miércoles, 8 de septiembre de 2010

EL COMERCIO E INDUSTRIA EN JEREZ DE LOS AÑOS CUARENTA

EL COMERCIO E INDUSTRIA EN JEREZ DE LOS AÑOS CUARENTA
Don Valentín García Juárez, en sus memorias “Jerez en los años veinte” nos da una emotiva descripción de lo que era nuestro pueblo en las dos primeras décadas del siglo veinte. Eugenio del Hoyo en “Jerez el de López Velarde” nos transporta algunos años más atrás.
Complementando esos recuerdos, he encontrado una relación de lo que era el Jerez de los años cuarenta, en el que la emigración ya era cosa cotidiana, porque nuestros paisanos iban a suplir a los gringos que andaban a la greña por allá en Europa y el Pacífico participando en una guerra a la que no habían sido invitados. Entonces solicitaban con urgencia “brazos” para que su industria no se quedara parada, y ahí van nuestros paisanos de braceros.
Jerez era una población pequeña, pero con mucho movimiento, ya que entonces era la única puerta de entrada del cañón de Tlaltenango, y por consiguiente, de aquí se surtían de todo tipo de productos los pueblos de la región.
EXPENDIOS DE ROPA
Los expendios de ropa se encontraban preferentemente en las calles Juárez, del Comercio, Tacuba y de la Palma. Ahí don Baudelio Varela, Aurelio Valdés, Rafael Alcalde, José Escobedo de la T., Felipe Sotelo y otros compartían la clientela que acudían a comprar pantalones “Gacela”, camisas “Medalla”, paliacates, rebozos, chamarras, calcetines, cobijas y hasta calzones. Manuel Rosales se ostentaba como propietario de El Nuevo Mundo, don José Issa tenía su establecimiento en el portal Humboldt, y Salvador Sabag se preocupaba mucho porque en “La Nacional” siempre hubiera buen surtido de todo tipo de ropa. “El Correo Francés” de Arturo Avila, así como “La Ciudad de México” de Ezequiel Márquez aunque de poco capital, vendían prendas de vestir en abonos a la gente del campo.
Los pantalones de pechera y ropa de mezclilla que fabricaba don Alí Sabag Haraide se vendían en su local de Plaza Principal No. 1. Carlos Sabag y Anselmo Cabral tenían sus locales en la calle Tacuba. J. Guadalupe de León, en la calle Juárez No. 1. Eloísa Huerta de L., vendía ropa fina en “La Violeta”. Y en Tacuba No. 13 se encontraba “La Ciudad de Londres, S. A.” que no sé de quien era. No hay que olvidar la negociación de don Jesús Valdés y Valdés en calle Juárez No. 22.
MERCERIAS
Don Pedro Camacho tenía su negocio de mercería en la calle Juárez No. 24, y don Antonio Borrego en Plaza Principal 8, junto al negocio del mismo género de Salvador Vargas. Gabriel Acuña vendía sus hilos, botones y artículos varios en la esquina de calle de la Palma y López Velarde, Jesús Sotelo en Plaza Principal No. 2 y en la esquina de Comercio y López Velarde Jesús María Reveles atendía a su clientela.
JARCIA Y SOMBREROS DE PALMA
Los campesinos podían comprar sus sombreros y todo tipo de aperos agrícolas con Antonio Sánchez González, quien los atendía en la rinconada de la calle Nueva y Plaza Tacuba. Podían acudir también con Antonio de la Torre en Juárez # 5, o con Manuel Sotelo en el Portal de las Palomas, o con Porfirio Carlos Berumen o Salvador Correa en la Plaza Tacuba. Zeferino Rodríguez atendía en “El Capullito” y Pablo Rosales era propietario de “El Sombrero de Palma”. Benigno Briseño tenía su negocio en Plaza Principal No. 24 y en la primera cuadra de la calle Belisario Domínguez (San Luis) estaba don José Luis Camacho. Enrique Ortiz González también vendía sombreros, sogas, fustes y cosas del campo, pero no tengo el dato exacto sobre el lugar donde tenía su negocio.
BOTICAS
Los jerezanos de esa época más acostumbrados estaban a curar sus dolencias y males en casita, con remedios de la abuela o tatarabuela, por eso no había muchos establecimientos donde se vendieran medicinas de patente. Aunque en las boticas se encontraban todo tipo de preparaciones y fórmulas. La más prestigiosa de la época era la “De los Pobres” de Ma. Del Refugio Valdez C. Bartolo de la Torre y Daniel Román tenían sus boticas en el Portal Humboldt. Ma. Guadalupe Valenzuela por la calle Constitución y Luis Escobedo González por la calle de la Parroquia.
