martes, 26 de enero de 2010

LAS CASAS DE JEREZ

SON VANOS IRREGULARES LOS DEL CENTRO HISTORICO… DICEN LOS GÜEYES
Como todas las obras que se realizan en el centro histórico, el remozado de fachadas se está haciendo siguiendo un criterio desconocido, pues nadie conoce a ciencia cierta qué es lo que están haciendo. Se que había pretensiones de reducir los tamaños de los accesos (reestructuración de vanos le dicen), así como homogeneizar fachadas y marcos, pues dicen que hay una mezcla de estilos y formas fuera de alineamiento, así como ventanas no apropiadas con su entorno y dimensiones de vanos irregulares. Que hay marcos diferentes en una fachada, elementos que no coinciden con el entorno, como marquesinas y balcones.
Pero… eso lo aseguran arquitectos e ingenieros que desconocen el entorno jerezano, que quieren dar una imagen de un pueblo mágico como ellos quisieran que fuese, y no como realmente es Jerez.
Ya lo hicieron con el piso de las calles del centro histórico. Por cierto, entre los contratistas y arquitectos del país, Jerez es conocido como “el muestrario”, ya que tramo por tramo se hizo de forma diferente, con material de diversos lados. ¿Cómo quieren sus calles? ¿con piedra del cerro de Turiangato y con mosaico irregular como la calle fulana de Jerez? ¿O acaso con piedra de las colinas de Tepezingao con adornos circulares como la calle zutana? ¿Con orejas al “aí se va” o con orejotas de “ah chingao”?.
Por desgracia, a nadie en Jerez le preocupa lo que hagan o dejen de hacer en su entorno, solo los propietarios de fincas céntricas que ven amenazados sus comercios o domicilios con los arreglos que pretenden hacer.
Los encargados de esas modificaciones tienen la obligación (supongo) de presentar sus planos ante las autoridades que deberían asesorarse con el cronista de la ciudad quien debe velar por cuidar que no se pierda el estilo característico de las fincas representativas de la arquitectura civil y religiosa, pero como no hay cronista, hacen lo que se les pega en gana, y si alguien lo duda, vayan a la Parroquia, donde los remozadores están haciendo “un verdadero desmadre” sin respetar las características históricas de ese templo.
LAS CASAS DE JEREZ
Desde que se fundó la villa de Xerez de la Frontera, allá por noviembre de 1569, las casas eran bajas, de un piso, construidas con paredes de adobe y con techos de vigas y tierra. Debido al acoso de los naturales, tales viviendas tenían grandes corrales y patios de manera que sirvieran de defensa y fuerza. Poco a poco se fueron transformando, utilizándose en muchas de ellas, piedra de sillar, reforzando cimientos y estructuras, abriendo ventanas y puertas más amplias
Jerez era un pequeño pueblo cuya vida giraba alrededor de los sucesos religiosos. Las fincas no estaban enjarradas por fuera, mucho menos pintadas o encaladas. No había banquetas, ni empedrados. Las puertas de las fincas se hacían de acuerdo a las necesidades de la época.
El 18 de Febrero de 1802, el Ayuntamiento de Jerez solicita autorización al intendente de Zacatecas, Francisco Rendón, para obligar “por medios suaves” a los vecinos de la villa que blanqueen sus casas. El intendente no da esa autorización, a pesar de que se le dice que con ello “se lograría más iluminación por las noches” y más belleza para la villa. Fue hasta pasadas las luchas de independencia que comienza a atenderse el urbanismo en la ciudad.
El 21 de agosto de 1791 se comenzaron a construir las Casas Consistoriales (actual Presidencia Municipal). La fachada mira hacia el oriente, y en su lado sur se hicieron las salas necesarias. Hacia el norte, dos grandes portones servían de acceso a los corrales y cocheras donde se guardaban los animales y carretones de los arrieros que llegaban a Jerez y tenían que pagar sus impuestos. Poco se parece a la fachada que conocemos actualmente.
En 1865, don Julián Brilanti (así, con una “ele”) es nombrado prefecto, y es quien pone a sus gatos a empedrar Jerez. (Digo, ordena a sus subalternos que pusieran a los presos –que entonces eran muchos- a empedrar las principales calles de la ciudad).
A partir de ahí, ciudad García (llamada así desde el 31 de julio de 1859) hace honor al nombramiento que se le daría luego “la Atenas de Zacatecas”. En el centro muchas fincas son reconstruídas con piedra de sillar a “cal y canto”, se modifican muros completos dándoles más altitud y resistencia, pero la mayoría de las construcciones siguen siendo de una planta.
Un estudio muy completo sobre Jerez en tiempos del porfiriato lo hizo mi amigo el Doctor en arquitectura Carlos Lira, mismo que fue publicado mediante el apoyo del gobierno del estado, la Universidad Metropolitana y el grupo “Ficticia”.
Después de las guerras de revolución y cristera, Jerez era una ciudad en ruinas, muchas de sus puertas y portones fueron tapiados. No fue sino hasta que comenzaron a llegar los primeros braceros con su lana que comenzaron a reacondicionar sus casas, y entonces se utilizaron las puertas y ventanas que estaban de moda allá por los cuarenta y cincuenta, de esas con ladrillos pintaditos, con ventanales de forja.
Nadie se preocupó entonces por la “homogeneidad de los vanos” ni la estética de las ventanas, molduras y barandales, y sin embargo quienes visitaban Jerez decían que “era la sonrisa más bella de Zacatecas”.
Un buen trancazo lo dio don Tacho Avila (padre de la actual presidenta Alma Avila), cuando en una rápida y sorpresiva acción mandó se ampliara la calle de San Luis y del Hospicio (desde el puente a la alameda, como dice la canción). Ahí cada quien rehizo su fachada y el frente de su casa como Dios le dio a entender.
Cuando las huestes de don Federico Sesscose Lejeune pusieron sus ojos en Jerez, impidiendo de manera draconiana cualquier modificación a las fincas del centro, los dueños optaron mejor por dejarlas caer que envolverse en enojosos e inacabables litigios. Y así están algunas hasta la fecha, cayéndose sin que nadie pueda hacer nada por su preservación, gracias a las actitudes hostiles y de cerrazón de los burrócratas de monumentos coloniales y zonas típicas.
OTRA VEZ, EL CRONISTA
Me dijeron que ahora sí en fecha próxima se nombraría el cronista que sustituirá a don Juanito de Santiago. Pero ya ni para qué me pongo culeco, porque sé cual será el resultado. La vez anterior fui utilizado para que pareciera que había una votación democrática en el nombramiento del adjunto, que no fue más que una farsa, porque desde días antes ya hasta oficina y auxiliar se le había asignado (Para que luego anduviera presumiendo que “el pueblo culto de Jerez me nombró…”). En esta ocasión pasará lo mismo. Será nombrado cronista quien convenga a los intereses de la autoridad, ya que la ley orgánica es muy ambigua al respecto, pues solo dice: “el cronista municipal será una persona con manifiesto interés y conocimientos en el estudio, la investigación histórica, las costumbres y tradiciones del Municipio”. Así que cualquier persona, medianamente culta, puede ser el nuevo cronista… Y ya su nombre lo puse en una anterior columna… FELIZ 2010