podré ofrecer un estudio sobre las leyendas e historia de las calles jerezanas, que sé tendrá la misma acogida que los libros de leyendas y relatos y el de “Conozco Jerez” que todavía están a la venta en NEVERIA EL PARAISO (en el Portal Inguanzo), REGALOS GERSY (en la esquina del jardín y calle de San Luis), VIDEO REC (enfrente de El Venadito, por la calle de San Luis), PUBLICACIONES SOFIA (a dos cuadras del puente, por la calle de San Luis también),      ARTESANIAS VIQUEZ (al lado sur del edificio de la Presidencia), MERCADO DE ARTESANIAS (en la primera cuadra de la calle Hidalgo, junto al Keko’s) y en REFORMA No. 51 (Mero enfrente de con don Carlos García, EL PORKY).

jueves, 29 de diciembre de 2011

EL DESPOJO DE JEREZ

Siempre han surgido y surgirán gente que con el afán de allegarse algunos pesos de más, nos ofrezcan a los jerezanos “novedosas” ideas para hacer que Jerez salga del marasmo, para que sea un super atractivo turístico a nivel nacional, y lo único que hacen es robarse lo que es parte del patrimonio tangible de nuestro pueblo.
DON PANTALEON DE LA TORRE
Copia del óleo perdido. Martha Georgina Muro
Hace 41 años, Jerez estaba en boca de todo el mundo, pues sería el núcleo donde se celebrarían con bombo y platillo los 50 años del deceso del poeta Ramón López Velarde. Por instrucciones de Pedro Ruiz González, entonces gobernador de la entidad, el arquitecto Roberto Félix fue enviado a Jerez para darle la apariencia de una típica ciudad provinciana en lugar del aspecto de “rancho grande” que tenía (según ellos). Pues el arquitecto Félix cumplió con su misión y aparte del sueldo que generosamente se le pagó, hizo perdedizos muchos objetos de los que jamás se volvió a saber nada. En la escalinata del Edificio “De la Torre” existía un óleo de gran tamaño, bastante maltratado de la parte inferior. Este antiquísimo lienzo representaba a Pantaleón e Isidro de la Torre adorando al Santísimo. Posiblemente el arquitecto Félix haya pensado que no tenía valor histórico, que solo estorbaba y lo tiró a la basura, al igual que muchas lámparas de artística elaboración que por estar muy viejitas “a lo mejor se verían feas”. No puedo asegurar que se los haya llevado, porque en ese entonces yo apenas era un niño.
EL TEATRO HINOJOSA
Plano completo del Teatro.
El Teatro Hinojosa es también el lugar que ha sufrido bastantes afectaciones y pérdidas, ya que en cada restauración se le pierde o destruye algo. Según la investigación que realizara la compañera periodista Silvia Vanegas, en los años posteriores a la revolución una de sus casas, -donde estaban las caballerizas y cochera-, fue vendida indebidamente, ostentándose luego como dueño Raúl Muñoz González quien vende el 23 de octubre de 1944 la finca a don Isidro de Santiago Sotelo, que instala ahí una planta de luz. El 31 de octubre de 1966 don Isidro vende la ya muy derruída finca, misma que a los pocos días se derrribó casi por completo para construir ahí el edificio conocido como “Casa del Catecismo”. La iglesia adquirió ese espacio a través de tres compradores: J. Jesús de la Torre Alvarez, Pedro Dena García y J. Encarnación de la Torre.
En la foto se puede apreciar la antigua barandilla.
En 1952, durante la administración de Toribio Peralta Gámez, fue cambiada la artística barandilla que tenía, argumentando que ya estaba muy dañada, colocando en su lugar otra de barrotes rectos y simétricos. Nadie recuerda donde quedó la otra barandilla o si fue vendida como fierro viejo.
A fines del siglo XX hubo bastante interés por los presidentes municipales en turno por restaurar y remozar el teatro, que tenía ya grandes y graves problemas estructurales, pero solo se realizaron modestos trabajos de mantenimiento por no contar con los recursos suficientes para hacerlo. En estos últimos años se restauró y remozó nuevamente, siendo reinaugurado el 20 de mayo de 2006. Pero la restauración fue como una “maquillada”, porque a pesar de lo que se pregonó por parte de la gobernadora Amalia García, de que era una restauración “a fondo” y con inversión de muchos millones, el Teatro se sigue desmoronando.
