lunes, 16 de junio de 2008

21 DE MARZO

FALTO LA ESCUELA. Quienes han adquirido la revista “MI TIERRA” me dicen que faltó ahí la historia de la Escuela Tipo y fotos a color de los edificios iluminados. Bueno, sí faltaron, pero es que todos los que realizan revistas decidieron publicar semblanzas de la Tipo y en su portada exponer la nueva cara del Jerez nocturno, por lo que pensé que sería mejor ofrecer otro tipo de cosas para no aburrir al lector con lo mismo. Además que para el fin de este año, el comité organizador de los festejos de la Tipo ofrecerá una revista con toda la memoria de la escuela, en la que –supongo- habrá aparte de la historia, un buen caudal de fotos que recolecten de los archivos y de los exalumnos.

Y a pesar de que pedí muy encarecidamente no usaran mi material, en una mal forjada “Guía” que se reparte gratis, encontré repetidos por enésima vez mis apuntes, pero ahora el editor con esa falta de vergüenza que le ha caracterizado siempre, ni siquiera menciona de donde lo sacó.

Y con dedicatoria especial para todos los que nos visitan, en esta semana les ofrezco una narración de la tierra de mis antepasados, que es parte del libro “Retazos de mi Mantel” de Malva. (Próximamente, junto con el de “Conozco Jerez” estará para que lo coleccione, así como todos los que hemos publicado):

EL CUCHO

No a todas las personas les sienta o les cae bien que las llamen por un mote o sobrenombre, y peor aún cuando hace alusión a un defecto físico.

Tal era el caso de este hombre que por haber nacido con el labio leporino, la malvada plebe le adjudicó el de “Cucho”.

Al decir de la madre, nació así porque una vaca le pateó el vientre al ir a ordeñarla estando ella en estado.

Por lo que haya sido, el caso es que la chiquillería en cuanto tenía oportunidad le gritaba: ¡cucho!, ¡cucho!, y el “cucho”, a pedradas primero, y a balazos después, los hacía correr despavoridos.

Se hizo de fama el mal genio que se cargaba gracias al motecito, tanto que ya se cuidaban muy bien de decírselo.

Pero como nunca faltan muchachos maldosos de esos que nada más andan buscándole la condición al prójimo, resultó Franco Félix ser uno de ellos, y en plática de palomilla les dijo:

-“Apuesto lo que quieran a que le digo “cucho” a Don Faustino cuantas veces quiera, y sin que se de cuenta”.

Divertidos con la propuesta apostaron un real por cabeza, lo que hicieron ocho reales.

-“Bueno muchachos, así queda, y nos vemos aquí el sábado en la mañanita”.

Y el sábado 26 de Febrero, ansiosos y nerviosos siguieron a Franco que, con una guitarra en la mano y paso decidido se dirigía al domicilio de la víctima en el rancho de El Marecito, llegando al cual el desgraciado mozalbete rasgueó la guitarra y comenzó a cantar:

“Buenos días Don Faustino Morales,

ya escucho su buen placer,

escucho a la madrugada,

y escucho al amanecer….”

(Y otros versos ramplones por el mismo estilo)

Complacido con la serenata salió el festejado y para asombro de todos, los invitó al sabroso almuerzo que su esposa ya le tenía preparado en espera de los compadres que vendrían a celebrar con Don Faustino su día de días.

Sudando frío y con temor de que el festejado se diera cuenta del engaño, en cuanto dieron fin a un desayuno que casi no disfrutaron por el mal sabor de boca que el miedo les proporcionaba, se salieron, ante el regocijo de Franco que los acucaba:

-“Con que pagando, palomitas, pagando”.

Y cobró sus ocho reales.

Pero como no faltaban también almas envidiosas, no faltó quien pusiera a Don Faustino al tanto del engaño y la estratagema usada, así como el nombre del autor. Pasada la ira del primer momento, meditó el malgeniado señor en el modo de vengarse y, una vez que lo pensó bien, citó a todos los implicados y a otros muchos testigos para delante de ellos reclamarle su felonía al audaz sujeto.

Creídos estaban de ver llegar la hora final de aquel muchacho fanfarrón a manos de Don Faustino, quien al verlo le espetó lo siguiente:

-“Con que muy ingenioso el muchachito, ¿no?, y ¿Cuánto dice que ganó con su burla?

-“Pues ocho reales”.- Contestó el acusado con trémula voz.

-“Ocho reales ganados a mis costillas, ¿no?, pues ahora verá lo que yo le daré”.

Y aflojándose la plateada hebilla, se sacó de un furioso tirón el cinturón de vaqueta, como quien va a dar una “cueriza” de aquellas, pero en vez de ello sacó ocho monedas de oro del forro del mismo cinto y le dijo al pálido, pero sereno muchacho:

-“Aquí tienes, te las mereces por el ingenio y el atrevimiento”.

Y volviéndose ante todos prosiguió:

-“¡Pero juro por mi madre y por la madre de cada uno de los aquí presentes que a quien lo repita le daré igual cantidad, pero de plomazos en el hígado, desgraciados!”

Creo que desde entonces y hasta ahora nadie se ha atrevido a decirle “cucho” al Cucho.

SABADO DE GLORIA. Efectivamente, la cerveza corre a raudales dígase lo que se diga. La lana es canija. Una cosa es decir y la otra hacer. Ahora, veremos si los enanitos toreros de Irene Ibarra y su negra compañía se presentarán en la Plaza de Toros, sin pagar nada al Patronato.

CRONISTA. Me dicen que yo no puedo ser cronista porque no se decir discursos ni ando en todos los eventos sociales presumiendo mi uniforme o traje. Yo sigo en la creencia que el cronista debe ser alguien que conozca la historia local, que siempre esté al día con la investigación de los acontecimientos del pasado, que de a conocer todo lo que sabe, que lleve la crónica diaria y no un lamebotas cualquiera…