ARTICULOS DE TOCADOR
J. Sacramento Berumen Briseño vendía todo tipo de afeites y perfumes para damas en su local que estaba en el portal Inguanzo, ahí las niñas ponían dos centavos sobre el mostrador y sus manitas, indicando así que querían que les pintaran las uñas, acción que era cuidadosamente realizada por don Mento. En la calle de la Aurora, doña Aurora Varela tenía un negocio similar, y Aurelita Franco también, pero en la esquina de Aquiles Serdán.
NEVERIAS Y DULCERIAS
En Plaza Principal No. 4 doña Ma. de los Angeles Valdés y Pablo Torres atendían su Nevería y dulcería, misma que a la fecha perdura en el Portal Inguanzo. Atendían además un tabarete donde vendían dulces y cigarros. José Saldaña tenía un giro de este tipo también en el centro de la ciudad.
PANADERIAS
Parece increíble, pero solo tengo registradas 3 panaderías: la de Ma. Patrocinio Sierra en la calle de la Parroquia No. 14, la de don Pancho Reséndez en la que trabajaban 6 panaderos y la de Miguel Sujo con 4 operarios. Ellos tenían sus expendios en la plaza principal.
FABRICAS DE SODAS Y DE HIELO
Desde entonces, ya eran muy reconocidas las “sodas” y “vitas” que fabricaba don Melesio Berumen, por la calle Mina y Emilio Carranza No. 28. Le echaban competencia Alfonso Tiscareño, quien tenía su negocio en B. Domínguez # 25 (Calle de San Luis) y José de Santiago en la calle Constitución. José de Lara tenía su fábrica de hielo en la calle de San Luis No. 22.
GASOLINERAS
De todos era conocida la gasolinera de don Isidro de Santiago, en Plaza Principal # 8. Un poco más adelante estaba el tabarete de Benjamín Quezada y por la calle de San Luis # 15, el expendio de Antonio Enciso.
ZAPATERIAS
Había muchos zapateros, pero su producción era artesanal y la vendían principalmente en los expendios de jarcía. Solo tengo tres zapaterías registradas: la de Pedro Prieto Macías en López Velarde # 4, la de Manuel Carrillo Salazar en la calle Aquiles Serdán # 3 y la zapatería de Zeferino Borrego en la Plaza Principal.
BILLARES
En esos años, los billares eran centros de diversión muy atractivos para los hombres que andaban medio desocupadones. Los mejores billares eran los de Gabino Correa en Plaza Principal, Salvador Pérez Carrillo en Obregón # 2, José P. Acuña en López Velarde # 5, los de don Pancho Félix López en Carranza # 1, Amalia Alvarez de C., en la Plaza Principal, el de Melitón Sandoval en la calle 5 de Mayo # 39. En algunos ranchos también había mesas de billar como en Lo de Luna donde Francisco García Gómez la hacía de “coime” y cobraba como dueño.
MOLINOS DE NIXTAMAL
En esos años todavía se usaban tortear en casa. Para ello se preparaba desde muy temprano el nixtamal y se llevaba al molino, de los que había muchos por todos los rumbos de la ciudad.
Don J. Sabas Fernández era entonces el “Rey del nixtamal”, pues tenía toda una cadena de molinos: en Jardín Hidalgo # 1, Pino Suárez # 45, San Luis # 65 y 16 de Septiembre # 42. Además estaban el molino de doña Petra López en calle Dolores # 40, el de Santiago Barrios en Esmeralda # 18, el de Jesús Muñoz Nava por el callejón Allende, el de Antonio Castro Collazo en Estrella # 16, los de Anastacio Gamboa por la calle de Guanajuato # 46 y callejón Allende # 77, el de Emilia T. de Vanegas por la calle San Luis # 32, el de Pedro Lozano Nava, por la calle García Salinas y el de Jesús Barrios en Luis Moya # 55. También estaba el molino de Francisco Miranda Berumen en Pino Suárez # 35 y el de J. Marcos Nava Rodríguez en Nicolás Bravo # 1 bis. Enrique Galván Cortés tenía un molino de trigo por la calle Hidalgo # 14.
En las rancherías jerezanas también tenían sus molinos: J. Guadalupe Trujillo y Martín Landeros molían el nixtamal en la Ermita de Guadalupe. Luis de Santiago tenía su molino en Los Haro y Cornelio Alvarado en San Juan del Centro donde también estaba el molino de Florencio Carrillo. Julio Gurrola en Jomulquillo. En Lo de Luna, Severiano García y Socios habían establecido un molino muy moderno. Manuel Miranda molía en El Cargadero, J. Refugio Franco en El Huejote, Martín Arellano en Ciénega y Fortino Vázquez en El Molino. En Santa Rita, las señoras llevaban sus tinas de nixtamal al negocio de Santiago Orozco,
HOTELES Y MESONES
En esos años, la preferencia eran los mesones, donde por una módica cantidad podían proteger a los animales en los corrales y darles su ración de alfalfa y agua, por eso solo había dos hoteles: el de don Celestino Sánchez, en Pino Suárez # 14 y el de Francisco Avila García en López Velarde # 2. Un hotel económico, que más era vecindad o mesón era el Hotel Casa “Del Viajero”.
