viernes, 12 de septiembre de 2008

LOS CALZONES DEL NOVIO

EL TESORO DEL TUNEL

Sí, me dijeron que me equivoqué… fue un error de tecla. La semana anterior escribí que la exposición de las fotos se inauguró en 1977, ¡y luego, luego me hicieron ver mi error!. Fue en 1997. Gracias a los que se fijaron. Creo en pocos días se inaugurará esa muestra de la belleza jerezana, solo les faltan algunas fotos que ojalá pronto consigan. (Yo ya cooperé con más de 20).
Me enviaron un recorte de periódico de Chihuahua, que dice así: “Tesoro Histórico bajo una barra de cantina. *Hallan numerosos objetos en túnel del Restaurante Tony’s: Billetes de 10 y 20 pesos, Vales de Pancho Villa, de la Fábrica de Ropa “La Paz”, documentos de gobierno y de Luis Terrazas… y hay quien dice que también encontraron monedas de oro”.
El periódico es “El Heraldo de Chihuahua” y la nota que firma Jorge Macías Rodríguez dice que cuando los propietarios de un restaurante remodelaban su inmueble encontraron el tesoro que estaba encerrado en dos baúles que contenían documentos de principios de siglo, billetes de 10 y 20 pesos, y se dice sin confirmar que una de las dos petacas contenía monedas de oro (de mensos dicen).
Cuando los albañiles montaban una trabe, el piso de madera cedió al peso y se vino abajo, dejando al descubierto un gran túnel, donde se encontraba el tesoro. Parte del tesoro documental se halla actualmente en exposición en una de las salas del restaurante, lo que llama la atención a los clientes, sobre todo a los extranjeros.
Los trabajadores señalan que el túnel donde se encontró el tesoro, podría ser uno de los míticos pasadizos que se construyeron hace dos siglos en la ciudad y que comunicarían la Catedral de Chihuahua con el Palacio de Gobierno, antiguo seminario de la Iglesia, y con algunas propiedades de gentes pudientes y adineradas.
La existencia de túneles o pasadizos que comunican algunas fincas en ciudades antiguas es parte de la historia no escrita, porque no hay antecedentes históricos, sino tradición oral, pues se supone que eran “pasadizos secretos”, por lo que yo sigo sin descartar que aquí en Jerez pudiera haber más subterráneos de los que conozco y tengo perfectamente documentados, fotografiados y medidos.
Alguien le preguntaba a Javier Torres que cuántos hermanos tengo. Tengo once hermanos, y a la mayoría le gusta transmitirme sus historias, así que tengo para rato… en esta ocasión les ofrezco una historia que es parte del libro de mi hermana Victoria Eujenia (así, con “jota” porque el buey del registro civil así la escribió en el libro).


LOS CALZONES DEL NOVIO


Muy atrás se estaban quedando algunas costumbres que persistían entre las mujeres encaminadas al matrimonio como lo eran la confección del ajuar de su casa. Esto es: manteles, sábanas, toallas, visillos, cortinas, tapetes, servilletas y toda clase de ropa blanca primorosamente bordada. Todo esto se guardaba cuidadosamente en una petaquilla de madera especialmente hecha para éste propósito, y allí entre hojas de jaral y flores de jazmín, para que se perfumara y no se picara, la ropa aguardaba el momento de ser usada.
Desde el momento en que una niña podía sostener una aguja con hilo, se le conminaba a hacer este tipo de labores, y donde no existía el auxilio de una máquina de coser, ni siquiera de aquellas de “manezuela”, la costura se realizaba completamente a mano.
Para el año de 1947 tal requisito estaba ya cayendo en desuso sobre todo en las ciudades como Jerez, pero no así para Doña Apolonia; dama de fuertes reminiscencias del porfiriato, misma que una vez pasada la ceremonia de petición de mano por parte de su hijo Emiliano en “favor” de su novia Amelia, se presentó en la casa de su futura nuera con un cargamento de retales de lino y algodón para que durante los cuatro meses de plazo, mínimo en ese entonces, ésta fuese confeccionando el ajuar de su boda.
Entre las exigencias de la confección se incluía la ropa que el novio debería portar en tal ocasión, tales como la camisa y los calzoncillos además de un camisón para dormir y un pantalón de trabajo.
A la muchacha se le vino el mundo encima, ya que ella al igual que sus hermanas, no sabían dar una puntada pues trabajaban como empleadas de comercio y estudiaban contabilidad.
-Esas “carajadas” ya las venden hechas –dijo Doña Chabela, quien no tenía freno en la lengua para defender a sus hijas.
-M’ijita –le contestó Doña Pola- quien quiera el bien, que luche por él.
-Así que si quiere al muchacho, a fuerzas le ha de coser el hilacho –replicó la madre.
- Solo las cosas que tienen un buen principio alcanzan un buen fin –terció la suegra; y ambas madres se miraron retadoramente.
-Entonces “a cada mula su patada”, -admitió a regañadientes la consuegra y se dispuso a auxiliar a su hija, con más buena voluntad que conocimiento, en la confección del pedido ajuar. Para ello se basaron en la ropa del susodicho que la misma Doña Pola les proporcionó, y deshaciendo y rehaciendo puntada por puntada más o menos salieron del paso.
Corridas las amonestaciones, terminados los preparativos e invitados los padrinos, el día de la boda llegó; la novia estaba radiante pero el novio no. Se veía raro; se sofocaba visiblemente y caminaba de ladito.
La razón es que la camisa le quedó apretada del cuello, pero eso era lo de menos.
Ya en el banquete sus amigos entre las bromas acostumbradas, le preguntaron que si quería ir al baño o su extraño comportamiento se debía a la emoción del momento que le aguardaba.
-¡No! –les contestó- no, no es eso; es que Amelita me cosió mal los calzoncillos y me dejó el pedo torcido.


LOS LIBROS ENCANTADOS


Un lector, me sugirió que hiciera la recopilación de todas las columnas publicadas en “El Alacrán” y publicara un libro. Bueno, como decirlo es fácil, pero editar un libro cuesta, y cuesta mucho. Los libros que he editado han sido siempre con recursos propios, y me ha quedado la satisfacción de que se venden muy bien. Así que conforme voy juntando algún dinerillo voy comprando papel, tinta, láminas, y todo lo que se necesita para imprimirlo. Por eso es que tengo pendiente el de “Conozco Jerez”, porque todavía me faltan poco más de tres mil pesillos para comprar el papel que falta.
Me dicen que hay apoyos gubernamentales. Sí, si los hay, pero solo son para los lambiscones que editan libros que no se venden, que no se leen, y que los hacen solo por presumir que son autores de un montonal de obras, que al final acaban siendo regalados, quemados o tirados a la basura cuando estorban en las bodegas de las dependencias oficiales. No presumo de ser un escritor de polendas, ni un docto historiador, pero se agradecer que mis libros tengan muy buena acogida. Del de Leyendas (Tomo I) ya se han impreso alrededor de 12,700 ejemplares, y por el momento está agotado, en espera de mejores tiempos para imprimir otros 500 ejemplares.
SALUDOS. En esta ocasión mi saludo se va para el sur de la ciudad, hasta la casa del estimado y dinámico profesor Benito Juárez García, quien domingo a domingo hace un alto en sus múltiples actividades para leer lo que aquí escribo. Mis mejores deseos para él y toda su familia.