lunes, 16 de junio de 2008

26 DE FEBRERO

CONOZCO JEREZ

Con mucho optimismo anunciaba en meses pasados la aparición de mi libro “Conozco Jerez” que ya había editado en 1997, y que completamente corregido y aumentado pensaba sacar a la luz pública en la segunda quincena de Enero. Por desgracia, como es una autoedición, todavía no alcanzo de dinero para acabar de imprimirlo. Me han dicho que busque apoyos de instancias gubernamentales o culturales, pero la experiencia me indica todo lo contrario, porque –a lo que sé- solo unos dos o tres privilegiados que hacen libros a destajo son quienes resultan favorecidos con tales apoyos. Espero que para después de la Feria ya pueda ofrecer “Conozco Jerez” con muchos datos históricos nuevos, que los que presumen de ser cronistas desconocen, avalado con documentos auténticos e ilustrado con una gran cantidad de fotografías que son fieles testimonios del Jerez en que hemos vivido y por el que transitaron nuestros padres y abuelos.

LA EMIGRACION NO ES COSA NUEVA... Seguimos…

En la segunda década del siglo XX se vinieron los años de sobresalto, de terror, de angustia, de miseria y de muerte por la revolución. Una década en que Jerez pasaría de ser una villa con más de catorce mil habitantes a un lúgubre villorrio con menos de seis mil almas que pululaban entre las sombras de la destrucción de su economía y del recuerdo de sus seres perdidos. Quienes alcanzaron a emigrar, lo hicieron para no volver jamás.

( Hasta Ramón López Velarde, en sus poesías con melancolía se refería a su provincia:

"Si yo jamás hubiese salido de mi villa,

con una santa esposa tendría el refrigerio

de conocer el mundo por un solo hemisferio..." (Mi Villa)

Pero luego precisa la necesidad de no volver:

“Mejor será no regresar al pueblo,

al edén subvertido que se calla

en la mutilación de la metralla...

Y la fusilería grabó en la cal

de todas las paredes

de la aldea espectral,

negros y aciagos mapas

porque en ellos leyese el hijo pródigo

al volver a su umbral

en un anochecer de maleficio,

a la luz de una mecha

su esperanza desecha..."

(Retorno Maléfico)

Luego comienza la Primera Guerra Mundial, y Los Estados Unidos aprovechan la coyuntura para vender todos sus excedentes de producción, y además ampliar una industria bélica, que ya para entonces estaba muy floreciente. Ahora sí piden nuevamente mano de obra mexicana. "Braceros". Hay centros de contratación a lo largo de toda la frontera. Los mexicanos, junto con los chinos e inmigrantes de otras naciones son ocupados preferentemente en la construcción de vías de comunicación, supliendo a los irlandeses que laborarían en grandes fábricas para poder dar cumplimiento a los cumplimientos de esa "industria de la guerra”.

De toda la región partieron familias enteras en pos del plateado dólar, ya que la moneda mexicana estaba completamente inestable (un día valía, otro día no, luego llegaba otro gobierno y devaluaba la moneda, otros daban cartoncitos, etc.). Cuando regresaban, llegaban con hábitos de alimentación y de vestuario muy diferentes. Se identificaban fácilmente por sus "petacas» de lámina y cartón, muy diferentes a los acostumbrados baúles de cuero o de madera que se usaban para los viajes en diligencia.

“...Mucho placer nos dio cuando volvimos a nuestra casa, pero estaba completamente abandonada: todo el patio que mi mamá afanosamente había llenado de macetas con gran profusión de plantas y que tenía grandes corredores de piedra negra “chinados” a cepillo diariamente, estaba pletórico de matorrales, las paredes socabadas por la humedad amenazaban caerse. Resquebrajadas estaban las tabletas de los techos. Bastante tendríamos que laborar para poder levantar de nuevo nuestro hogar. Todo por irnos a la arriesgada aventura de trabajar en los campos agrícolas del sur de California. Hasta eso, sí nos fue bien, pues en un valle maravilloso en Napa, trabajamos en los viñedos, pero añorábamos nuestro Jerez, y diariamente comparábamos las hermosas vistas de aquel valle californiano con las serranías de Los Cardos y de El Despeñadero. Pusimos todo nuestro esfuerzo en volver a hacer laborables nuestros campos de cultivo y nuestra casa. Desgraciadamente siguieron las guerras, y muy a nuestro pesar tuvimos que volver a emigrar, pero ahora sí, para nunca más regresar...” (Testimonio de la Familia González).

En los años cuarenta, la emigración de los jerezanos ya fue constante, pues la segunda guerra mundial fue otro pretexto para que los Estados Unidos intervinieran tanto en Europa como en Asia, y necesitaban "brazos, muchos brazos". La brecha que se había abierto en tiempos de la revolución, se convertía en camino, camino que es muy transitado por los jerezanos, pero eso es otra historia…

TENER UN AMIGO ASI…

Agradezco muy sinceramente a todas las personas que me han echado una mano en estos días en que mi familia ha estado con problemas de salud. Que Dios se los pague y les de más, para que a su vez, lo repartan más delante. Gracias…