Los mesones que existían eran el de Alberto Lira en Rayón # 16, el de Baudelio Sandoval en Madero # 90 (Calle del Santuario), el de Juan Avila Ceballos por la calle de San Luis, el de Maximino Márquez por la calle del Reposo, el de José Antonio Martínez en el número 100 de la calle Madero, el de J. Merced Dorado en Rayón 28. En esta relación faltan otros céntricos mesones, pero no tengo la seguridad de que en esos años estuvieran en funciones.
CARNICERIAS
Los principales expendios de carnes se encontraban en la plaza Tacuba, en lo que nombraban “Mercado de Carnes”. Cesáreo García, Rafael Molina, Aurelio de la Cruz, J. Jesús Hurtado y Alejandro León eran los principales tablajeros. Don Aurelio de la Cruz tenía otro expendio por el callejón Allende o de la Parroquia.
CANTINAS, CERVECERIAS Y LICORERÍAS
Los hijos de don Mariano de Haro, en la esquina de Aurora y calle del Espejo vendían licores de todo tipo, además de amarguitos y tragos populares. José Jiménez Carrillo tenía su licorería en la calle López Velarde # 8. Enrique Colmenero tenía su cantina en la esquina de San Luis y calle de los Libres, Pancho Márquez en San Luis y López Velarde, Anastacio Carrillo en Obregón # 1, Antonio Lozano Ferniza en San Luis # 38, Enrique Acevedo de la T., en Plaza Principal # 2, Ignacio Aguirre Berumen en San Luis # 14, José Huízar en Plaza Principal # 2. Julio Trujillo vednía cervezas en Obregón # 10, Antonio Acevedo en San Luis # 50.
Por la calle García Salinas, en el número 45, Dorotea Arroyo Corona regenteaba una “casa de asignación” muy frecuentada por los políticos y personalidades de la época, a ese lugar le llamaban “La matanza”. Ma. Rosa Flores Román manejaba otra que aunque fue registrada como “cervecería” se dedicaba a otros menesteres y estaba en la esquina de Dolores y Libertad.
LEÑA Y CARBON
Por muchos rumbos de la ciudad existían lugares donde se podía comprar leña o carbón, pero los ignoro, solo tengo en mis apuntes anotados a Manuela Almaráz, en el callejón del Gallo # 32 y el de Matilde de Santiago por la García Salinas.
COMPRA VENTA DE SEMILLAS
Maíz, frijol, trigo, alimentos para vacas y cochinos se podían comprar o vender en estos lugares, de los que estaban preferentemente en el segundo cuadro de la ciudad. José Jiménez Carrillo en López Velarde # 8 era de los que más clientela manejaban. Don Trinidad Correa y José Pérez Pérez recibían granos y los vendían por la calle Madero # 38. Por la misma calle (Madero o del Santuario) estaba don Pedro de Santiago y había otro lugar llamado “Cereales y Forrajes S.R.L.” por esos mismos rumbos, pero no sé de quien era. Por la calle Alvaro Obregón # 62 José Muro Ramírez compraba maíz a granel y por tonelada, mismo que vendía luego más caro (la ganacia, pues).
HERRERIAS Y TALLERES MECANICOS
Los que se encargaban de ponerles zapatos nuevos a burros y caballos, estaban ubicados por la calle de las fraguas preferentemente, y en esa época Pascual Torres, Manuel Talavera, Tomás González, Severiano González, Guillermo Torres, Francisco Talaveras, Elías Reyes, Juan Francisco Rodarte y José Pérez eran los más reconocidos herreros.
En aquellos tiempos, no había refaccionarias para los motores de los vehículos, por ello en los talleres mecánicos como en el de don Melesio Berumen y Luis Garrido fabricaban las piezas. Otros talleres eran el de José Ortega y el de Jesús Ceballos.
FABRICAS DE CHOCOLATE
Don Sabas Fernández todavía no comenzaba a fabricar chocolate, entonces los que hacían marquetas eran Herculano Muñoz y Juan Salazar.
