lunes, 10 de noviembre de 2008

HISTORIA DEL EDIFICIO DE LA PRESIDENCIA MUNICIPAL

El jueves anterior me invitaron a exponer a un grupo de estudiantes y personas deseosas de conocer algo sobre la historia de Jerez, y hablé algo sobre la Presidencia Municipal, lo comparto con quienes leen esta sección: 

En torno al jardín principal varios edificios representativos de la Arquitectura Civil jerezana, con su muda presencia, rigen el diario vivir de la ciudad.

                Al lado poniente se encuentra el Palacio Municipal, construcción de dos plantas, de la cual únicamente parte del frente se conserva como originalmente fue.

                En abril de 1789, el Coronel Felipe de Cleere se hizo cargo de a intendencia de Zacatecas. Una de las primeras actividades que realizó fue la de recorrer el extenso territorio de la intendencia a su cargo, dando las disposiciones reales que procedían en las subdelegaciones y alcaldías de Zacatecas.

En su visita a Jerez, notó que no había Casas Reales y cárceles apropiadas, ni contaban con “Reglamento de propios”, por lo que propuso la construcción de una finca que reuniera las condiciones necesarias y dispuso se hiciera el reglamento referido. Para ello, repetidas reuniones efectuaron las autoridades con las personas más representativas de la Villa.

                El Capitán Comandante Pantaleón de la Torre, Alcalde ordinario más antiguo; Juan Rodríguez Sáenz, Alcalde “moderno” ordinario; Martín de Rebolleda y Andino, Justicia Mayor; Fernando Díaz de la Campa, procurador síndico; y Antonio Naredo como escribano, luego de mucho discutir presentaron el proyecto el 21 de agosto de 1791, pidiendo el apoyo económico para la construcción de tales casas.

En enero de 1802, la Junta Municipal integrada por Mariano Sánchez como Alcalde ordinario; Martín de Cariaga, Justicia Mayor; Juan José de Llanos y Valdés, Alcalde de segundo voto; Luis de la Pascua, Procurador; e Ignacio de Miranda como regidor perpetuo y Alférez, luego de una solemne ceremonia religiosa en la Parroquia, inauguran estas casas de gobierno.

Tal era el entusiasmo por el estado en que quedara la construcción, que desde 1797 había interés por “hacer portalería alrededor de la plaza”, además se envió un oficio al Intendente (Francisco Rendón) para “obligar a los dueños de las casas fabricadas con tierra blanqueen con cal  en consideración a que de este laudable proyecto resultará la hermosura de esta población y el que sus habitantes consigan alguna claridad en las noches obscuras y sin comparación más valor y subsistencia en sus fábricas…”

En los años posteriores a la inauguración de las Casas Consistoriales, la Villa de Xerez vivió años de esplendor, como si una nueva mentalidad dirigiera los destinos de los otrora abúlicos habitantes de la región. Existía un afán de entusiasta renovación. Importantes fueron las obras de arquitectura religiosa y civil que a principios del siglo XIX se realizaron.

El 23 de julio de 1821 se realiza en Jerez el Juramento de adhesión al Plan de Iguala y con tal motivo se hicieron corridas de toros frente a las casas consistoriales, a la que se llamó “Fiesta de la Paz” donde se concedió el indulto como gracia especial a quienes habían luchado contra la independencia.

Don Juan Francisco Undiano, ultimo alcalde del régimen  colonial entregó la administración a don Ignacio Dávila Escobedo, quien sería el primer Presidente Constitucional del H. Ayuntamiento. Luciano Chávez fungía como su secretario.

En los siguientes años recibieron la alcaldía Francisco de Miranda (1826), Martín de Careaga (1827), Francisco Javier de Mier y Therán (1828), Pedro José Zesati del Castelu (1832 y 1836), Luis del Río (1834).

El 29 de abril  de 1837 entraron a la ciudad 200 hombres proclamando la federación, armados de carabinas, lanzas, pistolas y machetes, atacando las casas consistoriales donde hirieron al Prefecto. Poco después se retiraban luego de exigir un “préstamo” de mil pesos a la administración de rentas para pagar a su tropa.

Cuando don Sinecio Berumen Félix llega a la Presidencia, desde el 1º. De enero de 1840, pone en vigor el primer reglamento de policía, dividiendo la ciudad en cuarteles y manzanas. Nombró comisarios auxiliares y se instauró el servicio de rondas nocturnas.

Desgraciadamente, como resultado de tantas luchas, el partido de Jerez no contaba con recursos para poder dar mantenimiento a los edificios públicos, por lo que las casas consistoriales y cárcel amenazaban ruina, sin que los encargados del gobierno no pudiesen hacer otra cosa que desentenderse de ello.

Don Julián Brilanti es nombrado Alcalde por el Imperio el 20 de julio de 1865, y afortunadamente actúa con tino y mesura. Proyecta de inmediato la reedificación de las casas consistoriales, contando para ello con 850 pesos, pero no la concluyó por falta de dinero. Establece el Registro Civil en el edificio municipal.

Sin embargo, el proyecto de reedificación del edificio municipal sigue en pie, y el 30 de abril de 1868 por Decreto se aprueba una partida de dos mil pesos para tal fin.

