miércoles, 8 de septiembre de 2010

LEYENDAS URBANAS

LEYENDAS URBANAS. La historia oficial, elude lo más que puede las hipótesis, las teorías y todo lo que pueda enriquecer diversos eventos o biografías. La mayoría de las veces, estos historiadores escriben “a conveniencia”, lo demás, lo consideran “leyendas urbanas”, disertaciones de locos o inventos de gente sin quehacer. Es el caso de nuestros hombres ilustres, cuyas biografías son inamovibles, y se escribieron en su tiempo con la finalidad de enaltecerlos, de hacer sentir al común de la población que eran seres superiores, que se las comían ardiendo.
De López Velarde se han escrito muchas cosas… que si nació en una casa, que si nació en otra, que a lo mejor en la casa grande de El Marecito. Se le han atribuído palabras que nunca dijo, se le han achacado hechos que a lo mejor nunca realizó. Su figura fue enaltecida en el cincuentenario de su fallecimiento. Entonces todo sonaba a López Velarde, todos eran parientes del poeta, todos tenían recuerdos de él. Donde quiera surgían versos olvidados. La paciencia que nos caracteriza a los microhistoriadores, nos ha permitido bajarlo de su pedestal y verlo como uno más de nosotros, estudiar su vida sin quitarle ni ponerle.
Hay muchos documentos, bastantes archivos, donde se puede ir desglosando la verdadera historia del bardo jerezano. Hay libros familiares que no han sido aprovechados. De igual forma tenemos a Candelario Huízar, de quien se le hizo una biografía a la medida. Todavía hay personas de Los Morales, que afirman que el preclaro músico tuvo su nacimiento en aquellos lares, donde aún se advierten las ruinas de lo que era la casa paterna. Huízar pasó inadvertido muchísimo tiempo, incluso el historiador Eugenio del Hoyo lo daba por muerto a la mitad del siglo XX, como indica en su libro “Jerez el de López Velarde”. Años después vino el verdadero interés por conocer su obra, y en tiempos del Profesor Fernando Robles hasta se detectó una casa por la calle Independencia y Suave Patria donde se afirmó había nacido el músico jerezano. Y es que un hombre ilustre no puede nacer en un jacal, no puede tener su origen en una paupérrima choza o rústica casa ranchera.
Hace poco, encontré en uno de mis archivos digitalizados que el 9 de junio de 1906 a las ocho de la noche, comparecieron ante el Juez del Estado Civil Eugenio del Hoyo, (antecesor del que escribiera el libro), Candelario Huízar y Altagracia Ordoñez con el deseo de contraer matrimonio. Entonces, Huízar manifestó que tenía 23 años y que era platero, hijo del herrero José Huízar y de Lucía García. (Aunque el apellido compuesto es “García de la Cadena”, no lo dice así). Su novia, dijo que tenía 19 años, hija de José María Ordoñez y de Narciza Torres, quien acompañó a su hija en este acto para darle su consentimiento. Los testigos del platero fueron el peluquero Ricardo Fernández y el curtidor Arcadio Carlos, y por parte de la señorita Ordoñez, los sastres Julio Cabral y Agapito Vázquez. Cosa curiosa: Todos firmaron, y es que en ese entonces casi nadie lo hacía porque no sabían escribir.
Documentos como este, nos permiten tener una visión más humana del músico, que en ese entonces no manifestaba que la música fuera su actividad principal.
En Febrero de 1908 encuentro que comparecen ante el Juez, que ya era José Amozurrutia, Ventura García y Mercedes Colmenero, con la intención de contraer matrimonio. Expuso don Ventura que tenía 24 años, platero, hijo de don Justo García, también platero, y de doña Martina Lozano. Mercedes Colmenero precisó que tenía 22 años y era hija del peluquero don Atanacio Colmenero y doña Hilaria Nava. Los testigos fueron el talabartero José Aguirre Salcedo y el curtidor Arcadio Carlos (que también había testimoniado la pretensión de matrimonio de Candelario Huízar), además del sastre Juan Félix Carlos y del dulcero Román Avila.