NEGOCIOS VARIOS
Juan Sifuentes era el propietario de la única imprenta existente en Jerez que estaba en la calle Madero # 4, su hermano Julio tenía un taller de Relojería por la calle de la Aurora # 4. Guadalupe Villaneda se dedicaba a la elaboración de artículos de piel. Antonio Dávila Espino vendía y reparaba artículos eléctricos, lo mismo que Lorenzo García, quien además rentaba bicicletas y tenía su negocio junto a la imprenta (Madero # 6). Ma. de los Angeles León era la propietaria de una Fábrica de Velas. Ramón Rodarte se entretenía en la compra y venta de fierros viejos.
SASTRERIAS
Fernando Rincón estaba a la cabeza de una sastrería que daba trabajo a 3 operarios, lo mismo que don Jesús de la Torre y Manuel Martínez. Jesús Félix trabajaba solo y don Rafael Acuña tenía 4 trabajadores.
MADERERIAS, CARPINTERIAS Y CARROCERIAS
Rafael Alcalde y Aurelio Argüelles eran quienes proporcionaban la madera necesaria para que trabajaran los carpinteros y ebanistas jerezanos, entre los que tengo registrados a Juan Pablo Avila, Pascual Correa, J. Refugio Ceballos, Juan P. Martínez, Enrique Márquez, Zacarías Guerrero, Ezequiel Viramontes, Tomás Acosta y Jesús Ramírez. Algunos de ellos se dedicaban además a fabricar cajones de muerto, de esos nomás pintados con humo de ocote.
Aunque ya circulaban muchos vehículos de motor, todavía había quien se dedicaba a fabricar carrocerías, como Zacarías Guerrero, Manuel Mejía, Luis Mejía y José María Ramírez.
LADRILLEROS
Aunque el adobe era el elemento de moda para la construcción, ya había personas que se dedicaban a quemar ladrillos, como Juan Cardona, José Montes, Domingo Rodarte, José Contreras y Espiridión Contreras.
ABARROTES Y MISCELANEAS
Entonces no había los grandes almacenes que hay en la actualidad, pero en las misceláneas de todo se podía encontrar. En este rubro, las más importantes eran “La Bola” de los hijos de don Mariano de Haro en la esquina de Aurora y del Espejo, el negocio de José Jiménez Carrillo en López Velarde # 8, el de Carlitos Acevedo en esquina Aurora y Madero, el de Francisco Félix López, en Plaza Principal # 1, el de Salvador Varela en Madero # 32.
Por todos los rumbos de la ciudad había pequeñas “tiendas” como la de José Ma. Sánchez en Plaza Principal, la de Gumercindo Luna, en el callejón de la Parroquia # 16, la de Sabino Pichardo en la calle de San Luis # 54, la de don Daniel Quezada en la esquina de Culebrilla y Reforma, por esa misma calle (Reforma) estaba la de don Leonardo Guardado. Mi tío Enrique Berumen tenía su tienda de abarrotes en la esquina de Emilio Carranza y Acordada, Teresa Sandoval en Obregón # 71, Alfonsa Rodarte en Pino Suárez # 34. Paula Pérez Vda. de Gamboa en Allende # 56, Felipe Sánchez en Independencia # 26, Tereso Félix en Madero # 111, Margarito Acuña en Madero # 98,Anastacio Silva en San Luis 52, Ma. Auxilio Olague en la esquina de Libres y Reposo. Antonio Trujillo Félix despachaba en la calle de la Parroquia # 71, Francisco de Haro en Pino Suárez # 82, Luis Cabrera Llamas en la esquina de la Parroquia y Aurora, Jerónimo Villegas en San Luis # 76, Jesús Ma. Salazar en San Luis # 62, Porfirio Berumen en Madero # 88, Francisco de la Torre en San Luis # 59, María García en la esquina de Obregón y García Salinas, Germán Salazar en Moctezuma y Libertad y Gregorio Ramírez en Dolores # 87.
J. Jesús Flores en Libertad # 43, Pablo Dorado en 16 de Septiembre # 32, José A. Ramírez en Allende # 17, Pedro García por el mismo callejón pero en el 77, Santiago Ramos en la esquina de Rosales y Flores, Felipe Félix en la esquina de Rosales y Fortuna, Antonio de Luna en Allende # 47, Pedro Acuña Padilla en Madero # 109. (Recordemos nuevamente que la calle Madero es la de el Santuario).
Beatriz Barrios en Rosales # 62, Salvador Varela en Madero # 32,Salomón González en Allende # 13, Francisco J. Acevedo en la Esquina de Madero y Serdán. Marcelina Blanca en Allende # 39, Juan Dorado en Emilio Carranza 4 y Ma. Carmen M. de Torres en la calle 5 de Mayo # 33. Como podemos ver en la presente relación, las tiendas de abarrotes se encontraban preferentemente a todo lo largo de la calle de San Luis, callejón Allende y calle del Santuario o Madero, que eran las principales salidas y entradas de Jerez.

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