El periódico oficial de 29 de septiembre de 1872 elogia a Jerez e indica “que la casa municipal se ha reedificado en gran parte, habiéndose formado en ella un magnífico salón que el actual jefe político ha amueblado decentemente”.

Cada uno de los jefes políticos subsecuentes puso su granito de arena para conservar este edificio en buen estado, como informa Victoriano Ortiz Soto: “En el edificio municipal se reconstruyó y embanquetó el patio, pintando sus paredes, enlozándose dos piezas, construyéndose 2 arcos y se están poniendo los barandales de fierro en los corredores”. En 1887, don Rafael Páez emprende la construcción de la penitenciaría del partido en la parte oriente de la Presidencia (donde es la escuela Tipo), recibiendo apoyo con el decreto del 24 de enero de 1888, para lo cual se compraron los terrenos a Francisco de Paula Sánchez y se derrumbaron las fincas que había en él. En su informe de ese año se precisa que la fachada de cantera ya está terminada.

Al conocer la noticia de que Madero y Pino Suárez habían sido asesinados, Pánfilo Natera reunió algunos hombres y comenzó a dominar el Estado. La defensa en Jerez había sido organizada por don Jacinto Carlos, ya que se temía que de un momento a otro llegaran las tropas revolucionarias. Esto en abril de 1913. Los comerciantes habían instalado fortines en las azoteas de los edificios con la esperanza de que los antagonistas al saber fortificada la ciudad desistieran de su empeño. La Jefatura Política, el Santuario y la Parroquia por ser puntos clave fueron especialmente fortificados con gente de la “acordada” comandada por Cruz Avalos.

Casi desnudos por el intenso calor reinaba dentro de las bartolinas se encontraban los prisioneros de la entonces tétrica cárcel penitenciaria y que era famosa en toda la entidad por sus torturantes celdas “San Cristóbal”, “Bolaños”, “La Loba”, “El infierno”, etc., en las que nunca penetraba un rayo de sol; para que disfrutaran del mismo, eran sacados los penados a un patio llamado “Guadalajarita” donde solo al medio día y por unos momentos se apreciaban los solares rayos. Tenían la esperanza de que las tropas de Natera los sacaran de ahí.

El día 18 todo era desconcierto y estupor entre los jerezanos. Las tropas revolucionarias se encontraban en Ciénega y mantenían a la ciudad en estado de sitio. Varios fueron los intentos del señor cura Reveles de lograr un arreglo pacífico sin resultados, por lo que a muy temprana hora del día 19 fue atacado Jerez. La matanza de federales fue excesiva.

El Teatro Hinojosa fue entregado a las llamas, pero no se incendió gracias al pueblo que lo sofocó. El edificio de la jefatura no corrió con igual suerte. Fue uno de los primeros en ser incendiado. Cuando todo estaba ardiendo, alguien se dio cuenta que los presos estaban dentro, procediendo a liberarlos.

Desgraciadamente en este incendio se perdió el valioso archivo en el que estaba gran parte de la historia de Jerez, desde sus fundadores hasta esa fecha, pérdida irreparable, pues nunca se repondrá tal cantidad de documentos que en ese accidente criminal desaparecieron.

                El edificio que albergara las “Casas Consistoriales” quedó completamente destruido al sufrir Jerez los embates de la guerra en 1913. Las puertas fueron tapiadas con piedra y mezcla. Solo la entrada de la cárcel quedó tal y como está. Dentro crecían a su antojo pirules y gigantes. Donde hoy es la oficina de correos y donde estaba la Plaz

a de Gallos (Botica “La Purísima”) fueron habilitados en su tiempo como Presidencia. Fue hasta el año de 1929, en que, a pesar de lo menguado que se encontraba el erario municipal, don Ursulo Pinedo,  -uno de los agraristas más honrados-, emprende la reconstrucción de la Jefatura Política, logrando la habilitación de la parte frontal, quedando en estado ruinoso y abandonado una gran extensión de terreno. En el año de 1969 el profesor Fernando Robles emprende una enérgica tarea de restauración del edificio de la Presidencia, reformándolo y equipándolo además.

En los primeros días del mes de febrero de 1977 el Profr. Benito Juárez García convoca a un concurso de Arquitectos para que presenten proyectos para remodelar en su totalidad la Presidencia, con la idea de instalar la cárcel en otro lugar. Alguien menciona la posibilidad de que algo se pueda rescatar de los archivos desaparecidos.

Juan Padilla, Ricardo Avalos Márquez, Luis Miguel Berumen y otros más, integran un grupo y realizan excavaciones donde antaño se encontraran las celdas carcelarias. En esta empresa, dirigidos por don Manuel Carrillo, encuentran una pequeñísima parte de los archivos semidestruidos, con documentos comprendidos entre 1840 y 1913. Al supervisar los trabajos, el Munícipe insiste en la idea de reconstruir aprovechando todo ese terreno.

En el siguiente trienio, don Jesús Sánchez García emprende con ímpetu la obra, misma que en ningún momento es parada pese a las dificultades económicas que se encontraran, siendo en el mandato del Dr. Gonzalo González del Río cuando queda completamente terminada la construcción de lo que ahora es el hermoso Palacio Municipal. (El 10 de febrero de 1983 es inaugurado).