Con las diversas intervenciones el Teatro ha perdido su resonancia. En el arco central de la sala, donde está la fecha de cierre (1878), la acústica se marcaba con resonancia debido a que se formaba en el espacio una media esfera de sonido que abarcaba a la totalidad de la nave. Desgraciadamente esta cualidad se perdió, al sellar también la fosa bajo el frente del foro.
TEMPLO DE MARIA AUXILIADORA
Así lucía el altar antes de ser remodelado.
La primera piedra de este templo fue bendecida a las tres y media de la tarde del 12 de diciembre de 1910, templo que se levantaría en “la casa número trece de la Calle de las Flores, y en el terreno que con tal objeto fue cedido por el señor Alonso Orozco de esta ciudad”. Doña Mucia Díaz Vda. de Orozco y luego su hija Conchita estuvieron siempre muy atentas de que nada la faltara al referido templo. Tenía un hermoso altar en cuyo manifestador central estaba la imagen de María Auxiliadora y a sus pies una gran azucena. Además de un púlpito que se encontraba pegado al muro oriente del pequeño templo.
Hace también ya como 40 años que se dijo que necesitaba una “remodelación necesaria ya que el templo estaba casi en ruinas”, se le quitaron su altar y decorado originales y tirados en un montón informe de escombros en la huerta de atrás, para prenderles fuego. Entonces se le despojó de sus casas y terrenos adyacentes que para su cuidado y sostenimiento se habían legado, así como de sus imágenes, retablos y ornamentos. Un monaguillo curioso rescató de entre la basura algunas fotos y reliquias, además de un candil de prismas que luego de una limpieza y feliz reconstrucción fue a parar frente al camarín de la Virgen de la Soledad en el Santuario. Lo que no se pudo rescatar, porque no fue tirado al muladar, fue el contenido de la enrome azucena que le servía de podio a la imagen de María Auxiliadora. Se dice que Conchita y el mudito Alfonsito aprovecharon la oquedad de la misma para –a manera de alcancía- guardar ahí las monedas de oro y plata que los fieles dejaban como limosna o en pago de mandas. A lo mejor sirvieron para la reconstrucción.
Aquí se puede ver la barandilla antigua.
EL SANTUARIO DE LA SOLEDAD
Hace ya varios años, en una de mis últimas vueltas al D.F. pude ver por la segunda calle de Pino Suárez, en el escaparate de un Bazar un “exvoto” de lámina de la Virgen de la Soledad de Jerez, en muy buenas condiciones, pintado primorosamente y que databa de 1850. Al preguntar por él, el encargado me dijo que tenía muchos más que si gustaba me los mostraba. El precio era inalcanzable para mi bolsillo de viajero. Luego supe que también por los años 70s, desaparecieron la mayoría de los exvotos o “retablos” que daban cuenta de los agradecimientos hacia la patrona de los jerezanos. ¿Cómo fueron a parar al Bazar?. Nadie lo sabe, como nadie sabe donde quedó la barandilla de latón que fue sustituída por la que actualmente tiene el interior del Santuario.
Y ya lo mencioné en otra ocasión: ¿qué pasó con la corona de la Virgen? ¿es de oro o de latón? ¿qué se hizo la original?.
Despojos hay  muchos. Hay ocasiones en que autoridades de otros lados solicitan en préstamo objetos de valor cultural para Jerez, y las más de las ocasiones olvidan devolverlos. Por desgracia no hay una instancia cultural que se encargue de la preservación de lo que es el patrimonio jerezano, por lo que los robos, sustracciones o préstamos seguirán existiendo.

AVISO A LOS POQUITOS PAISANOS QUE NOS VISITARON: Si les encargaron Libros de “Relatos y Leyendas de Jerez” o de “Conozco Jerez”, todavía los pueden encontrar en NEVERÍA EL PARAÍSO (en el Portal Inguanzo), REGALOS GERSY (en la esquina del Jardín y calle San Luis), VIDEO REC (por la calle San Luis, frente a El Venadito), PUBLICACIONES SOFIA (por la calle San Luis, una cuadra antes del puente), ARTESANIAS VIQUEZ (Junto a la Presidencia), MERCADO DE ARTESANIAS (Por la calle Hidalgo) y en REFORMA No. 51.