Con estos documentos nos podemos dar cuenta que ambos ilustres jerezanos pertenecían a la clase media jerezana, a la que le daba vida entonces a la ciudad “ilustrada y liberal” que fue el Jerez del porfiriato.
LE ESTAN DANDO EN LA MADRE A LA CASA DE LA RINCONADA. La casa de la calle del Santuario, donde se instalará el museo de no sé qué, está sufriendo por la remodelación que se le hace. Y es que en una foto advertimos que las lozas de piedra negra que tenía como pavimento en todo su primer patio fueron sacadas y llevadas al parque vehicular, en donde lo más seguro desaparecerán pronto. Si se pretende que esa mitad de la finca sea destinada a museo, deberían haber dejado ese piso, que es parte de la historia de Jerez. Muchas jerezanas pisaron y repisaron esas lozas negras, en sus juegos, en sus estudios. Esa piedra negra de metate con que fue protegido el patio se extrajo de la sierra del Venado, hábilmente cortada y comprada a razón de un peso setenta y cinco centavos la vara cuadrada. Es una aberración el quitar ese piso. Pero, me dicen que los expertos son los que saben…
HABEMUS CRONISTA. Tal como habíamos pronosticado, el miércoles tuvo lugar la última sesión de cabildo, donde los regidores se acordaron que tenían muchísimos asuntos pendientes y querían desahogarlos todos. Entre ellos, el de la elección de cronista. El profe de los lentes estaba a sude que sude y seguro estoy que no le cabía un alfiler a martillazos, no por la nominación, pues todos los regidores siguieron fielmente las instrucciones que se les había dado de antemano y votaron, sin pensarlo siquiera, por él, como culminación de un proceso ridículo cuya finalidad fue solo darle legalidad a un capricho de la autoridad. Le sudaba por otro motivo, pero luego respiró tranquilo cuando le autorizaron 25 mil pesos para hacer un libro. Lo “curioso” es que el libro recién autorizado ¡ya está impreso, encuadernado y terminado! Y luego dicen que miento cuando aseguro que todo ha sido un circo, que todo estaba arreglado desde mucho tiempo antes. Lo malo es que el libro lo va a tener que pagar Lalo López. Si yo fuera Lalo, lo menos que pediría para pagar la factura es que tal obra llevara siquiera los logos de su administración, pues en esta “solo se autorizó” y a él le va a tocar bailar con la más fea. Y de pilón, vetaría tres años a la imprenta que lo hizo sin la autorización debida.
Una petición al “cronista impuesto”: no vaya a salir con la jalada esa de que “el pueblo culto de Jerez me eligió a mí”, como ya escribió la otra vez. En su elección no intervino para nada el pueblo culto jerezano. Es más, hasta tuvieron que traer jurados de fuera contraviniendo el acuerdo de cabildo en el que se dijo que la calificación de la convocatoria fuera con jurados LOCALES. Y tampoco fue electo, fue IMPUESTO. Y si no lo recuerda al escribir sus crónicas, yo se lo recordaré siempre, como recuerdo la forma en que se ha hecho de los archivos que tiene… pidiéndolos prestados y fingiendo amnesia luego…
LOS PEDERNALES. Un arriero llevaba sus mulas bien cargadas, con sus cacaixtles acondicionados para llevar ollas, y en el camino iba recogiendo pedernales que echaba a las ollas. Su compadre le decía “Mira, Jumencio, ya no cargues más las mulas, porque se van a resentir. Jumencio contestaba: “Al cabo nomás es una piedrita, ¿qué tanto puede pesar?”. Y de rato, que se le derrienga una mula… Y ahí está Jumencio llore que llore. “¡Ya ni modo compadre, ya se chingó la carga de ollas!”. –“Pos si no lloro por eso, lloro porque se me desperdigaron mis pedernales”. Así, Lalo López, trae mucho lastre de gente inútil, nefasta, ratera, fraudulenta, y cuando menos acuerde… a la chingada la carga de ollas!!!, todo por unos “pedernales”.