miércoles, 8 de septiembre de 2010

LAS DOCE MONEDAS DE PLATA

"Fue allá antes de los años treinta, cuando todo andaba patas pa'rriba. Un compadre y yo andábamos con los agraristas en un recorrido de protección contra los cristeros, de los que se temía tomaran en pocos días la ciudad de Jerez. El grupo lo formaban veinte pela'os, pero nomás nosotros éramos de la región, todos los demás venían del sur, de allá por el rumbo de Villa Guerrero. Po's andábamos por el rumbo de la hacienda de El Tesorero, donde arribita del arroyo de Godina se sabían hacer fuertes los cristeros. Habíamos almorzado en Los Haro, muy temprano, gorditas con jocoque y chiles asados que nos dieron en las casas de los agraristas de ahí, porque verá, en ese rancho todos estaban a favor del gobierno.
Pero sería que no habíamos comido nada el día anterior que cuando andábamos subiendo por ese arroyo, el de Godina, al poniente de las casas de la hacienda, que nos empieza la gruñidera de tripas a mi compa y a mí, que íbamos cabalgando juntos haciendo una línea para ir peinando todo el lugar. No, po's nos tuvimos que apear para irnos a descalzonar. Había unos encinitos y ahí mero nos acomodamos pa' hacer lo que el mexicano no hace solo.
Po's 'taba en plena faena, cuando mi compadre que también estaba en lo suyo me dijo: "Ira, ira compa, una calavera". Entonces era muy común encontrar güesos de cristiano por donde quiera. Ya vé, las guerras, matazones, y por ese rumbo en tiempos de la revolución hubo munchos enfrentamientos. El casco de la hacienda era un lugar estratégico donde los revolucionarios se proveían de comestibles para asediar Fresnillo y Jerez. En los años de la revolución, El Tesorero y la hacienda de Fresnillo eran como cuarteles de los que estaban contra el gobierno de los huertistas. Es por eso que las haciendas quedaron muy destruídas.
Po's, cuando mi compadre me dijo que ahí enfrente mío como a unos dos pasos estaba una calavera, agarré mi cuchillo y se lo aventé, pero no era una calavera. Con el golpe se movió y ví que era una olla de barro llena de monedas de plata.
"¡Ah cabrón!, ¿qué es eso?" dijo mi compadre como si no hubiera visto y oído las monedas, y se paró todavía sin acabar de hacer del cuerpo. "Pérate, pérate" le respondí, aconsejándole que no hiciera argüende. Ya cuando acabamos de hacer lo nuestro le dije: "Mira, vamos pensándole bien. El cantarito está lleno de monedas de plata. Dime, ¿cómo nos las vamos a llevar?. ¿Conoces bien a alguno de los 18 que nos acompañan? ¿No, verdá?. Po's una cosa te digo: que si nos ven o tantean que traemos esa plata, lo más seguro es que nos quiebren y nos tiren en cualquier nopalera y ya pa' mañana los coyotis nos hayan comido".
Po's no lograba convencer a mi compadre, hasta que le dije que tomáramos unas monedas y escondiéramos la olla. Nos orientamos bien, la enterramos al pie de un encino, como a unos veinte metros del arroyo, ya luego seguimos con los agraristas peinando la zona. Pero como a eso de las tres de la tarde el cielo se empezó a oscurecer y tuvimos que buscar refugio en unas trojes de la hacienda de Sarabia, muy arriba de la sierra, porque se venía una tormenta, de esas buenas.
Dos días duramos en ese lugar, porque la lluvia nomás no amainaba. Dos días nomás haciendo maldituras, jugando baraja y tomando aguardiente. Cuando ya más o menos clarió, empezó el desorden, cada quien agarró su cabalgadura y se vino pa' Jerez por donde mejor pudo, las brechas estaban resbalosas de tan enlodadas, charcos y arroyos por dondequiera no dejaban pasar. Entonces, mi compadre y yo, nos venimos al pasito, hasta bajar por el Sauz rumbo al Tesorero. Nos ubicamos bien: ahí está el cerro, allá se ven los encinos, ¡pero el arroyo de Godina era un río bien ancho! Hasta después supimos que en tiempos de lluvias se convertía en lo que es el nacimiento del caudaloso río de Jerez.
A'luego, nos pusimos a vadear la corriente, y mire… como a cien metros de donde dejamos enterrada nuestra olla, estaba el encino a cuyo pie la habíamos dejado… la creciente había arrancado de cuajo el árbol y también la olla que me imagino la ha de haber despedazado y regado las monedas que nunca las encontrarían ya. Yo tanteo que en el cantarito habría unas doscientas monedas.
"¡Ja, ja,ja! -se reía nervioso mi compadre- "¿Ya ve compa? No nos tocaba, si nos las hubiéramos llevado, lo más seguro es que en la borrachera allá en Sarabia nos hubieran mata'o. Y también aquí nos las arrebató el río. ¡No nos tocaba!".
Po's tristones porque vimos pasar la plata por nuestras manos nos venimos pa' Jerez siguiendo el curso del río por donde se podía. En la ciudad preguntamos en el cuartel que estaba junto a la capilla abandonada del Diezmo por nuestros compañeros, y nadie supo darnos razón. Lo más seguro es que se jueran pa' su rancho, allá por Villa Guerrero, en Jalisco.
Jueron doce monedas las que sacó mi compadre de la olla, doce monedas que nos gastamos en varias borracheras que nos pusimos allá por una casa que le decían "la matanza".