martes, 26 de enero de 2010

CUANDO PARACHO FUE QUEMADA

NOMBRAMIENTO. En días pasados, la rifa del león (según se vea) le tocó a PABLO TORRES CORPUS, quien es el nuevo Presidente del Comité de Pueblos Mágicos. En buenas manos cae el nombramiento, ya que a final de cuentas, Pablo es el que ha gestionado muchos beneficios para el municipio. Su trabajo ha sido tras bambalinas. Sin presumir, sin retribución ni reconocimiento alguno. En lo particular, le deseo suerte en tan trabajosa encomienda, y ojalá y pudiera deshacerse de algunos de los integrantes de ese comité, que están ahí, nomás… que no saben ni qué… solo para que se diga que son importantes, pero que no han aportado nada positivo. Sé que están en puerta apoyos para el Museo de la Charrería, cuya idea original fue de la diputada Lizeth, y que ahora se llama de otra manera. Ojalá y esos recursos ya aterricen, se le compre (como se debe) a don Magdaleno García Berumen su parte de la finca, que ahora está en un litigio enojoso e inacabable, y se restaure con toda la mano, aprovechando a la vez, el tramo de galería subterránea para hacer una sala de narración de leyendas, o un café muy bohemio. (Ya no digo que hay túneles en Jerez, porque luego los cronistas locos dicen que no es cierto, que soy muy fantasioso)
También sé que habrá recursos para el panteón de Dolores. Pero ojalá y esos recursos se utilicen bien, porque el Panteón está sufriendo daños irreversibles, aproximadamente 70 de las tumbas más representativas están hundiéndose, hay varios monumentos que están prácticamente despedazados y además 4 mausoleos cuya cantera se está despedazando, por el paso del tiempo, los líquenes que se la comen, hongos, la humedad y el calor. Se necesita un proyecto de restauración bien hecho y que se aplique. Lo malo del asunto, es que los del Monumentos Coloniales intervendrán y, la verdad, ellos solo sirven para hacer pendejadas y frenar cualquier proyecto de construcción o restauración que no diseñen ellos.
CUANDO PARACHO FUE QUEMADA
Hace tiempo, escribía sobre los bandoleros que aprovecharon la revolución para cometer toda clase de excesos. Y escribí sobre Inés Chávez García, (el Atila del bajío). Como las narraciones las subo a mi blog ( www.miguelberumen.blogspot.com ) me han enviado muchas historias al respecto. Anoto una de ellas en que nos habla de la destrucción de ese pintoresco pueblo michoacano que resurgió de sus cenizas, donde hacen guitarras al por mayor: Paracho.
“Fue por agosto de 1917, cuando Inés Chávez García y su tropa amenazó con tomar Paracho, ya había venido una vez, causando destrucción, dolor y vergüenza. El presidente organizó a la gente para preparar la defensa, y el curita, -un sacerdote muy jovencito-, aconsejaba que mejor buscaran refugio porque en la población no se contaban con los elementos necesarios para hacerle frente a los revolucionarios.
Con las pocas armas que había, los hombres de Paracho se parapetaron en la torre de la iglesia y en los tejados del curato. Una madrugada en que la niebla cubría la ciudad, se empezaron a oír ruidos de caballada, la gente se alertó pero ya era demasiado tarde, Chávez y su gente habían rodeado la población y estaban listos para tomarla. Mujeres y niños corrían desesperados al curato pensando en que ahí estarían a salvo. Un nervioso lugareño disparó desde la torre de la parroquia y pareciera que era la señal convenida, porque los revoltosos entraron a matacaballo por todo el pueblo. La defensa no sirvió de nada. Fueron aniquilados rápidamente. Entonces comenzó el saqueo, los asesinatos y la violación de mujeres casadas y solteras.
El curato tenía dos puertas, una que salía a la calle del camino para Uruapan y otra trasera. Por la puerta trasera entraron los chavistas, gritando desaforadamente y disparando a todo lo que se moviera. El sacerdote salió a encararse con Inés Chávez.
-Usté debe ser el curita. P’os quiero decirle que de norte a sur y de este a oeste no va a quedar ni una casa en pie. Vamos a quemar todo el pueblo en venganza, porque nos estuvieron disparando desde la torre de la iglesia y eso no se debe hacer…
- Mire mi general, yo aconsejé a la gente del pueblo que no les hicieran frente, porque no tienen armas, y ustedes son muchos y bien armados…
-Fíjese curita, cómo se ven rebonitas las llamas, vea como el humo y el olor a quemado cubren todo. Le doy chance de que se escape nomás porque me cayó bien…
-Mire, don Inés –insistía el sacerdote-, estas mujeres y niños que aquí están, han venido confiando en que yo las protegeré, y no las dejaré solas, déjeme salir con ellos del pueblo.
-¡Jajaja! ¿A poco con esas naguas que trae nos va a asustar? ¿Cómo las va a proteger? ¿Con qué?. Pero pos pa’ que vea que estoy de güenas le dejaré que se vaya con su gente, pero no respondo de mis muchachos, mire que ya tienen como un mes en el cerro y no han probado nadita de mujer. Así que, salga por la puerta de adelante, pero prontito, porque esto ya también va a arder rebonito.
El sacerdote, como pudo, fue sacando a las histéricas mujeres y a los llorosos y aturdidos niños. La procesión salió por el camino, aunque los malhechores estrujaban y se llevaban a las mujeres que querían, ante la impotencia del sacerdote que nada podía hacer para salvarlas.
Lo más peor, es que los revolucionarios de Chávez, abusaban de las mujeres, y luego las apuñaleaban, sin importar súplicas ni nada.
Desde las cercanías, el sacerdote y el reducido grupo de gente que pudo salvar, pudieron ver luego como todo el pueblo se incendiaba, los ayes de dolor, las injurias, los aguardentosos gritos y los sollozos llenaban todo el aire de la campiña.
Chávez García había cometido una más de sus infames tropelías, destruyendo por completo un pueblo, solo para sentirse más grande, más poderoso y más fuerte.
Cuando los habitantes de Paracho pudieron regresar, anduvieron buscando entre los escombros lo rescatable. Ni siquiera el sagrario y el cáliz de la parroquia se salvaron: Fueron ocultados bajo un excusado, y con el calor del incendio se fundieron, encontrando solo una lámina de oro…
SALUDOS. Saludo a todos mis lectores, que me preguntaban por la no aparición de esta columna. Y es que a petición de la liga defensora de las buenas costumbres, los perros apaleados y los gatitos con roña, había decidido tomar un descanso. Pero aquí estamos de nuevo… Gracias por las fotos antiguas que me obsequiaron con la esperanza de que ya termine el tan cacaraqueado libro.

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