martes, 10 de marzo de 2009

HAY DE AMIGOS A AMIGOS...


El viernes de la semana anterior, falleció don Juanito de Santiago, persona cuyo nombre y acciones han quedado registradas en las principales páginas de la historia jerezana.

Cuando don Juan fue Oficial del Registro Civil yo me acerqué a él, pues me decían que me podría ayudar con muchos datos que necesitaba recopilar. Efectivamente, don Juanito me abrió las puertas del archivo del Registro Civil, y tuve la oportunidad de revisar minuciosamente los libros de fines del siglo XIX y principios del XX, que bastante me ayudaron para mis apreciaciones históricas.

A partir de ahí, nació una amistad desinteresada y de muchos años, y aunque me gustaban los relatos de don Juan, yo sabía que no tenían fundamento histórico alguno, por lo que seguí mis trabajos de investigación sin menospreciar lo que me contaba don Juan.

Cuando fue candidato a la presidencia municipal, me alejé de su entorno, porque entonces surgieron muchos, pero muchos “amigos” que no lo dejaban ni de noche, mismos “amigos” que en poco más de un año lo traicionarían de la manera mas vil.

En varias ocasiones me invitó a conocer su archivo “un desorden organizado”: montones de papeles, libros a medio leer, carpetas, fotos, documentos... y creo que me quedé impresionado, porque mi archivo particular tiene las mismas características y ¡ay de aquella persona que se atreva a moverme siquiera una hoja de papel!.

La última vez que platiqué con don Juan (hace poco tiempo) me decía: “Miguel, a ver cuando nos vamos como antes por ahí a la sierra de los cardos y nos llevamos una botellita de un buen licorcillo para tomárnosla allá sin que nadie nos moleste”. Claro está que nunca antes habíamos ido tal lejos a tomar licor. Muchas veces, cuando terminaba su labor nos íbamos a “El Maguey” donde tenían varias botellas antiguas de tequila, bien reposado y añejo, mismo que don Juan disfrutaba con delectación, a sabiendas que era malo para su corazón, “pero bueno para el espíritu”.

Por desgracia, el tiempo le ganó, y sufrió la pérdida paulatina de la memoria. A pesar de ello, su esposa, doña Elisa Sánchez, de manera paciente y bondadosa, siempre estuvo pendiente de él, cuidando que vistiera con porte, con la elegancia que lo caracterizó. En esos aciagos días hubo muchas ingratitudes de personas que quisieron abusar del estado mental de don Juanito, pero gracias a la suspicacia de su doña Elisa, no pudieron concretar sus aviezos fines.

Ahora, don Juan de Santiago reposa para la eternidad, y sus restos están en el Panteón de Dolores, reunido con sus familiares que le antecedieron. Sorpresa en lo particular me ha causado que ante la noticia de su deceso, surgieron de la nada “amigos” de nuestro personaje, amigos que realmente nunca lo fueron... pero que han aprovechado el momento para colgarse de la fama ajena. Mis respetos y mis mejores deseos para la familia de don Juanito.

He preguntado a algunos de los que ahora dicen que lo conocieron, sobre cual era la poesía de López Velarde que más le gustaba a don Juan, y ninguno me supo responder. “Es que le gustaba toda la obra del poeta jerezano sin distinción alguna”. Y no, don Juanito tenía muy especial predilección por la que se titula “HORMIGAS”, que cada que había oportunidad declamaba, decía o intercalaba en sus amenas pláticas, y para que la conozcan, van dos o tres párrafos:

A la cálida vida que transcurre canora

con garbo de mujer sin letras ni antifaces,

a la invicta belleza que salva y que enamora,

responde, en la embriaguez de la encantada hora,

un encono de hormigas en mis venas voraces...


...Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo

y han de huir de mis pobres y trabajados dedos

cual se olvida en la arena un gélido bagazo;

y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,

tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,

tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo

como réproba llama saliéndose de un horno,

en una turbia fecha de cierzo gemebundo

en que ronde la luna porque robarte quiera,

ha de oler a sudario y a hierba machacada,

a droga y a responso, a pabilo y a cera....


...Antes de que tus labios mueran, para mi luto,

dámelos en el crítico umbral del cementerio

como perfume y pan y tósigo y cauterio...

EL TEATRO HINOJOSA NO SE PARECE AL FORD DE WASHINGTON

Y bueno, ya están terminando los cursos del Departamento de Turismo, y algunas de las personas que ahí van se han acercado conmigo para manifestarme inquietudes, exponerme dudas, y aunque no me toca a mí darles respuesta, ya que para eso hay la instancia adecuada, solo quiero hacer una aclaración sobre un mito surgido hace ya como cuarenta años, en el que se dice que el Teatro Hinojosa se hizo tomando como modelo el Teatro Ford de Washington, donde muriera Abraham Lincoln. No se a quien se le ocurrió eso, porque cualquiera puede consultar en Internet y ver que ese teatro es mucho muy diferente al jerezano teatro. El teatro Hinojosa se construyó por etapas, utilizando diversos materiales, piedra, cantera, adobe, ladrillo, piedras de molino, etc. y es en forma de “U”. El Teatro Ford tiene la característica forma de herradura de los grandes teatros y está hecho básicamente de cantera y madera. Se ha conservado así como monumento nacional desde la muerte de Lincoln. Los jerezanos de fines del siglo XIX, tenían más bien la influencia de la cultura francesa que predominó durante el porfirismo y no creo les interesara hacer un teatro al estilo americano. Por cierto, todavía por 1908 el teatro se seguía construyendo, y también es falso que Angela Peralta “El Ruiseñor Mexicano” alguna vez estuvo en su foro cantando. La compañía de la diva era de 80 artistas, en su mayoría italianos. Así que en un pequeño foro aún en construcción, no podría ser recibida. En la gira que hizo por el norte del país en 1882, no se menciona para nada Jerez. Ella murió el 30 de agosto de 1883 en Mazatlán, Sinaloa, donde perecieron 74 miembros de su compañía, de “níquel” (fiebre amarilla).

Miguel Inclán y Rosendo Navarro son los nombres de los empresarios (y artistas) que de 1880 a 1900 trajeron contínuamente diversas obras dramáticas y de bell canto al Hinojosa de Jerez, como se puede apreciar en unos bellos carteles impresos en papel afiche, en tinta negra y cubiertos con polvo de oro que circulaban entre la sociedad jerezana de aquellos años.